NICOLE: MI PEQUEÑO HERMANO TRAVESTI (Primera parte)

Luego de la muerte de nuestra abuela, travestí a mi hermano de once años y lo transformé en una niña, lo violé, lo hice mi amante, lo prostituí, y finalmente me casé con él en una boda realizada en una finca en las afueras de la ciudad. Lean esta historia. ¡¡¡¡No se arrepentirán y más de uno querrá imitarme!!!! No cuento esta historia para escandalizar a los lectores. Se trata simplemente del relato de una parte de mi vida junto a mi hermano travesti, con quien mantuve relaciones desde que era un niño y a quien prostituí para luego casarme con él en una boda privada.
Mi hermano Axel, de once años, era hermoso. Hermoso con todas las letras. Muy delgado y de cabellos rubios y lacios. Sus ojos verdes eran enormes y tenía unas pestañas largas que más de una niña envidiaba. Tenía una pequeña nariz y un rostro plagado de pecas que le quedaban muy lindas. Su carácter era débil, hablaba poco y era muy sumiso y obediente de lo que yo le ordenara como hermano mayor. Ambos vivíamos con mi abuela ya anciana, quien tenía una posición económica interesante. Jamás tuvimos necesidades insatisfechas y nos educábamos en un buen colegio. Yo tenía en aquel momento 19 años y estaba enamorado de la belleza de mi hermano menor. Era una delicia disfrutar de su rostro y su delgadez, sus finos modales y sus sonrisas encantadoras.
Como hermano mayor me aprovechaba de él y lo castigaba duramente por pequeñas faltas que no eran más que descuidos de niño. í?l siempre cumplía con los castigos que yo le imponía y allí era donde me aprovechaba, lejos del control de mi abuela casi postrada.
Recuerdo que cuando no obedecía alguna nimiedad yo le hacía bajar los pantalones y lo ponía con sus nalgas hacia arriba para golpearlo con mi mano abierta. Mi hermano Axel lloraba siempre desconsoladamente, entonces luego yo le pedía que se calmara y le acariciaba las nalgas pasándole mis dedos por su culito enrojecido.
Yo cada vez iba más lejos en los castigos y entonces a veces hasta le metía un dedo por el agujerito virgen de su culo blanquísimo, lo cual lo hacía llorar aun más. Entonces le decía que no llorara, porque sería peor y si seguía llorando le metería el dedo más profundo. Axel mordía sus labios y aguantaba lo que más podía, mientras mi verga se ponía dura cada vez que mi dedo se metía más y más adentro.
Reconozco que lo que le hacía era un aprovechamiento de mi situación de hermano mayor, pero no podía contenerme ante su belleza y su culo redondo y suave. Pronto Axel comenzó a acostumbrarse a que le metiera el dedo y entonces ya no lloraba si no que simplemente gemía un poco cuando su ano ya había comenzado a dilatarse lo suficiente.
Los retos fueron dejados de lado y comencé a pedirle que se bajara sus pantalones para meterle el dedo por simples deseos de mi parte. Axel accedía y yo lo hacía con felicidad y gozo absolutos. Comencé a pasarle la lengua por su culito y por su entrepierna saboreando también sus pequeños testículos. Esto último le agradaba porque le causaba cosquillas y se reía dulcemente. Mientras tanto yo me masturbaba desesperado y eyaculaba en su rostro. Recuerdo esos momentos y me viene a la cabeza la imagen de mi hermano sorprendido con mi semen cayéndole por las mejillas mientras yo se lo metía con los dedos en su boca obligándolo a que se lo tragara.
Pero un día nuestra anciana abuela murió y quedé a cargo de mi hermano y de los bienes heredados. Y fue en ese momento cuando se me ocurrió una idea de la cual me enorgullezco hasta este momento en el que escribo este relato.
La idea era transformar a mi hermano Axel de once años en una hermosa niña que fuera mi amante. Confieso que cuando se me ocurrió dicha idea no paré un segundo de pensar en ello. No sería difícil transformar en niña a mi hermano. Su belleza natural ya casi lo había logrado sin necesidad de agregarle ni quitarle nada.
Pero al proyecto lo llevaría a cabo en un lugar apartado, donde nadie se diera cuenta de la transformación de mi hermano en niña. Por lo tanto dejé todas las propiedades en manos de un agente inmobiliario y me fui de la ciudad para instalarnos en una finca que mi abuela arrendaba y que por esos días estaba desocupada. Allí llegamos Axel y yo para comenzar a vivir los momentos más felices de mi existencia.
Desde un primer momento le aclaré a Axel cuál sería el nuevo estilo de vida que llevaríamos. Y le dije directamente que a partir de entonces sería una niña. Axel se sorprendió, aun desde su sumisa y sometida manera de ser. Era entendible incluso teniendo en cuenta los abusos a los que yo lo sometía. ¿Cómo se transformaría en una niña? ¿Por qué yo lo obligaría a semejante cosa?
Le expliqué que siendo una niña aprovecharía mejor su belleza, que era bastante frecuente que algunos hombres decidieran tomar formas y conductas de mujer. Inclusive le mostré videos y fotografías de las más bellas travestis asiáticas que se asemejaban a Axel en cuanto a su cuerpo delicado y bellos rostros. Mi hermano miraba esas imágenes sorprendido al principio para luego acostumbrarse a “esas” jóvenes con una verga y testículos entre sus piernas de mujer y a la idea de que eso era normal, que se trataba de una opción más, como ser deportista o cantante de ópera. Lo convencí de que su edad de once años era la apropiada para decidirse a hacerlo y le dije que yo mismo le conseguiría los mejores candidatos para que fueran sus novios.
Axel creyó todo inocentemente. Estaba convencido de que podría ser niña y hasta que se podría casar y formar una familia. ¡Así tal cual me lo había dicho! Yo no podía creer que mi sueño se fuera a hacer realidad. Mi influencia sobre mi hermano evidentemente era absoluta.
