Examen Oral. Cuarta parte

Ultima parte de una aventura de una sola noche extremadamente intensa.Llegué a las afueras de la terminal del metro y efectivamente estaba cerrado, había un puesto de tacos con varios hombres comiendo, unos metros más atrás estaban estacionados unos taxis y pensé que si tuviera mi dinero me iría en uno, pero estaba sin un quinto gracias al maldito profe correlón.

Tanto los hombres que comían como el taquero se me quedaban viendo como tratando de adivinar que hacía una chica allí a esas horas vestida con minifalda y blusa pegada; me preocupó que me confundieran con una prostituta y por eso analicé como les diría que alguien me llevara y le pagaría en mi casa, pero no quería que sonara como una insinuación, afortunadamente, fueron ellos los que me ofrecieron el servicio. Me dijeron que si quería un taxi y yo me acerqué un poco, les dije que no tenía dinero y que no había alcanzado el metro, les conté que el profe me había dejado salir al último por el examen y les inventé que me habían asaltado y me habían quitado la bolsa (no les iba a decir que lo había hecho con el profe en su auto ni lo que había sucedido con los otros hombres, ¿verdad?).

Uno de ellos dijo que yo había tenido suerte de que no me hubieran violado y vi una especie de sonrisa burlona en ellos; al parecer adivinaban parte de lo que me había sucedido, tal vez porque mi ropa estaba muy arrugada o porque mi cabello estaba hecho un desastre; pero preferí dejar así las cosas.

Uno de los taxistas me dijo que me llevaba a mi casa y que le pagara cuando llegáramos; le pregunté cuanto sería y me dijo que nos arreglaríamos en el camino; como era el más joven de todos y se veía buena onda, acepté, no sin antes agradecerle por su gentileza.

Me subí a la parte trasera del taxi; él habló un poco con sus amigos y luego se subió a conducir; arrancamos y empezamos a platicar, el me pidió que le dijera a detalle lo que me había pasado y yo le dije que había salido tarde del examen y que al ir hacia el metro me habían asaltado y quitado todo; el me preguntaba acerca del tiempo, porque en realidad eran muchas horas desde que terminaban las clases hasta la hora que yo había salido del campus; me enredé y me di cuenta que él no me creía; por lo que cambié el tema de conversación; pero al recordar lo que había vivido esa noche, me empecé a sentir mojada. Disimulé para que el taxista no se diera cuenta.

Casi no había tráfico y avanzábamos rápido; unos 20 minutos después, ya cerca de mi casa, él se desvió y le dije que se había equivocado; se disculpó y me dijo que de inmediato regresaría a donde veníamos; le pregunté si quería que lo guiara, pero dijo que conocía muy bien el rumbo; luego dio otra vuelta y entramos a una calle oscura; me convencí de que se había perdido, pero decidí no decirle nada para no molestarlo; pero de repente llegamos hasta una pared, estábamos en un callejón sin salida. í?l se detuvo y apagó el auto; me puse un poco nerviosa y decidí mejor bajarme del auto porque no me estaba gustando el giro que tomaba la situación; pero no pude abrir la puerta; creo tenía seguro por fuera o algo así.

El taxista de un salto se pasó para atrás y le pregunté que hacía; me dijo que era hora de que le pagara la dejada; todavía inocentemente le dije que el dinero estaba en mi casa, que se lo daría cuando llegáramos allá y fue cuando noté su mirada morbosa sobre mí; el me arrinconó mientras me decía que sabía que yo era una puta y que no lo iba a engañar con mi historia; que seguramente me había quedado a trabajar por allí y que ahora le pagaría con cuerpo. Le dije que estaba equivocado y que no haría nada con él; pero él me dijo que no me resistiera o sería peor mientras jalaba mi blusa; traté de resistirme, pero él ya estaba encima de mí, me había obligado a acostarme en el sillón del auto; fácilmente bajó mi falda y desabrochó mi blusa; me dijo: ah, puta si ya hasta estás preparada, ni calzones traes. Iba a alegar algo, pero sentí como su pene comenzaba a entrar en mí y grité suplicándole que no lo hiciera, pero él ya estaba casi adentro de mi y no esperó más; comenzó a penetrarme lentamente hasta que llegó al fondo; sus manos sostenían las mías a los lados de mi cara y su boca besaba mis pezones con lascivia; cerré los ojos resignándome a lo que me pasaba y porque trataba de evitar la calentura que de nuevo se apoderaba de mi cuerpo.

