Historias de secundaria 2

NeoPene

Capítulo II. Maribel Borracha

NeoPene

Maribel era la jefa de grupo, una chica muy seria y responsable, llevaba muy buenas calificaciones y siempre competía con Claudia que era la mejor de todas en ese aspecto.

Maribel era una chica bonita, de ojos grandes y cara afilada, su tez era muy blanca, pero su cabello era oscuro, se sonrojaba con facilidad y en cierta forma era tímida. Sus faldas largas y las blusas y suéteres de la escuela que usaba no daban oportunidad de conocer nada de ella, con trabajos se le veían los tobillos; lo bueno era cuando nos tocaba E.F., porque así podíamos ver a todas las chicas en short y playera; pero a diferencia de Lilia, Maribel usaba un short no tan corto y su blusa no era pegada, aún así, a mí me agradaba bastante verla en ropa deportiva.

Un día estábamos comentando Luis y yo de lo guapa que era Maribel y de que era muy santurrona, incluso a veces decíamos que ella sería monja; yo le dije a Luis que a mí si me gustaba Maribel y él me dijo que también le gustaba, pero llegamos a la conclusión de que Maribel seguramente seguiría virgen hasta llegara al matrimonio y comentamos que sería muy difícil convencerla de hacer algo con alguno de nosotros.

Pasó el tiempo y no tocamos más el tema; en una ocasión se organizó un â??convivioâ? de todo el grupo, era una fiesta donde había casi de todo; música, baile, â??pomoâ? (bebida) y en realidad la pasábamos bien. Como nunca había incidentes desagradables en los convivios y estos se hacían temprano, las chicas iban con tranquilidad a ellos.

En esa ocasión la fiesta fue en casa de un amigo llamado Edgar; él sacó una botella de tequila y todos empezamos a tomar. Las mujeres casi no tomaban, excepto Lilia, Margarita, Emma y Cristina; Luis se me acercó y hablando muy bajo me dijo: â??Vamos a emborrachar a Maribelâ?, estuve de acuerdo y servimos varios caballitos; para que no se viera que solo era contra ella, repartimos los caballitos a varias chicas, la mayoría no querían, pero les decíamos que no fueran aguafiestas y casi siempre aceptaban, si se ponían muy difíciles las chantajeábamos diciéndoles â??bueno, es que todavía eres una niñaâ? y con eso las heríamos en su orgullo, por lo que terminaban aceptando.

Fue sumamente difícil convencer a Maribel de que se tomara el tequila, con ella no valían pretextos ni chantajes; ella se preocupaba mucho porque decía que si llegaba oliendo a alcohol a su casa se enojarían mucho con ella y además no la dejarían ir de nuevo a los convivios. Alfredo le dijo que solo se tomara esa copa y no tendría aliento alcohólico y que de todas formas él le daría unas pastillas para eliminar el aliento e incluso se comprometió a llevarla a su casa.

Después de pensarlo mucho, Maribel aceptó tomarse una copita, â??pero solo unaâ? nos advirtió; se la tomó de golpe y de inmediato el color se subió a sus mejillas; yo nunca vi a nadie marearse tan rápido, Maribel de inmediato dio muestras de euforia, empezó a bailar conmigo (y eso era casi imposible, porque yo bailo muy bien) y se puso muy contenta, Luis aprovechó para darle otra copa y Maribel se la tomó sin respirar de un solo golpe; aunque no hacía falta más, Luis siguió dándole de tomar a Maribel y a la quinta copa ya ella no sabía lo que sucedía, hablaba con voz pastosa y tenía los ojos vidriosos; entre dos de las otras chicas la llevaron a una de las recámaras; vimos las miradas de reproche de ellas al haber emborrachado a Maribel.