Ahora sólo restaba llevar a cabo la transformación. Sabía que sería fácil hacer una niña de mi hermano Axel, pues su belleza no requería de muchos arreglos para que se diera todo tal cual lo había soñado. Así que una mañana temprano comenzó el cambio soñado.
Llamé por teléfono a un peinador estilista gay que le haría un cambio de estética en su cabello. Se trataba de un maricón que hacía maravillas con sus peines y tijeras y aunque no entendió demasiado el propósito de aquél trabajo, lo hizo a las mil maravillas.
Axel había cambiado enormemente su rostro con sus bucles rubios cayéndole sobre el hombro. Su rostro de niño casi había desaparecido por completo. Y a sus orejas el estilista las perforó para colocarles unos aros brillantes que le quedaban espléndidos. Mi pobre hermano lloraba ya como una niña cuando sufrió las perforaciones y el maricón estilista seguía sin entender nada. Le conté que desde ese día mi hermano sería una niña, que me había salido maricón. í?l me sonrió y me dijo que comprendía la situación. Miró a mi hermano y le dijo que se parecía mucho a una prima suya que se llamaba Nicole. Aquel nombre me pareció perfecto y al retirarse el estilista le dije a Axel que ahora se llamaría así y que dejaría de tratarlo como a un niño y que nunca más lo llamaría Axel. A partir de ese momento había nacido mi hermano travesti.
Le pregunté si le gustaba su nuevo look y si le gustaba el nombre elegido. Mi hermano se miró en el espejo y sus lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Me respondió que hubiera preferido llamarse Karina, como una ex compañera de su colegio. Le contesté que no se preocupara, que se llamaría Nicole Karina Tabarez, conservando su apellido. Axel secó sus lágrimas y dijo que así estaba mejor.
Ahora quedaba vestirlo y maquillarlo, así que me dirigí a la ciudad y comencé una compra enorme de artículos para mi pequeño hermano travesti. Compré vestidos de niña de colores blanco y rosa (mis preferidos), ropa interior con encajes, trajes de baño, medias de colegiala, sandalias con tacos para niña, shorts en tela de jean, vinchas de colores, hebillas para su cabello, perfumes finos de mujer, un kit de maquillaje y hasta algo de bijouterie para adolescentes. Cargué todo en mi camioneta y volví a la finca.
Allí me esperaba Nicole, sentado frente a la TV mirando mis videos porno de travestis asiáticas. Recuerdo que se alegró de verme y se arrojó a mis brazos dándome un beso muy dulce en el rostro. En ese mismo momento comencé a sacar las cosas que había comprado para él. Miraba todo con cierta alegría y me preguntaba por algunas cosas acerca de cómo las debería usar.
Lo hice desnudar completamente y lo primero que hice fue rociarlo con un perfume exquisito. Se lo veía entusiasmado y con deseos de empezar a vestirse de inmediato como una niña. Mis queridos lectores: no se imaginan lo excitado que estaba al ver la manera en que de a poco mi hermano se asemejaba a una niña de verdad, a una hermosa niña rubia de once años y toda para mí solito, en aquella finca alejados de todo el mundo.
Nicole finalmente quedó preciosa. Yo mismo le había pintado los labios y coloreado sus mejillas y sus párpados. Sus pequeñas manos quedaban muy delicadas con las uñas pintadas. Y un collar de color dorado que hacía juego con sus aros completaron la hermosura de mi travesti de tan sólo once años.
Nicole era ahora mía, completamente mía. La comencé a tratar como a una niña y a explicarle nuevas maneras de hablar y moverse. El pequeño travesti aprendió rápidamente y en tan sólo un par de semanas no quedaba rastro alguno de su pasado de varoncito.
El día de mi declaración de amor llegó una tarde en la que Nicole estaba sentada en una reposera al borde de la piscina de la finca, con un traje de baño de dos piezas que le quedaba a la perfección. Su pequeño bulto entre sus piernas apenas era contenido por la diminuta bikini roja que tenía puesta. Me senté frente a mi hermano travesti y tomándole la mano le dije que lo amaba con todo mi corazón, lo cual era la verdad absoluta.
Nicole quedó sorprendida y no articuló palabra. Me dijo que era mi “hermana” y que yo mismo le había prometido que le conseguiría los mejores candidatos para que fueran su novio. Yo le insistí en que todo lo que había hecho por ella era por amor, que nada debería separarnos y que no importaba el hecho de que fuéramos hermanos. Nicole se levantó de la reposera, soltó mi mano y se fue corriendo a encerrarse en su dormitorio.
En ese momento quedé muy triste. Pensaba que sería más fácil convencer a Nicole de que fuéramos amantes. No quería tener aquella relación por la fuerza, quería que ella también se convenciera al igual que lo hizo cuando le propuse transformarse en niña.
Mi tristeza se convirtió de repente en ira. Me dirigí a su habitación y entré con el propósito de poseer a Nicole como fuera. Estaba acostada boca abajo llorando con la cara apoyada sobre su almohada. La fina tira de la bikini se le había metido en el culo y eso me excitó terriblemente. Me senté al borde de su cama y le dije que no era justo lo que me estaba haciendo, que necesitaba poseerla porque ya la había respetado demasiado. No alcanzó a darse vuelta cuando le bajé la bikini y lo dejé con su blanco culo al aire. Le grité que se quedara así hasta que regresara. Fui por una crema lubricante y al entrar nuevamente en la habitación Nicole estaba en la misma posición que la había dejado, pero con su rostro lleno de miedo. Le puse crema por todo su culo y le metí el dedo hasta el fondo. Nicole gritó y comenzó pedir por favor que no la lastimara. Pero era demasiado tarde. Mi verga erecta ya se había apoyado fuertemente sobre su pequeño agujero y la penetré con la excitación más potente de mi vida.