El taxista me penetró totalmente y comenzó a entrar y salir con fuerza; yo luchaba contra dos sentimientos encontrados: uno que me decía que no podía permitir que me trataran de esa manera, pues estaba siendo violada por aquel hombre y otro que me decía que disfrutara del momento, pues el joven taxista me había gustado desde el principio; era algo así como la mente contra el cuerpo.

El seguía entrando en mí cuando escuché un ruido como de motor; abrí los ojos y vi que algo iluminaba por fuera el taxi. Pensé que tal vez alguien nos había visto y me rescataría. La puerta que daba a mi cabeza se abrió y alguien dijo: Suéltala; el taxista me soltó las manos, pero no se salió de mi; la persona que había gritado me tomó de las muñecas y me las sostuvo por encima de la cabeza. Volteé a ver y vi que era otro de los taxistas que estaban en el sitio y no tenía ninguna intención de ayudarme, por el contrario, vi en sus ojos que miraba con morbo como su compañero abusaba de mí; iba a decir algo pero en ese momento la mano de mi violador se colocó en mi boca, impidiéndome hablar; él seguía con su vaivén mientras me decía que estaba muy buena y que le gusté desde el principio.

Afuera del auto se escuchaban más voces; por lo que alcancé a escuchar, me di cuenta que ellos se habían puesto de acuerdo y nos habían seguido para violarme todos; yo estaba disfrutando la cogida que el primero me daba, pero no me agradaba la idea de ser abusada de nuevo, esta vez por un grupo de taxistas gordos y feos.

El que estaba dentro de mí soltó un grito de placer y soltó sus chorros de semen dentro de mí, quise pedirle que se saliera, pero en ningún momento me destapó la boca.

El primero se salió y de inmediato entró otro; uno que de verdad estaba gordo; desde que lo vi por primera vez me causó asco y ahora que estaba a punto de violarme, me quise morir. í?l ya venía desnudo de la cintura para abajo y sin la menor contemplación metió su pene en mí con fuerza; un dolor punzante recorrió todo mi cuerpo al sentirme salvajemente ultrajada, ya mis ganas de sexo habían desaparecido. Al igual que el primero, me tapó la boca con una mano que olía a sucio, como a dinero o algo así.

Las manos me dolían porque el que me las sostenía me apretaba con fuerza, de repente se le ocurrió atármelas al descansabrazos de la portezuela del auto; dejándome igual de inmóvil; cerró la portezuela y se retiró; se escuchaba como reían y chocaban botellas; imagino que estaban tomando cerveza porque el aliento del gordo a eso olía. El tipo seguía entrando y saliendo de mí sin parar mientras me besaba el cuello y con su mano libre masajeaba y pellizcaba mis pezones. Un rato después, terminó también dentro de mí dejando caer todo su peso en mi frágil cuerpo.

Luego fue otro de los taxistas el que entró; de igual manera me penetró con fuerza sin darme tiempo a nada; de inmediato tapó mi boca también para que no se escucharan mis gritos; empezó a moverse dentro de mí y me decía toda clase de cosas obscenas al oído. La cuestión es que con lo que me decía empecé a calentarme y la penetración pasó de ser dolorosa a hacerme gozar completamente.

Ya no me resistí, lo que me hizo ese hombre me generó un gran placer, al grado de llegar a dos orgasmos mientras me penetraba; no sé si él se dio cuenta, yo creo que si porque me dijo que él sabía que yo gozaba con esto.

