En la oficina

NeoPene

Ella Jamás pensó que trabajar fuera tan divertidoMi nombre es Sofía, pero para hacerme la interesante me pngo Sophia; el relato que les voy a contar fue algo que jamás imaginé.rnrnEn ese entonces tenía yo 21 años, entré a trabajar en una oficina como asistente del Gerente, mi labor era muy sencilla, archivar, recordar citas y compromisos, elaborar expedientes, etcétera.rnrnDespués de dos meses de estar trabajando ahí, el Gerente me llamó un día y me dijo que le gustaba mucho mi trabajo, que pronto me darían la planta, ya que en ese momento yo era eventual. Pero me dio que tenía que seguir trabajando duro y que pronto me darían nuevas responsabilidades y unos premios en efectivo.rnrnContenta, seguí trabajando con muchas ganas los días siguientes y más o menos una semana después el Gerente me pidió que me quedara un poco más de tiempo, pues al día siguiente había que entregar un informe muy temprano y necesitaba de mi ayuda. Así fue, nos quedamos el y yo y dos colaboradores más, un joven como de 24 años que era el Contador y una chica llamada Monica que era su ayudante.rnrnNo es por presumir, pero en esa empresa eran bastante exigentes en cuanto al físico y la apariencia, era muy raro ver trabajando ahí a alguien desagradable a la vista, así pues, mi jefe era un hombre como de 43 años, delgado y con unas canas que lo hacían ver muy interesante; el contador también era delgado y alto, muy blanco pero de buen aspecto y Monica era delgada, bajita pero con una cara muy bien delineada, en si era bastante bonita. Yo soy también delgada, pero tiendo a engordar si no me cuido, a veces lo que hace que me vea más llenita es mi busto, ya que es bastante grande.rnrnEse día estuvimos elaborando el informe y como a las 11:30 de la noche más o menos estábamos a punto de terminar cuando se fue la luz del edificio, nos preocupamos, pues aparte de que el informe no estaba terminado, todas las puertas que van a las escaleras las cierran con candado como a las 10:00 y pues no había elevadores.rnrnNo nos quedó otra que sentarnoa a esperar, mijefe tomó su celular y le llamó a su esposa para explicarle lo ocurrido y nos pusimos a platicar de nuestras vidas.rnrnDespués de 15 minutos, la luz no volvía y los comentarios comenzaron a hacerse más candentes, pues el Contador, llamado Alberto comenzó a platicar de su vida sexual, y veía insistentemente las piernas de Mí¶nica, que ese día había ido a trabajar vestida con una minifalda muy justa y una blusa casi transparente. Ella, lejos de incomodarse, se veía como que le gustaba la idea y disimuladamente le enseñaba un poco más.rnrnMi jefe se puso colorado pues es de tez blanca y como que se sintió algo incómodo. Se paró y fue al baño, yo, para no hacer mal tercio, también dije que iba al baño y me paré; caminé unos cuantos pasos y me paré atrás de unos archiveros para saciar mi curiosidad de que iba a pasar.rnrnMe asomé por la orilla y ví como Mónica y Alberto se besaban apasionadamente, y se acariciaban por todos lados como desesperados, era evidente que ya llevaban bastante tiempo sin coger ninguno de los dos. El faje estaba en pleno apogeo cuando sentí una mano en mi hombro, era mi Jefe, el Señor Carlos, que me volteó hacia él y me dio un cálido beso en la boca que me hizo estremecer, me abrazó. Yo intenté oponer resistencia al principio, pero ese beso fue tan hermoso, que ninguna mujer podría haberse resisitido, lo abracé y comenzamos a acariciarnos por todos lados, él me tocaba mis nalgas, mis pechos, mi cintura, los muslos, todo, incluso, me empezó a cariciar en el frente de mi falda, lo que me volvió loca y me puso bien caliente. Yo le tocaba el bulto que se hizo en su pantalón, el cual se le hinchó muy grande.rnrnEscuchamos gemidos que provenían de donde estaban Alberto y Mónica y al asomarnos nos quedamos perpeljos, pues estaban fornicando a todo vapor, ella sentada en él con las piernas abiertas, encima de una silla de la oficina; semidesnudos y sudando copiosamente.rnrnCarlos y yo volteamos a vernos y no hizo falta más, sin hablar, me desvistió poco a poco y yo le quité la camisa y el pantalón, aunque