Sentí cómo su culo se abría mientras mi miembro se introducía con presión. Nicole gritaba desesperada y se aferraba a la almohada por el dolor que sentía. A mí ya nada me importaba, estaba extasiado por el enorme placer que me provocaba esa penetración en el culo de mi hermano travestido. Saqué y metí mi verga varias veces entre los gritos de Nicole y mis gemidos eufóricos de placer.
En cada embestida sentía los testículos de Nicole que se chocaban con los míos y eso me volvía loco. Retrasé mi eyaculación lo más que pude y para eso tuve que hacer un gran esfuerzo porque estaba a punto de estallar. Lo di vuelta a Nicole y lo comencé a besar en la boca desaforadamente. Le pasaba mi lengua por su rostro pecoso y lo obligué a que abriera su boca para metérsela hasta la garganta. Nicole se retorcía de dolor pero nada de eso me conmovía, al contrario, me calentaba aun más. Todavía tenía la parte superior de la bikini puesta y se la arranqué para chuparle sus pezones. Le gritaba que era una puta, “mi” puta y que la amaba y que jamás dejaría que nadie más la tocara. Entonces fue cuando no aguanté más y le metí mi pija en la boca y lo ahogué con mi leche.
Nicole no pudo haber sufrido más. Pero yo gocé como nunca lo había hecho. Quedé exhausto y dejé al pequeño travesti dolorido y llorando en la cama. De su culo salía sangre y ni eso me conmovió. Le había desgarrado el ano con semejante penetración. Fue muy fuerte la suma de dinero que tuve que pagar para su atención médica y para que todo se mantuviera en secreto. Nicole no me habló durante semanas.
Cuando se recuperó volvió a ser la nenita que caminaba muy femenina por toda la finca. Fue ella quien rompió el silencio cuando me dijo que un hombre que amaba a su mujer no hacía lo que yo le había hecho a ella. Le pedí perdón y esta vez fui yo quien se largó a llorar desconsoladamente. La amaba con toda mi alma y todo mi cuerpo. El daño que le había causado costó borrarlo de nuestras vidas. Pero finalmente Nicole me perdonó.
La relación con mi hermano travesti comenzó a ser distinta, más delicada, más tierna. Hasta que nuevamente le dije que la amaba, que quería convertirla en mi novia. Esa palabra “novia” pareció conmoverla. Sus ojos se tornaron brillosos y me dijo que sí aceptaba ser mi novia. Fue un momento inolvidable. Nos besamos apasionadamente y luego fuimos hasta mi dormitorio donde la colmé de besos y le chupé su pequeño miembro hasta el hartazgo. A Nicole le encantó y comenzó a pedirme que no parara de hacerlo, cuando de repente eyaculó en mi boca. Su primera eyaculación y yo pude disfrutarla tragando hasta la última gota de su lechita.
No la penetré hasta pasados unos meses. Nicole ya había cumplido sus doce años y se ponía cada vez más hermosa, más femenina, más apasionada. í?ramos la pareja perfecta. Nicole pedía más videos para ver a otros travestis manteniendo relaciones sexuales. Le encantaban esas películas y me decía que soñaba con ser como “ellas” cuando creciera. Yo se lo prometí y le dije que sería el travesti más hermoso que se haya visto.
La primera vez que la volví a penetrar luego de aquella violación de mi parte fue una tarde en la que Nicole se había puesto la minifalda más corta que le había comprado. Era realmente diminuta, apenas se movía y le veía ya su culito blanco y sus testículos asomando por entre la braguita color celeste que llevaba puesta. Me di cuenta de que Nicole lo estaba haciendo a propósito, maliciosamente, como invitándome a que la sujetara por detrás y la penetrara de inmediato. Fue lo que hice. Le levanté la falda y comencé a chuparle la raja de su culo con intensidad. Mi hermano gozaba con lo que le estaba haciendo y me pedía que le pasara la lengua por las piernas y me tragara sus testículos. Lo hice con el mayor de los placeres. Era una delicia. Su perfume, su piel suave aún de niño. Le bajé su ropa interior y comencé a meterle le lengua en el agujero de su culo redondo, lo que me excitaba terriblemente. Le introduje mi dedo y empecé a masajearlo suavemente para que no le doliera la penetración que se venía.
Saqué mi verga parada y se la pasé por todo el rostro mientras su delicada lengua la mojaba con su saliva. “Ahora métemela despacito, mi amor”, dijo gimiendo. Y allí le puse mi verga entre sus nalguitas blancas y comencé a empujar suavemente. De todos modos Nicole gritó bastante, pero pedía más. Hice fuerza para que le entrara toda y de repente, cuando pegó casi un alarido, me di cuenta de que ya estaba toda mi pija dentro de mi hermanito travesti.
Nicole gritaba que se la metiera y usaba un lenguaje que copiaba de las películas que veía con travestis asiáticos. “Métemela hasta el fondo”, “dámela toda, papi”, “hasta los testículos”. Entonces yo le gritaba lo que se me cruzaba por mi mente. Le decía permanentemente “putita”, “perra puta”, “cómetela toda”. Y ella se masturbaba de manera frenética.
Le saqué mi pija de su culo y me agaché frente a Nicole para meterme toda su verga y sus testículos en mi boca. La abrí de manera que pude meterme todo de una vez. Estaba casi ahogado cuando de repente sentí su semen caliente en mi garganta. Eso me calentó tanto que me paré y la volví a penetrar. Le largué toda mi leche dentro de su culo y luego se lo tapé con mis dedos para que no se le escapara ni una gota de mi semen. Le puse el culo bien hacia arriba, todavía con la minifalda puesta y le dije que quería ver cómo largaba la leche por su agujero. Fue fantástico ver cómo salía el semen chorreando por entre sus piernas. Entonces le desparramé la leche con mis manos por sus testículos y su verga. Luego nos besamos metiéndonos la lengua hasta nuestras gargantas. Sus sesiones de video le habían dado resultado.
