Los Juegos con Cynthia

De como una tarde de aburrimiento, puede convertirse de pronto en la realización de una fantasía hecha realidad.Los juegos con Cynthia

Capitulo I
Estaba solo y aburrido, así que decidí llamar mi mejor amigo, quería ver si deseaba salir a dar una vuelta conmigo, cogí el teléfono, se puso su hermana, me dijo que se estaba duchando y en ese momento no podía ponerse, le comente mi situación , ella me dijo que me acercase por que había oído que su hermano tenía pensado quedarse toda la tarde en casa.
Cuando me abrieron la puerta apareció Cynthia, su hermana. Debía de hacer mucho tiempo que no la veía pues me parecía que se había desarrollado bastante, de ser una chica molesta ahora requería toda mi atención. El mayor cambio era su busto, sus pechos se mostraban ahora amenazantes. También había crecido en altura y su cara había perdido niñez para ganar belleza. En conjunto es una chica muy atractiva y que moviliza a los chicos. Su pelo rizado y ojos verdes le dan un carácter alegre.
Me dijo que su hermano había salido ha realizar unas compras, pero que pasara y esperara. Bueno, ya me había acostumbrado a esperarlo. La casa de mi amigo, era uno de esos pisos grandes del centro, viejos y cargados de objetos, con la poca iluminación que se filtraba a través de unas persianas. Siempre había estado ese piso a oscuras.
Cynthiame invito a sentarme en el sillón, delante del televisor. Había puesto uno de esos morbosos programas de testimonios presuntamente reales, nada interesante. Fue a su cuarto y volvió con una cinta de video en la mano.- Es una película que estaba viendo, no te importa que la ponga, ¿no?.
Creo que debí asentir, pero ella ya había introducido la cinta en el video y cogiendo el mando a distancia la puso a correr.
Se acerco a mí y miramos a la pantalla. En el televisor tras un par de segundos de espera apareció una escena en la que dos chicas vestidas de cuero rodeaban a una tercera, acariciándola y despojándola de su ropa. Le habían desabrochado los últimos botones de su blusa y tras quitársela empezaban a manosearle los senos a través del sostén.
-Voy a sentarme.- Dijo Cynthiacon voz temblorosa. Pero fue a sentarse sobre mis piernas y adentrando su trasero fue a ponerlo sobre mi entrepierna.
Rápidamente intuí lo que se proponía, pero era tan increíble que no sabía como responder. Pero ella, en su último acto antes de que yo tomara el mando, empezó a moverse adelante y atrás. Mi miembro, que ya estaba excitadísimo, empezó a protestar bajo mis slips.
En la película, una chica pasaba sus manos por debajo de la falda de la otra chica mientras la tercera hacía chocar sus pechos. Pero yo ya no prestaba atención a la película, la presión había exaltado mi sangre que se bombeaba toda hacia mi miembro. Pero aún más me excito el calor que desprendía, digno del mismo infierno. En un intento desesperado por que mi nueva amiga parara alce mis manos a los pechos y los estruje bajo la blusa.
Ella se levantó estirándose y bajo parando su movimiento. Yo reaccione echándole un brazo por la cintura para retenerla y con la mano libre me dirigí hacia sus piernas.
-Mira la película, te voy a meter la mano bajo la falda. Tu hermano vendrá , pero quizás podamos hacer algo.
Conduje mi mano un poco más arriba de la rodilla, ella temblaba. Acaricie un poco su pierna y subí hacia su muslo interno donde le empecé a devolver su juego. Mis caricias hacían su efecto y me rogó que le acariciara el coño. Subí mi mano y palpe sus braguitas, de fino algodón que dejaban traspasar el tacto de los pelos de su pubis.
-Voy a meterte la mano bajo las bragas. – En la película las dos chicas ya habían despojado de su falda a la otra chica, solo le restaba un tanga, pero yo no podía hacer eso con su hermano a punto de venir. Mi mano buscó el elástico y lo supero, introduje mi mano en su frondoso bosque. Baje hasta la abertura de su vagina y lo acaricie.
-¿Lo estabas deseando desde hace mucho?
-Sí, siempre me has gustado y te he deseado.
-Sabes, a mi también me gustas mucho.
-Calle y siente.
-¿Notas mi pene bajo tu cuerpo? Esta tan grande por ti. Mira la tele, – en esos momentos una chica besaba a la joven iniciada mientras la otra la masturbaba con un dedo, luego introdujo dos. – ¿quieres que te haga lo mismo?
-Sí, rápido.
Introduje mi dedo corazón en su cuerpo, a pesar de que no lo había humedecido con mi saliva su vagina estaba tan lubrificada que penetro sin mucho impedimento. Conforme movía mi dedo ella empezó a moverse volviendo a golpear contra mi miembro. Por unos momentos hicimos un dueto perfecto.
Pero como tenía que ocurrir se oyó la voz de mi amigo que llegaba.
Ella se levantó de un salto mientras yo recupere mi mano como pude. Fue hacia el video y recupero la cinta. Yo ya sabía que ella quería más y pensaba como podíamos reunirnos. Ella misma me lo confirmó. Volvió con la cinta hacia mí e inclinándose me beso. Yo separe mis labios, ante todo quería darle un mensaje.
-He venido con mi coche. Voy a despedirme de tu hermano y quiero que bajes dentro de cinco minutos. Dile que pasarás el resto de la tarde en casa de una amiga.
Ella sonrió y yo la bese. Le pase la mano debajo de la falda y la apreté contra sus braguitas. La bese fuertemente durante unos largos instantes y luego la deje. Ella corrió a su cuarto y cerro la puerta. Apenas se fue yo lamía e introducía en mi boca el dedo que había estado dentro de su cuerpo, mi amigo llego al salón, pero inmediatamente invente una excusa para irme pronto.
