Relato enviado por Jose S.


Relato enviado originalmente por Jose S. el 30 de Septiembre del 2000 a www.SexoServicio.com

Antes que nada, quiero ser honesto, esta historia la

estrené en un Sitio Web de España

O sea que en internet no es nueva, vale la aclaración,

no?

En fin, haí les va….

Mi Querida Carolina (Un amor imposible).Quiero dejar para la posteridad esta historia, que

significó mucho en mi vida por el gran amor que a mis

18 años sentí por una mujer mayor, y que fue

ampliamente correspondido, pero que al mismo tiempo se

convirtió en un dolor constante porque ella era

casada, con hijos, haciendo casi imposible que la

relación fuera más allá de encuentros amorosos

casuales. Y digo casi imposible, porque en mis sueños

de adolescencia, ella la mujer de mi vida, mi más

grande anhelo.

Carolina era la esposa de mi vecino, en ese entonces

tenía 40 años, rubia, piel dorada, piernas largas

coronadas por unos gluteos verdaderamente enormes, y

senos grandes. Yo vivía en la planta baja de un

edificio, y el departamento de Carolina estaba frente

al mío, puerta con puerta.


Mi familia vive en la provincia mexicana, en tanto que

yo vivía sólo, debido a que realizaba mis estudios de

preparatoria en la Ciudad de México.

Desde que llegué al departamento en mención, recibí un

trato amable de parte de Carolina, quien me apoyaba

con las obligaciones que teníamos los inquilinos, ya

que por cuestiones de tiempo no acudía a las reuniones

de vecinos. Debido a esta situación, regularmente ella

llamaba a mi puerta para ponerme al tanto de las

cuotas que se tienen que pagar por mantenimiento,

servicio de áreas comunes, etc.

Al principio, la relación era tan formal que solo

cruzábamos dos o tres palabras, en la puerta de mi

departamento, ella se despedía y entraba al suyo, sin

más; pero conforme fue pasando el tiempo, fuimos

tomando confianza, hasta establecer una relación menos

formal. Carolina ya no se quedaba en la puerta,

entraba y se sentaba relajadamente en la sala mientras

me ponía al tanto de cómo se estaba administrando el

edificio y los acuerdos a los que había llegado la

asamblea de inquilinos.

Estas visitas se hicieron más seguidas y se

prolongaban cada vez más, por lo que de la platica

formal, pasábamos a un agradable rato de charla, sobre

diversos temas. Sin darnos cuenta, nos fuimos

encariñando a tal grado, que parecíamos dos amigos,

sin diferencias de edades, lo cual pues no era real.

De mi parte, empecé a padecer una especie de inquietud

constante. Cuando ella se iba de mi departamento no

podía dormir pensando en sus formas de mujer, que me

generaban una excitación que al paso de los días se

fue volviendo incontrolable.

Nuestros departamentos están, como decía, en la planta

baja, y los cajones de estacionamiento de ambos quedan

frente a mi ventana, por lo que una noche, con el

silencio que provoca la misma, escuché que Carolina

despedía a su esposo e hijos, que iban al cumpleaños

de sus abuelos y a pasar el fin de semana con ellos,

fuera de la ciudad. Oí que Carolina le pedía a su

esposo la disculpara con sus suegros, pero que alguien

debía quedarse a organizar arreglos que se hacían en

su departamento, al tiempo que le pedía que le

informara telefónicamente el estado de sus bebes y de

él mismo.

Luego de que se cerraron las puertas del auto y el

motor se oía cada vez más lejos, escuché que se cerró

la puerta del edificio, lo que me indicaba que ella ya

había entrado a su departamento. El pensar que ella

estaría sola en su casa me puso nervioso. Una erección

empezó crecer entre mis piernas de solo imaginármela

en la cama, en ropa interior. Sin más, decidí que esa

noche tenía que decirle lo que sentía por ella, por lo

que empecé a planear con que pretexto presentarme en

su departamento. En esas estaba, cuando sonó el timbre

del mío, y vaya sorpresa que me llevé cuando abrí la

puerta, ahí estaba ella, con cara de pena.

Se disculpó por tocar a esa hora (eran las 11:45 de la

noche), pero me explicó que los arreglos que hacían en

su casa le hacían incomoda su estancia, por lo que se

le había ocurrido dormir en el sofá que está en la

sala de mi departamento, a lo cual yo no me negué, por

su puesto.

La invité a pasar y a sentarse, con lo que iniciamos

una charla al calor de un poco de música y una copa de

vino que yo serví. Al calor de la música y debido al

efecto de la bebida de uva, nos relajamos

inmediatamente y la charla tomó un curso más íntimo,

en donde hablamos de nosotros, hasta que ella empezó a

comentar de su matrimonio. Me dijo que era feliz con

lo que tenía, pero que últimamente su relación con su

esposo no funcionaba bien en una parte. Ya en

confianza, me explicó que la vida sexual en la pareja

es una parte importante y un complemento del amor, por

lo cual era de entender que está situación la tenía

algo triste.