A partir de entonces Nicole y yo fuimos los amantes perfectos. No parábamos un día sin tener relaciones furiosas y a veces románticas. Fue una etapa maravillosa de nuestras vidas. Tan intensa que quería que todos vieran lo bella que estaba. Nadie se daba cuenta de que aquella hermosa rubia de largos rulos era en realidad mi hermano. Un niño de doce años convertido en la más provocativa muchachita del pueblo cercano a la finca donde vivíamos. A Nicole le gustaba mostrarse, provocar desde su imagen de lolita travesti. Cuando le decía que íbamos a salir de compras buscaba la falda más ajustada y corta que tuviera a mano y se ponía sus zapatos más sexy que tenía. Caminaba con una elegancia y una sensualidad que no pasaba desapercibida para los hombres. Jamás nadie se dio cuenta que Nicole era un niño convertido en adolescente fatal.
A mi me gustaba verla hacer eso. Ver cómo acaparaba miradas masculinas y en especial de los jóvenes del pueblo que no la conocían de sus lugares habituales. Axel había quedado definitivamente atrás en el tiempo. Ahora ese pequeño travesti estaba convertida en la niña hermosa del pueblo. Y muchos la deseaban ostensiblemente. Yo la presentaba como a mi hermana y veía que quienes se acercaban a mí lo hacían en realidad sólo para estar cerca de ella. En esos días percibí que Nicole estaba deseando vivir un romance que no fuera solamente conmigo. Y su oportunidad llegó por una situación inesperada que transformaría nuestras vidas.
Se trató de una simple rotura de motor al regreso del pueblo hacia la finca. Un joven de unos dieciocho años se detuvo para ayudarnos. Nicole lo miró de una manera en que nunca lo había hecho conmigo. Fue una sensación que tuve de desplazamiento, como si ahora ya sus ganas se dirigían a poseer a este nuevo sujeto. Se presentó como Cesar, y con una sonrisa agradable saludó a Nicole, que permanecía dentro del vehículo. Al descender lo hizo de tal manera que mostró totalmente sus largas piernas, levantándose la falda que ya de por sí era diminuta.
Cesar la saludó y ella misma se presentó como Karina, aunque inmediatamente le dijo que todos la conocían como Nicole. Cesar siguió siendo amable y revisó la falla en el motor. Era una tontería lo que se había desconectado, por lo que en segundos solucionó nuestros problemas y estuvimos en condiciones de seguir nuestra marcha. Luego de agradecerla la ayuda, Nicole lo invitó a que nos visitara, no sin antes darle un beso de despedida y un apretón de manos muy sonriente. En el camino, Nicole me preguntó si había hecho mal en invitarlo. Le contesté que no. Pero para mis adentros sabía que un poco la había perdido. Mi hermano travesti estaba buscando variedad de amantes.
Cuando Cesar llegó de visita al otro día por la tarde, Nicole lo recibió con un short de jean muy ajustado y una camiseta corta que dejaba su ombligo a la vista. Cesar se sentó en el patio de la casa y entre él y yo comenzó una conversación acerca de cómo era esa pequeña ciudad cercana a la finca y de cómo eran sus habitantes. Nicole seguía mirándolo fijamente y como envuelta en un ensueño. Cesar simplemente era un muchacho joven y algo atractivo, nada del otro mundo. Pero a Nicole ya la había conquistado.
Fue entonces que le dije sorpresivamente que Nicole en realidad era un varón y que yo había producido el cambio para transformarse en lo que era ahora. Nicole quedó espantada por la confesión y el joven se quedó pálido y en silencio. Tomé del brazo a Nicole y le bajé el short ajustado que tenía puesto dejando ver sus testículos y su verga blanquísimos.
Cesar no articulaba palabra y Nicole comenzó a llorar. “Es mejor así”, le dije a los dos, veo que se gustan y en algún momento esto se sabría. Luego abracé por la cintura a Nicole y la besé en la boca, profundamente, mientras le tomaba con mi mano sus testículos y se los apretaba un poco. Cesar pidió retirarse, pero lo detuve. Le dije que no se fuera aún. Que no había problemas en que lo dejara ver a mi hermano travesti y que se conocieran. Simplemente debería ser reservado con las demás personas del pueblo.
Nicole gimió un “por favor, quédate” que derritió al joven visitante. A mí me provocó una mezcla de excitación y odio. Lo estaba eligiendo como a su nuevo macho. Cesar dijo que no sabía qué hacer, que estaba sorprendido. “No es para menos”, le contesté. “Si se gustan, acepto que la veas”. Cesar no quería irse. Nicole estaba muy hermosa con su culito al aire y sus largo cabello rubio con su short de jean bajado hasta la mitad de las piernas. Saqué mi verga y arrodillé a Nicole frente a Cesar, se la metí en la boca y le ordené que me la chupara para que viera lo bien que lo hacía. Nicole obedeció y comenzó a darme una mamada como nunca lo había hecho. Se la llevaba hasta dónde más le entraba y luego la sacaba dando pequeños grititos de placer. Yo se la pasaba por toda la cara y ella pedía más. Cesar permanecía sentado pero ya su mirada era otra, como si se viera él en mi lugar. De repente eyaculé dentro de la boca de Nicole y ella tragó hasta la última gota de semen. Luego se acomodó su short y salió corriendo hacia el interior de la casa.
