GALO Y SU PEQUEÑO TRAUMA

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6 junio, 2019 11:29 pm

Galo llevaba ya mas de tres años con su matrimonio, era un tipo joven al igual que su esposa. A pesar de llevar un buen matrimonio, a Galo siempre le inquietí² el tamaño de su órgano sexual, más aún cuando escuchaba continuamente historias de esposas insatisfechas quienes buscaban los placeres no proveidos por su pareja en las mieles de la infidelidad.

Galo llevaba ya mas de tres años con su matrimonio, era un tipo joven al igual que su esposa. A pesar de llevar un buen matrimonio, a Galo siempre le inquietí² el tamaño de su órgano sexual, más aún cuando escuchaba continuamente historias de esposas insatisfechas quienes buscaban los placeres no proveidos por su pareja en las mieles de la infidelidad.

Y es que acaso ¿el espejo le mentía a este pobre personaje?. No, no le mentía, su exiguo miembro a parte de ser excesivamente corto, tenía un diámetro muy pobre y escaso. Todas estas situaciones sumadas el hecho que la pareja no tenía hijos todavía, fueron formando un remolino negro y tormentoso en su cabeza hasta el punto de hacerlo maquinar un plan lleno de deseos obsesivos, reprimidos y perversos.
Galo concencií² a Sandra para que asistieran a una fiesta ofrecida por una casa de sauna y jakussi en las afueras de la ciudad. El dia de la fiesta, su esposa estaba radiante, con un vestido que permitia apreciar sus firmes muslos y realzaba lo abultado de sus senos. Antes de salir con ella, Galo compró algunas pastillas sedantes y las guardo en el bolsillo de su chaqueta.
Al transcurrir la fiesta, el delirante esposo puso atención en un tipo de tennis y pantaloneta quien no le quitaba los ojos a las piernas y al busto de su esposa; también pudo notar que ese desaliñado gordo se quedaba en una cabaña cercana a las piscinas.
Galo esperó pacientemente hasta casi medianoche y cuando vió que su esposa estaba algo «alegre» por el efecto del licor, sacó los sedantes y los mescló con la bebida. Acción después de la cual Sandra lucía más ebria de lo normal. Entonces la rodeó con su brazo y la llevó a una de las tantas habitaciones dispuestas para invitados, solo que ésta quedaba en la parte cercana a las piscinas. Puso a su esposa sobre la cama y la acomodó insinuantemente hacia la puerta abierta para luego esconderse atrás del ventanal principal.

Alrededor de las tres de la madrugada la fiesta llegó a su fin y el tipo de la cabaña pasó frente a la puerta, notando de reojo el cuerpo de Sandra tendido sobre la cama, la abertura de sus piernas permitía ver los tiernos calzoncitos. El fisgón sintió como la sangre se amontonó en la entrepierna. Pero prosiguió su camino. Solo pasaron unos pocos minutos y el hombre volvió entrando rápidamente, aseguarando a su paso la puerta de la habitación.
Se acercó a la esquisita mujer, quien para entonces balbuceaba solo palabras incoherentes debido a la mezla alcohol- sedantes, se quitó la pantaloneta y liberó su pene en erección. Con el crecido miembro golpeaba el rostro femenino una y otra vez.
Mientras tanto el demente marido desde su escondite observava la escena con su sangre bullente de ira y erotismo. No pudo más que despreciar su debil dotación sexual comparándola con la gran verga que ahora flagelaba la cara de su mujer.
Sus pensamientos se cortaron cuando el Rufián disparó el espeso y caliente liquido en la boca de Sandra, inundando su nariz y empapando sus pómulos. En un pestañear del alienado esposo, el tipo alcanzó a subir la falda hasta la altura de las caderas y desabotonó la blusa, quedando frente a los pechos redondos y blancos. Los apretó con sus manos, mientras mordisqueaba los negros pezones. Cuando sintió que su palo se enderezaba de nuevo, despojó a Sandra de sus calzoncitos color rosa y se los llevo a las narices jadeante. Abrió las piernas de ella y besó profundamente la fresca vagina, chupando su clitoris e introduciendo la lengua en las carnes húmedas.
Sudando copiosamente a causa de la exitación el hombre se levantó y alzó las piernas femeninas abrazándolas frente a sí. La penetró por la vágina con algo de dificultad, empujando el pene hasta el fondo al tiempo que ella lanzaba un debil gemido de dolor.
Empezó un fuerte vaivén que chocaba sus bolas peludas contra las ricas nalgas una y otra vez, hasta que un estremecimiento paulatino lo llevó a eyacular por segunda vez dentro de ella. Cansado y lleno de sudor dejo a la mujer en su antigua posición y salió a prisa acomodando su burda vestimenta y dejando la puerta cerrada.
Galo salií² del escondite perplejo y atónito… ¿Que habí¬a hecho?… Lo que miró a continuación lo dejó estupefacto…
Por las piernas de ella corría un hilo de sangre mezclada con la leche del gordo. No podia ser posible…Aquel inmundo hombre habia desvirgado a su esposa. Algo que el no pudo hacer con su verguita durante tres años de matrimonio…
Se sabe que Galo, su locura y su pequeño trauma fueron a parar a un hospital para enfermos mentales, mientras que Sandra necesitó un buen tratamiento sicológico para poder llevar su vida normal.
í?S

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