Le dije que tenía prisa porque había quedado con una chica para ir al cine y que había ido no para hablar, sino para que me diese un compact porque esa chica me lo había pedido. El comenzó a buscar el compact y a hablar sobre que película íbamos a ver y de como le había parecido aquella. Para quitármelo de encima le dije que le llamaría por la noche y ya hablaríamos de todo, pero que ahora me tenía que ir. Se quedó muy sorprendido, pero conseguí que dejara de acosarme.
Tardé medio minuto más en salir del piso y llegue hasta mi coche. Entre y tire el compacto por el salpicadero. Mire el reloj y comencé a esperar. El hinchazón de mi entrepierna comenzaba a bajar y yo comencé a preguntarme que pasaría, si ella bajaba estaba claro y si no también, tendría que calmarme ese picor por mis propios medios.
Normalmente aguanto bien las esperas, pero esos minutos fueron los más largos de mi vida.
Continuamente miraba por el retrovisor hacia el portal del edificio hasta que por fin surgió. Buscó mi coche y cuando lo encontró vino directa. Se monto en el coche y arranqué incorporándome a la circulación.
-Vamos a mi casa, estaremos tranquilos durante unas horas. ¿Quieres?
-Sí. -Dijo Cynthiarecostandose sobre mi hombro.
Yo aparte mi mano de la palanca de cambios y puse mi mano sobre su rodilla, subí lentamente la mano levantando su faldita, pero el cielo estaba muy cubierto y tampoco las luces de la ciudad no me permitían ver mucho. Y yo quería calentar más el ambiente.
-Cynthia, antes no pude verte las braguitas, describemelas.
-Son blancas, unas pequeñas braguitas de algodón con unos dibujos rosas y verdes, son pequeñas flores. Tienen un pequeño encaje en los bordes y un lacito rojo delante. Las compre yo misma hace unos meses pensando en una ocasión especial. Las acabo de estrenar y las siento calentarse con mi cuerpo y humedecerse por mi flujo.
Me desabrochó el cinturón y el botón, me bajó la cremallera. – sacando un poco mi pene. Luego cogido una de sus manos, tan dulces y delicadas, y la posó sobre mi miembro. Ella, tímidamente, lo reconoció y lo rodeó. Este comenzó a crecer de nuevo. Era un poco incomodo pero continuaba siendo muy satisfactorio y me indicaba que todo iba por buen camino.
Ella, con sus especiales manos, empezó a bajar y subir sobre mi miembro. El cielo, que llevaba todo el día amenazando lluvia, súbitamente empezó a descargar una fuerte tromba de agua.
Si la conducción había sido difícil por el centro de la ciudad ahora empeoro y, lamentándolo mucho, tuve que decirle que dejara de masturbarme. Estaba siendo delicioso, pero estaba perdiendo concentración en la conducción y era mejor esperar.
Muy concentrado en que nadie me fastidiara el coche que no tenía ni tres meses me olvide de Cynthia. Un poco más adelante la descubrí masturbándose. Había separado sus piernas y una mano se perdía debajo de su falda. Se estaba metiendo un dedo y su cintura se movía al ritmo. Estaba absorta en sus maniobras.
De pronto tuvimos un pequeño incidente y tuve que pegar un buen frenazo. Un loco se había venido a mi carril casi lanzándose encima de mi coche. No había pasado nada, pero Cynthiadejo de meterse el dedo. Se limpio el dedo en la boca y permaneció quieta unos minutos, llegábamos a mi casa.
Salimos del coche corriendo y fuimos a refugiarnos en el portal de mi casa. Conseguí abrir la puerta a la primera y entramos. Pero la lluvia y el viento nos habían mojados completamente en el medio minutos que estaríamos fuera del coche. Daba igual, la contemple y estaba más excitante. Sin poderlo evitar le bese sus empapados labios mientras con una mano le recorría su cara y pelo y la otra se metía debajo de la falda para cogerle las nalgas. Todo chorreando y muy excitante.
Ella respondió cogiendome las nalgas y atacándome con su boca. Tenía verdadera hambre y por un momento pensé en follarmela ahí mismo. Pero eso no era lo mejor y la cogí conduciendola a la cocina.
La cocina de mi casa tiene todos los electrodomésticos habituales pero yo buscaba como un loco otras cosas. Cogí primero un bote de guindas, un spray de nata, caramelo liquido, y un tarro de miel.
-Vamos a desnudarnos un poco.- Le dije mientras volvía a besarla, esta vez en el cuello. Ella empezó a desabrocharse la blusa, pero yo no la deje terminar. – Bajate esa falda. – Ella se desabrochó los botoncitos y dejo deslizarse lentamente su faldita. Entre los pliegues de su blusa podía ver sus braguitas, como ella de las había descrito e hinchadas. Ella estaba tan nerviosa que movía un poco las piernas. Sus mejillas se habían sonrojado. Todo lo que más me excitaba se reunía en ella, una abultada vagina, un pelo corto y mojado, el rubor de su cara, inocencia y picardía.
Yo me puse en cuclillas y empecé a recorrer lentamente su cuerpo, de abajo a arriba, con mis manos por detrás tanteando y acariciando mientras besaba sus piernas, luego vinieron sus muslos y sus braguitas. Las bese repetidamente mientras mis manos tomaban sus nalgas ligeramente húmedas. También mis labios encontraron esos paños prohibidos húmedos, quizás por la lluvia o más bien por sus ejercicios masturbatorios en mi coche.
Seguí subiendo y deje más bese en su pecho dedicando uno a cada seno y llegue al cuello. Estuve unos instantes y subí a su barbilla y a su boca.
Allí los besos dejaron de ser dulces y románticos y se convirtió en un beso salvaje y muy largos. Sentí su húmeda lengua, recorrí toda su boca y sus perfectos dientes. La primera fase llegaba a su fin.
-Esto te va a gustar.- Cogí el bote de nata y empecé a moverlo.- Voy a comerte toda.