La fiesta continuó, pero de repente Luis me llamó y me dijo: â??Vamos a ver como está Maribelâ?, asentí y nos escurrimos sin que nadie se diera cuenta. Buscamos en las recámaras hasta dar donde estaba Maribel; estaba acostada de lado, con toda su ropa puesta, Luis y yo intercambiamos miradas pícaras y cerramos la puerta por dentro con seguro. Nos acercamos y moví a Maribel para ver si se despertaba, ella estaba perdida, no había poder humano que la pudiera despertar, entonces pusimos manos a la obra, Luis le quitó los zapatos y las calcetas mientras yo me ocupaba de su suéter y blusa, luego, Luis le bajó la falda mientras yo le quitaba el brassier, el cual me costó mucho trabajo y Luis llegó a donde todos ansiábamos, el calzoncito de Maribel; un lindo calzoncito rosa con un corazoncito en el frente; Luis me vio y luego empezó a bajar el calzoncito de Maribel. La contemplamos desnuda y le solté el cabello; se veía realmente hermosa, su cuerpo ya era el de una mujer, su cintura pequeña, sus muslos y caderas anchas y sus tetas redondas a medio desarrollo en ese cuerpo tan blanco y su cara linda enmarcada por su cabello negro suelto era un poema de belleza.

Luis y yo nos desnudamos velozmente y nos quedamos viendo como diciendo ¿quién va primero?, estábamos seguros de que Maribel era virgen y el primero tendría el gran honor de desflorarla; le dije a Luis que lo decidiéramos mediante un volado y él estuvo de acuerdo, afortunadamente gané el volado, Luis no quedó muy a gusto, pero no me importó, solo me importaba gozar de ese cuerpecito abandonado a mis deseos más profundos.

Me acerqué a Maribel, la besé en la boca, en el cuello y fui bajando hasta sus tetas, las cuales chupé con gusto, acaricié su cuerpo y ella soltó un â??ahâ? entrecortado, me detuve pensando que despertaría, pero no fue así, seguí acariciándola y besándola por todo el cuerpo, llegué a su matita de incipiente vello negro y lamí su chochito virgen y jugué con un dedo en la entrada de su panochita. Luis me apresuró: â??No tenemos toda la tardeâ?, así que abrí las piernas de Maribel y me coloqué entre ellas, yo hubiera querido mojarla, pero la prisa de Luis me hizo que la penetrara en seco, mi pene empezó a entrar lentamente en la panocha de Maribel, ella gimió â??mmmmhhhâ?, me detuve, al verla con los ojos aún cerrados, continué, clavé toda mi verga en la panocha virgen de Maribel y empecé a bombear; el placer era muy intenso, con una mano acariciaba sus tetas mientras la besaba en el cuello y la boca; entré y salí de Maribel un buen rato, sentí la sangre escurrir por entre sus piernas, la había desvirgado; así seguí hasta que sentí que me llegaba el orgasmo y me vine dentro de Maribel con un gran chorro de semen.

Me bajé de la cama y Luis tomó mi lugar, apurado como estaba, clavó rápidamente su verga en Maribel, ella abrió los ojos y pensé que reaccionaría, pero estaba tan borracha que no se daba cuenta de nada, volvió a cerrar los ojos y Luis siguió cogiéndola mientras se escuchaba el ruido de la música del convivio; Luis se movía como desesperado y no tardó en venirse también dentro de Maribel; en ese entonces no nos preocupaba el SIDA, a lo mucho nos daba miedo la gonorrea o sífilis, pero como Maribel era virgen sabíamos que no tenía nada de eso.

Al terminar Luis nos vestimos rápidamente y salimos de la recámara dejando a Maribel desnuda y con las piernas abiertas; bajamos al convivio y vimos que ya casi todas las chicas se habían ido, solo quedaban Lilia, Margarita, Claudia y Cristina; me acerqué a Edgar y le dije: â??deberías de ir a ver a Maribelâ?, él me preguntó si ella estaba mal o que sucedía y yo le dije: â??no, pero deberías de irâ?; él se fue a la recámara; yo me puse a bailar con Cristina; Edgar tardó mucho y al regresar pasó junto a mí y me dio un apalmadita en la espalda; â??muy bienâ?, me dijo y adiviné que también había abusado de Maribel; Edgar se acercó a Juan y le dijo algo, vi como Juan subía a la recámara e imaginé a que iba, después de un buen rato bajó Juan y habló con Pedro, y así siguió, Pedro le dijo a Mario, Mario a Héctor, Héctor a Jorge y Jorge a Alfredo; para ese entonces ya solo quedaba Cristina, las demás chicas se habían ido; ella me pidió que la acompañara a su casa y yo le respondí que sí; pero que en el camino nos aventáramos un faje, ella coquetamente asintió, así que nos salimos de la fiesta y nos dirigimos a casa de Cris.

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