FLAVIA, OCULTA DULZURA

Un joven de quince años debuta sexualmente con una travesti de tetas enormes. Una historia de provocación y de fantasía adolescente cumplida.FLAVIA, OCULTA DULZURA

Desde la terraza de mi casa podía ver siempre lo que ocurría en el patio de mis vecinos. Se trataba simplemente de un verde césped con una piscina familiar y una parrilla donde sólo de vez en cuando asaban algo de carne. No había demasiado por curiosear. Allí vivía un matrimonio de profesionales que rara vez hacían cosas interesantes en su patio. Mi tía, por otra parte, me tenía prohibido hacer ruido o molestar a los vecinos desde la terraza. Sin embargo todo cambió cuando llegó Flavia a vivir en la casa de este matrimonio que dejó la vivienda cuando yo cumplía mis quince años.
Flavia tenía unas tetas enormes. Eso fue lo primero que percibí y que me llamó la atención. No se trataba de unas buenas tetas o de unas tetas grandes siquiera, si no de unas tetas de un tamaño descomunal. Su estatura la ayudaba un poco porque no era muy bajita, y además solía vérsela siempre de tacos altos o de botas de cuero, lo que le daba una altura justa para semejantes senos. El cabello de Flavia era de muchos rulos, color marrón claro, que le llegaban hasta la mitad de la espalda. Tenía un culo espectacular y unas piernas que todos se las conocían a la perfección porque minifaldas y vestidos con tajos larguísimos era lo único que usaba.
Claro que desde la terraza comencé a tener una vista privilegiada ya que solía andar por el patio dándole de comer a sus gatos o regando el jardín que había hecho en la parte trasera. Ella era muy amable conmigo y me saludaba cada vez que me veía en la terraza. En esos momentos recuerdo que se recogía el pelo con una cola de caballo alta que le dejaba ver su largo cuello y unos pendientes muy lindos que colgaban de sus orejas. Solía usar en esos momentos remeras muy ajustadas y sin corpiño, que le marcaban un escote muy pronunciado y dejaban ver unos pezones puntiagudos. También usaba unas faldas amplias que le dejaban ver totalmente una de sus piernas, anudada en un extremo de sus caderas con un nudo que indicaba que no llevaba nada más que esa tela, que era siempre muy colorida.
En el barrio nadie la trataba y comenzó a decirse que en realidad Flavia era un hombre que se había transformado en mujer. Nadie sabía si se había operado su sexo o aún conservaba su miembro. De lo que sí había seguridad era de que casi todo el mundo varonil la miraba con cierto deseo no manifiesto en voz alta. Incluso alguno me dijo que era un privilegiado por poder verla desde la terraza. A mi esa situación de que era un hombre transformado no me alteraba para nada, Flavia me gustaba mucho así como era. Pronto empecé a masturbarme mientras la miraba pasearse por el patio, permaneciendo oculto detrás de un gran recipiente donde mi tía juntaba agua de lluvia.
Eran momentos realmente placenteros. La miraba moverse con su espléndido culo mientras mimaba a sus gatitos y canturreaba regando sus flores. Sus impresionantes tetas bailoteaban debajo de su remera yendo de un lado hacia el otro, bamboleándose como si se trataran de un cuerpo distinto al resto. Sí que era hermoso verla de esa manera a Flavia.
Por supuesto que a nadie contaba de estas incursiones mías. Yo era de esos que por fuera manifestaban hasta cierto asco por lo que significaba ser un hombre transformado en mujer, pero por dentro no terminaba de esperar el momento de subir a la terraza para masturbarme viendo sus curvas.
Una tarde, a eso de las tres, fue cuando la vi casi desnuda. Se la veía más feliz que nunca y en un momento determinado se sacó su falda y se recostó cobre una especie de colchón que había instalado en el patio. Se puso boca arriba y desde allí pude ver su miembro, al cual empezó a manoseárselo como si se estuviera masturbando. ¡En realidad, era lo que estaba haciendo! De repente de adentro de un bolso color celeste, muy femenino, sacó un consolador imponente. También se dio vuelta y se lubricó con una crema que le dio un brillo muy sensual a su culo. Entonces comenzó a metérselo de a poco, mientras se lo sacaba y se lo metía. Así, hasta que se perdió definitivamente dentro de Flavia. Me causó una gran excitación ver cómo semejante objeto estaba todo dentro de ella. Fue impresionante lo que me masturbé en ese momento y lo que deseé profundamente estar entre sus brazos. Flavia gemía y decía continuamente así, así, hummm… qué rico!!! Y yo estaba caliente a más no poder. Entonces, increíblemente, con su miembro erecto y mientras se masturbaba, volvió a ponerse boca arriba y miró hacia donde estaba escondido. Mencionó mi nombre y con su dedo índice me indicó que bajara hacia ella.