Cesar me dijo que pensaba que Nicole era una jovencita y que jamás imaginó que se trataría de un varón. “Pues sí, es lo que viste, y te ha gustado, no puedes negarlo”. í?l se sonrojó y volvió reiterar que quería irse. Desde la puerta de la habitación de Nicole se oyó su voz pidiendo por favor que no se fuera. Tomé de un brazo a Cesar y le dije “ve y rómpele el culo a esa putita, si tanto se gustan”. Nicole ya estaba desnuda esperándolo en su habitación. Cesar entró y ella le sonrió como una niña traviesa, que en realidad es lo que era. Yo fui detrás de él y me senté en un sillón para ver cómo se las arreglaban entre ellos. Fue Nicole la que tomó la iniciativa, colgándose de cuello de su nuevo amante dándole un beso larguísimo en los labios. Debo confesar que eso me excitó. Cesar se prendió de su boca y le metió su lengua profundamente hasta la garganta. La tomaba con fuerza de su culito y no dejaba de apretarle sus testículos mientras la pequeña travesti gritaba en una mezcla de dolor y placer.
Repentinamente Cesar se arrodilló sobre la cama y se llevó la verga erecta de Nicole a la boca. ¡¡Con que esas teníamos!! Le gustaba el trozo de carne de mi hermano travesti al muy maldito. Nicole gritaba de placer y pedía que se la tragara toda, cosa que ya había sucedido, pues no tenía una verga tan grande a esa edad.
Cesar se la tragaba toda y volvía a sacarla de su boca hasta que sacó él su verga. Eso también me volvió a excitar pues era enorme. Nicole dijo “dios mío, es hermosa”. Y lo era. Yo me acomodé mejor para ver toda la escena de cerca. El joven vecino se la paró pasándosela por la cara a Nicole que gritaba de placer mirándome de vez en cuando. Yo a esa altura comencé a masturbarme y tuve otra erección. Mi hermanito travesti ya estaba tragándose el palo de Cesar, entonces decidí participar de la acción y fui por una crema para lubricar su culo. Así que mientras Nicole se tragaba semejante verga hasta donde podía, yo empecé a lamerle el culo y a encremárselo todo. Cuando ya estaba listo para metérsela Nicole se dio vuelta y me dijo que le encantaría que yo se la chupara un poco a Cesar. El joven se sorprendió pero a mí no me disgustó la idea y sin darle tiempo a que se negara me la metí en la boca sintiendo el gusto de la saliva de Nicole que ya se la había chupado lo suficiente. Esa tragada del palo de Cesar me gustó tremendamente y a él, aunque sorprendido, también le dio mucho placer. Nicole reía feliz cuando vio mi mamada a su nuevo amante. La muy perra gozaba demasiado la situación. Había que enseñarle que no era ella la que mandaba, así que luego de disfrutar la tragada de verga la penetré mientras Cesar volvía a la carga metiéndosela por la boca.
Nicole quería gritar, pero con la enorme verga de Cesar en su boca sólo podía gemir. “Ahora es tu turno”, le dije a Cesar y entonces Nicole, ya sin semejante palo en su boca pidió por favor que no se la metiera. El joven estaba indeciso, pero yo casi le ordené que le rompiera el culo a la muy puta de Nicole. Luego toda la casa se llenó con un solo grito del niño travesti que casi se desvaneció del dolor. Pero era tarde, ya la enorme verga de Cesar estaba toda dentro de su culito. “No le acabes dentro”, le dije, “que se trague la leche de los dos”. Entonces pusimos a Nicole boca arriba, y mientras lloraba y se retorcía de dolor le largamos la leche caliente casi al mismo tiempo sobre su rostro. Fueron eyaculaciones perfectas, porque le dieron de lleno en su carita y gran parte del semen entró en su boca mientras gritaba. Lo que había quedado sobre su rostro se lo terminé de hacer tragar. Cesar estaba exhausto pero aún con su verga muy dura, así que me la llevé a la boca nuevamente y me tragué las últimas gotas de esperma que goteaban de su glande. Era un gusto exquisito, debo reconocerlo. Nicole también seguía con su pequeño miembro erguido por lo que lo masturbé de manera frenética hasta que eyaculó dentro de mi boca. Y si el gusto del semen de Cesar me había gustado, el de Nicole me deslumbró por su sabor y su suavidad. Fue un momento hermoso para mí.
Luego de semejante follada a mi hermano travesti, le pedí a Cesar que se fuera y que nos mantuviéramos en contacto. Al quedarnos solos, Nicole me dijo que yo era un hijo de puta pero que ahora me amaba más que nunca.
A la hora de la cena Nicole estaba con rostro dolorido pero placentero a la vez. La besé y le pedí perdón por si le habíamos hecho daño. Pero en vez de reprocharme la manera en que lo habíamos tratado esa tarde, me dijo que quería hacerlo de nuevo, ya que le había fascinado semejante acción.
Aquél Axel tímido y sumiso había quedado atrás definitivamente. Mi hermano travesti me sorprendía cada vez más con las ideas que me proponía. Quería acostarse con más de un hombre a la vez. Yo no sabía qué hacer, pues temía que aquella situación me perjudicara, pero no podía dejar de pensar que era muy excitante repetir aquello que habíamos hecho con Cesar.
Entonces comenzó otra etapa en nuestra relación y en nuestras vidas. Había llegado el momento de prostituir a Nicole, el travesti de doce años que enloquecía al pueblo con sus cortas faldas y sus cabellos rubios cayéndole sobre sus hombros en forma de bucles. Nicole se embarcaría en lo mejor y lo peor de su vida. Viviría los momentos más placenteros de su joven vida sexual y padecería las peores vejaciones que muchos hombres le harían al tenerla a su merced.

Cuando Nicole probó a Cesar se dio cuenta de que la variedad y la cantidad en su vida sexual le eran imprescindibles. Y tales ideas se apoderaron de su cuerpo y de su mente. Todos los días insistía en que quería ver a otros hombres, que le había gustado ver cómo yo me tragaba la verga de Cesar… Mi hermanito me estaba provocando, me daba a entender que en la vida había más y mejores hombres que yo. Mis celos estaban por los cielos, pero a su lado también estaba mi excitación por ver a Nicole con otros hombres penetrándola hasta el cansancio y que la lastimaran con sus miembros. Sería mi manera de vengarme por esa obsesión de querer acostarse con otros.
