Examen Oral. Tercera parte


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Como continuó complicándose esta aventura sexual en la UniversidadMe vestí y esperé en la oscuridad el tiempo que ellos dijeron, o al menos lo supuse, porque mi reloj no se veía; salí al estacionamiento a buscar al profe, pero cual fue mi sorpresa al ver que ya se había ido al igual que los vigilantes y lo peor del caso era que en el auto se fueron mi sostén y mi tanga, además de mi bolsa; así que no tenía dinero para regresar a mi casa, también mi teléfono celular y mis tarjetas e identificaciones se fueron allí.

Después del consabido coraje, pensé que no me quedaba otra opción que irme al metro caminando, lo malo de ello es que había que atravesar el campus casi a oscuras y además tendría que correr porque según yo el transporte deja de funcionar a la una y ya solo faltaban diez minutos; eché a correr, pues caminando de manera normal se hacen aproximadamente 20 minutos; llevaba un buen trecho cuando decidí recargarme en un árbol a quitarme las zapatillas, pues eran un estorbo al correr en partes que contenían pasto y además hacían mucho ruido, aunque eso era lo que menos me importaba.

Estaba a punto de salir corriendo de nuevo cuando sentí que un brazo me rodeaba y me tomaba por la cintura, mientras otro me tapaba la boca; alguien me levantó y me llevó hacia una parte más oscura donde había varios arbustos; me retorcía pensando en que no llegaría al metro, pero luego esa preocupación dejó el paso a una más importante: ¿Quién me jalaba a esas horas de la noche en un campus universitario que se suponía estaría desierto?

Las cosas sucedieron muy rápido, sentí que me tiraban en el pasto boca abajo; grité, pero una voz me ordenó callar y me dijo que nadie me escucharía; enseguida sentí como me arrancaban la ropa; noté que eran varios, pues varias voces decían cosas como: Vamos ya, apúrate encuérala de una vez; o: ándale, esta vieja ha de ser puta, no trae calzones ni brasiere.

En unos cuantos segundos yo estaba desnuda boca abajo; alguien me sostenía la cabeza todo el tiempo para que no pudiera voltear a verlos y al mismo tiempo, mi boca estaba contra el pasto, lo que me impedía gritar; me pusieron una venda en los ojos y me voltearon boca arriba; alguien dijo: Hey puta si lo que buscabas era hombre, ya nos encontraste, prepárate para la mejor experiencia de tu vida. En ese momento estuve convencida de que me iban a violar; pero, sorprendentemente para mi misma, no me preocupé ni sentí miedo, por el contrario, noté como mi vagina se humedecía de nuevo, pero para guardar las apariencias empecé a suplicar: No, déjenme por favor, no lo hagan, se los suplico.

Mientras uno de ellos me sostenía los brazos por encima de la cabeza, otro me abrió las piernas y se colocó entre ellas; sin ninguna consideración me penetró hasta el fondo de un solo empujón; su pene entró con facilidad en mi lubricada vagina; me mordí los labios para no gemir, pero el placer que sentía era muy grande, así como el miembro del tipo que me lo hacía, pues sentía que me llenaba por completo.

El hombre se movía adentro y afuera con fuerza, cogiéndome de una manera que me hizo estremecer; escuché voces que le decían que me volteara; primero no entendía, pero cuando él hizo un movimiento que hizo que yo quedara encima, entendí y más entendí cuando sentí que otro de ellos se colocaba en posición y me abría las nalgas para penetrarme por el ano; allí si me dio miedo, pues nunca me lo habían hecho por allí porque yo no lo había permitido, me parecía aberrante y ahora supliqué de verdad: No, por allí no, no sean malos, por favor… Pero más tardé en abrir la boca que en sentir que un pene entraba en ella y otro casi al mismo tiempo me penetraba por el ano; conforme su miembro entraba en mí, sentí como si me partiera en dos; sentía un gran dolor, que en parte se aliviaba por el placer que me brindaba el que me penetraba por adelante.

Los tres hombres se movían dentro de mí gozando mis agujeros y poco a poco el dolor de atrás se convirtió en placer, por lo que me abandoné a lo que me hacían; el que estaba detrás me sostenía los brazos, aunque podría haberlo dejado de hacer y yo no hubiera presentado resistencia; es más, hasta el pene que mamaba me parecía delicioso; uno a uno fueron terminando dentro de mí; primero el que estaba atrás, luego el que me hacía chupársela y por último el que me cogía por delante.

Cuando me soltaron, me dijeron que esperara un rato para quitarme la venda y luego me fuera si no quería otra cogida. Después escuché como se alejaban corriendo.

Esperé unos instantes y me quité la venda, me levanté, me vestí y medio me arreglé; vi la hora: La una y media; ya estaría cerrado el metro; comencé a caminar hacia allá automáticamente mientras pensaba como haría para llegar a mi casa, lo que me dirían cuando llegara y en lo que me había sucedido esa noche.

Esta historia aun continúa, si te interesa, lee la cuarta parte.


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Author: manuel

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