En el taller mecánico

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9 octubre, 2019 4:15 am

Una chica hermosa e inocente, un loco como yo, páginas porno en Internet, ¿qué se podía esperar de tal combinación?

Todas las tardes la veía pasar, era evidente que regresaba del colegio; calculo que tendría como 15 o 16 años y yo a mis 19 tenía las hormonas súper alborotadas; yo era aprendiz de mecánico, así que sabía que nunca aspiraría a una chica como ella, estudiante de una preparatoria particular según supe después, pero todas las noches me masturbaba en el baño de mi casa pensando en ella.
Ella pasaba dos veces al día, sola a las 12:30 más o menos hacia el colegio y a las 6:15 de regreso, acompañada por un grupo de amigas y a veces de algunos amigos, esto me provocaba celos, sobre todo cuando la veía jugar o reír con ellos.

No sé que tan cierto sea, pero en el taller se dieron cuenta de lo mucho que me gustaba esa chica, pues en cuanto veía que pasaban los chicos del colegio, dejaba yo de hacer lo que fuera y me detenía a contemplarla embelesado; lo que sucede es que ella era hermosa, su cara era de rasgos finos, su nariz recta perfecta, sus ojos grandes color miel y su boca pequeña y siempre roja como manzana; su cabello largo de color castaño claro con rayitos le enmarcaba la cara perfectamente y con ese uniforme de colegiala me volvía loco, esas falditas a cuadros de donde salían dos largas piernas bien torneadas, esas blusas blancas pegadas sin mangas que dejaban ver parte de la clara piel de sus hombros, esa breve cintura, esos pechos redondos en plena formación; total, que toda ella era como un sueño para mí. Por eso los demás trabajadores del taller se burlaban de mí y me vacilaban diciendo ¡ahí viene tu novia! o cosas así, la verdad no me importaba, cuanto hubiera querido que de verdad fuera mi novia.

Un sábado estábamos trabajando en el taller, yo sabía que ella no iba a la escuela esos días, así que no esperaba verla; ese día entró un auto en el taller, era un buen carro, de marca reconocida, de esos caros. En él venía una familia integrada por: El Papá, la Mamá, un niño de unos 10 años y ella… Me quedé mudo de asombro, el señor me explicó que el auto tenía no sé que problema, no le entendí pues me puse muy nervioso de tenerla tan cerca, el Papá los llamó: ¡Jorge y Martha!, bájense. Por fin sabía su nombre: ¿Martha? resonó en mis oídos como música angelical. Uno de mis compañeros tuvo que recibir el auto porque yo no entendí ni jota, en eso, estoy seguro… ¡¡Ella me sonrió!!, podría jurarlo, ellos se fueron caminando a un restaurante cercano, a desayunar mientras reparábamos el carro, no dejé de verla todo el camino y mis amigos se burlaron de mí. Me sonrió, les dije y ellos se rieron, por más que traté de convencerlos, ellos no me creyeron, pero yo estaba seguro de que me había sonreído.

Una hora y media después regresaron por el auto y se los entregamos, Martha traía una falda corta que dejaba ver buena parte de sus muslos y una blusa negra muy pegada; al subirse ella al carro, alcancé a ver parte de sus calzoncitos, no se si lo notó, porque alcé la vista y le sonreí apenado, pero ella volteó la cara con un gesto de altivez que me rompió el corazón.

Cuando de fueron mis amigos se volvieron a burlar de mí y creo que en ese momento fue cuando brinqué del amor al odio, o tal vez fue después, ya que unas semanas más tarde, después de seguirla viendo pasar todos los días sola en la mañana y acompañada en las tardes por sus amigas; un día la vi pasar acompañada solamente de un chico, iban caminando muy sonrientes, ¡Agarrados de la mano!, mi corazón latió rápidamente y mi cabeza pensó mucha cosas; quise golpear al chico, o a ella o tener una pistola y matarlo a él en ese momento o hacer cualquier cosa. Pero luego vino lo peor: llegando a la esquina ¡Se besaron!, no podía yo soportar más, mis amigos del taller se dieron cuenta y cuchicheaban entre ellos. Me salí del taller y me fui a vagar sin rumbo fijo mientras mi cabeza daba vueltas y mi corazón quedaba hecho pedacitos, caminando por ahí vi un lugar: «Café Internet» decía en al entrada y como yo sabía que el café relaja los nervios y tenía curiosidad por ver que era eso del Internet, pues mucha gente me hablaba de eso y lo escuchaba en las noticias y lo leía en todas partes. Entre y un chico muy amable me saludó y me llevó a una computadora, le dije que quería un café y el me dijo que enseguida, pero me preguntó si alguna vez había «navegado», en mi ignorancia, le contesté que una vez había ido a un puerto y que solo en lancha había paseado; el chico, aguantándose la risa, me explicó lo que era navegar, que todos los que lean este relato lo sabrán mejor que yo.

El caso es que me enseñó a navegar y a hacer búsquedas por Internet, lo que me gustó del lugar fue la privacidad, cada computadora estaba en una especie de cubículo pequeño donde los demás no veían lo que uno estaba viendo en la pantalla.

Después de ese día empecé a ir continuamente al lugar, como vivía solo y era soltero, nadie me esperaba en las noches así que pasaba largas horas navegando en la red, así conocí este sitio y muchos otros, empecé a ver mujeres desnudas y sitios porno, siempre imaginándome a Martha, llegaba muy tarde en la noche a masturbarme pensando en ella.

