Las Vengadoras

Una sociedad Secreta de mujeres, al parecer, esta causando el pánico entre los abusadores. Aquí el testimonio de uno que alcanzó a sobrevivir…25 Prisioneros, acusados de abominables delitos sexuales, desaparecieron misteriosamente de diferentes cárceles estatales. Casi un par de meses más tarde fue hallado uno de ellos; un tal Artemio big headâ?, en lamentables circunstancias físicas. El reo, condenado a muchos años de prisión por atacar a varias mujeres al sur del país, escribió el siguiente testimonioâ?Š
â?Šâ?Después de despertar, fui llevado; encadenado y con esposas, por tres mujeres bastante corpulentas y armadas con bastones eléctricos hacia una habitación grande, muy parecida a un auditorio. Había otras personas en el recinto. Más de veinte. Eran hombres y estaban esposados, encadenados de pies y manos a las sillas empotradas al piso. Creí reconocer a dos de ellos. Si, uno era â??blind alleyâ?? Wilson, y casi al frente suyo, el otro: el célebre â??Pregnyâ?? Remington, cuya pasión eran las embarazadas. Parecía muy claro que esto no era una reunión familiar.
Al fondo del cuarto, delante de nosotros el cuerpo de un hombre desnudo yacía desvanecido detrás de unos barrotes que lo separaban del auditorio. Su cuerpo mostraba señales inequívocas de golpes y descargas eléctricas. Cinco mujeres, iguales en proporción física a las que nos vigilaban, ataron al sujeto, boca abajo, a una mesa metálica angosta e inclinada hacia delante. La elevación de la mesa mostraba al tipo algo ridículo con su trasero levantado respecto al resto del cuerpo. Una guardiana saco de su letargo al reo (se comentaba que su nombre era Alvy Mountblack), vaciando agua fría en su cabeza mientras que otra de las mujeres atornilló, a cada lado de la mesa, dos fuertes barras de acero.
El auditorio se lleno con una voz madura y femenina. Ordenó aplicar algo así como â??feromonâ? o â??feromonasâ? al cuerpo del sujeto e inmediatamente fue rociado con un líquido extraño, amarillento y brillante.
Las mujeres salieron de la jaula y, al poco tiempo, ingreso una bestia de apariencia salvaje. Era un asno que, enloquecido por el aroma emanado por el reo, oliscaba y lamía con codicia el cuerpo del prisionero el cual se movía compulsivamente mientras el animal, jadeando, desplegaba su excitación blandiendo su turgente falo. El pánico que sentía el reo se reflejaba en sus angustiosos gestos, en su mirada y, más aun, cuando el pelambre caliente del vientre del asno se deposito en su espalda (el animal se encaramó allí poniendo sus extremidades delanteras en la barras de acero).
El jumento empujaba con frenesí, deslizando su pene primero por entre las piernas del hombre, buscando maquinalmente su objetivo. Después su vástago hirviente golpeaba los testículos, la entrepierna y formaba un disparejo dúo con el pequeño órgano humano. En un instante fugaz, el animal logró su acometida. La imagen del prisionero, quien lloraba y lanzaba pavorosos gritos, junto con el vaivén infernal de la bestia socavando sus entrañas por el ano, creo que quedaron salvajemente grabadas en la mente de cada uno.
En total desenfreno, acompañado de espumarajos y rebuznos, el rosado miembro del borrico, teñido de sangre y excrementos era impulsado continuamente por entre las nalgas de Alvy. La bestia roznaba y estrujaba hasta que el clímax inundó con su caliente y fructuoso chorro de semen lo profundo de la estrecha cavidad desbordándose por las piernas del tipo. Cuando retiró su enorme miembro, el reo había desfallecido y por sus nalgas fluía un hilo brillante, oscuro y viscosoâ?
Artemio â??big headâ? murió días después, victima de un poderoso virus que destruyó sus intestinos, y que, según los científicos, fue contagiado a través del semen de un extraño primate salvaje.

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