Comenzó la acción llevando a la finca a algunos conocidos de Cesar, quien ya había probado a Nicole y estaba loco por él, aunque no enamorado. En el primer encuentro Nicole estuvo con cinco hombres a la vez. En esa acción yo no participé, simplemente me quedé observándolos cómo bañaban de semen a mi hermano travesti. Fue fantástico ver a Nicole gritando e implorando que no la penetraran más y a su vez que le eyacularan en todo el cuerpo. Pero casi nadie le hizo caso y todos decidieron largar sus leches en lo profundo de su boca. Incluso uno de ellos que había visto un poco de semen en el piso, la obligó a que le pasara la lengua y se lo tomara. Aquella imagen no la borraré nunca de mi mente. Ver a Nicole en cuatro patas y lamiendo la leche del piso fue memorable, porque lo hacía con placer. Le gustaba todo aquello a mi hermano Nicole. Estaba desaforado con semejante posibilidad de tomar toda la esperma que quería y tener a todos sus machos para él.
Nicole ya era famosa en el pueblo, sabían que se trataba de un travesti de 12 años que era hermoso y que follaba mejor que las mujeres. No sabían que era mi hermano en realidad, a eso lo mantuvimos oculto y Cesar nunca habló del primer día cuando estuvo con Nicole y le conté la verdad. A él poco le importaba toda esa historia y sólo deseaba acostarse con el niño cada vez que venía a nuestra finca.
Así fue creciendo Nicole. Hasta llegar un momento en el que debimos irnos de ese lugar lleno de mujeres celosas que se quejaban cada vez más de la situación. Era peligroso para ambos permanecer allí, por lo que volvimos a la ciudad aunque no a nuestra vieja casona. Nos alquilamos un apartamento y allí nos instalamos para vivir nuestra relación que comenzaba a volverse muy tormentosa.
Nicole ya era casi independiente. En esta época que les cuento ya tenía 14 años. Estaba bellísima, pero su cuerpo de varón adolescente comenzaba a jugarle en contra. Ya le costaba mantener su rostro sin vello y quería tener las tetas más grandes del mundo. Así que tuve que poner mi empeño en darle el gusto de tener un mejor cuerpo. Pero el problema que yo tenía era el de siempre, su corta edad y mi relación de hermano con Nicole. Me costó mucho conseguir una operación para sus tetas. La pagué a buen precio para que no se supiese nada de lo que ocultábamos. Pero valió la pena, se los aseguro. Quedó super bella con unas tetas redondas y perfectas, de un tamaño espectacular. Nicole no dejaba de mirarse al espejo y pedirme que la fotografiara con escotes y corpiños que se sacaba y ponía permanentemente para ver cómo le quedaban. Su rostro y su cuerpo también pasó por la depilación láser y su problema del vello quedó solucionado para siempre. Ahora su piel era la más suave que jamás tocara.
No había hormonas que no probara y que sus buenos dólares (y dolores) costaron a mis ahorros. Pero valieron la pena. Nicole era ahora una adolescente hermosa, flaca, alta, de larguísimas piernas y tetas descomunales.
Su larga cabellera rubia ahora totalmente lacia, había dejado sus bucles de la niñez y su vestimenta era la de una joven provocativa detrás de la cual se escondía mi hermano Axel. Su conducta también era otra. Su independencia había cobrado tal fuerza que mi relación era casi de amante y no de novio. Yo era uno más en su lista enorme de machos que se la llevaban a la cama.
Nicole supo aprovechar al máximo su hermosura, ahora sus novios la mantenían económicamente y no movía un dedo si no era a cambio de algo material. Además sabía combinar el alto poder adquisitivo de sus acompañantes con la juventud y la vida divertida. Todos eran apuestos y siempre con ganas de divertirse con ella.
Parecía que este era el momento de su venganza. Llevaba a sus novios a nuestra casa y no paraba nunca de besarlos en la boca y dirigirme miradas intencionadas como si me dijera que eso lo hacía para que ya viera a ese hermanito ahora transformado en diosa que ya no podía disfrutar solamente yo. Sus parejas a veces también disfrutaban ese momento, porque ella se encargaba de decirles que yo era su novio y que a mi me gustaba verla con otros. Entonces ellos la abrazaban y la tocaban intensamente delante de mí, mientras ella reía todo el tiempo.
Sus enormes tetas siempre eran manoseadas por sus amantes de una manera brutal y Nicole desaforadamente pidiendo más. Todo ello me enloquecía y me excitaba a la vez. Se trataba de una sensación confusa, porque quería verla con otros hombres actuando como una puta para disfrutarla como aquella primera vez con Cesar y a la vez me dolía que se me hubiera ido de las manos y que ya no me perteneciera. Cuando quedábamos solos mi hermano travesti volvía a ser el de antes. Todo para mí, hermosa y voluptuosa y a mi disposición.
Recuerdo que entonces yo gozaba como un loco cuando le metía todo tipo de cosas por el culo y Nicole gritaba de placer y dolor como cuando era un niño rubio y hermoso. Lo que más me gustaba era meterle botellas de todo tipo. Nicole tenía su ano muy dilatado a su joven edad de dieciséis años; usaba y abusaba de su culo al punto tal que utilizaba un pequeño tapón de látex para cerrar su esfínter que ya no retenía correctamente sus gases. A mí me volvía loco cuando se vestía y se ponía aquel tapón. A veces era yo mismo quien se lo ponía y entonces me acusaba de que era yo el culpable de que su culo estuviera de esa manera.
