De como inicié a mi amada esposa en la práctica del bukkake

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23 January, 2020 9:00 am

BUKKAKE PARA CARMEN (Dinoseta)

Adoro a Carmen desde que la conocí en la calle, a sus treinta y un años. Carmen era en ese momento una mujer muy hermosa, de largos cabellos azabache y o­ndeados que le llegaban hasta la sus hombros. Su rostro era perfecto: de ojos color miel enormes, custodiados por unas pestañas larguísimas, con unos labios pequeños y carnosos y de nariz mediana.

El detalle que embellecía a Carmen era que su cuerpo estaba plagado de besos pues bastaba posar los labios y dejarle una marquita de ellos, lo cual le daba un aire infantil y hacía que tuviera un rostro aniñado.

Sus tetas siempre fueron enormes, con unos pezones que se notaban perfectamente por debajo de sus camisetas y t-shirts que usaba de manera ajustadísima. De estrecha cintura y culo redondo y bien formado, caminaba de la manera más sensual que jamás he visto.

Hasta el día de hoy, cinco años después, la he distinguido entre las bellezas de mi ciudad, casándome con ella y poder así cumplirle sus deseos de tener un marido que la comprenda.

Nunca me he cansado de chuparle su exquisito coño y de penetrarla hasta el cansancio, como también, el de tener el privilegio de verla follar con otros, tomada de mi mano al igual que otras que al ser madres, le piden a sus esposos estar acompañadas en el parto.

Es tan hermosa y delicada que me encanta mostrarla en otros niveles sociales, ya que su elegancia y estilo son por demás excelsos. Es más, considero que, me siento orgulloso de saber que es más hermosa que más de una mujer que se digna de serlo, sin siquiera saber lo elemental en cuanto al tema sexual, cosa que hoy nos convoca.

La historia que quiero relatar comienza cuando, un día Carmen estando en casa, un domingo lluvioso, nos pusimos a ver páginas de Internet, en donde un grupo de jovencitas orientales practicaban Bukkake, tomando vasos y copas llenos de semen y recibiendo en sus rostros decenas de eyaculaciones que las dejaban cubiertas de esperma.

Carmen (Dinoseta)se interesó en el asunto y hasta me preguntó de qué manera podríamos hacer lo mismo. Le dije que necesitaría de unos cuantos hombres que estuvieran dispuestos a eyacularle en su rostro y en todo el cuerpo o que eyacularan dentro de cualquier recipiente que acumulara la leche que largaran para que, luego se la bebiera.

Claro que al gusto del esperma Dinoseta lo conocía a la perfección. Jamás dejó de tragarse una buena acabada que terminara en su boca y no dejaba gota de semen en su rostro sin que su lengua la atrapara luego con los ademanes de una perfecta sibarita en la materia.

Días después, me pidió que le organizara una reunión donde pudiera juntar a varios hombres que la llenaran de semen como en los videos que habíamos visto.

Estaba dispuesta a hacerlo y a que también la filmara, pues esto último es ya un detalle que venimos haciendo desde que nos conocimos de novios para así, rememorar todos los momentos que nos hicimos el amor, inclusive con o sin mi presencia, por si tal situación lo hubiera impedido y así revivirlos por siempre para nuestra felicidad como pareja.

Decidí ayudarla en el proyecto.

Mi primer medida fue encontrar un lugar donde pudieran permanecer varios hombres a la espera de su turno para eyacular sobre mi amada Dinoseta, pues en casa, hubiese sido todo un inconveniente por el lugar e invasión a nuestra propiedad privada ya que, el vecindario o alguno de los participantes del evento podrían traernos un problema a futuro en cuanto a la discreción en estas cosas�

Lo solucioné fácilmente cuando un amigo me prestó una quinta en las afueras de la ciudad. Luego comencé a juntar el grupo de hombres dispuestos a hacerlo. Le dije a cada uno de ellos que podría venir con uno o dos amigos de confianza, con lo cual aumentaría la cantidad de participantes. De esa manera llegué a juntar cincuenta y tres hombres dispuestos a regar de leche a Carmen.

El día acordado fue un día sábado a la mañana temprano.

Cuando llegó el momento de que conocieran a Carmen les comenté recién ahí, que se trataba de mi mujer.