Su actitud me inspiró ternura, por lo que en un acto

reflejo la abracé, siendo correspondido por ella. El

abrazo se prolongó, por lo que ambos pudimos sentir el

calor de nuestros cuerpos y aspirar nuestros olores.

Fue esto último lo que provocó que el abrazo se

prolongara aún más, y que ambos iniciáramos una leve

caricia en las espaldas de ambos, en un movimiento de

arriba hacia abajo.

La fuerza del abrazo creció y sentí en mi pecho sus

dos enormes senos, lo cual me excitó generando una

erección que casi se salía de mi pijama. Al oír de sus

labios salió un huuuuummm. prolongado, llevé mis

labios a su cuello y lo besé con ternura pero con

insistencia. Del cuello pasé al lóbulo de su oreja, a

la mejilla y entonces vi sus ojos cerrados y una

expresión de complacencia en su rostro que aún en

estos días me hace acordarme de ella.

Sus labios rojos y carnosos estaban entreabiertos, por

lo que me acerqué y los bese suavemente, los dibujé

con la lengua y al llegar a la comisura de su boca la

introduje poco a poco, como fornicándola con la

lengua. Esto la excitó y provocó que abarcará mi boca

con la suya al tiempo que me tomaba fuertemente por la

nuca y acariciaba mis cabellos. Mis manos ya fe

aferraba a su cintura, marcada por lo ajustado del

vestido que traía. Subí un poco las manos, y sentí,

aún sobre el vestido, la tibieza de esos enormes senos

que Carolina tenía.

Luego de un buen rato en que nos besamos y acariciamos

todo lo que podíamos, baje mi lengua por su barbilla,

y al descender la vista sentí un deseo incontrolable

al ver que entre su amplio escote (no muy común en

ella), sobresalían dos enormes globos que parecían

querer romper la tela. Acaricié su cuello con las

manos, al tiempo que besé su papada y la curva de su

hermoso cuello, hasta llegar a la base de sus senos,

los cuales recorrí con la lengua viendo como al paso

de la misma, los poros de su piel se hinchaban por el

placer que le generaba esta caricia. Bajé el cierre de

su vestido y seguí lamiendo sus senos, que poco poco

fuí sacando del brasier. Bajé primero la copa que

cubría el seno izquierdo, lo hice muy lentamente, por

lo que primero me embelesé acariciando con mi lengua

las pequeñas protuberancias en la aureola que rodea al

pezón, ensalibándola, hasta llegar a un rosado,

arrugado y enorme botón, que al succionarlo, hizo que

ella gimiera. Desabroché su brasier y pasé al otro

seno, que también succioné y lamí hasta sentir que el

pezón no se doblaba con mis caricias por lo duro que

estaba.

Ella ya me había desabrochado la camisa del pijama y

me acariciaba con fervor, mientras me decía «así, así,

bésame más, hazme sentirme mujer», lo cual me excitaba

más y me alentaba a continuar con la caricias en un

erotismo que ya no veía limites.. De repente, me

levantó, me recargó en el respaldo de un librero que

tengo en la sala, al tiempo que besó y chupó mis

tetillas, el estómago y el ombligo, bajando cada vez

más. Se abrazó jalándome de las nalgas y pasó su

mejilla sobre la tela del pijama, en la parte en que

mi pene daba brincos insistentes, como catapulta,

debido al alto nivel de excitación que tenía. Desde

mis nalgas, jaló la tela del pijama de tal forma que

hiciera presión sobre mi pene, y luego, siempre sobre

la tela, subió lentamente su lengua desde la base del

pene hasta la punta, la cual mordió cariñosamente.

Acto seguido, bajó lentamente el pijama, descubriendo

primero el glande, que brillaba de tan rosado he

hinchado, acariciando y ensalibándolo dulcemente con

su lengua. Recorrió la comisura del pene y fue bajando

lentamente, mordiéndolo a lo ancho, hasta llegar a la

base, luego subió lentamente hasta llegar a la punta,

que se introdujo poco a poco, hasta comerse casi la

mitad del mismo. Yo le acariciaba las mejillas y el

pelo, mientras ella se metía mi pene hasta donde podía

en una mamada que en mi vida me han vuelto a hacer.

Acto seguido, se fue levantando poco, sin dejar de

acariciarme con su lengua, la cual subió por mi

estómago y el pecho, hasta llegar a mis labios,

fundiéndonos nuevamente en un besó lleno de pasión.

Yo me retiré un poco de ella para desprenderme del

pijama (en tanto ella se desnudaba también), y al

levantarme admiré ese cuerpo tan hermoso. Carolina se

posesionó de mi pene y lo acarició con la mano.