Primero apunte a su boca y deje una pequeña montaña de nata que su lengua empezó a comer. Yo también participe del pequeño banquete. Después deje nata sobre su cuello, a continuación uno de sus pechos, repetí con el otro y baje hasta sus braguitas. Se las quite, y aplique la nata sobre su monte de venus.
Tire el bote y me fije en sus axilas. Me encanta verlas depiladas. Las suyas estaban perfectas, no llegue a besarlas entonces, pero mis manos las acariciaron mientras yo comía la nata de su cuello.
Una vez estuvo limpio comí de sus senos, pude limpiarlos completamente. Estaban totalmente endurecidos y los pezones eran grandes y hermosos. Le comí también el ombligo.
Desde la boca hasta su ombligo su placer, y el mío, había ido aumentando. Cuando succione sus pezones habían alcanzado sus cotas más altas, pero sabía que aquello iba a aumentar. La nata le formaba una delgada capa en su pubis. Primero comí los laterales y aproveche para besar sus muslos. Sabía que aquello le debía gustar mucho y ella me dio la razón, empezó a frotarse los pechos con sus manos y a pedirme que le comiera su «coñito».
Obedecí, la eche sobre la mesa de manera que sus piernas quedaran colgando y su repleto sexo estuviera en el filo.
Muy lentamente comencé a lamer las zonas al descubierto, no estaba depilada. No me gustaba eso de comer pelitos y luego encontrarte uno en la boca. ¿La depilaba?
Ella debió advertirlo pues ceso sus gemididos y me pregunto:
-¿Pasa algo?
– No.- De todas formas dado como estaba de excitado decidí dejarlo para otro momento.
-Llevaba mucho tiempo buscando un coñito como este. ¿Nunca te han dicho lo maravilloso que es?
-Es un coñito precioso, sus labios externos son blandos y dulces, cargados de sangre y muy apetecibles.- Comencé a relatarle.
– Sus labios internos sobresalen ligeramente, parecen tímidos, cuando los separo con mi lengua apenas si dejan un pequeño camino, pero desean ser abiertos y darte placer. El olor de la nata se ahoga por su propio olor, un perfume fuerte y ligero, ¿alguna vez te has olido las braguitas? Es muy excitante. Tu clítoris permanece escondido, pero pronto lo haremos despertar. ¿Te has mirado alguna vez tu coñito? Es una maravilla, dulce y calido. Abajo está tu culito, pero más tarde nos ocuparemos de él.
Había terminado, sobre su piel quedaba dispersa aún mucha nata. Se me ocurrió una idea, con este paño, de buen tacto, sabor y olor, limpie cuidadosa y cariñosamente su pubis de nata. A Cynthiaesto también le gustaba tal era mi habilidad.
Yo introduje mi lengua entre sus labios y comencé a penetrarlo. Su sabor salado era más fuerte e inmenso. Pero apenas si podía separar sus labios internos. Continúe un poco más.
Era momento de penetrarla, comencé a deslizar mi dedo corazón por sus labios para que se impregnaran de sus jugos y se lo lleve a la boca para que me lo lamiera y lo mojara con su saliva. Creo que en esos momentos ya estaba sudando, no por el calor de principios del verano, sino por el que ella desprendía.
-Moja también uno de tus dedos, quiero ver como te lo metes.
Se acariciaba el pecho con una mano y bajo hasta mí su mano con uno de sus dedos impregnados de su boca. Yo desee lamer esa saliva, pero lo deje seguir su camino. La vi, a apenas unos centímetros, separar sus labios e introducir este dedo en su conducto más privado.
Lo introdujo hasta la segunda falange y comenzó a moverlo. Yo seguí este movimiento con los ojos como medio minuto, después puse mi mano sobre la suya y mi dedo humedecido sobre su dedo penetrador. Ella lo comprendió y lo guió hasta el interior de su cuerpo.
Ella se estaba masturbando muy suavemente.
-Cynthia, lo haces muy bien, pero creo que esto te gustara más. Acariciate los pechos.
Dejo su mano. Tome entonces algo que ella no se esperaba, un pequeño plátano que se hallaba en el frutero, al sentir la diferencia de temperatura dio un pequeño respingó. Lo introduje lentamente en su húmeda gruta hasta que se halló por completo dentro de ella, sus movimientos se hicieron más rápidos, entonces yo me prepare, saque la sabrosa fruta que después me comería e introduje dos dedos en su boca y después los deslice por todo su cuerpo abajo hasta llegar a su vagina. Con una mano separe sus labios mientras con la otra la penetre como nunca ella hubiera imaginado. A los pocos segundos mis dedos aumentaban su excitación y volvía a gemir. Aumentando mi velocidad sus susurros aumentaron y su cuerpo se volvía al ritmo de mis dedos.
a se lo estaba pasando fenomenal, ahora si que me pedía: -No pares, no pares. – con insistencia. Y más pronto de lo que hubiera podido pensar su cuerpo fue recorrido por una descarga eléctrica, su espalda se arqueo levantandola de la mesa y cesaron sus movimientos y gemidos con un profundo gemido de satisfacción. Toda mi mano se vio humedecida por una descarga de sus fluidos. Descubrí por que ella me había seducido, necesitaba rápidamente descargar su cuerpo del deseo que acumulaba. Sus labios estaban ahora más abiertos, esperandome y por su vagina hubiera podido introducir toda mi mano.
Me fije en los reflejos del orgasmo en su cara, contento por haber contribuido a él. Cynthia, con los ojos cerrados, aún se estaba regocijando.
Empece a desvestirme. Cogí mi camiseta y la tire encima de su blusa. Iba a continuar cuando ella abrió los ojos y me paro.
-Deja que eso lo haga yo.
Y se incorporo. Ahora sus hermosos senos se mecían en su pecho y sentí la necesidad de acariciarlos. Los cogí con mis manos y los contuve. Sentía todo su frescor y su peso. Estaba deseando volver a saborearlos, pero Cynthiame recordó que ahora me tocaba a mí. Abrió el tarro de miel y cogió una buena cantidad con la mano, lo esparció sobre mi desnudo pecho y empezó a lamerlo como yo había hecho con ella.