En una de mis visitas al café, encontré un sitio porno pero más grueso, decía algo de «rape», después supe que en inglés rape es violar y así era el sitio, había fotos de chicas siendo violadas por uno o por varios individuos, y de allí había enlaces, si le daba clic me abría otro sitio de violaciones, y otro y otro y otro, en algunos se veían partes de historias donde los hombres entraban a casas de mujeres y las violaban o cosas así; pero luego fue un problema cerrarlo, pues cuando quería cerrar algún sitio, aparecían otros y al quererlos cerrar se abrían más y más; me dio pena preguntarle al muchacho del café y lo que hice fue apagar la computadora, le dije a él que lo había hecho por error y me creyó, ese día me fui y me masturbé tres veces casi seguidas; mi mente empezó a desviarse, me imaginé violando a Martha, creé historias donde la obligaba a hacerme todo.

Los días siguientes fueron iguales, iba yo al café Internet solo a ver páginas de violaciones, aprendí a cerrarlas rápidamente conforme se iban abriendo y seguí viendo historias, en una de ellas vi como tres tipos metían a una chica y a su novio a un taller mecánico y a ella la obligaban a tener sexo oral con ellos y luego la violaban los tres, mientras a su novio lo tenían atado y amordazado viendo todo. Esto despertó mi imaginación hasta el límite, me imaginé a dos de mis amigos y a mí violando a Martha en el taller donde trabajábamos; llevado por el odio y el rencor, empecé a tramar un plan, pero ¿quién me ayudaría?, uno a uno fui descartando a los chicos del taller, hasta que solo quedó uno que le decíamos el manotas por sus enormes manos; a el lo escogí porque varias veces me dijo que se le antojaba cogerse a alguna de las chicas del colegio que pasaban por ahí y tenía cara de morbosa, además de que era muy fuerte y fanfarrón. Luego pensé que me faltaba uno, después de mucho pensar me decidí por un cuate de la colonia al que le decíamos «el gitano», él había estado en la cárcel acusado de violación, pero hacía poco había salido libre; primero hablé con él y aceptó encantado y después hablamos los dos con el manotas, lo invitamos a tomarnos unos tragos y ya en calor le platicamos nuestro plan, también aceptó gustoso y quedamos que nadie se enteraría de ello; quedamos de acuerdo en el día, la hora y todo lo que haríamos.

Escogimos un viernes, afortunadamente no había mucha chamba y el patrón nos dejó salir temprano; el día siguiente había fiesta nacional, así que no trabajaríamos. Como el manotas tenía las llaves, dijo que se quedaría a terminar un carro y el cerraba, yo pretexté que le ayudaría al manotas. A las 5:30 ya no había nadie en el taller, excepto nosotros dos, el gitano llegó como a las 5:40 y preparamos todo, mientras el manotas y yo trabajábamos en el carro, el gitano se fue a la esquina a ver a que hora salían los chicos del colegio; había llovido y ya para entonces lloviznaba, lo cual nos ayudó, pues varios de los chicos en lugar de irse caminando lo hacían en taxi o en transporte público; pero como Martha y su novio vivían cerca, se fueron caminando. A las 6:15 entró el gitano: ¡allá vienen!, nos dijo y nos pusimos alerta; el plan era sencillo: el gitano distraería al novio para poder secuestrar a Martha; el se paró unos metros antes del taller fumando marihuana, con una pierna doblada recargado en la pared; al pasar Martha y su novio empezó a decirle: ¡Tan buena carne y yo en vigilia!; el novio volteó a verlo molesto, pero el gitano siguió: ¡Si esa como las mueves lo bates mamacita, que rico!; el novio se dio la vuelta y acercándose al gitano le gritó: ¿Qué traes pendejo?; Martha le pidió que no hiciera caso, pero que hombre en su sano juicio no defiende a su chica y más a esa edad ¿no?

El gitano le dijo: «Uh pus si no te gusta que vean a tu nalguita no la saques a la calle guey»; el chico intentó darle un golpe al gitano, pero este último era un peleador callejero desde niño y empezó a ponerle una madriza al pobre guey; en ese momento entramos en acción el manotas y yo; él llegó por atrás de Martha y la abrazó al tiempo que le tapaba la boca; la metió rápidamente al taller mientras yo bajaba la cortina e iba a ayudarle al gitano; aunque no lo necesitaba pues ya el novio de Martha sangraba por varias partes; la lluvia ayudó, pues desde que empezó la pelea arreció, cayendo una gran tormenta, lo que hizo que nadie estuviera en la calle y se diera cuenta de lo que sucedía; arrastramos al chico hacia el taller, el manotas nos abrió y lo aventamos al piso, el manotas cerró se nuevo y puso todos los candados. Martha estaba en el piso arrodillada, amordazada y con los brazos atados atrás, así como los tobillos, el manotas había hecho un trabajo rápido y eficiente; ella lloraba desconsoladamente; sus piernas se mostraban todas, lo que me excitó aun más. Me encantó verla ahí humillada, con su uniforme de colegiala, sus zapatos negros con calcetas y su peinado de colitas.

Entre los tres atamos al novio, primero lo sentamos en una silla y clavamos esta al piso, luego lo amarramos a ella con masking tape, le pusimos las manos atrás y también se las atamos, los pies los atamos a la silla y lo amordazamos; de la golpiza que el gitano le puso, el chico casi no respondía, así que le arrojamos agua a la cara y lo hicimos oler thiner para que volviera en sí. Una vez que despertó, empecé con mi venganza; me incliné frente a Martha y le grité: ¿por este pendejo me cambiaste piruja?, ¿por un guey que no puede ni defenderte?, yo te quería pinche puta, pero tu me despreciaste; ahora vas a pagar y vas a ser mía a la fuerza, y no solo mía, de mis amigos también; tan padre que hubiéramos cogido por las buenasâ?. Martha me miraba llorando con ojos de espanto y parecía querer decirme algo, pero no le hice caso.

