Demian


Demian siempre podía encontrarse en soledad.Demian siempre podía encontrarse en soledad. Su aspecto físico era una especie de armazón intraspasable. Para los chicos de clases el era un brujo, un demonio, un enajenado. Para mi significada el gran enigma.

Siempre le veía llegar a la escuela con el cabello muy bien arreglado hacia el lado izquierdo. Su pantalón siempre estaba perfectamente entallado y planchado con un filo perfecto; y así mismo su camisa que parecía firmemente castigada por los tirantes que le sometían al pantalón. Llevaba la chaqueta en la mano y en la otra un pequeño maletín en piel siempre muy limpio y reluciente. En alguna ocasión, al caminar, podía notar el resplandor de un reloj de muñeca, símbolo distintivo entre él y los otros chicos.

Para aquel entonces vivía yo frente a la escuela. Como era chica se me era negado el derecho a una educación; pero gracias a mi abuela me pude saltar esa regla. Ella sabia leer y escribir a la perfección y desde muy pequeña me instruyó en esos saberes que hasta la fecha me han sido de muchísima utilidad para mi vida espiritual y para mi supervivencia.

A él le pude ver por primera vez una mañana en que acompañe a mi hermano mayor por la calle. Realmente era emocionante, era lo más cercano que podía llegar a contactar con ese mundo académico y viril. Era muy temprano y me puse mi abrigo. Cuando cruzamos la calle mi hermano salió al encuentro con sus amigos. Yo iba más atrás pero les alcancé en poco tiempo. Ellos me saludaron, gracias a mi hermano me habían tomado cariño y yo me sentía especial por ser aceptada en el grupo aunque de manera velada.


Mientras ellos reían hablando sobre el partido de pelota del día anterior pasó por la misma acera Max Demian. De primera intención yo lo le vi. Fue hasta que uno de los compañeros de mi hermano con voz baja comentó:
-Miren el loco.

Yo, por curiosidad me di la vuelta. El miraba hacia el frente sin advertir la presencia de otros chicos que pululaban por los alrededores del instituto. De primera intención solo noté que era algo extraño pero no le di importancia. Escuché algunos comentarios de los compañeros de mi hermano y me fui a casa.

Tomé la costumbre de todas las mañanas acompañar a mi hermano y sus amigos antes de que entraran a clases. Esto provocó dificultades entre las demás niñas y yo, pero me daba igual. Amaba demasiado a mi hermano que siempre cuidó de mi a pesar de que solo me llevaba tres años de diferencia. Poco a poco las otras niñas del vecindario se fueron alegando y yo, sin darme cuenta, me zambullí en el universo de las travesuras de mi hermano, que para entonces cursaba en noveno grado, y la literatura. Leía libros que mi hermano terminaba, alguno que otro que encontraba en la biblioteca de la casa y por supuesto La Biblia. Este no podía faltar dentro de una familia de doctrina cristiana como la mía.

Max Demian era un nombre que siempre escuchaba en las conversaciones de mis amigos. Lamentablemente sólo para ser objeto de comentarios negativos o burlas. Yo le tenía repunción. Al igual que mi hermano y que sus compañeros de clases pensaba que el y su madre eran hijos del diablo. Que por eso no asistían los domingos a la iglesia.

Para cuando mi hermano llegó al undécimo grado los comentarios acerca de la vida privada de Max había menguando. En una ocasión en que mi hermano entró a clase, me quedé en los alrededores sin cruzar la calle para llegar a casa. Dentro de mí una voz me decía que mi presencia ahí sería necesaria. A los pocos minutos mientras lanzaba piedras a un charco en la acera vi a lo lejos la figura de un joven que caía al suelo. Sin pensarlo dos veces salí a su encuentro. Al ver que el joven no se levantaba del suelo corría a su encuentro. Mientras corría desesperadamente pensé que quien fuera que fuese ya habría muerto.