í?l terminó y se salió; continuó otro que me penetró de la misma manera, pero este no hablaba, solo gemía; pero yo estaba ya muy mojada y comencé a moverme al mismo ritmo que él; no dijo nada, solo continuó entrando y saliendo mientras me chupaba los senos y me tapaba la boca, aunque eso ya no era necesario, yo ya no hubiera gritado.

Tuve un orgasmo más y al igual que sus amigos, el hombre siguió hasta que terminó sin salirse de mí.

Luego fue otro el que entró y de igual manera me penetró y yo lo gocé, luego otro más y otro más; perdí la cuenta, uno tras otro los taxistas se turnaron para violarme y yo gocé todavía a varios de ellos; pero ya los últimos no me hicieron gozar porque mi vagina empezó a secarse y yo me sentía demasiado cansada.

Luego se detuvieron, los escuché afuera seguir bebiendo y riendo; no entendía lo que decían y esperé a ver si me soltaban. Unos momentos después, se abrió la puerta a donde me tenían atada y suspiré suponiendo que por fin me liberarían; uno de ellos me desató y sentí como me jalaban de los tobillos y me sacaron por el otro lado; rápidamente me jalaron la blusa, dejándome totalmente desnuda; les pregunté que hacían y ninguno me contestó; me empinaron en la parte de atrás del taxi con las piernas abiertas y sin darme tiempo a nada, uno de ellos me clavó su pene de nuevo; grité, pero otro de ellos me bajó la cabeza golpeándome con la cubierta del auto y mientras uno sostenía mis manos, otro me las ató atrás, impidiéndome defenderme.

El que me penetraba me agarró de la cadera y se empujaba contra mi, les pedía que me dejaran, pero mi boca solo chocaba contra el metal del auto, ya que una mano que me sostenía del cuello para que no me levantara.

De nuevo comenzaron a turnarse para penetrarme, los que esperaban arengaban a los que me iban penetrando. No recuerdo si fue el cuarto o el quinto de ellos que en lugar de penetrarme por la vagina me abrió las nalgas y comenzó a empujar su pene dentro de mi adolorido ano; le supliqué que no lo hiciera, pero de mi boca salían sonidos inteligibles y él no hizo caso; siguió empujando su duro miembro dentro de mi ano provocándome un tremendo dolor que me hizo llorar.

Una vez que logró la penetración, comenzó a moverse adentro y afuera mientras yo sentía que me partía por la mitad; intenté relajarme y disfrutarlo, pero me fue imposible; el dolor no me permitió gozar ni un segundo la penetración. Noté como mi ano sangraba profusamente por los desgarres del miembro que lo lastimaba.

Unos minutos después, él terminó; sentí como su leche entraba en mis entrañas. Se salió y siguió otro que hizo lo mismo; me penetró por el ano sin compasión y así los que siguieron me penetraron por mi adolorido y sangrante ano sin hacer caso de mis súplicas; ellos siguieron bebiendo y burlándose de mi mientras pasaban todos.

Mucho tiempo después me dejaron en paz; desnuda como estaba, me subieron al taxi en el que iba, aventaron mi ropa hacia adentro y me soltaron las manos; me ordenaron vestirme y se fueron todos menos el taxista que me había llevado ahí; el me apuró y me dijo que si yo decía algo de lo ocurrido, él y sus amigos dirían que yo los provoqué y que estaba vestida como prostituta y que incluso me habían pagado. Yo lo escuchaba en silencio llorando sin hacer ningún ruido.

Luego, él me llevó a mi casa, cuando me dejó eran las 4:42 de la mañana; entré sin hacer ruido, afortunadamente todos dormían y al parecer no notaron mi ausencia; me sentí tan sucia que me bañé y luego me dormí hasta el mediodía.

Aquí acaba mi historia, espero que se den cuenta de todos los riesgos que una puede correr y se tome conciencia de que una mujer ya no puede andar sola en la noche.

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