Luego seguí con el novio: Y tu pendejete, vas a ver como tres hombres de verdad se clavan a tu puta novia y verás como la hacemos gozar o sufrir, lo que ella elija.

Dicho esto, me acerqué a Martha y le dije: Si no haces todo lo que te pidamos, vamos a madrear a tu pinche novio hasta que se muera, así que nada de alegar, gritar o portarse mal, ¿entendiste pinche puta?; ella llorando movió la cabeza diciendo que sí, entonces me bajé los pantalones dejando mi verga salir, le quité la mordaza y le ordené: ¿Chúpamelo?, ella hizo gesto de asco y volteó la cabeza, entonces el gitano agarró un tubo y le dio tremendo golpe al novio en las piernas, el chico gritó por debajo de la mordaza y ella lo vio todo, tomándola de las colitas de su cabello ordené de nuevo: ¡Mámalo hija de la chingada!, mientras con mi otra mano colocaba mi verga frente a su boca; Martha se vio obligada a abrir la boca y a introducir mi verga en ella; todavía recuerdo esa sensación de su boca húmeda chupándomela, entré y salí de su boca mientras con las dos manos empujaba y jalaba su cabeza siempre de los cabellos, le empecé a decir: «así, así puta, que rico mamas desgraciada, yo sabía que eras puta, siempre quise hacerte esto cabrona y se que te gusta, lo s黝. Un rato después me vine en la boca de Martha, le sostuve la cabeza para que no pudiera retirarla de mi verga y le dije que se tragara todo el semen; ella casi se vomita, pero tragó la mayor parte, ya que una parte escurrió por las comisuras de su labios.

La solté mientras ella seguía llorando y reclamó: «Malditos nacos, ¿Porqué me hacen esto?, ¿porqué a mí si yo no les he hecho nada?», estallé y le dije: ¿Te parece poco andar de perra con este pendejo?, ¿y todavía me lo paseabas enfrente hija de tu puta madre?. El gitano le pegó un tubazo al novio y dijo: «nos vuelves a decir nacos puta y te juro que mato a tu novio y a ti a patadas»; luego me dijo a mí que no tenía porque darle explicaciones, que solo siguiéramos con el plan, entendí que él tenía razón y me callé; mientras esto sucedía, ya el manotas había metido su verga en la boca de Martha y la obligaba a hacerle la felación como me la había hecho a mí. ¡Chupa, chupa cabrona!, decía el manotas a Martha mientras esta se la mamaba con los ojos cerrados.

No tardó mucho el manotas en venirse, obligando a Martha a tragarse el semen también; de inmediato se colocó el gitano frente a ella, se bajó el pantalón, la tomó con una mano de la cabeza y puso su verga frente a su cara, la hizo chupársela también, nada más que el gitano era más brusco, de repente agarró a Martha de las colitas del cabello con las dos manos y la hizo moverse hacia delante y hacia atrás con fuerza mientras le decía: ¡Así pendeja, fuerte, ándale pinche puta, mámamelo todo hija de la chingada!. Martha tuvo que obedecer y chupársela como a él le gustaba; el novio de ella se agitaba desesperado y trataba de gritar, tuve que pegarle de nuevo con el tubo en las espinillas para que se estuviera quieto.

Poco después el gitano tuvo su orgasmo y también obligó a Martha a tragarse el semen; la soltó y ella cayó desmadejada sobre su lado derecho, en ese momento me di cuenta que ya la habíamos sometido; mi sueño se estaba haciendo realidad, Martha poseída por mí, bueno, a la fuerza, pero al fin era mía.

Martha sollozaba y quedito preguntó: ¿Ya me puedo ir?, el gitano le contestó: «pero como crees mamacita, si apenas empieza la diversión, verás lo bien que la vamos a pasar y como la vas a gozar». Martha suplicó: ¡Por favor, ya no me hagan nada, les daré dinero, lo que quieran, pero ya déjenme ir, se los suplico!. Me sentí sumamente poderoso, la niña bien me suplicaba que la dejara ir, eso levantó aún más mi ego y mi deseo por ella.

«Bueno, bueno, ya, vamos a lo que sigue» dije acercándome a Martha, le desaté los tobillos; luego la tomé de los cabellos y le ordené levantarse, con mucha dificultad, ella lo hizo sollozando aún y con la vista en el piso. Levanté su cara, la abracé y le di un beso, ella quiso retroceder, pero no la dejé, la sostuve con fuerza y la arrinconé contra una pared mientras mis manos empezaron a acariciar todo su cuerpo por encima del uniforme; metí mi lengua hasta lo profundo de su garganta, pasé mis manos por sus pechos, bajé hasta las nalgas, pasé una mano por debajo de la faldita, hice a un lado su calzoncito y metí un dedo en su ano, ella respingó pero no pudo hacer nada, luego puse mi otra mano al frente de sus calzones y metí mi dedo buscando su clítoris; cuando lo encontré sonó un teléfono; provenía de la mochila de Martha; sorprendido me aparté mientras ella decía; «Es mi celular»; el gitano de inmediato sacó el teléfono de la mochila y leyó en la pantalla «Casa»; le dijo a Martha: «Vas a contestar y a decir que todo está bien, que te fuiste al cine o a bailar con tu novio y que van a llegar tarde ¿de acuerdo?, si no lo haces, no vivirán para contarlo y mucho cuidado con que noten que estás llorando ¿eh?». Martha asintió y el gitano apretó el botón de «contestar», le puso el teléfono al oído a Martha y ella contestó:

– Bbb… bb.. bueno
– Hola Mamá
– Estoy con Carlos
– Es que vamos a ir al cine, voy a llegar tarde
– No sé, como a las doce
– Si mami, te quiero mucho.

