Alumnos voraces

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17 mayo, 2019 4:38 am

Hola, mi nombre es Ximena y soy maestra de escuela a nivel medio superior, les voy a contar lo que me ocurrió en uno de mis primeros semestres en los que impartí clases.En ese entonces yo tenía 26 años y casi acababa de terminar mi licenciatura; conseguí el trabajo de maestra en una preparatoria cercana a mi casa mientras conseguía un trabajo mas acorde a mi especialidad.

El primer día de clases me arreglé con esmero, quería verme muy bien para impresionar a los alumnos y a los demás profesores, solo que se me ocurrió ponerme minifalda, me di cuenta de que no era lo más apropiado, pues ya que estaba en la escuela, varios profesores me miraron desaprobando mi vestimenta; en cambio me di cuenta de que mis alumnos varones quedaron fascinados con la misma, las chicas no tanto, pero nadie dijo nada.

Siempre me ha gustado sentirme admirada, fui dura con los alumnos, pero continuamente me vestí con minifaldas o pantalones entallados, que dejaban ver mi buena figura.

El tiempo pasó, fui conociendo a mis alumnos poco a poco y la verdad es que nos llevábamos bastante bien tanto con hombres como con mujeres, eran jóvenes de entre 16 y 18 años; mi clase era la última del día; yo acostumbraba quedarme después de clases en el salón calificando trabajos o exámenes o preparando mi siguiente clase, hasta que llegaban los del turno de la tarde.

Un día me quedé como siempre, me concentré tanto en el trabajo que no me di cuenta de que no hubo clases en la tarde; en eso, alguien tocó a la puerta del salón, sin levantar la vista solo dije: â??Adelanteâ?; entraron seis chicos, todos alumnos míos, uno de ellos me preguntó por que me había quedado sola, yo le dije que ya me iba, que no me había fijado que ya no había nadie, él me dijo que era peligroso quedarse sola, que la escuela estaba vacía.

Empecé a recoger mis cosas, me levanté y me encaminé a la salida; ese día había ido otra vez de minifalda y con una blusa escotada sin mangas; uno de los chicos se paró delante de mí y me dijo que no me fuera, le dije que me dejara pasar o le pesaría; en eso otro de los chicos cerró las cortinas del salón quedando casi a oscuras y otro tapó con un papel la ventanita que había en la puerta; me puse nerviosa y les dije que dejaran de jugar que yo me iba; me rodearon y uno de ellos me tomó de las manos, haciéndome tirar mis cosas, iba a gritar cuando otro de ellos me tapó la boca.

Otro de los chicos me levantó las piernas y me cargaron hasta el escritorio, allí me acostaron boca arriba, con las piernas al aire y mientras uno se colocaba al lado del escritorio para detenerme los brazos por encima de la cabeza y taparme la boca, otro me subió la falda hasta la cintura y me bajó las medias y la pantaleta y un tercero desabotonaba mi blusa y con unas tijeras cortó mi sostén, dejando al descubierto mis redondos senos; yo me retorcía tratando de que me soltaran, pero aparte de que eran muy fuertes, eran muchos para mí sola. Adiviné sus sucias intenciones y no pude hacer nada por evitar lo que me iban a hacer.

Uno de los chicos se colocó en medio de mis piernas abiertas y empezó a masajearme los senos, me decía: â??¡Ay maestra, que buena está, se me antojó desde el primer día y sabemos lo que Usted quiere al ponerse esas falditas y esa ropa tan provocativa, ahora se lo vamos a dar, para que ya no siga pidiéndolo a gritos!â?, me di cuenta por su aliento que se encontraban alcoholizados; quise explicarles que yo no quería sexo y reclamarles que una mujer puede vestirse como le dé la gana y eso no quiere decir que quiera sexo; pero solo pude mover la cabeza hacia un lado y otro, diciéndole que no.

El chico se inclinó y empezó a besarme los senos mientras con sus manos recorría mi cuerpo de arriba a abajo y volvía a subir; de repente una mano se colocó en mi clítoris y el chico empezó a sobármelo; esa caricia empezó a calentarme, pero yo no estaba dispuesta a ceder, no quería que ellos pensaran que era una chica fácil y además lo que estaban haciendo era un delito que iba en contra de todas las leyes y ¡Ah!, bueno, el chico, ah, yo…, me estaba excitando demasiado como lo estoy ah, haciendo al recordar sus manos en mi cuerpo, pero yo no quería… ahh, que rico me hacía, pero no se iba a salir, ah, con la suya.

Uff, voy a tratar de eliminar mis expresiones o nunca voy a acabar, el caso es que el chico estuvo sobándome el clítoris y luego empezó a meter un dedo en mi conchita, les dijo a sus amigos que yo estaba mojada y me dijo que ya sabían que yo era una piruja disfrazada de maestra, que me iban a hacer todo lo que me gustaba; yo sentía una mezcla de desesperación y placer, mi cuerpo respondía a las caricias, pero mi mente se negaba a dejarse convencer; me repetía a mi misma que eso era una violación y como tal no debería permitirla, pero el chico me excitaba demasiado.