Aquello era una gloria indescriptible. Sentía su húmeda lengua sobre cada centímetro de mi torso. Primero por el vientre, para no mancharme, luego jugo con un ombligo como yo la había enseñado.
Subió y lamio la miel de mis pectorales. Pero lo mejoro…
Como una verdadera experta cogió entre sus labios mis pezones y tiro de ellos como si estuviera amamantando. Note como mi miembro, que hacía un rato que estaba más tranquilo, pero sin decaer del todo, volvía a engordar al máximo y a dolerme dentro de mis apretados slips. Yo deseaba apretar mis pantalones contra algo para aumentar el placer que sentía. Así que deje sus senos y empece a quitarme el cinturón. Ella lo vio y no me dejo. Aparto mis manos y comenzó una dulce tortura. Dejandome los pantalones abrochados me bajo la cremallera e introduciendo sus manos por ella encontró mi crecido miembro y lo cogió, apretandolo.
Yo no sabía cuando iba a poder soportarlo, deseaba empezar a penetrarla, abrir sus carnes con mi carne.
Ella también lo deseaba urgentemente, porque rápidamente me bajo los pantalones y los slip. Se quedo contemplando mi miembro. Lo cogió con sus manos y empezó a moverlo muy poco.
Se quedo erguida sobre la mesa, abriendo aún más las piernas y con sus manos separando sus labios vaginales. Veía su entrada claramente, aún continuaba muy abierta y aproxime mi miembro a su vagina. Pase la punta de mi húmedo capullo por su vagina, dando círculos cada vez más pequeños. Me gustaba recibir el tacto de su piel, una carne blanda, muy húmeda. Después lo deje unos instantes junto debajo de su entrada y, ante su atenta mirada, le di arriba y adentro. Mi primera penetración fue sólo de tanteo, lo retire y esta vez si la penetre completamente, cuando más crecía su resistencia natural más apretaba yo y acabe introduciendome plenamente en su cuerpo.
Apenas escuche su pequeño gemido saque medio pene y la volví a penetrar. Y así sucesivamente… Cada vez más rápido y como había unos minutos habían hecho mis dedos ella empezó a subir por el sendero del orgasmo.
Cynthiadejo de abrirse su vagina y empezó a acariciarse los pechos. Se tendió sobre la mesa sin dejar de mirarme y contonearse. Me miraba y yo apreciaba su buen cuerpo. Mi pene bombeaba sensaciones placenteras a mi cuerpo….
Llevamos un rato así, yo penetrandola casi con furia y ella pasandoselo muy bien. Pero yo quería hacerle más cosas, fantasías que tenía y que pronto realizaría con ella.
Por todo esto me salí de ella y le pedí que se diera la vuelta. Ella accedió aunque con reticencias, temía que la penetrara analmente. Después de asegurarle que no se echo sobre la mesa, vi sus pechos sostenerla sobre la mesa doblando su cuerpo. Baje mi cabeza hasta la altura de su trasero y contemple. Tenía las piernas demasiado cerradas. Las cogí por los muslos y las fui abriendo. Ahora la vista era mucho mejor.
Volví a tomar mi miembro dispuesto a volver a penetrarla cuando vi su ano, muy cerrado y cerca de su vagina y me entraron ganas de abrirselo, pero pensé que eso podía esperar, se lo había prometido. Volví a guiar mi pene en su sexo y a introducirlo gloriosamente en su cuerpo.
Agarre con mis manos su trasero y lo lanzaba hacia mí a la vez que la penetraba. Era algo muy fuerte. Cynthiaestaba como poseída, jadeaba y gritaba, quería más fuerza, el placer era aún mayor que la vez anterior. Yo me eche sobre ella, quería acariciarle los pechos y sentir nuestros cuerpos pegados.
También baje el ritmo, no quería irme demasiado pronto. Pegue mi cadera a su trasero y nos movimos contoneadamente. Pero era quería más.
-De acuerdo, ahora vas a mandar tu. – Le dije.
Dejamos la mesa y me senté en una de las sillas de la cocina. Tenía en mi mano mi pene, enseñandoselo. Ella vino inmediatamente, sabía lo que había que hacer. Abrió sus piernas y se sentó encima de mí, dandome la cara. Habiendo cogido mi miembro con sus manos lo conduje hasta su entrada. Allí entro sin ningún problema. Cynthiaempezó a subir y bajar, marcando el ritmo que más le agradaba. Yo la rodee con mis brazos y la apreté sobre mí, quería sentir sus duros pechos sobre mi torso.
Rápidamente ya me cabalgaba frenéticamente. Empece a acompañar sus gemidos por los míos. Su cuerpo se estaba cubriendo de sudor y ahora era yo el que la animaba. Me hacía daño, me lanzaba andanadas de placer cada instante. Los gemidos se convirtieron en gritos. Pronto no pude más y explote dentro de ella, llenandola con mi semen, el placer entonces me dejo exhausto, durante unos segundos solo sentí el bombeo de mi pene dentro de su cuerpo. Solo lance un apagado grito.
Cynthiaempezó a sentir su segundo orgasmo en unos minutos. Su cuerpo subía y bajaba, como sus gritos, sobre el mío. Pronto, una repetida serie de gritos me lo indicaron. Su movimiento se calmo y paro. Entonces se echo sobre mí para descansar unos instantes.
-¿Qué te ha parecido?
-Maravilloso, eres maravilloso. Nunca había sentido nada igual.
Sus ojos seguían reflejando el placer que había sentido. No pude dejar de besarla.
Permanecimos abrazados largos minutos, después pensé que lo mejor era llevarla a mi habitación. Ella se levantó y la contemple.
-Eres preciosa.
-Gracias, ¿Qué hora es?
Mire el reloj: – Las siete. Pero aun podemos hacer más cosas. Recoge tus cosas y vayamos a mi cuarto.
Ella obedeció y tras recoger nuestras ropas me siguió a mi habitación.