Como Martha estaba a punto de llorar, el gitano colgó rápidamente el teléfono, en seguida apagó el teléfono y le dijo a Martha: «muy bien, así se hace perrita, si sigues así tal vez te lo hagamos solo una vez»; Martha abrió los ojos muy grandes, antes de que dijera nada, el gitano me dijo muy satisfecho: «puedes continuar» y no me lo dijo dos veces, le dije a Martha: «A ver, ¿en qué estábamos?», me acerqué a besarle el cuello y empecé a desabotonarle la blusa; la escuché decir despacito: «no, no, por favor no, no me puede estar pasando esto a mí» y luego empezó a rezar muy bajito: «padre nuestro…»; me enderecé y le grité: ¡Cállate estúpida, no me dejas concentrar!; ella se mordió los labios y proseguí, terminé de desabotonar la blusa y vi que su brassier me impedía verle las tetas, tomé unas pinzas para cortar alambre y corté el sostén por en medio; los senos de Martha salieron turgentes, escapando de su prisión; me di a la tarea de chuparlos mientras bajé mi mano a su entrepierna y busqué su rajada; estaba seca, empujé mi dedo y entró a la fuerza, escuché un pequeño ¡Ah! de Martha.

Con la otra mano bajé los calzones de la chica hasta hacerlos caer al suelo; el manotas y el gitano, que ya estaban desnudos, festejaron mientras tomaban unas cervezas sentados en un sofá sucio que había en el taller; con la mano libre me di a la tarea de acariciar sus nalgas, al sentir la redondez de su culo me excité aún más y le metí un dedo en el ano, Martha alegó: «¡no, no por favor no me hagas eso!»; harto, le dije al manotas: «Ponle la estopa a ver si así se calla»; el manotas se levantó, recogió un pedazo de estopa sucia del piso y fue hacia nosotros, le ordenó a Martha: ¡Abre la boca!, ella alegó: «no, no diré más, por favor, estaré callada pero no me metas eso en la boca»; el manotas me preguntó: ¿Cómo ves? y yo le dije: «Vamos a darle chance, pero eso sí, otra palabra más y llenamos la estopa de aceite antes de metértela en el hocico, ¿entendido?»; «Si», contestó Martha resignada.

Una vez con ella en silencio, seguí con mi juego; chupé sus tetas mientras metía un dedo en la rajada y otro en el ano; como era de esperarse, el cuerpo de Martha respondió al estímulo sexual y sentí como su vagina se llenaba de líquido; triunfante, miré a mis cómplices y les dije: «Les dije que es puta, ya se está mojando», ellos rieron y el gitano dijo: «¿No que no mamacita? Si bien que te gusta puta» y el manotas viendo al novio terció: «Ya ves cabrón, te dije que íbamos a hacer gozar a tu puta, vela como goza la cabrona».

La verdad es que Martha no daba muestras de gozarlo ni de que sufriera, más bien parecía resignada, tenía los ojos cerrados fuertemente y la cabeza inclinada hacia su lado derecho; tal vez estaba tratando de no sentir placer; saqué los dedos de sus hoyos y busqué atrás el botón de su falda, lo desabroché y la faldita cayó, vimos su panochita rodeada de un fino vello oscuro ensortijado; me desnudé mientras mis amigos celebraban con vivas y silbidos; pudimos ver el magnífico cuerpo de Martha; era una belleza de piel blanca; le ordené: «Abre las piernas», ella titubeó pero obedeció; acerqué mi verga a la entrada de su vagina e intenté empujar, mientras el novio de Martha se retorcía en la silla y hacía ruidos guturales. El gitano se levantó, tomó el tubo y le soltó tremendo golpe en el estómago que, si no hubiera estado amarrado, hubiera doblado al chico y le saltaron las lágrimas. Martha dijo: «¡no, por favor, ya no le peguen, yo estoy haciendo lo que ustedes me mandan, por favor ya déjalo!». «¿Ah si?», dijo el gitano; «¡tu no me vas a decir que hacer pendeja!» y diciendo esto le soltó otro tubazo en la nuca al novio; él quedó como desmayado.

Mientras, el manotas agarró la estopa y la pasó por el piso, llenándola de aceite y tierra; se acercó a Martha diciéndole: «te lo advertimos estúpida, abre la boca», Martha se volteó y cerró la boca con fuerza, la tomé del cabello, la obligué a voltear de nuevo y le pellizqué un seno, ella gritó: «¡Aaaahhh!», situación que aprovechó el manotas para meter la estopa sucia en su boca y de inmediato la cubrió con cinta de aislar, impidiendo que Martha escupiera la estopa; con Martha callada, el novio tranquilizado a fuerzas y el gitano más calmado, procedí a lo que estaba haciendo. Como Martha había cerrado las piernas, volví a ordenarle: «Abre las piernas»; movió la cabeza diciendo que no y no obedeció; el gitano tomó de nuevo el tubo y ella al ver esto hizo ruidos desesperados, el gitano volteó a verla y ella abrió las piernas; el gitano dijo: «Así me gusta», dejó el tubo en el suelo y se fue a sentar para ver como me la cogía.

Empecé a penetrarla despacio, le dije: «ya ves, ya estás seca de nuevo, yo no quería que te doliera, pero por tus pendejadas ahora vas a sufrir más»; le levanté una pierna por encima de mi hombro y empecé a empujar mientras le decía: «Espero que seas virgen, porque si no, vas a ver»; le metí la verga poco a poco, ella se quejó y cerró los ojos mientras gruesos lagrimones escurrían por sus mejillas. Seguí metiéndosela hasta que se la clavé toda; me agarré de sus caderas y empecé un rítmico vaivén mientras le decía: «¡Ah, si mamacita, que rica estás putita, me gusta como coges, sabrosa, siempre quise hacer esto contigo mami, gózalo perra!»; poco después sentí que algo me mojaba la verga y el manotas fue el que dijo: «¡Mira cabrón, la desvirgaste!», volteé hacia abajo y alcancé a ver un hilillo de sangre que corría por su pierna; «¡Siiii!», grité, satisfecho de mi hazaña; seguí bombeando a Martha durante unos veinte o treinta minutos, hasta que me vine adentro de ella, el orgasmo fue una explosión gigante, sentí como todos mis chorros de semen entraban en Martha mientras ella gemía y se retorcía desesperada tratando de evitarlo.