Al llegar vi que la persona hacia un esfuerzo para desajustar la corbata y desabotonar la camisa. Yo sin pensar en quien podía ser y si le conocía o no traté de ayudarle. No forcejó mucho cuando se dio cuenta de que alguien trataba de ayudarle. Bajó las manos y se abandonó a mi cuidado. Desesperadamente desabotone la camisa y desaté la corbata. Cuando la fue a dejar a un lado vi un reloj que saltaba de la manga de una chaqueta. Esa mano me era conocida y con mucho temor mire la cara del afectado. Estaba muy sudada a pesar del frió mañanero, tenía el entrecejo fruncido y la piel palidecida por la desesperación causada por la falta de aire. A pesar de que nunca estuve frente a frente con Demian sabía que era el. Tuve temor, recordé todos aquellos cuentos que alguna vez me narraron. Me levanté y me aleje unos pasos, en mi cabeza se peleaban la idea de la huida y mi cargo de conciencia. Recordé la historia del buen samaritano, íšsto me obligó a volver a él. Traté de levarle y le pedí que cooperara conmigo pues era demasiado alto para que yo pudiese levantarle sin ayuda.

No se como lo logramos pero finalmente logramos una química bastante buena para caminar hasta el instituto. En mi mente pasaban miles de pensamientos. Entre ellos que no podría aguantar su peso mucho tiempo. A pesar de que era delgado tenía huesos fuertes y pesados. Es muy extraño. Muchas chicas habían tenido su primer contacto físico con un chico por medio de roce. De irse al bosque a escondidas y estando allí se agarraban de las manos, se abrazaban y en caso de que la chica fuese muy atrevida por medio del gran misterio. El Beso. En cambio yo, como siempre la nota discordante, mi primer contacto fue cargar a Max Demian a la oficina del director.

Recuerdo que tenía los brazos largos y la espalda ancha. Me pareció interesante hasta que me dificultó el traslado del joven de la calle a la escuela. Ya casi ni respiraba, no se cómo permanecía dando pasos. Algo si recuerdo y fue la primera vez que sentí algo así.
Recuerdo que llevaba una colonia, no recuerdo marca, pero recuerdo que era un olor muy suave. Aquel olor causó una reacción muy extraña en mí. Por un segundo me ruboricé pero dentro de todo aquella lucha lo olvidé fácilmente.

Cuando llegamos a la puerta del instituto vinieron algunas personas que supongo que eran profesores y se lo llevaron por aquel oscuro pasillo. Por primera vez vi un vestigio de cómo era el edificio por dentro. Su techo era muy alto. Estaba pintado de un color terracota y su pasillos era alumbrado por algunas lámparas puestas en las esquinas de cada salón.

Después de eso me marche a casa. Me encerré en mi cuarto y no quise salir de ahí en todo el día. Mi hermano al atardecer tocó la puerta de mi habitación y sin esperar a que yo contestase la abrió con mucha energía. Tanta que la puerta por inercia quedó cerrada tras él.
– Me dijeron que tú llevaste a Max Demian a la enfermería.
– Si.
– El demonio ese. Pero tú eres loca ¿cómo puedes ayudarle?

Me dio mucha vergíŒenza y no conteste. Pensé que podría leer mi mente y traté que mi cara no mostrase expresión alguna.

Finalmente ante mi silencio el retomó la palabra.

– Bueno. El tuvo un ataque de asma. Lo vinieron a recoger sus familiares y creo que tendrá que faltar algunos días a clase.

Trate de desviar el tema de la conversación pues me ponía los nervios de punta. Cómo le iba a explicar que le había casi cargado. Y que pude olerle y sentirle y verle de cerca. Tomé una medida rápida y formule una pregunta que hacia algunas semanas deseaba hacerle pero que el valor me había faltado.

– ¿Quienes son esas chicas que se encuentran con ustedes en la plaza?

El se ruborizó y se dibujo su rostro la sombra de algo que se pudo convertir en una sonrisa. Traté de encontrar su mirada bajando la cabeza unos centímetros mas que íšl pero no me fue posible. Supe que entre ellas había alguna que significaba algo para el. Y sin pensarlo dos veces le dije:

– Estoy segura de que una es tu novia.
– NO
– ¿No?
– Son solo amigas.
– ¿Alguna te gusta?
– No te importa
– Si me importa. Además creo saber cual de ellas es la que te gusta.
– ¿A si?
– Si. Es la que siempre lleva una diadema color roja.