Los Juegos con Cynthia

Capitulo II

Entramos en mi habitación. Cerré la puerta. Ella la observaba, tenía muchos detalles. Yo mire la ventana, todavía estaba lloviendo. Me puse a su lado y le dí un beso
-Vamos a sentarnos en la cama. Quítate los zapatos.
Nos sentamos en la cama, con las piernas entrecruzadas. Le agradaba el tacto del edredón. Estábamos completamente desnudos los dos.
Pase mi mano por su vagina.
-Luego debemos arreglar esto. Te la voy a depilar. ¿Cuándo vas a la piscina te afeitas?
-Recuerdo que el año pasado me afeitaba los laterales. -Cogió mi mano y la estrecho contra su vagina. -¿Me vas a afeitar?
-Sí, te voy a dejar tu coñito como el del un bebe.
-Como el de un bebe… -Repitió ella.- ¿Y esto como lo arreglamos? -Pregunto cogiendo mi desfallecido pene.
-Eso lo arreglamos pronto. Me excitaba la idea de poseerla de nuevo.
-Sí, me encantaría. Dos veces en una tarde. Me gustaría que esta tarde no terminara nunca. Se echo sobre mí para besarme. Luego me dijo:
-Abrázame.
Yo me eche hacia atrás sosteniendo su cuerpo, comprobé que le encantaba permanecer abrazada después de hacer el amor. Cynthiame echo las manos por la espalda y yo la abrace también.
-¿Te gusto?
-Mucho. No se apenas nada de ti, pero me gusta tu cuerpo, tu atrevimiento, tu libertad…
La conversación siguió por derroteros parecidos. Recuerdo que hablamos de muchísimas cosas, con los chicos con los que había salido, de como se masturba una chica y sus fantasías, grupos de música,…
Durante ese tiempo y mientras yo le acariciaba las nalgas ella tenía puesto su vientre sobre mi miembro, con ganas de follarlo otra vez.
-Acaríciame – me pidió
Ella estaba echada sobre mí, dándome la cara, ahora subió unos centímetros. Su boca cayo cerca de mi oído y su pubis estaba sobre el mío. Deje sus nalgas e introduje mis manos en el poblado hueco. Pasé una mano por su vagina y tantee su rajita, estaba muy húmeda y eso me excitaba. Cogí mi pene y acaricie con la punta su vulva.
-Con la mano, por favor. – Me dijo, yo obedecí dejando mi pene y procedí a acariciarla muy suavemente.
– Así, así. Te recompensare..
Acaricié su poblado de vello. Introduje dos dedos en la rajita y los moví rítmicamente. Aquello le gustaba.
Estuvimos así varios minutos, se estaba excitando .para un poco. «Sigue» Y puso mi mano sobre su coño. Lo apretó un poco contra él, deseosa de que empezara. «Acaríciame» Empezó a mover mi mano y luego seguí, intentado adivinar lo que quería.»Muy bien, continua». Yo continúe masturbandola, lo que hacía empezaba a gustarme de veras. Cogí sus le pedí que me dejara besarla. Pronto acerco su boca, «Déjame besarte», me dijo y me beso.
Sus pechos se había endurecido, mi boca contenía su lengua húmeda y calida y por último sentía la humedad en su sexo Aumenté el ritmo de sus caricias y ella empezó a mover el cuerpo a su ritmo, no podía mantenerlo quieto. Pronto disfrutó de un primer orgasmo. Fue una sensación tan fuerte que durante unos instantes se quedó pensando en la satisfacción que le había producido. Mi mano salió completamente mojada. De pronto me sentí muy contento, y nos besamos un buen rato. Esta vez también yo metí mi lengua en su boca. Luego permanecimos abrazados, mi corazón se tranquilizo.
Mire su desnudez y comencé a besarla. Fueron besos cortos. Baje por el cuello hasta sus pechos y empecé a besarlos mientras los acariciaba. Aquello empezó a gustarla. Después subí y la besé en la boca. Su mano llegó a mi pubis y yo hice lo mismo. Empezamos a masturbarnos.
Empecé acariciándole toda la zona con mis manos, luego pasé a su rajita. Separé los labios e introduje dos dedos en medio. Arriba y abajo. Luego con esos dedos empecé a trazar círculos alrededor de la entrada de su vulva. Se sentía húmeda. El placer era muy suave y dulce.
Notaba como el pequeño agujero de su vagina se ampliaba y se acercaba el momento culminante. uno de mis dedos invadía el interior de su cuerpo. Apenas lo dejé pasar, lo saque y la volví a penetrar más fuerte. Comencé a retirarlo y penetrar, el placer electrificaba su cuerpo. Poco a poco se dejo llevar por mi y el placer aumento. Fueron minutos de gloría, la bese. Fue unos de esos besos largos, húmedos y profundos que tanto le gustaban. Nuestras lenguas se encontraron en su boca y en la mía. A mi encanto y a ella mucho más, pues conforme seguía el beso aceleraba mi dedo.
Comenzó a gemir, no podía impedirlo ante la avalancha de placer que recibía. Y sentí un orgasmo más fuerte, intenso y profundo que el anterior la invadía. Cese los movimientos y chupe el dedo con el que la había penetrado sus movimientos y cuando baje los ojos la descubrí chupando el dedo con el que me había penetrado. Ella sonrió.
Nos relajamos y dormimos abrazados

Los juegos con Cynthia

Capitulo III
Al despertar me dijo:
-Eres un amor.
Podría leer sus pensamientos, deseaba volver a follar, y yo también. Mi pene reclamaba entrar otra vez en las carnes de Cynthia.
También me había cansado de permanecer tanto tiempo en aquella posición, soportando su peso. La hora de la segunda vuelta había comenzado, había que volver a activarse.
-Y tú eres la mejor chica. – Le dije lo primero de todo, luego la bese y la levante para besarle sus pechos. Ella pensó que iba a volver a penetrarla, pero todavía no.
Ella Rió.
Yo estaba pegado a ella, por mi pene erecto y con unas ganas locas de follar. Deseaba ponerme a su espala y penetrarla mientras la besaba y la acariciaba.
Ella estaba excitadísima, cuando no pudiendo más, baje mi mano para acariciarle su sexo, este estaba incluso más húmedo que después de aquella primera vez. Y mi pene estaba totalmente erecto, así que nos miramos preguntandonos que hacía falta para empezar. Un segundo después nos lanzamos los dos y empezamos con un beso salvaje. Ella me rodeó con sus brazos y yo también. Recorrí con mis brazos su espalda hasta sus nalgas, que acaricie y apreté contra mí, porque contra su vientre se apretaba mi excitadísimo pene.
Pensaba que iba a penetrarla, pero no lo hice. Pase unas veces mi pene por sus senos y después cogí y olí mi almohada. Allí donde su olor era más intenso. Con aquella fragancia embriagandome espere a que terminara de reírse.
-Huele por aquí, huele a ti.
Cynthiavolvió a seguirme y cogió la almohada, cuando descubrió su perfume intimo volvió a reír.
-Pues me duche antes de que llegaras..
-No ha servido, eres la chica más húmeda que he conocido.
-Eso te excita.
-Claro, no hay otra cosa igual. Indica que… siempre quieres hacerlo.
-Sí, tenía muchas ganas. Volvamos a hacerlo, quiero sentir tu dura polla en mi coñito.
-Espera, primero debo afeitarte. El próximo día untare de miel tu coño y te lo comeré todo. Esperate, voy a por unas cosas.
Me levante de la cama.
-Voy contigo, -Me siguió.- desde que empezamos cada vez que me tocas el coño sintió que me voy a orinar. Dime cual es el cuarto de baño.
También me cogió la mano. Ibamos por el pasillo los dos desnudos, bonito retrato, yo con mi pene erecto y ella con su poblado pubis al aire. Debíamos parecer dos amantes que van por el mundo como si no hubiera nadie más.
-Este es el cuarto de baño. – Ella entró e inmediatamente se sentó en la taza. Yo desde la puerta observe sus movimientos. Tengo un poco de voyager.
Ella inmediatamente me miró pero se calló. Su primer impulso había sido decirme que no mirara, pero sabiamente no había abierto la boca. A muchas chicas no les gusta que las miren en el servicio o en la ducha incluso después de haberse acostado varias veces con uno. Pues Cynthia, pasado ese primer impulso, había pasado a mirarme el pene. Tenía un descaro total.
Yo entre en la habitación para coger las cosas que iba a necesitar, una maquinilla, un bote de espuma y una toalla. Cynthiahabía descubierto que sus ganas de orinar no eran tantas y que le constaba que la operación empezase. Pensé en interrumpir sus esfuerzos.
-Cynthia, ¿nunca has hecho una mamada?
Me coloque delante de ella y cogí mi pene. Ella había levantado la cabeza y cuando la volvió a bajar se encontró con mi miembro muy cerca.
-No. – Estaba nerviosa, nunca había intentado nada de ese tipo.
-Cogeme tú el pene.
El ambiente se cargo con cierto aire de solemnidad. Veía a través de su piel desnuda como se le aceleraba el corazón al levantar sus brazos y coger mi miembro. Lo solté cogiendola por la cabeza y los hombros.
-Ahora quiero que me masturbes, mueve tus manos arriba y abajo. ¿Se lo habrás hecho ya a algún chico?
Ella respondió un débil «Sí». Completamente absorta en el trabajo que le había encomendado. Movía sus manos lentamente sobre mi pene, llenandolo de calor. Aquellas finas manos eran realmente encantadoras, casi olvido lo que iba buscando.
-Cynthia, ahora quiero que me beses el glande. Saca la lengua y humedece tus labios. – Alzo su cabeza y me miro mientras pasaba repetidamente su lengua por sus labios. – Suavemente.- Bajo su cabeza y poso sus labios sobre la punta de mi pene. Y repetidamente me beso.
-¿Te gusta?
-Mucho- saco la lengua y recorrió la punta con ella.
Si sentir sus labios estuvo bien con su húmeda lengua recorriendo mi glande alcance la gloria, incluso tuve unos espasmos de placer.
Ahora no tuve que indicarle nada más. Había visto tantas películas porno y algunas amigas le habían contado como ellas les comían el pene a sus novios que Cynthiasabía perfectamente como continuar.

