HISTORIA DE UNA TRAVESTI PROSTITUTA

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9 mayo, 2019 9:16 pm

Algunas confesiones de una travesti que disfruta de su actividad y que recuerda sus años de colegiala cuando era penetrada por siete adolescentes voraces. Lo único que he hecho bien en mi vida ha sido satisfacer hombres en una cama. Lo hice casi desde niña, cuando más de un varoncito se peleaba por mí en el barrio, buscando su turno para penetrarme por el culo primero que los demás.
Confieso que era muy bonita cuando me vestía de niña. Siempre lo hacía con las mejores ropas que yo misma me compraba en unas tiendas de ropa femenina, cuando salía de la escuela. Me gustaba comprarme las bombachitas más pequeñas que encontrara para que al ponérmelas se me metieran bien en la raja de mi cola y me apretara bien mi pequeño miembro. Luego me peinaba con una hebillas plateadas realmente elegantes; una falda corta con medias azules hasta mis rodillas y unas zapatos escolares de niña color marrón. También me ponía un corpiño blanco que había comprado en una tienda con la excusa de que era un regalo de cumpleaños para mi hermana menor.
Luego salía a la calle a buscar a los muchachos que se juntaban a unas cuadras de mi barrio. Eran unos seis o siete y de una edad que iba de los catorce a los dieciséis años. Me veían llegar con mi mejor sonrisa y mi preciosos doce años, sabiendo que de allí obtendría el mejor placer que unos adolescentes excitados me podrían dar.
Una vez que todos se ponían de acuerdo en su turno comenzaban a desfilar por la habitación que uno de ellos había conseguido en una casa semi abandonada de un pariente lejano. Su excitación y sus tremendas ganas de penetrar, los hacía olvidar que yo era un niño en realidad y no una jovencita colegiala muy bien perfumada.
Jamás me olvidaré de alguno de ellos que no paraba de decirme cosas hermosas como si yo fuera una especie de novia. Me besaban desesperadmente en la boca y les encantaba disfrutar de mi aliento suave y del gusto de mi lápiz labial. Yo también disfrutaba de sus jóvenes lenguas que me metían en lo profundo de mi boca. ¡Cómo olvidar sus pijas que no paraban de entrar y salir de mi culito bien lubricado!
Realmente me dejaban demolida luego que todos terminaban de pasar. A veces inclusive cuando terminaban alguno me acompañaba hasta mi casa y me tomaba de la mano durante el trayecto. Nadie nunca sospechó que no se trataba la imagen de una pareja de adolescentes caminando medio enamorados, si no de dos chicos del mismo sexo, salvo que yo en realidad era una travesti muy pequeña.
Con el correr de los años me dediqué a la prostitución, aunque no me arrepiento de ello ni mucho menos, ya que fue una decisión mía que tenía como propósito independizarme y entregarme a cuantos hombres quisieran pagarme por satisfacerlos.
Hoy tengo ya veinticinco años y estoy lejos de aquella nenita con la bombacha apretándome los testículos. Ahora tengo un par de tetas realmente hermosas que no paro de admirar cada vez que me miro al espejo. Mi cintura es pequeña y el cabello corto y rubio me queda muy bien. Mi culo es enorme. No sé cómo explicarlo, pero les cuento a quienes leen esto que es un culo redondo y durísimo y con el agujero más dilatado que hayan conocido. Mis ocasionales clientes y amantes no paran de asombrarse cuando ven semejante orificio. Eso los excita tremendamente ya que no paran de meterme cuantos dedos se les ocurra y algunos hasta me meten toda su lengua bien adentro de mi ano. Luego cuando me penetran es realmente placentero para ellos la facilidad con que sus vergas entran y salen de mi culo.
Muchos de estos clientes se calientan terriblemente cuando chupan mi pija y yo les pido más con mi mejor voz de putita desesperada. Me encanta ver a mis machos tragarse mi pedazo hasta que sus labios chocan mis testículos.
Luego, antes de que acaben, les saco el preservativo y abro bien grande mi boca para tragarme hasta la última gota de esperma que eyaculan dentro de mi garganta. Esa especialidad es muy solicitada por mis viejos clientes.
Hoy estoy descansando de una operación que me hice en las tetas para retocarlas un poco y agrandarlas unos centímetros. Han quedado impresionantes y no veo la hora de recuperarme definitivamente para que me la chupen mis tres amantes fijos. Me va a encantar que me las llenen de leche cuando se junten los tres y me acaben al mismo tiempo.
Nada me gustaría más en esta vida que poder coger con cuanto macho se me cruce hasta el final de mis días. Que me partan al medio hasta el dolor, que me empalen con la pija más grande que se haya conocido y que me atraganten de leche hasta que tenga ganas de vomitarla y me salga por las orejas.
Y para despedirme de ustedes lectores, les aseguro que cuando tengan ganas de cogerse a una travesti no duden en hacerlo, sabrán disfrutar de un placer enorme y no se arrepentirán. Verán que somos mejores que las mujeres y más femeninas que ellas en algunas oportunidades. Y si tienen ocasión de conocerme a mí en su primera experiencia, verán entonces que cuando me vean tragar hasta la última gota de esperma habrán presenciado uno de sus mejores momentos de placer. ¡¡¡Chau, lindos!!!

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