Vi como si cara se tornaba de un color rojo más fuerte. Me sonreí pues había logrado sacar información y además pude hacerle olvidar el tema de Demian. No me dio la oportunidad decir alguna cosa más. Se paró caminó hacia la puerta y se fue. Quise seguirle y preguntarle más sobre sus amores pero preferí dejarlo ahí pues no quería que el se hablase de Demian.

Por las próximas semanas no acompañe a mi hermano en el camino al instituto. Los primeros días me comentó que los amigos preguntaban por mi. En realidad el no insistió mucho en que le continuase acompañando así que me quede en casa. Como toda chica, ayudaba a mi madre en algunos de los que hacerse del hogar y en mis ratos libres leía algún libro.

El hecho de que no acompañara a mi hermano a la escuela no significaba que no estaba pendiente de lo que hacia. Veía que ahora en las mañanas se encontraba con una chica con quien hablaba unos minutos antes de entrar a clases. A él, mi padre le regaló una bicicleta y todas las tardes salía de paseo en ella. Muchos de los chicos del barrio no tenían una y tampoco podían aspirar a tenerla así que le pedían la oportunidad de poder montarse en ella por unos minutos. Esto convirtió a mi hermano y a sus amigos de la escuela en los más populares del pueblo, que en aquel momento no era ni una cuarta parte de lo que es hoy.

Yo tenia mucha curiosidad deseaba saber que estaba ocurriendo en la vida de mi hermano, pero sabía que él deseaba mantenerme al margen. Así que opte por tomar algunas medidas. Comencé a escucharle tras la puerta cuando estaba en la habitación con sus amigos. Escuchando a hurtadillas fue que mi mente comenzó adquirir información que jamás imaginó.

Escuché hablar sobre el cuerpo de las chicas. De cómo se vestían y marcaban sus atributos. Me entere de las tácticas que los chicos utilizaban para llamar su atención y en cosas se podía saber cuando una chica estaba interesada en ti y cuando no. En una ocasión en que la conversación estaba muy interesante escuche a mi hermano hablar sobre la chica de la diadema roja. Creo que el nombre que pronuncio era Victoria, pero no estaba segura pues bajo la voz tanto que solo se podía escuchar un mormullo. Me di cuenta de que si deseaba adquirir infamación acerca de la vida de mi hermano tendría que seguirle un día. Y así lo hice.

Esa misma semana le seguí después de la escuela. Se encontró con ella en la plaza, hablaron algunas palabras que debido a la distancia no pude escuchar. El se alejó de ella y siguió su camino. Se metió en una callejuela y cuando pensé que no me notaría le seguí. La callejuela daba al campo y una vez ahí se sentó en una roca. En su mano topo una vara que arranco de un árbol y comenzó a dar golpecitos en el suelo. Pasaron algunos minutos cuando ella llegó y se sentó junto a él sin tocarte. Comenzaron a hablar sin mirarse y pronto vi que en se acerco a ella sentándose de tal modo que su muslo rozaba con el de ella. Ella lo miraba tímidamente mientras el le decía cosas en un tono muy bajo. Vi como en acerco su cara a la de ella y puso su mano delicadamente sobre las mejillas sonrojadas de Victoria. Nunca había visto a mi hermano hacer cosa igual lo que me ruborizo y miré al suelo no se cuanto tarde en mirar a los amantes pero…. Al levantar la mirada… ¡No lo podía creer! Mi hermano tenia a la chica prácticamente sentada en su falda mientras la besaba acariciándole el pelo. Pensé que no debía seguir así que tomé camino.

Desde ese día me di cuenta que el vivir sin amistades no era conveniente. Comencé a concurrir a los lugares que las demás chicas asistían: al cine, a la plaza a las 4 de la tarde y otros lugares. Al principio percibí un real rechazo a mi presencia pero poco a poco, y con mucho esfuerzo, logré formalizar alguna que otra amistad. No era lo más que me llenaba pero al menos haciendo relaciones publicas adquiría información invaluable sobre los chicos, cómo son, cómo les gustan que seamos, los más guapos y lo mas oculto, el contacto físico.

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