Recibí un par de enhorabuenas pero ni bien la vieron vestida con una malla color negra y unos zapatos de tacos dorados altísimos, todos posaron sus ojos en ella.

En verdad Carmen estaba espléndida. Su cabello suelto y su maquillaje le proporcionaban un rostro muy bello. La malla negra ajustaba sus enormes tetas cubriéndole apenas sus pezones, ajustándole los mismos de manera perfecta.

Luego de las presentaciones protocolares, felicitándola por nuestro matrimonio, comenzaron a formarse grupos de a cinco hombres que ingresaban a la habitación donde estaba mi deliciosa Dinoseta esperándolos.

Todos la rodeaban mientras ella observaba maravillada cómo iban apareciendo cinco pijas ante su rostro. Los hombres comenzaron a masturbarse mientras le tocaban sus tetas o la tomaban de sus cabellos ensortijados de gaditana lujuriosa, pasándole las vergas erectas por su rostro o cuello haciéndole sentir sus tersuras grosores, temperaturas y larguras en los mismos.

Ella los dejaba hacer � aunque siempre teniendo el detalle de mirarme antes de reojo. Aseverando con mis gestos, que la animaban a continuar y cuan feliz ella me hacía al verla en acción e inclusive se metía una o dos pijas en su boca. Estaba como enloquecida diciéndoles cuanto se le cruzaba por la mente: – ¡Dénmelas todas!, – ¡Quiero ver la leche ya mismo!, -¡Hasta la garganta si os fuera posible�! Etc. Etc.

De repente uno de los cinco de la primera tanda, la tomó por la cintura y la puso boca abajo, con su redondo culo bien para arriba. Los demás protestaron porque entonces Carmen dejaba de chupárselas. Inclusive ella pidió seguir con esa actividad, pero éste joven era fuerte y tenía decididas ganas de penetrarla.

Se puso un preservativo en su enorme miembro y luego de lubricarla le introdujo su pija hasta los testículos. Mi amada esposa gritaba más que de dolor de puro placer, lo que sirvió para calentar a los otros cuatro que entonces se pusieron delante de ella metiéndole todas las pijas en la boca o pasándoselas por el rostro.

Carmen aullaba de gozo, coño rebozaba flujos, lo cuales se vislumbraban destellantes entre sus piernas y entonces no aguanté más y dejando la filmadora me metí entre ella y el joven penetrador y comencé a chupárselos.

A los demás no le importó en lo más mínimo. El grandote que la estaba penetrando por el culo sacó su pija y anunció que iba a acabar. La puso a Dinoseta acostada boca arriba y entonces largó tres chorros de esperma sobre su cara y luego se la introdujo a fondo en su boca�Tanto que, mi esposa no pudo obviar algunas arcadas ya que le era imposible contenerla aunque, luego se calmó pues, volvió por suerte a acabarle dentro ya que su garganta mostraba claros signos de estarle tragando toda la vaciada al grandote .

Tres más hicieron lo mismo y finalmente el otro restante y yo largamos nuestra leche sobre el inundado rostro de Carmen que mientras tanto se masturbaba recreando nuevos flujos, independientemente de los que yo me había tragado hacía instantes

.

Esa primera tanda fue increíble. Todas las eyaculaciones habían ido a parar directamente sobre su rostro salvo la del grandote que al haber eyaculado dos veces continuas, tuvo la licencia de que Carmen se tragara su segunda.

Mi mujer pasaba su lengua por sus labios y tragaba todo lo que podía, además juntaba esperma con sus dedos y se llevaba lo recogido a su boca. Era un espectáculo maravilloso. Los cinco hombres que la habían inundado de leche no paraban de hacer comentarios y de decirle a Carmen que se tragara hasta la última gota.

Ella así lo hizo mien
tras se masturbaba frenéticamente tomándose con su mano derecha uno de sus vibradores favoritos y con la izquierda juntando semen de su cara.

Uno de los cinco entonces se recostó junto a ella y comenzó a chuparle las tetas mientras aquel que la había penetrado, le tomaba su clítoris y se lo apretaba levemente para luego soltárselo y apretarlo nuevamente, cual si fueran pellizcos estimulantes para que sus flujos pudieran salir con ligereza y fluidez.