Abrió su pequeña boquita e introdujo mi pene en ella. Inmediatamente empezó a moverlo y lamerlo con su lengua. Como describir el placer que me diste, querida Cynthia. Mis piernas me sostenían sin fuerza y yo deseaba correrme para que la dulce tortura terminara.
Era su primera felación, fue muy intensa. Era increíble la sabiduría que tenía mi chica.
Me cogió los testículos unos momentos, luego su mano desapareció. Descubrí que se la había llevado a su sexo y que se masturbaba con ella. Desee poder llegar hasta su sexo y acariciarlo e introducirme por él hasta llenarlo. Como no podía metí mis dedos entre sus pelos e intente devolverle el placer que me estaba dando.
Cuando ella separó su boca y saco su lengua para acariciarme la punta vi restos de semen y liquido preseminal en sus labios. Me encantaba la estampa, su cara juvenil y mis fluidos. Cynthiarecorrió entonces mi pene con su lengua. Varias veces. Me estaba tambaleando de placer. Si no hubiera sido porque hace apenas una hora había eyaculado no hubiera aguantado tanto. Volvió a comerme dentro de su boca y entonces, a pesar del placer, supe que debía parar.
-Levantate, ya es suficiente. – La cogí por las axilas y la levante. – Ahora debo afeitarte, pero luego podrás continuar.
Cynthia no lo comprendió, pero me obedeció. Allí estábamos los dos pegados y no pude dejar de besarla. Ella, en unas horas, me estaba dando más placer que cualquier otra chica con la que he estado.

Recibir mi propio semen de su boca me excito tanto que note el picor de mi miembro y cogiendolo lo golpee contra sus muslos. Ella me contempló divertida y luego los dos miramos su pubis, poblado de vello negro y húmedo. Tenía cierto magnetismo que me forzaba a recordar a mi pene abriendo por primera vez sus carnes.
-Miralo por última vez, en mucho tiempo no lo volverás a verlo así.
Ella asintió.
– Vamos a mojarlo un poco. – Y lo moje con agua del grifo, acariciandolo y sintiendo sus formas, aquello era delicioso. – Cogí una maquinilla preciosa, había sido un regalo de una tía y siempre la había estado reservando. También una toalla y un bote de espuma. – Alguna gente esparce la espuma con una brocha, pero yo prefiero hacerlo con los dedos. Te gustara. Vamos a mi cuarto.
En mi cuarto la tendí sobre la cama, ocupandola a todo lo largo. Fui al otro lado de la cama solo para besarla y decirle al oído, como si fuera un secreto: – Esto te va a gustar, pero disfrutaras más si conforme te toco te acaricias los pechos. Ella lo agradeció, me beso y tomo con sus manos sus pechos.
Le separe más las piernas y eche sobre una mano una buena cantidad de espuma del bote. Iba a esparcirla cuando algo me paro, era su pequeño agujero anal. Algo me incitaba a descubrirlo y jure que pronto lo penetraría. Pero no ahora y proseguí lo que llevaba entre manos. Con la otra la recogí y le cubrí todo su pubis, cuidandome de darle el máximo placer. Ella se estaba contorneando, además de mis caricias ella misma se acariciaba los pechos y se pellizcaba los pezones.
-Ya esta. Dime, ¿te ha molestado?
-No, ha sido muy dulce. Ahora noto toda esa espuma sobre mi coño.
-Ahora voy a afeitarte.
Empece la delicada operación. Coloque unos dedos sobre la parte superior de la vagina y tense su piel. Mi cuchilla bajo, hice una pasada sobre la parte superior, zona muy cargada de vello y muy lisa. Y el sonido, es siempre tan excitante… Yo entonces apenas si había comenzado a depilar la parte superior de su pubis, la zona más fácil. Pero me estaba encantando poder ayudar de esa manera a mi nueva amante. Ademas del sonido del rasurado podía disfrutar con manejar con toda naturalidad sus partes más intimas. Además, yo seguía con mucha atención sus ademanes, como siempre excitantes y perturbadores.
Sumergido en los movimientos sexuales de mi descarada compañera había afeitado todas sus partes intimas. Había repasado varias veces cada centímetro de piel, ganando tiempo, naturalmente para acariciarla. Con la toalla procuraba limpiar los restos de espuma y darle un poco de placer. Aquel bello pubis que durante años había estado cubierto por esa famosa mata de pelo se descubría de nuevo radiante y atrayente. Así se lo dijo y la anime a que ella también lo descubriera.
-Es increíble, no puedo recordar desde cuando no lo veo así.
Yo deseaba follarmela en esos momentos, pero aun tenía restos de espuma que no había podido quitar con la toalla y lo despuse.

