La enfermera de noche.

La enfermera de noche.


 

Estuve enfermo de cálculos en la vesícula, lo que llevó al hospital, para una intervención quirúrgica. Por lo que pase tres días internado. El primer día estaba, tranquilamente viendo la televisión, cuando entra la Enfermera Jefa, que me ordena, quitese toda la ropa, y aquí tiene esta bata pongasela, ya que lo vamos a preparar para la operación, el Doctor, nos ordenó rapar todo su abdomen y el área genital. Regreso después.

Bueno, como en estos casos es mejor seguir el dicho que dice, flojito y cooperando, pues ni modo, obedecí. Y ya cuando me había olvidado como a eso de las 8 de la noche, entró a mi habitación, la misma vieja enfermera, pero estaba acompañada de otra enfermera, mucho más jovén, como de unos 20 años, la cual después supe, se llamaba Lupita.

 

La enfermera mayor, me dice, bueno, ya estamos aquí, decubrase por favor, por lo que de inmediato me descubrí, pero estaba cubierto por la bata. A lo que la enfermera, me dice, totalmente. Obedezco. Pero la vieja toma las sabanas y cobijas y las enrrolla al pie de la cama, yo quedo completamente desnudo en la cama.

La enfermera joven, mientras estuvo preparando la navaja y con una brocha de peluquero, estaba  preparando la abundante espuma del jabón.


Vergon

En eso voltea y me ve desnudo completamente en la cama. Sonríe y me ve a los ojos, divertida, blandiendo la afilada navaja, viendo mi temor.

 

Me empieza a enjabonar todo mi abdomen, el jabón estaba tibio casi caliente, y cuando pasa la brocha por mis partes nobles se nota un extremecimiento en mi piel, lo que le saca una discreta carcajada a la enfermera joven. De inmediato me polla, se endereza, lenta pero evidentemente.

La enfermea mayor, comenta “Todo un caballerito” y me empieza a hacer la plática sobre política, evidentemente, para que no me exite de más. La joven me toda la piel del escroto y comienza a pasarme la afilada navaja por la delicada piel, con mucho profesionalismo.

Sin embargo, noto que, disimuladamente, me agarra los huevos, los acaricia y los sopesa. Después agarra mi miembro y lo toma con todo el puño, sin que se notara me hace una chaqueta y luego me suelta, queriendo concentrarse en el rasurado de mi pene. Y así continuó la tortura, con mi polla dura como fierro. Lupita, que era la enfermera joven, lo hacia para un lado y otro apreciando su dureza, me sube y me baja el prepucio. Y en su cara, notaba que estaba excitada también.

En fin terminó de rasurarme el pubis. Y Las dos enfermeras se fueron de la habitación.

Seguí en mi habitación, y como a eso de la media noche. LLega nuevamente Lupita, con su uniforme blanco. Pero con su largo cabello negro suelto, cayéndole hasta las caderas. Y me dice, como estas?. No tienes molestias en tu miembro.

– No, estoy bien. Le contesté.

-Bueno, me dejas revisarte.

– Claro. Le dije. Y ella procedió a quitar las sabanas y dejarme de nuevo desnudo.

Muy profesional ella empezó  tomar mi pene, el cual otra vez estaba totalmente erécto y duro como la roca.

– !Como me gusta!.  Me dice y empieza a besarlo, y se lo mete en la boca. chupándolo, haciéndome una riquísima mamada.

– Pero quiero tenerlo dentro.

Se aparta y se desabotona la bata blanca, quedando totalmente desnuda. Se toma los senos y se los pellisca, exhibiendolos orgullosa y luego se toma su largo cabello y se lo pasa al frente como ocultando pudorosa sus pezones y su pubis.

Se monta en la cama y dirige mi polla a su vagina. Tragándose poco a poco mi verga. Mmmmh. hay que rico….., asííí….., mmhmmm. Empezando a montarme, mi miembro  entra y sale de su coñito.

Hasta que nos venimos los dos, estuvimos dándonos cariño hasta que me dice. Ya me voy, tengo que hacer rondín con todos los demás pacientes. Se levanta se viste y me da un sabroso beso de lengua, inolvidable.

Así termino mi relato, espero les haya gustado. Dejen sus comentarios y les escribiré otro. Gracias.

 

 

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