Saqué mi verga flácida de la vagina de Martha y mientras el manotas se acercaba a ella, yo fui con el novio que se veía muy maltratado; le dije: «¿Ya viste cabrón?, tu vieja era quintito y yo me la cogí antes que tu; me cae que eres pendejo guey. Y ya verás cuando acabemos con ella, quedará convertida en toda una puta».

Cuando me fui a sentar vi como el manotas ya había acostado a Martha en el sofá sucio y raído que teníamos en el taller, mientras el gitano los veía de pié, masturbándose. Me acerqué a mirar también; sin miramientos el manotas metió su gorda y larga verga en la raja de ella mientras le besaba las chiches; era hasta cierto punto grotesco ver a tremendo monstruo cogiéndose a la frágil muchachita, él gemía de satisfacción y ella de dolor, Martha seguía llorando y alcanzaba a decir algo así como: «¡Nnnnmmm, prfvr, ynnnn, dmmmm!», el manotas no hacía caso de su gemidos, siguió cogiéndosela. Unos diez minutos después, el manotas sacó su verga de Martha, la volteó haciéndola bajar las rodillas del sofá al suelo y así en posición de perrito volvió a metérsela; primero la tenía agarrada de la cadera, pero luego con las dos manos agarró las colitas y jaló el cabello de Martha mientras metía y sacaba su verga sin compasión.

El manotas tardó como veinte o veinticinco minutos en venirse, lo vimos estremecerse y gritar: «¡Aaaahhh me vengo, me vengo cabrona, me vengoooooo!» y también soltó su semen dentro de ella; Martha se quejó y lloró, quiso patalear, pero no evitó la venida del manotas.

El manotas sacó su verga chorreante de Martha y el gitano se acercó a ella; le ordenó levantarse. Como ella tenía las manos atadas a la espalda, no conseguía ponerse en pié, eso molestó al gitano, que la tomó del cabello y la jaló hacia arriba, obligándola a levantarse; le dijo: «Me vas a obedecer o tu novio y tu la van a pasar muy mal, ¿entendiste?». «Mmmmjmmm», se quejó Martha al tiempo que asentía con la cabeza. El gitano la jaló del cabello hacia un carro que tenía la tapa del motor levantada, ahí la hizo inclinarse sobre el motor como hacemos los mecánicos con las piernas abiertas, luego, quitó el gancho que sostenía la tapa y la dejó caer sobre el frágil cuerpo de Martha, ella se quejó pero a él no le importó; el gitano empezó a acariciar las nalgas de Martha y sin aviso metió un dedo hasta el fondo de su vagina; Martha brincó un poco y dobló la rodilla derecha como queriendo zafarse del dedo que la penetraba; el gitano con su característica sonrisa de burla nos preguntó: «¿Quieren ver cuantos dedos le caben?»; el manotas y yo dijimos que sí y el gitano preguntó al novio: «¿Y tu guey, como ves, quieres ver cuántos dedos le caben?», el novio no dijo ni hizo nada, por lo que el gitano sacó su dedo de la chica y tomó el tubo, al tiempo que le pegaba al novio le dijo: «¡Respóndeme cuando te hablo cabrón!» y volvió a preguntarle: «¿Quieres ver cuantos dedos le caben o no?», el novio movió la cabeza diciendo que no y el gitano le dijo: «pues me vale madres lo que tu quieras pendejo, voy a ver cuantos dedos le caben a tu pinche noviecita puta».

El gitano se acercó y nos dijo: «Vamos a apostar ¿no?», estuvimos de acuerdo y yo dije: «Si la acabamos de desvirgar, yo creo que solo le caben dos»; el manotas dijo: «No, le caben tres» y él gitano dijo: «Apuesto que le caben los cinco dedo»; apostamos $100.00 cada uno y el gitano se acercó a ella, de nuevo metió un dedo con fuerza, Martha respingó de nuevo y el le dijo: «Ni brinques mamacita, que todavía te faltan cuatro»; estuvo un rato metiendo y sacando su dedo de ella y luego metió el segundo; los movió otro rato y metió el tercero; pensé en que ya había perdido mis $100.00; el manotas sonrió y el gitano siguió metiendo y sacando los tres dedos de Martha; el manotas le dijo: «Ya no entra otro», el gitano le dijo: ¿no? y metió el cuarto; se alcanzaba a escuchar el gemido de Martha: «¡Mmmmm nnnnn ddddd nnnn ppppffff yyyyyy!»; el gitano nos miró y dijo: «¿Quieren ver como entra el quinto?» y sin esperar respuesta, metió su dedo pulgar en la vagina de ella, era evidente que la estaba forzando demasiado, pero aún así movió los cinco dedos dentro de ella mientras ella seguía quejándose.