Cogí su mano y la levante para llevarla de nuevo a cuarto de baño.
Lo que hice fue meterla en la bañera y coger el extremo de la ducha.
-Regula el agua, no hayas a decirme que te he quemado.
Ella comprendió mis propósitos y abrió los grifos.
– Ya esta. -Dijo y poniendo un pie en alto en el borde de la bañera abrió completamente sus piernas.
Su abultada vagina sobresalía aún más. Desnuda de todo resto de vello el agua que yo lanzaba recorría toda si piel, caía sobre la abertura de su vagina y mojada sus labios internos para perderse en la pila de la bañera. Ahora estos labios internos están perfectamente visibles, semiabiertos y atrayentes. Y yo había abierto esas carnes con mi miembro para hundirselo en el vientre, recordaba esos momentos de placer. Me di cuenta de que Cynthiano prestaba la misma atención a su ducha. Como otras chicas se retorcía disfrutando del caudal de agua sobre su sexo y de las caricias de sus senos. Con los ojos fuertemente cerrados se regocijaba en su placer olvidandose de mí y dejando ver el valioso espectáculo.
Me encantan las chicas y una parte importante es verlas.
Aquello era el sumo espectáculo que podían contemplar mis ojos, una chica con su sexo rasurado masturbandose ante el leve contacto con el agua que yo le proporcionaba. Tuve que coger mi pene y masturbarme.

Los juegos con Cynthia

Capitulo IV y último

Estuvimos los dos en esa situación como medio minuto. Ella, sin ninguna causa, debió pensar que no se lo quería hacer sola y paro mirandome. Al descubrirme en esa situación sonrío y me lanzo un beso. Ninguno habíamos alcanzado el orgasmo y ahora no importaba. Ambos deseábamos follar pero aquel todavía no era le momento. Le di el mango de la ducha, y me separé para mirarla.
Cynthiavolvió a comprenderme y separo las piernas aumentando el doble el tamaño de su rajita. Seguí mirandola mientras ella bajaba su mano libre y se acariciaba. Le gustaba el juego y se exhibió delante de mí. Se dio fuertes refregones, introdujo uno y dos dedos en su vagina, se separo los labios ante mí,… hacía todo eso por mí. Hace unos momentos la había descubierto envuelta en sus instintos más íntimos, masturbandose mientras se duchaba, miré su esplendido trasero. Tan apetitoso como dos frutas y totalmente perfectos.
Nos fundimos en un abrazo. Cogió la flor de la ducha de mi mano y se encargo de mojarnos. Nos besamos. Fueron besos profundos, le entregue mi lengua y después Cynthiame penetro con la suya. Me gustaba su sabor, indefinido, pero cálido y húmedo. Compartimos nuestras bocas mientras con los brazos nos acariciábamos desde el pelo hasta las nalgas. Cogí las suyas entre mis manos y procure acapararlas en mis manos. Eran fuertes y frescas. También ella cogió las mías, pero ademas subió una pierna y me masageó toda la entrepierna. Con las caricias mi pene aumento de tamaño y empezó a demandarme que lo utilizara. Me picaba tanto que nos separamos y bajando una mano, le acaricie su tierna y depilada vulva. Cynthialo comprendió y cogió el pene acariciádomelo.

Entonces le introduje un dedo en su vagina y jugué con él. Cynthiase agitaba y más fuerte me masturbaba, hasta que tuvo que dejar de estar de pie. Entonces se arrodillo ante mí y me miro.
-Te agradezco lo que has hecho por mí.
Ante mi sorpresa inicio por su cuenta una de las mejores felaciones que he recibido. Con una mano me cogió mi erecto pene, con la otra los testículos. Bajo su boca hasta que se puso a la altura de mi glande y como maravilloso preludio descargó su aliento cálido y húmedo. Inmediatamente empezó. Con mi mano meneaba arriba y abajo mi miembro mientras su lengua recorría todo mi glande. Luego recorrió con su lengua mi miembro mientras me lanzaba miradas. Me convenció de que era una chica que aprendía rápido. Introdujo en su boca mi pene y me lo acariciaba mientras, por dentro su boca, seguía recorriendolo. El juego aumento en intensidad hasta que me hizo tambalearme de placer. Entonces, separo su boca y me dijo:
-¿Te gusta?
-Mucho, sigue así. – A riesgo de caerme y pegarme un buen golpe, le permitir seguir. Ella también se divertía con el juego.
Arrecio en sus maniobras por complacerme y pronto sentí que iba a eyacular. Ella también lo sintió de algún modo, saco mi pene de su boca y empezó a golpearlo contra su cara. En instantes hondanadas de semen me catapultaron de placer. Sentí un orgasmo tan profundo que casi me caigo encima de ella. Mientras yo temblaba, ella seguía golpeandome.
-¡Vamos, vamos! – Me gritaba.
-Sí, sí. – Le respondí.