Y aquella acusación era verdad porque no paraba de meterle botellas de todo tamaño por el culo cuando estábamos a solas. A veces me gritaba que no lo hiciera, pero era peor, yo la arrojaba sobre un sillón mullido que había en la casa y la abría de piernas boca a bajo y le metía una botella de cerveza por el culo mientras le gritaba “toma mi niño puto”. Nicole hacía la escena de revelarse pero debo decirles que no me costaba para nada meterle esas botellas hasta que apenas quedaba una parte como para luego sacárselas. Su agujero quedaba abiertísimo, era fascinante ver cómo se dilataba a esos extremos.
De a poco Nicole comenzó a hacer de su culo una obra de arte de la penetración. Todo entraba por su agujero y no paraba de experimentar conmigo o sus novios ocasionales. A veces hasta se metía el puño de uno de sus novios y gritaba de placer de una manera que parecía que se iba a morir.
Mi vida y la de mi hermano travesti parecía transcurrir en una burbuja de sexo. Era lo único que nos importaba. Nuestros problemas económicos no existían porque nuestras rentas siempre estaban aseguradas y Nicole gastaba dinero de sus ocasionales amantes, de manera que todo el tiempo del día estaba disponible para hacer los que se nos ocurriera.
A mí ya me enloquecía ver a Nicole con muchos hombres y entonces preparábamos reuniones en nuestra casa donde se juntaban hasta diez o doce amantes varones solo para Nicole. Esas reuniones duraban casi todo el día y una de las cosas que hacíamos y que a Nicole le daban extremo placer, era eyacular todos al menos una vez dentro de una copa hasta llenarla. Luego, cuando la fiesta estaba por terminar, traíamos un consolador enorme que se lo metíamos por el culo, dos de nosotros nos tragábamos su verga y sus testículos y otros dos le chupaban sus enormes tetas y ella entonces bebía del vaso toda la leche que habíamos juntado para ella, mientras eyaculaba entre gritos. Demás está decir que quien elegía tragar su verga y tragar todo su esperma era siempre yo. Era un momento delicioso, se los aseguro.

NeoPene

Cuando Nicole cumplió sus dieciocho años se dio otro vuelco en nuestras vidas. Mi hermano travesti había decidido trabajar en una agencia que ofrecía servicios de acompañantes, lo cual era una manera un poco refinada de ejercer la prostitución.
Aquello me alejó bastante de Nicole porque siempre tenía algún “servicio” que cubrir por las noches y a veces hasta se ausentaba por varios días. Y en uno de esos viajes, a su regreso, me trajo un par de videos que había filmado en un barco con unos cuantos jóvenes que la habían contratado como única atracción del viaje desaforado que realizaban.
Recuerdo que cuando lo vimos juntos Nicole no paraba de decirme cuánto placer le había causado tal o cual cosa que estábamos viendo. Se la veía totalmente sometida a la voluntad de unos cuantos jóvenes de unos veinte años que no paraban de hacerle cuanta cosa se les ocurriera. A Nicole se la veía totalmente entregada, consumiendo cocaína que le ponían a disposición a cada momento. Era penetrada violentamente una y otra vez, la mantenían atada de las manos y con las piernas abiertas y su verga y testículos estaban rodeados por un lazo fino de tela que uno de los jóvenes se encargaba siempre de tirar en cada embestida penetrante de sus compañeros. Nicole daba unos alaridos tremendos y ellos gozaban como locos. Nadie se reía, no era una cosa graciosa la que hacían, estaban satisfaciendo sus más bajos instintos. Mi hermano travesti estaba sometido totalmente a la voluntad de estos jóvenes. En una imagen del video se veía cómo tiraban de su verga y sus testículos mientras Nicole pedía por favor que la soltaran, que aquello le producía mucho dolor. Pero este joven entonces se metía sus testículos hinchados en su boca y le daba pequeños mordiscos. Nicole en un momento eyaculó en su rostro y el joven gritó de placer. Le pregunté a mi hermano hasta que punto aquello le causaba en realidad dolor, y me contestó que sí, que el dolor era verdadero, pero que el placer que le causaba era tanto que no aguantó más y eyaculó dando gritos desesperados.
Una y otra vez eyaculaban dentro de su boca y lo obligaban a que tragara el semen hasta la última gota. Yo miraba en ese momento a Nicole que recordaba extasiado cada momento que veía en el video. Tomaba su pinga erecta y se masturbaba por debajo del vestido que tenía puesto y me decía que yo hiciera lo mismo. Por supuesto que todas esas imágenes me habían excitado de tal manera que mi verga estaba a punto de explotar, aunque me contuve hasta más tarde.
El video de su aventura en el mar terminaba con Nicole hermosamente vestido con una minifalda de cuero y una camiseta ajustada a punto de estallar por la presión de sus enormes tetas, despidiéndose de cada uno de ellos con profundos y largos besos en la boca. No guardaba rencor en su rostro por lo que le habían hecho, mas bien se lo veía con un rostro lleno de satisfacción por el deber cumplido.

Aquel video despertó en Nicole deseos de filmar películas pornográficas. Demás está decir que no pude detener a mi hermano. Simplemente me comunicó que lo haría, no me pidió permiso ni mucho menos. Su vida estaba comenzando a ser un caos. Se prostituía con la agencia de “acompañantes”, seguía saliendo con sus varios novios y ahora filmaría películas pornográficas. Yo ocupaba un lugar más en su vida, pero ya no era lo principal para Nicole.
Sin embargo aún seguía disfrutando a mi hermano travesti, una vez al día tenía acceso a su cuerpo y me dejaba hacer lo que yo quisiera. A cambio me pedía que eyaculara todas las mañanas en una copa guardando mi leche en otro recipiente que tenía guardado en el refrigerador y el cual acumulaba día a día llenándolo de a poco. Hasta que pronto comprendí que yo era un semental más de los que tenía, puesto que descubrí varios envases más en los que guardaba semen de distintos hombres. Cuando le pregunté para qué lo guardaba, simplemente sonrió. Hasta que una mañana comprendí qué uso le daba. Ponía en el horno a microhondas a calentar un pequeño pocillo lleno de semen y lo tomaba como si fuera un café para despertarse.