El gitano sacó los dedos de Martha y nos dijo: «Bueno, pues ya vieron, gané, así que páguenme»; le dimos lo acordado cada uno; después, el gitano se colocó detrás de Martha sin decir nada y agarrándola de las caderas, metió su verga de un empujón en la maltratada vagina de ella, Martha volvió a quejarse y el gitano empezó a moverse rítmicamente hacia adelante y hacia atrás, cogiéndose a Martha con fuerza; así estuvo un buen rato, de repente se detuvo, sacó su verga de la raja de Martha, levantó la tapa del cofre, la levantó de los cabellos y le dijo al manotas: «Quítale la mordaza» y a Martha le dijo: «Si gritas golpeo a tu novio hasta matarlo, ¿oíste?»; «mmmjmm», dijo ella. El manotas le quitó la cinta y Martha escupió la estopa diciendo con su acostumbrado tono fresita: «¡Que asco!»; el gitano dirigiéndose a ella dijo: «Quiero oírte gemir puta, vas a gozar lo que te voy a hacer y quiero que me pidas más», volvió a colocar a Martha en la misma posición y bajó de nuevo la tapa; se colocó detrás de ella y volteó a vernos, nos enseñó su dedo medio; con la mano izquierda separó las nalgas de Martha, mostrándonos su precioso culo; Martha, adivinando lo que el gitano le iba a hacer suplicó: ¡no, por favor, no, no me hagas eso, no por lo que más quieras!… ¡Aaaaggghhh!, se oyó su quejido cuando el gitano clavó su dedo en el culo de ella; el gitano movió su dedo en el ano de Martha en círculos, haciéndola llorar; ella empezó a decir: ¡Ya, ya no, sácalo por favor, ya no aguanto!; el gitano le preguntó: «¿Estés segura de lo que estás pidiendo?» y Martha respondió: «¡Si, si, por favor, no más!».

El gitano le dijo: «Bueno, como quieras» y sacó su dedo de ella, pero de nuevo se colocó atrás de la chica y ahora con las dos manos le abrió las nalgas; puso su verga en la entrada de su ano y empezó a empujar. Martha volvió a suplicar: «¡noooo, no lo hagas, noooo, por favor, no, duele, no, sácalo, por favor no, me duele mucho, yaaa déjame!»; el gitano nos dijo: «Pónganle una madriza al guey ese» refiriéndose al novio de Martha; el manotas y yo nos aproximamos al chico y Martha pidió: «¡No, no le hagan daño por favor, ya no grito, ya ya no, por favor, mira me estoy callada!».

El gitano empezó a moverse en el culo de Martha y le dijo: «No quiero que estés callada, quiero que me pidas más, pídeme que te lo haga». Martha entendió que no tenía opción y dijo con su dulce voz: «¡Sí, házmelo!» «más, más pídemelo más», dijo el gitano y ella tuvo que gemir y pedir: «¡Aaayyy más, métemelo, más, así aaaayyy, si, me gusta, ayyy, si, así papacito, hazme lo que quieras auch, me gusta!», por su voz entrecortada se notaba que no le gustaba, que le dolía y estaba llorando, pero el gitano se sintió satisfecho; después de mucho tiempo el gitano se detuvo y gritó: «¡Aaaahhh me vengo, ah puta, como me has hecho gozarrrrr!», sacó su verga y tuvo un gran orgasmo afuera del ano de Martha, llenándola de semen en las nalgas y las piernas.

Ya que el gitano terminó, me acerqué a Martha, el gitano levantó el cofre y yo tomé a Martha del cabello, la hice levantarse mientras ella se quejaba: «Aaaayyyy!; le ordené callarse; comenté que la blusa de Martha estorbaba y empecé a jalarla; el manotas me ayudó y dejamos la blusa blanca hecha jirones, corté lo que faltaba del sostén y Martha quedó completamente desnuda, excepto por sus calcetas y zapatos. El gitano ya había bajado la tapa del cofre y obligué a Martha a empinarse sobre él; le dije: «ya mi amigo estrenó tu culo, así que yo te lo voy a entrenar para que te acostumbres a las cogidas». Martha volteó la cara y me suplicó: «¡no, por favor, ya no, ya déjame por lo que más quieras!»; «¡Cállate pendeja!», le grité mientras le daba tremenda nalgada; ella gimió y se quedó sollozando en silencio; me coloqué atrás de ella, le abrí las nalgas y escupí en su ano; puse mi verga en la entrada y empecé a empujar. Lentamente mi verga entraba en el adolorido culo de Martha, ella se mordía los labios mientras quejaba: «¡Mmmm ayyy!», la escuché llorar y le dije: «Solo ponte flojita y verás como te va a gustar, si eres bien puta y si no, ya te estás volviendo». Metí mi verga hasta donde sentí que topó, sosteniéndome de los brazos atados de Martha. Me detuve unos segundos y luego empecé a bombear el culo de la chica, ella se quejaba por lo bajo, casi no se escuchaba; yo seguí cogiéndola durante un buen tiempo hasta que sentí que me venía; al sentir que estaba cerca mi orgasmo, me salí de ella, rápidamente la tomé de las colitas, la levanté, la volteé hacia mí y la hinqué ordenándole chuparme la verga, ella lo hizo con asco y cuando me vine saqué mi verga de su boca y solté mis chorros de semen sobre su cara, el líquido blanco escurrió entre sus ojos y sus mejillas y luego apunté a su pecho, unos chisguetes de semen cayeron sobre sus tetas, Martha mantenía los ojos y la boca cerrados sin disimular su asco.

Después de que terminé, llevé a Martha junto a una camioneta, la hice que se sentara en el piso frente a la misma, le desaté las manos, luego le até los brazos extendidos a la defensa del vehículo mientras el gitano le amarraba los tobillos juntos y el manotas le metía de nuevo la estopa en la boca y la amordazaba, ya que la tuvimos así, seguimos con el novio, le atamos las manos y los pies a un carro que estaba cerca de él y así los dejamos, luego dijimos: «vamos a descansar», pues las venidas nos habían hecho cansarnos un poco, además de las cervezas que nos habíamos tomado y el plan era seguirnos cogiendo a Martha más veces; nos sentamos en el sofá los tres, nos recargamos y al poco rato nos dormimos.