era grande, estab muy bien conservado, pues todos los días hacía ejercicio en el parque y tres veces a la semana acudía a una escuela de Tae kwon do.rnrnPrácticamente quedamos desnudos, Carlos me chupó las tetas y me calentó mas de la cuenta, yo le acariciaba su pene ancho y largo, de verdad que nunca he visto uno tan bien dotado.rnrnNos acariciamos unos tres o cuatro minutos más y dimos paso a la acción; Carlos me recostó suavemente en la mullida alfombra de la oficina y me besó todo el cuerpo, yo me dejé hacer, cerré los ojos y disfruté todo ese placer. Cuando dejó de besarme, abrí los ojos y vi como se ponía entre mis piernas abiertas, para después penetrarme lentamente ; despacio y sin prisa, lo metió poco a poco, suave y sentí un poco de dolor, pero de inmediato el dolor pasó a ser placer; sentí como entraba y salía en mí y comencé a gemir de lo rico que estaba sintiendo. me moví hacia arriba y hacia abajo y en ese momento me di cuenta de que mi himen se había roto, mi jefe me había desvirgado de una manera que nunca más he sentido, fue algo maravilloso, yo pensé que si esa era mi primera vez, las siguientes serían mejores, algunas si han sido muy buenas, pero otras no tanto.rnrnEstuvimos haciéndolo un buen rato, de hecho, llegó la luz cuando estábamos cogiendo, pero no nos importó, esto era sensacional. Mi jefe me lo hizo unas tres veces en esa ocasión y me dijo que para ser la primera vez ya era suficiente. Cuando terminamos la tercera vez, nos levantamos, y al voltear, nos dimos cuenta de que Alberto y Monica habían sido nuestro público. Me dió pena y traté de vestirme rápidamente, pero ellos estaban también casi desnudos y no se veísa que sintieran verguenza.rnrnAlberto se acercó y no me dejó vestirme, me abrazó y me besó, yo me separé de él, pues no quería que Carlos pensara que yo era tan fácil, pero él mismo me dijo que no rechazara a Alberto, pues en esa oficina todos eran “muy compartidos” y diciendo esto, comenzó a acariciar a Mónica, la cual se dejó llevar y acariciar por él.rnrnYo estaba un poco asustada, pues mi jefe si me gustaba, pero Alberto no y pensé que no estaba bien hacerlo con dos hombres. Pero mi jefe me dijo que si me acordaba de las responsabilidades adicionales que me había mencionado, cuando le dije que si, me dijo que en este momento, esta era una responsabilidad adicional; no me quedó de otra que dejarme hacer por Alberto lo que quisiera, pero para ser franca, también lo disfruté mucho, pues mientras nos acariciábamos, vimos como mi jefe le puso a Mónica una cogida tremenda, la empinó y se la clavó toda de un jalón, Mónica gritó, pero después pedía más y más. Esto me excito mucho y a Alberto también, pues de repente sentí como su miembro ya estaba queriendo entrar en mí.rnrnMe senté en un escritorio y dejé que Alberto me penetrara, realmente era un inexperto, no como Carlos, pero también estaba bien dotado y su mete saca fue de lo más cachondo y salvaje que he experimentado.rnrnMe vine una vez y los dos hombres se vinieron al mismo tiempo, saíéndose de nosotras y chorreando sus líquidos seminales. Mónica se hincó y se lo chupó a Carlos, Alberto me pidió que hiciera lo mismo y lo hice. Su semen sabía un poco amargo, pero no era molesto, me metí su vergota en la boca y se la chupé, sentí como volvía a ponérsele dura, segui chupando y chupando hasta que él se vino son una descarga de semen que me chorreó toda y eso que me tragué una buena parte.rnrnTodos estábamos cansados y desnudos, pero satisfechos.
Nos vestimos, y terminamos el informe, en diez minutos ya estabamos saliendo, pero eran como las dos y media de la madrugada. El jefe, siempre tan responsable, nos pidió que mañana nos presentáramos a las 8:00 en punto y que lo que habia sucedido era un secreto de los cuatro, que el que lo contara quedaría despedido en ese momento.rnrnMi jefe me llevó a mi casa y Alberto a Mí¶nica a la suya, al otro día estábamos los cuatro a las 8:00 a.m. listos para comenzar la presentación de nuestro informe, bien bañaditos, limpiecitos y con una gran sonrisa en nuestros rostros.

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