Dinoseta gritaba exageradamente, pero algo de real había en esa especie de dolor y goce al mismo tiempo. El joven gigante se divertía y se excitaba enormemente con su coño empapado en sus propios flujos. De repente la tomó por la cintura y cargándola hasta el baño la introdujo bajo la ducha donde él mismo la enjabonó sin que nadie pudiera acercarse.

Yo sabía que a Carmen le encantaba que la alzaran de ese modo y sus risas y por momentos grititos delataban tales emociones en su persona, pero fuera de la habitación quedaban más de cuarenta hombres preparados para destrozar a mi divina esposa.

Unos minutos después salió espléndida para los otros cinco hombres que ya habían entrado al dormitorio.

El gigantón, que se llamaba Peter, a partir de ese momento se quedó en la habitación hasta que el último de los hombres se fue de la quinta un par de días después.

í?l mismo se encargaba de bañarla y vestirla para cada tanda que ingresaba al dormitorio. Cosa que me alivianó mi trabajo en ello, pues yo tengo esa función, entre otras tantas, como marido que soy de ella.

Sin dudas que se habían atraído mutuamente y durante las jornadas que duró aquella experiencia, la penetró al menos ocho veces con su exagerada cabezona pija, eyaculándole en cada una de ellas directo dentro de su boca de maneras diferentes (cada disparo de diferentes ángulos, pero todos ellos certeros al centro de la misma).

La segunda tanda de hombres fue más agresiva que la primera, por lo que de entrada uno de ellos la tomó de los cabellos y besó salvajemente a mi mujer.

Peter se disgustó por esta actitud, pero estaba claro que nada podría hacer contra cuarenta hombres llenos de semen esperando a descargarlo en el rostro de Carmen.

A mi mujer no le gustó esta actitud agresiva y así me lo hizo saber, pero pronto fue atada de pies y manos por un experto sado masoquista que realizó un excelente trabajo.

Ella lloraba y pedía por favor que la soltaran a pesar que yo la contenía con mis besos y caricias, pero solo logró excitarnos más.

Las pijas que comenzó a tragarse eran bastante más grandes en ésta segunda tanda, tanto que, la del grandote pasó a ser una mas entre ellas y los hombres parecían estar muy excitados con la idea de tener a mi mujer, hermosa, indefensa y a su plena disposición.

De pronto todo se convirtió en un ir y venir de hombres que eyaculaban sobre Dinoseta en cualquier parte del cuerpo que tuviera sin cubrir de semen. Mientras tanto ella gritaba e imploraba para que la desataran. Sin embargo era en vano, cada uno que entraba olvidaba cualquier norma de romanticismo y de piedad y le hacía lo que se le ocurría. Ya nadie se cuidaba con preservativos y la leche que tragaba Carmen la volvía a largar por su boca con náuseas acompañadas de gemidos y grititos de dolor y placer.

En el fondo yo sabía que mi esposa estaba feliz por todo lo que le estaba ocurriendo.

No solamente yo era quien le chupaba el coño como para mantenerle su ánimo, mientras varios de los festejantes se arrodillaban frente a ella y le metían su exhausta verga en la boca.

Otros no podían sumirse tan solo a ello y a la vez, que le metían dedos en el culo que entraban y salían por su agujero más que dilatado.

A veces algunos de los hombres la daba vuelta y la penetraba mientras los otros no paraban de meterle las pijas erectas en su boca. Esa situación era hermosa de presenciar y a mí me excitaba sobremanera.

Peter y yo a veces le masajeábamos las tetas cuando podíamos meter nuestras manos entre tantas piernas peludas y tensas de los festejantes de mi amada esposa a punto de eyacular.

Luego llegaría el momento de bañar a Carmen y Peter volvía a llevarla de la cintura hacia el baño.

En la tercera ocasión que lo hizo lo acompañé y pude ver de qué manera la trataba. Parecía que tenía a una niña entre sus enormes brazos. Mi esposa entonces se largó a llorar tomando su rostro con sus manos y preguntándose a sí misma qué era lo que estaba haciendo.

Peter la calmaba y le decía que faltaba poco y que viera mi cara de embobado esposo enamorado.

Afuera la esperaban varios hombres que todavía no habían participado de la fiesta y otros que ya lo estaban por hacer hasta por tercera vez.