Cerré los ojos y escuché como se bajaba el pantalón, sentí su pene caliente en la entrada de mi conchita, el chico empezó a empujar lentamente agarrándose de mis nalgas y metió todo su pene hasta el fondo; me encantó sentirme empalada por él, pero seguía retorciéndome tratando de evitar la violación de que era objeto.

El chico empezó a moverse despacio, gozándome mientras me decía que yo era la vieja más buena que había tenido; no tardó mucho en venirse dentro de mí, dejándome muy caliente. Otro chico tomó su lugar, pero este me penetró directamente y sin conmiseración, provocándome un placentero dolor; se movió adentro y afuera de mí y al poco rato me provocó un orgasmo súper intenso; como me moví por el orgasmo, ellos creían que quería soltarme y el que me sostenía los brazos me dijo: â??¡Quédate quieta que de todas maneras te vamos a coger todos!â?.

La verdad es que me dio gusto escuchar sus palabras, lo que yo sentía en ese momento no lo había sentido antes, estos chicos me estaban haciendo sentir orgasmo tras orgasmo, ellos creían que me estaban forzando, pero la verdad es que yo lo hubiera hecho gustosa con ellos de saber lo rico que cogían.

El segundo chico terminó arrojando dentro de mi chorros de semen caliente, inmediatamente que se salió otro chico tomó su lugar, pero el anterior se colocó a un lado del escritorio y puso su pene junto a mi boca, ordenándome limpiárselo; el chico que me sostenía me destapó la boca y la abrí para chuparle el pene a su amigo; noté que ellos se asombraron porque esperaban que yo me negara, pero después del placer que él me dio, era lo menos que podía hacer para agradecerle. El chico que me sostenía los brazos se dio cuenta de que me gustaba y me soltó, yo empecé a acariciar los testículos del chico al que se la chupaba, escuché como ellos comentaban que yo realmente era una piruja y que podían estar tranquilos de que no los fuera a delatar.

El chico que me penetraba me hizo venirme nuevamente mientras al que se la chupaba se le paraba de nuevo, sentí su pene crecer en mi boca y seguí chupándoselo, dándole lamidas que excitaron todavía más a los otros chicos. Al que me había sostenido las manos le empecé a bajar la bragueta con la mano libre, saqué su pene y empecé a masturbarlo; me turné para chupárselos a los dos chicos, sin dejar de masturbar al otro; a los dos los hice terminar en mi boca y me tragué gustosa su semen.

Ellos se alejaron y otros dos chicos se colocaron en posición para que les hiciera lo mismo, pero yo les dije que esperaran, pues tenía una idea; pedí al chico que me cogía que se saliera un momento y se sentara en la silla del profesor, me bajé del escritorio, me quité lo que me quedaba de ropa y me clavé en su pene, dándole la espalda, empecé a brincar en él y les dije a dos chicos que se me acercaran; tomé sus penes con ambas manos y los masturbé; los restregué en mis pechos, sintiendo su dureza; ellos gemían de placer. Los otros chicos estaban sentados en las bancas del alumnado viendo asombrados lo que hacíamos. Luego, empecé a besar los penes de los dos chicos y después a chupárselos, combinándolos igual que como había hecho con sus compañeros. Cuando ellos se vinieron, apunté sus penes hacia mis senos, ofreciéndoles un espectáculo visual que les encantó y mientras yo me embarraba el semen de los dos chicos en el cuerpo, el chico que me penetraba se vino dentro de mí.

Me levanté y vi que todos los chicos tenían sus penes flácidos; mientras me vestía les comenté que no habían durado nada, que me decepcionaban y que cuando estuvieran listos para una buena tarde de sexo me avisaran; â??es másâ?, les dije, â??si se creen tan buenos los espero el sábado a las 5:00 en mi casaâ?; ellos atónitos no creían lo que oían, pero aceptaron con gusto. â??Y si no creen darme batería, lleven más amigos, verán como puedo con todos sin necesidad de violenciaâ?.

Cuando terminé mi discurso, se abrió la puerta del salón; era el Director de la escuela; él era un hombre de unos 45 años, muy blanco; bien conservado y con unas canas en las sienes que lo hacían verse muy interesante. Yo aún estaba a medio vestir; quise taparme como pude, pero él se dio cuenta que algo ocurría allí, pues los chicos aún tenían los pantalones abajo y los penes afuera, por lo que el Director hizo tremendo coraje, lo noté porque se puso rojo de la ira, yo no atiné a decir nada, solo balbuceaba: â??Eh,… yo, este, verá, los chicos… yo…â?; los muchachos solo atinaron a subirse los pantalones sin decir nada y el Director viéndome con una mirada muy severa me dijo: â??¡Señorita… la espero en mi oficina en diez minutos!, y ustedes: ¡fuera de aquí antes de que los expulse definitivamente!â?.

Los chicos salieron corriendo y el Director se fue, terminé de vestirme y fui a su despacho, si quieren saber como lo contenté después, se los cuento luego

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