Desperté como cuarenta o cincuenta minutos después, no estaban ni el manotas ni el gitano junto a mí, los busqué con la mirada y vi lo que le hacían a Martha, teniéndola en la misma posición que la habíamos dejado, el gitano estaba parado frente a ella, con las rodillas un poco dobladas, con las manos en la cabeza de Martha, obligándola a mamarle la verga, mientras, el manotas estaba tirado en el piso, entre las piernas abiertas de Martha, la había hecho doblar las rodillas y él le lengüeteaba el clítoris; volteé a ver al novio de Martha y él estaba con la cabeza colgada, como si estuviera desmayado o dormido, decidí no hacer nada por él y me acerqué a donde estaban mis amigos y les reclamé: «¿Por qué no me avisaron cabrones?», el gitano me contestó entre gemidos: «No te quisimos, ah, despertar, ah, ah, así puta, que rico chupas, ah»; el manotas ni caso me hizo y les dije: «vamos a hacer lo que habíamos planeado ¿no?», el gitano ya no contestó, mientras se venía gritó; «¡Aaaaahhhh siiiiii, así!» sosteniendo la cabeza de Martha, la obligó a no separarse de él y la hizo tragarse el semen de nuevo.

Ya que terminó, el gitano dijo: «órale»; el manotas dejó de chupar a Martha y se levantó; desaté a Martha mientras el manotas iba por un trapo; luego él se acercó a Martha con la venda en la mano y le dijo: «Vamos a jugar a algo muy divertido, levántate»; Martha obedeció y quedó de pie frente a él; el manotas le ordenó voltearse, cuando ella lo hizo, él procedió a vendarle los ojos; noté que Martha lloraba en silencio, como resignada a lo que le estaba sucediendo; el manotas le dijo: «Te vamos a dejar las manos desatadas, pero no nos hagas enojar o te irá muy mal, ¿entendido?», Martha contestó muy bajito: «si», ya que el manotas la desató, le ordenó quitarse los zapatos y las calcetas, ella obedeció y por primera vez vimos a Martha totalmente desnuda, nada la cubría, excepto la venda; el manotas le indicó que se hincara, le dijo: «Mira, el juego consiste en lo siguiente, vas a abrir la boca y vas a chupar el miembro que te pongamos enfrente, al mismo tiempo vas a masturbar a los otros dos con las manos, deberás adivinar de quién de nosotros es cada pene, si lo haces cambiaremos de posición y deberás adivinar de nuevo, si lo vuelves a hacer, cambiaremos de nuevo de posición y deberás volver a adivinar, si lo haces tres veces seguidas, te soltaremos y podrás irte; ahora bien, si no adivinas las tres veces seguidas, te cogeremos los tres hasta venirnos por donde se nos pegue la gana, luego te volveremos a dar otra oportunidad, deberás adivinar tres veces seguidas o te volveremos a coger y así hasta que nos hartemos de ti, ¿entendiste?», Martha volvió a contestar con un tímido «si».

íbamos a Empezar el cruel juego cuando Martha dijo con voz quedita: «¿Puedo preguntar algo?», «¿Qué quieres?», le dije y ella preguntó: «No se sus nombres, ¿cómo puedo decir de quién es cada… cosa?». Nos quedamos viendo los tres, ella tenía toda la razón, era imposible que adivinara si no sabía nuestros nombres ni apodos.

Se me ocurrió una idea; le dije, «bueno, mira, ¿te acuerdas en que orden te lo hicimos?, «si», dijo ella; «bueno, entonces a mí, que te lo hice primero me vas a decir uno, al que te lo hizo después de mí le vas a decir dos y al último le vas a decir tres ¿ de acuerdo?»; «si», volvió a decir ella. Tomando eso en cuenta, yo era uno, el manotas dos y el gitano tres; nos colocamos, yo a la izquierda de ella, el gitano al centro y el manotas a la derecha, le pusimos nuestras vergas en las manos y el gitano la suya en la boca de ella, Martha empezó a chupar y a masturbarnos, se veía que no tenía experiencia, pues de repente sentí que me jaló muy duro, le dije que lo hiciera más despacio y lo hizo; los tres empezamos a sentir gran placer, sus manos pequeñas, suaves y lisas eran una enorme caricia para mi pene acostumbrado a sentir las masturbaciones de mis callosas manos.

El placer que sentía era tan grande que cerré los ojos, de repente el gitano le preguntó a Martha: «¿Ya sabes de quien es cada verga?», para nuestra sorpresa, Martha atinó exactamente cual era la verga de cada quien; un poco contrariados, nos cambiamos de lugar, yo se la metí en la boca, el gitano se puso a la derecha y el manotas a la izquierda, Martha me la mamó y masturbó a mis amigos, yo le agarraba las colitas de su cabello divertido, después de un rato le pregunté si ya sabía de quien era cada pene y asombrosamente Martha volvió a adivinar. Molestos nos movimos para cambiarnos de posición, pero para engañar a Martha, nos volvimos a colocar igual, suponiendo que ella intuiría que la tercera posición sería diferente a las dos anteriores; Martha volvió a chupármela, casi me vengo cuando el manotas le preguntó si sabía como estábamos acomodados; Martha contestó correctamente de nuevo; estábamos asombrados, no la habíamos podido engañar; sin embargo hicimos trampa, el gitano le dijo: «Esta vez te equivocaste mamacita, ni modo»; Martha intentó repelar, pero ya el manotas la había levantado del cabello y la arrastró desnuda al sofá, nosotros dos los seguimos; el manotas se acostó boca arriba y el gitano y yo obligamos a Martha a sentarse a horcajadas sobre el pene de él, ella intentó resistirse, alegando que le habíamos hecho trampa, que había adivinado bien, pero no la escuchamos, la verga del manotas se incrustó en la vagina de ella sin compasión; la hicimos acostarse sobre el manotas y yo me coloqué atrás de Martha; coloqué mi verga en la entrada de su ano, abrí sus nalgas y empecé a empujar, ella intentó evitarlo metiendo las manos y gritando: «¡Nooo por favor, ya no, por ahí, no, no, no, mmmffff!», y mientras el gitano aprovechaba la oportunidad para meter su pene en la boca de ella, yo con una mano agarré sus dos muñecas y con la otra le abrí las nalgas, empujé mi pene sin compasión, sentí su cálido ano tragárselo poco a poco hasta que entró todo; con cada mano la tomé de las muñecas, empujando para hacer más presión; Martha emitía unos ruidos así como: «¡Mmmmffff, nnnnn, yyyy, nnnnn, dddd, ppppfffvvvv, mmmmfff!».