Aquello deshizo todas mis fuerzas. Ella subió después, majestuosamente y sacando un poco la lengua para incitarme. En el lado derecho de su cara tenía mi semen. Le cubría la mejilla, la oreja y el pelo. No era mucho, lo que combinado con su cara le daba un aspecto de chica atrevida muy excitante. Cynthiaelevo el brazo para limpiarse, pero la detuve. El semen brillaba sobre su piel y pequeñas gotas adornaban su pelo como si fuera un árbol de navidad.
-Eres preciosa
Pero no podía quedarme contemplandola, así que la cogí por sus axilas y la alce. La bese profundamente, pero ella no quiso hacerlo largo. Tenía en mente uno de sus juegos. Se separo mínimamente y pasandose dos dedos por la mejilla recogió una parte de mi semen. Lentamente me lo ofreció, yo no me moví y ella acercó sus dedos a su boca y los paso por todos sus labios y finalmente los limpio con su boca. Todo tan voluptuosamente que me indujo a que volviera a besar sus labios más húmedos que nunca. Había cumplido su objetivo y se entrego en un largo beso.
Al poco me di cuenta de que mientras yo la acariciaba no encontraba sus manos. Ella se retorcía, descubrí que estaba preparando su vagina para un nuevo contacto con mi cuerpo. Había puesto una de sus piernas sobre el borde de la bañera abriendo al máximo su sexo. Frenéticamente se masajeaba a la vez que proseguía nuestro beso. Cuando supo que me había dado cuenta se aparto un poco de mí.
-Follame. Necesito que me folles.
Era lo que yo más deseaba en aquellos momentos. Después de haber probado su boca deseaba penetrarla. Su cuerpo me incitaba y repetía mi nombre. Pero, lo natural, las fuerzas flaqueaban.
Con mi última eyaculación mi pene se había debilitado y ahora empezaba a perderse entre mi vello púbico. Era muy urgente actuar. Cogí mi pene en mi mano y lo agite para que se volviera a endurecer. Me acerque.
-Espera, quiero hacerlo bajo el agua. – Y se agacho para recoger la flor de la ducha. Una idea se cruzo en mi mente cuando la cabeza de mi pene se encontraba a centímetros de su entrada.
-¿Quieres hacerlo bajo la lluvia?
-Sería estupendo, ¿pero como lo hacemos?
-Sigueme. Tenemos una terraza que da a un patio interior. – Salimos del cuarto. Yo continuaba agitando mi miembro para no perder la erección. Abrí una puerta de cristal y entramos en la terraza. La lluvia seguía cayendo fuerte y en unos segundos nos calo completamente. Hacía frío y sobre el suelo aun debía de hacer más, pero yo nunca lo había hecho así y me anime a continuar.
-Vamos a hacerlo inmediatamente. Vamos a probar otra postura. – Me senté sobre el suelo y estire las piernas, levante los brazos para recibirla. – Vamos sientate. – Ella la conocía. Con mucho cuidado por el resbaladizo suelo, paso primero una pierna sobre mí, luego bajo y se sentó sobre mi entrepierna.
– Muy bien, dejame que yo te la meta. – Se levanto unos centímetros y pude introducir mi pene en su cuerpo. El frío y la lluvia contrastaban enormemente con la calidez de su sexo. Aquel abrazo en el que nos fundimos era, poéticamente hablando, nuestra barrera contra el frío.
Las gotas de lluvia resbalaban sobre nuestros cuerpos menos el pecho, el cual empezó a ser fuente de calor tan pronto como Cynthia, como una experta, alzo su cuerpo y empezó a empalarse con mi pene.
-Te siento dentro de mí. – Exclamaba. – Es maravilloso. Viva el sexo.
-Viva. – Replique, porque era lo que de verdad sentía. Era increíble lo que me estaba pasando esas últimas horas y me puse a recordar todo lo que me había contado. Me excité de nuevo como lo había hecho antes y mi pene también se excito, creció.
-Eres maravilloso. – Dijo Cynthiaentre los primeros gemidos.
Así que baje un poco más una de mis manos que sostenían su trasero y tras encontrarlo penetre también aquella pequeña entrada. A pesar de que apenas pude entrarle dos centímetros ella lo sintió y se animo muchísimo. Acelero sus movimientos de manera que casi sacaba mi pene de su cuerpo en las subidas y entraba todo mi pene en su cuerpo, casi un poco doloRosamente, en las bajadas. Yo también acelere el provocador masaje de mi dedo en su ano y provoque unos movimientos más salvajes.
Su vagina se había convertido en una boca que recibía perfectamente mi pene aún en aquella situación. Sus constantes gemidos me mostraban que era ella la que conducía aquella orgía. Mi dedo dentro de su cuerpo había conseguido entrar más profundamente y provocar más placer.
Yo, casi completamente pasivo, resultaba agotado de aquellos ejercicios, pero ella había encontrado una fuente inagotable de fuerza.
El frío y la lluvia nos congelaban las espaldas, pero nuestros pechos chorreaban de sudor. Nuestras energías desprendían grandes cantidades de sudor que dejaban su pecho tan calido como su sexo. También el olor de la lluvia se mezclaba con el del sudor y el del sexo.
Yo no fui responsable de su terminación. Acababa de eyacular y si antes me parecía que sería imposible volver a estar a punto, ahora lo veía como una meta cercana. Me acercaba pues a mi tercer orgasmo, cuando Cynthiagemía cada vez más fuerte. Sus gritos se hicieron más fuertes, llevaban tiempo estallando en mi cabeza como un grupo de rock. Y después sus movimientos se hicieron más débiles. Se abrazo a mí. Compartía con ella aquel dulce orgasmo a través de su piel. Después de nuestras salvajadas su cuerpo perdió consistencia y se detenía. La deje saborear su orgasmo.
Después, yo deseaba alcanza también el mío a cualquier precio y culminar una tarde maravillosa.
-Echate para atrás, ahora me toca a mí.
Plácidamente me obedeció y se recostó sobre el mojado suelo. Abrió su boca para saborear el agua mientras yo me colocaba encima de ella.
-Vamos a empezar el segundo tour. Agarrate Cynthia.
Suavemente empece a penetrarla. Le daba tiempo para que se recuperara de su orgasmo. Después empezaron embestidas más fuertes. Cynthiavolvió a abrir los ojos y a desafiarme para que la penetrara más fuerte. La seguía penetrando, mi ansiado orgasmo se mostraba distante y haciendo fuerzas de flaqueza continúe. Cynthiacomenzó a gemir de nuevo, más suavemente y me pedía que continuara follandola.
Con los minutos el calido ardor había desaparecido. Nuestros cuerpos estaban fríos por la lluvia y si bien ella disfrutaba yo continuaba casi igual. Creo que un instinto salvaje me hizo levantarme y levantarla y comenzar a penetrarla contra una pared. Mis embistes retomaron por unos instantes la fuerza perdida y sus gemidos aumentaron. Un sentimiento imperativo de terminar de una vez aquello reunió el resto de mis fuerzas y comencé a penetrarla tan salvajemente como ella lo había hecho antes. Ella lo sintió, pero no pudo hacer nada. Continúe sintiendo un sentimiento de impotencia por no poder llenarla de nuevo, a la vez que una maldita lluvia me calaba hasta los huesos. Luego decayeron mis fuerzas y solo quedo un leve rescoldo que siguió impulsando mis movimientos. Ella, más agotada que yo, tampoco podía más y mantenía un leve equilibrio contra la pared. Envuelta en su estado soñoliento esperaba que mis maniobras culminaran y saborear otros instantes de gloria. Largo tiempo estuve penetrandola, rondandome en la cabeza pensamientos sobre la inutilidad de aquello, pero el premio lo mereció. Sentí como las sensaciones desde mi miembro aumentaban y me entregue a ellas mientras continuaba penetrandola. Tan débil me encontraba que un profundo orgasmo me atravesó y durante unos instantes casi perdí la conciencia. Aquel orgasmo, después de haber llegado al límite de mis fuerzas fue insuperable. También mi querida Cynthiahabía experimentado una experiencia parecida. Cuando después de haber llenado su cuerpo caí sobre ella no pudo hacer nada y caímos sobre el suelo. Permanecimos inmóviles, saboreando el placer.
Después lleve mi vista hasta mi desfallecido pene. En unos instantes había perdido su consistencia y todo pequeño movimiento me resultaba doloroso.
Cynthiatambién se recuperaba. La estaba apastando y rodé sobre el suelo para liberarla. Estábamos muy cansados para besarnos, acariciarnos o para cualquier cosa.
-Que polvo, me has dejado destrozada.
La tuve que ayudar a llegar a mi cuarto y nos echamos sobre la cama. Sin secarnos ni nada. Sabiendo que la tarde había terminado y recobrando fuerzas para volver al mundo normal, a la vez que planeábamos nuestros próximos encuentros.

Fin

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