Aquella imagen de Nicole tomando a sorbos el pocillo cargado con la leche de sus amantes era realmente excitante. Me miraba sonriente y me sacaba la lengua diciéndome que aquello la ponía más linda. ¡¡Y parecía tener razón la muy puta!! Porque parecía que su rostro tomaba color y su cuerpo se cargaba de energía. Desde aquel tiempo que lo sigue haciendo cada vez que se levanta.
Esa escena la repitió en una de sus películas que pasó a ser mi preferida. Luego me confesaría que la taza de semen que tomaba en esa filmación era semen que yo había acumulado para él.

Cuando Nicole cumpló sus veinte años estaba destruido. Era un travesti hermoso, una verdadera mujer, sus rasgos de femineidad y belleza estaban intactos. Pero su excesiva vida sexual la había transformado en un ser humano perverso y sin moral alguna. No era difícil contestarse a cómo había llegado a esa situación de reventada. Sus excesos iban en una escalera ascendente que parecía no tener fin. No tenía límites en cuanto a la cantidad de amantes que debían poseerlo para que quedara satisfecho. Un travesti de lo más degenerado que había, sin duda. Allí estaba mi hermano Axel, irreconocible, lejano de aquel niño sumiso con quien yo disfrutaba de meterle dedos en el culo y de obligarlo a que se tragara mi verga.
Filmó casi cincuenta película en tres años y viajó por todo el mundo con un par de empresarios que la trataban mejor que a una artista de cine. Pero Nicole estaba tocando fondo. Necesitaba parar la vorágine de vergas que se tragaba por día y pensar que si seguía así no llegaría ni a los veinticinco años.
Sin embargo gran parte de la responsabilidad era mía. Yo había comenzado todo aquello y la incitaba a seguir cada vez más allá. Ahora debía ser también yo quien la detuviera o la ayudara a hacerlo.

Una noche, entonces, la llevé a cenar para proponerle cambiar algunas cosas de su vida. Ella comprendía que iba de mal en peor y que ya no podría seguir con semejante marcha desaforada con tantos hombres encima por día. Sus ahorros eran importantes, porque ni tiempo de gastar su dinero tenía. Por otra parte sus amantes le pagaban cuanto deseaba y no gastaba nunca ni un dólar de su bolsillo.
Recuerdo que esa noche estaba hermosa, con un vestido rojo ajustadísimo, que dejaba sus tetas totalmente a la vista. Esas tetas que eran enormes luego de un par de operaciones que se había hecho a pedido de un magnate que adoraba a Nicole y que le había pedido casi de rodillas que se agregara más tetas a las ya inmensas que tenía. Nicole aceptó a cambio de un par de joyas valuadas en unos cuantos miles de dólares. Ahora su busto era inmenso, desbordante, llamando la atención a donde fuera. El vestido rojo de esa noche apenas las contenía y sus pezones le salían por el borde de la tela brillante. Sus piernas se dejaban ver también por el tajo pronunciado que tenía ese vestido debajo del cual su hermosa verga estaba sin ningún sostén de ropa interior, solamente tenía el tapón de latex para el agujero de su culo ya agrandado de manera alarmante. Estaba bellamente maquillada, pero aún así se veían las huellas del desborde.
Comenzamos a recordar nuestro pasado y de qué manera habíamos llegado a ese momento, donde los dos hermanos se habían transformado en amantes. Nicole me tomaba de la mano y me sonreía de manera muy dulce. Me dijo que a pesar de la manera obligada en la que fue transformada de varón a travesti super sexy y actriz pornográfica, estaba contenta, feliz y satisfecha con semejante vida. También ella estaba preocupada por la vida desaforada y exhuberante que estaba llevando. Sabía que algo peligroso le podía pasar si seguía ese tren de vida.
Fue e ese momento cuando entonces le propuse que dejáramos por un tiempo la ciudad donde estábamos instalados y comenzáramos una nueva relación entre ambos. Le pedí que nos casáramos. Que fuéramos marido y mujer viviendo como un matrimonio común y corriente.
Nicole se sorprendió por la propuesta, no entendía de qué manera nos podríamos casar siendo hermanos. Le conté acerca de una ceremonia de casamiento que hacía un pastor religioso de manera privada y que había realizado varias uniones de parejas gay en bodas que eran iguales a las iglesias de nuestro país.
Claro que no estaríamos casados legalmente, pero eso no debía importarnos. La idea era que esa boda significara algo para nosotros dos y que a partir de ese momento nos consolidáramos como pareja para que se alejara de su descontrol que tarde o temprano la llevaría a la desgracia a pesar de su juventud y su belleza.
La idea de casarme con mi hermano travesti me había dado una sensación de alegría y de placer sexual a la vez. Sabía que Nicole volvería en cierto modo a ser mi pareja sumisa como lo había sido en un principio y a su vez me causaba una tremenda excitación el saber que la llevaría ante un altar vestida de blanco para tomarla como esposa aunque fuera mi hermano. El sólo pensarlo ya me causaba una excitación inexplicable.
La cena en la que le propuse casamiento a mi hermano travesti terminó con una noche de sexo como hacía tiempo no teníamos. Nicole estaba hermosa y sus enormes tetas fueron colmadas de mi leche supercaliente. Estuvimos casi media hora besándonos en la boca como dos novios recién declarados. í?l no paraba de meter su lengua hasta el fondo de mi garganta, tomando aire sólo para decirme que era mi hembra y que sería mi esposa y que me amaba. Yo sólo le decía que era una puta, mi puta de toda la vida.

Continuará la Segunda con el casamiento y la vida de matrimonio entre hermanos. Paciencia…

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