Empecé a moverme gozando el culito de Martha mientras le decía: «Así, puta, así, estás bien rica cabrona, sé que te gusta, muévete puta» ; como ella seguía con los ojos vendados, el gitano se burló diciéndole: «A ver dime quien te la está metiendo por cada hoyo, jajajaja». Disfrutamos del cuerpo de Martha hasta venirnos, cuando tuve mi orgasmo, dejé mi líquido salir adentro del culo de Martha, mientras el gitano la hacía tragarse su semen y el manotas se venía dentro de su panocha.

Una vez que terminamos los tres dentro de ella, la atamos completamente, es decir, le colocamos los brazos en la espalda y con una cuerda le rodeamos el tronco debajo de las tetas y hasta los brazos, y así le pusimos cuatro cuerdas atando su tronco con los brazos colocados atrás; también le atamos las muñecas, la hicimos sentarse en el piso y la obligamos a cruzar los tobillos, con otra cuerda la atamos de los tobillos, dejándole las rodillas separadas, le colocamos de nuevo la estopa en la boca y la sellamos.

Nos sentamos en el sofá a tomar unas cervezas mientras contemplábamos a Martha atada, con los ojos vendados y amordazada y comentábamos todo lo que le habíamos hecho; acordamos que volveríamos a jugar un rato después con ella.

Una hora después más o menos, el manotas se levantó, le desató los tobillos a Martha y la hizo incorporarse, tomó su faldita y la ayudó a ponérsela; luego le dijo: «¿Quieres seguir con el juego?», Martha movió la cabeza de lado a lado enfáticamente, entonces el manotas le dijo: «Es tu oportunidad de que te dejemos libre, si no, seguiremos gozándote hasta que caigas muerta, así que mejor vamos a jugar, híncate». Martha obedeció de nuevo y el manotas le quitó la mordaza y la desató, de nuevo nos colocamos para continuar el jueguito de que nos chupara y nos masturbara; el gitano a su derecha, el manotas en medio y yo a su izquierda; Martha empezó a chupar y mover sus manos, mi pene se levantó y empecé a sentir el inmenso placer que ella me proporcionaba.

Llevábamos buen rato disfrutando de la masturbación y felación de Martha, ella me acariciaba el pene y luego bajó su mano a mis testículos, me estaba gustando mucho esa caricia cuando sentí un dolor tan intenso en los huevos que creí que me moriría, al mismo tiempo escuché los gritos de inmenso dolor del gitano y del manotas; abrí los ojos desmesuradamente y grité también; no podía creerlo, Martha nos enterraba sus largas uñas al gitano y a mí en los huevos y al manotas le estaba mordiendo la verga; este último jalaba desesperado el cabello de Martha tratando de separarla, pero ella no soltaba a su presa, parecía que le arrancaría su miembro; mientras yo me retorcía del inmenso dolor que sentía, mis huevos eran estrujados sin compasión, tanto el gitano como yo intentábamos separarnos de esas garras, pero parecía que estaban clavadas en nosotros; los tres llorábamos y suplicábamos cuando nos soltó al mismo tiempo, lo hizo cuando quiso; el manotas cayó desmayado y el gitano y yo nos tiramos al suelo retorciéndonos de dolor, el gritaba: «¡Ahhh pinche vieja, ya me desgraciaste, pero deja que te agarre y verás!», yo no podía ni gritar, solo sentía las lágrimas salir de mis ojos.

Así, entre lágrimas alcancé a ver que Martha se quitaba la venda de los ojos y corría hacia la puerta de salida, de paso recogió su blusa y su mochila e intentó salir; pero no contó con que la puerta estaba cerrada con llave y candado. Ella regresó a buscar las llaves y allí fue su perdición; ya el gitano se había recuperado un poco y corrió hacia ella, el novio gritaba: «Corre, corre, escápate ya»; me acerqué aun adolorido y le di un trancazo con el tubo en plena frente que lo dejó noqueado.

Martha alcanzó las llaves que estaban colgadas junto a la puerta, desesperada abrió el candado y buscó cual abría la puerta del taller; ya el gitano y yo estábamos casi sobre ella; pero alcanzó a abrir la puerta y salió corriendo semidesnuda; el gitano y yo nos quedamos viendo azorados; ya había luz de día, había gente en la calle; nuestra reacción inmediata fue regresar a vestirnos a toda prisa y salir de ahí huyendo; dejamos al manotas a su suerte y al novio de Martha atado a la silla y desmayado.

No sé que habrá sido de el manotas, Martha y el novio; el gitano y yo estamos ahora en una ciudad de provincia, conseguí trabajo en otro taller mecánico y el de carpintero, nos cambiamos los nombres y la apariencia, no digo como para que no nos encuentren; nos vemos seguido y ya estamos planeando repetir la experiencia con una chica morenita de ojos grandes; todavía no sé su nombre, pero pronto lo averiguaré.

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