Entonces, viéndome a los ojos, me dijo que hacía

tiempo me deseaba, que su actitud de apoyarme con lo

del edificio no era desinteresada, ya que desde que me

conoció sintió, primero una ternura que no se explicó,

hasta que está se fue convirtiendo en deseo sexual.

Bajó la vista hacia mi pene y me dijo algo que hasta

la fecha sigue siendo cierto (ahora tengo 34 años y

continúo viviendo sólo, en otro departamento) que esa

noche sería la noche de nuestras vidas, por lo que

teníamos que gozar infinitamente de nuestros cuerpos.

Fue entonces cuando me jaló de tal forma que nuestros

cuerpos giraron, hasta quedar ella con su espalda

recargada al respaldo del librero.

Estando ambos de pie, con una agilidad increíble,

levantó su pierna izquierda y la colocó sobre mi brazo

derecho, pidiéndome: «coloca mi pierna sobre tu

hombro».

Levanté su pierna hasta mi hombro y ella prácticamente

se colgó de mi cuello, pidiéndome que le introdujera

el pene en su vulva, que había quedado rozándome el

glande (con esta posición arreglamos un poco la

diferencia de estatura, ya que ella me llevaba unos

centímetros más).

Mientras la besaba apasionadamente, acaricié su pierna

que tenía sobre el hombro, bajando hasta recorrer la

redonda y enorme nalga, tersa y suave, pasé mi mano

por la rajada que empezaba desde la parte en que

termina espalda, y fui bajando lentamente hasta llegar

a sus labios vaginales, los cuales acaricié

suavemente, sintiendo la humedad de su agujero. Acto

seguido, abrí con dos dedos los labios de la vagina

hinchada e introduje la punta de mi verga, con lo que

cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás,

recargándola al respaldo del librero, mientras decía

«que rico papasito, méteme otro poquito de tu verga,

que rica es papito, más rica de lo que pensaba, quiero

sentirla toda dentro de mi, dame tu leche, dame tu

leche.»

Al oir esto, no pude contenerme más y de un golpe se

la metí toda, hasta que estuve parado totalmente de

puntitas y sentí como mis bolas rozaban las

puntiagudas nalgas. Empecé a entrar y salir de su

vulva a un ritmo regular, y a cada embestida mía, ella

gemía y respiraba agitadamente con los labios

entreabiertos.

Aumenté el ritmo y ella empezó a gritar con cada

embestida, «ay mi amor, ay mi amor, ay papasito,

cógeme más papito, méteme tu verga tan rica papito»,

hasta que estas frases tan cachondas se convirtieron

en «me vengo, siento que me vengo papito, dame tu

leche, dame tu leche, tu leche, quiero tu leche» y

terminó con un «ayyyyyyyy ayyyyyyyyyyyy..

aayyyyyyyyy mi vida» En ese instante comprendí que ya

había tenido su primer orgasmo y embestí más fuerte,

hasta que sentí como la leche recorría el camino desde

mis bolas y salía expulsado por la punta de mi pene.

Que sensación tan inigualable.

Al sentir el caliente líquido seminal en sus entrañas,

volvió a gritar y a tener mas orgasmos, «tu leche mi

amor, que caliente y rica está tu leche, mi amor,

ahaaaaaaaa ahaaaaaaaaaa, me has echo tan feliz mi

amor, que felicidad de verdad»

Yo continué dentro de ella después de mi explosión,

aún con la pierna de ella sobre mi hombro. Al

agacharme un poco para aflojar la tensión de mi

cuerpo, vi como nuestros jugos escurrían por su pierna

hacia la rodilla, por lo que subí la pierna que tenía

apoyada en el suelo y cargándola, con la verga aún

adentro, la llevé al sofá y me senté con ella encima.

Me besó nuevamente como sólo ella sabe hacerlo, y

entonces me percate que mi pene aún no bajaba, estaba

igual de tieso pese a la explosión pasional que había

sufrido y bien metida en esa vagina llena de líquidos

y de calidez. Mientras me besaba y acariciaba todo el

rostro me comentó: «mi vida, que hermoso eres, me has

cogido como nunca nadie, y que hermosa verga tienes,

tan rica, tan dura que sigue dentro de mi, gracias mi

amor, gracias por darme esto».

Entonces se levantó lentamente, a tal grado que mi

verga casi se sale de su agujero, lo cual ella no

permitió atrapándolo con una leve bajada, y comenzó a

subir y bajar, jadeando de placer y gozo, que era

correspondido de igual forma por mi.

Lo hicimos en el sofá nuevamente, en la alfombra de la

sala, en la bañera y terminamos una apasionada noche

en la cama, desde donde vimos amanecer con los cuerpos

fundidos en uno. Desde ese día, cambié, no soy el

mismo. Sólo me queda un vacío: espero pacientemente en

mi departamento de la ciudad de México a que aparezca

otra Carolina en mi vida.

Fin

Melancólico

jora1965@yahoo.com

Relatos Similares:

  • No hay relatos similares

Deja un comentario