Uno de los que allí estaba entonces le metió cocaína por la nariz para que se reanimara y tomara fuerzas y seguir la diversión.

Tal actitud de modo inconsulta, me exaltó y casi suspendo todo lo hermoso que estaba sucediendo, pero luego me explicó que: sí

Bien, el componente llevaba una dosis de cocaína, estaba dentro de una normativa de una receta perteneciente a la práctica del bukakke, la cual es de origen milenario en la civilización asiática.

Fue entonces, que le pedí a éste amante (oriental por sus rasgos) un poco de esa cocaína y se la metí por el culo a mi amada para que le hiciera efecto de manera más directa.

Confieso que me calentó tremendamente abrirle bien el culo a Carmen y meterle con mis dedos y toda mi mano la que cerré como puño con una buena dosis de polvo hasta el fondo de sus intestinos.

Esa decisión dio grandes resultados, porque a los pocos minutos, estaba pidiendo nuevamente más semen para tragar mientras su orto, gracias a la cocaína, podía soportar con gozo total, todo lo que se nos ocurriera penetrar en él, obteniendo por respuesta, la gratitud de mi esposa que lo expresaba con infinitos orgasmos de su parte…

Hacia la noche Carmen estaba plena por fin. Ya no había baño ni droga que le diera ánimo. Entonces todos tomamos un descanso y con mi amada esposa acostada sobre la cama, atada al respaldo con unos pañuelos rojos, comenzamos a masturbarnos y a largar el semen en un copón de cristal que, en poco tiempo se llenó hasta el borde, casi por rebasar.

Luego de que Dinoseta descansara y durmiera unas dos horas, totalmente agotada entre mis brazos y mis caricias pero aun hermosamente bella, se levantó de la cama rubo al salón vestidor que disponemos y se vistió como una colegiala para sorprendernos gratamente.

Se hizo un par de trenzas que ató con unos lazos azules, se puso unas medias rojas hasta las rodillas y se calzó unos zapatos de estudiante que le quedaban perfectos. Una falda muy cortita y una camisa con una corbata color roja anudada a la mitad de su pecho, completaban su vestuario.

Nuevamente Carmen no hacía otra cosa que excitar aun más a todos los sementales que allí estábamos. Uno de ellos entonces la obligó a arrodillarse frente a una bandeja que tenía dos rayas largas de cocaína ( la de la receta magistral adecuada para estos acontecimientos de origen milenario) para que las aspirara.

La imagen era celestial. Mi amada esposa transformada en colegiala aspirando el polvo y con el rostro lleno de lágrimillas por efecto del mismo polvillo, con un copón de esperma derramándose de entre sus frágiles dedos que esperaba pacientemente a ser bebido por ella hasta la última gota.

Aún con su naricita empolvada que nos recordaba a Hedy, según los comentarios de muchos de los festejantes convocados para ésta fiesta en honor a mi bella esposa, fue tomada de las trenzas por uno de ellos (actitud que yo sabía que le enc
anta a mi mujer) “obligada” (tan solo para seguir el rito no en la realidad, se comprende) a tomar del recipiente.

Carmen bebía lentamente, deteniéndose de a ratos para tomar respiro y así lograr entremezclarlo con lo que ya tenía en su estómago, que era bastante.

Todos la observábamos maravillados del espectáculo. El nivel del semen descendía lentamente hasta que de repente la tomé por las trenzas y le dije con voz de mando de esposo enamorado, que no se hiciera la niña inocente, agregando expresiones como:

– ¡Pedazo de puta reventada y que sin mosquear, se tomara todo de una buena vez o/y que ni se le ocurriera dejar una gota porque entonces nunca más repetiría experiencia semejante.

Carmen como colegiala, no apartándose así de su genial actuación como tal, gritó cuando le tiré del cabello y se llevó el copón a la boca tomando tres grandes tragos que lo dejaron vacío.

Se pasaba la lengua por los labios y se chupaba los dedos de una manera que calentaba hasta el último de los que allí estábamos mirándola pues inclusive, se dirigió al mismo copón al cual lo relamió hasta dejarlo prácticamente para volverlo a la vitrina sin lavar…

Era claro que todo aquello le encantaba y que lo disfrutaba como la terrible y tremenda puta en que se venía transformando a mi lado día día.