El mundo se me había venido abajo. No sabía si avergonzarme porque se había enterado de que me estaba masturbando o de estallar en excitación por el hecho de que Flavia había actuado de esa manera para mí y que si quería podría estar con ella. Salí de mi escondite y me pare al borde de la terraza frente a ella. Simplemente me indicó con la mirada que bajara por la escalera que estaba casi debajo de mis pies. No lo dudé un instante y en unos cuantos segundos estaba ya en el patio de Flavia, frente a sus imponente tetas.
Recuerdo que lo primero que pensé, fue que de cerca me daría cuenta con más precisión de que era un hombre, pero ocurrió todo lo contrario. Encontré signos de femineidad realmente hermosos en todo su rostro y en su cuerpo. Me sonrió de una manera muy dulce diciéndome que ya no me masturbara más pensando en ella, que ahora podría hacerle todo lo que pensaba mientras me pajeaba oculto en la terraza. No lo dudé ni un instante y entonces la tomé de la cintura y la besé en la boca de una manera casi salvaje. Ella lo supo entender y siguió mi voracidad pasándome la lengua por todo el rostro. Una de mis manos entró por debajo de su corta camiseta y la llené tocándole y acariciándole las enormes tetas a Flavia.
Sin dudas que todo resultó ser mejor de lo que pensaba cuando me masturbaba allí arriba. La dulzura de Flavia al susurrar mi nombre y al acariciarme el rostro mientras me besaba me daban una sensación morbosamente maternal. Flavia entonces tomó una de mis manos y mientras me pasaba la lengua por mis labios llevó esa mano hacia su miembro erecto para que la masturbara. Confieso que no sentí el más mínimo rechazo, al contrario, me pareció muy lindo tener en mi mano semejante miembro que era dos veces el tamaño del mío. Flavia estaba muy excitada y me decía cosas que me ponían caliente de una manera que nunca antes había sentido.
Seguimos besándonos tirados en e césped y llenándome la boca con sus tetas, le lamí los pezones hasta el cansancio y ella a su vez me masturbaba con una mano. La mejor sensación llegó cuando se metió mi miembro en la boca y empezó a chupármela con una desesperación que me tuvo a punto de eyacular antes de haberla penetrado. Cuando me vi semejante miembro erecto pensaba que Flavia había hecho magia ya que fue increíble el grado de erección que había alcanzado.
De repente dejó de chupármela y entonces mirándome totalmente excitada a los ojos me dijo, penetrame hijo de puta, lo que me causó una calentura impresionante. Se estaba entregando a mí la fantasía de aquel verano. Se puso en una posición que dejaba ver su agujero ya dilatado por la penetración previa del gigantesco consolador, entonces sin pensarlo un segundo se la apoyé al borde del ano y se la introduje hasta el fondo. Fue impresionante lo que gritó como una desesperada mientras me decía una y otra vez que era un hijo de puta. Le estuve dando durante un rato hasta que acabé en el interior de sus intestinos una catarata de leche hirviendo. Flavia se llevó entonces su mano hasta su agujero y largó toda la leche entre sus dedos, luego se los llevó a la boca y se los chupó a la vez que ella también eyaculaba.
Fue una historia hermosa aquella que tuve con Flavia. Aunque parezca mentira fue casi el único verdadero amor de mi vida que tuve. Una relación de siete años en la que experimenté sensaciones que luego jamás pude repetir con una mujer. Flavia hoy está viviendo en el exterior filmando películas porno de travestis antes de retirarse definitivamente. Quizás vuelva a vivir con ella, no lo sé. Las tentaciones que se le deben cruzar sin dudas que serán importantes y entonces me veo cada vez más alejado de ella. He conseguido algunas películas que ha filmado últimamente, entonces me pongo frente a la pantalla y comienzo a masturbarme como si estuviera en la terraza de la casa de mi tía en aquel verano. La diferencia es que ahora ya no veo a una jovencísima Flavia caturreando con sus gatitos o regando el jardín: veo a una travesti experimentada como pocas, por cuya cama desfilan decenas de hombres penetrándola y llenándola de semen por cuanta parte del cuerpo le quede sin cubrir.

NeoPene

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