Luego de más de un día y medio de sometimiento (una manera de decir, ya que forma parte del rito tal conducta en ella), Carmen quedó casi inconsciente cuando Peter la llevó al baño para lavarle el semen que tenía pegoteado desde hacía un par de horas, evidenciando con ello que, de haber estado en sus cabales, no lo hubiera permitido y habría hecho algo como para quitárselo y poder así luego, saborearlo�

Realmente ya no estaba en condiciones de seguir, por lo que muchos de los sementales comenzaron a irse, quedando en contacto para próximas fiestas, pues mi mujer los había dejado extasiados en verdad. No hubo ninguno que no tuviera un, aparte para conmigo, para felicitarnos por la hermosa pareja que somos con Carmen.

Y la verdad era que mi proposición de llevar a mi esposa para la ocasión había caído muy bien, los había entusiasmado más que si hubiese sido simplemente una mujerzuela, pues el rito marca que quien debe recibir tal bendición debe de cumplir ciertas normas de pureza y recato.

Muchos de los que habían asistido a esta sesión de bukkake, nunca habían tenido la experiencia de chuparle del modo en que lo hicieron con mi esposa, un coño o de meter el brazo entero en un orto como ésta vez y otros que lo habían experimentado por primera vez, me confesaron que les había encantado y fascinados de verdad.

Carmen estaba muy cansada. Necesitó dormir unas cinco horas antes de poder despertarla y una vez que lo hizo, hubo que meterle cocaína por la nariz y el culo para que continuara con los siete u ocho que habíamos quedado.

Por otra parte nosotros mismos ya estábamos un poco agotados y sabíamos que la fiesta estaba llegando a su fin.

Mi adorable esposa tomó fuerzas y se puso de pie con orgullo juvenil, diciéndonos que si todavía teníamos leche ya era hora de que la fuéramos soltando en su rostro.

Se arrodilló frente a nosotros y comenzó a chupar salvajemente cuanta pija se le cruzó por sus labios. Lo hacía de una manera agresiva, gimiendo desesperada mientras ella misma tomaba su coño frenéticamente y se masturbaba a más no poder.

Los chorros de semen comenzaron a saltarle sobre el rostro; abría enormemente su boca y dejaba que el semen le llegara bien profundo a su garganta. ¡Estaba muy drogada y excitada! Era un espectáculo verla de semejante manera.

Después que cada uno eyaculara sobre su rostro, Carmen quedó como si le hubieran colocado una máscara de cera para tomarle un molde de su rostro. Mi amada entonces comenzó a llevarse el semen con sus dedos a la boca y se lo tragó absolutamente todo.

La fiesta había llegado a su fin. Peter la lavó por última vez luego de que se retiraran los últimos que habían aguantado hasta el final de la fiesta.

Cuando quedamos solos los tres en la quinta, Carmen se sentó frente a nosotros y se largó a llorar desconsoladamente. No la podíamos detener por más esfuerzo que hicimos.

Nos decía que se sentía agradecida por todo lo que se había dejado hacer, por los tributos a las que se sometió y el placer físico que le había causado tanta voluntad de nuestra parte por hacerla feliz.

Ella imaginaba otra cosa cuando lo estábamos planeado pues, tal vez por educación, éstas prácticas se le habrían mostrado como abominables, reconociendo lo sabio de aquella frase de origen, también oriental “No se ama lo que no se conoce”

Peter la consolaba abrazándola con sus enormes brazos y yo lo dejaba hacer puesto que su físico estaba más acorde que el mío para hacerla sentir pequeña, frágil, y super niña.

Antes de subirnos al automóvil, mientras guardaba algunas cosas que habíamos llevado hasta la quinta, alcancé a ver a mi deliciosa esposa a través de la ventana en la cocina y sin que ella lo percatara, le vi tomar con sus manos uno de los copones que utilizamos para realizar bukakke, meter sus dedos hasta el fondo y sacar unas últimas gotas de semen que habían quedado allí depositadas.

Luego cerró sus ojos y se metió los dedos en su boca chupándoselos con una pasión que me hizo pensar que Carmen era, efectivamente, ¡La más adorable puta más puta, hermosa e insaciable que jamás conocería en toda mi vida!

educal07@hotmail.com

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