En un bar


Esto sucedió hace poco más de un año…

En aquél entonces yo tocaba la guitarra en un bar los fines de semana. Era un viernes de tantos, ir a la universidad, al trabajo, y en la noche al bar, pero aquella noche sucedió algo diferente.
Llegué un poco tarde al bar debido a que tuve una carga grande de
trabajo, pero no había problema, ya que apenas estaba tocando el primero de 3 grupos que actuaban, y nosotros éramos los últimos.

Cuando llegué entré por la puerta principal y comencé a saludar a la
gente que conocía, entonces uno de los meseros me dijo – ¿ya viste a las viejas que están en aquella mesa?-, yo volteé y pude ver a 4 muchachas sentadas frente al escenario, y que se veían bastante bien, a juzgar por su apariencia de clase social media alta. No dejaba de mirarlas cuando una de ellas volteó a verme, y por consiguiente las demás, a lo que respondí desviando la mirada. Pero la primera que había volteado me gustó bastante: medía mas o menos 1.65 m, cabello castaño lacio que le llegaba a media espalda, tez blanca, ojos grandes color miel, sus rasgos eran afinados y su boca mediana de labios algo carnosos, además que tenía un cuerpo de lujo; llevaba puesto un vestido color rojo carmín, entallado que la hacía verse como un ángel. La verdad es que sus amigas también se veían muy bien, pero ella fue la que me gustó desde el principio.

Decidí sentarme en la barra, de modo que pudiéramos vernos. Entonces un amigo se sentó y empezamos a charlar sobre política mientras tomábamos cerveza. Al cabo de varios minutos después de tanto mirarla pude captar su atención, y comenzó el juego de las miradas, ella se pasaba el cabello por detrás de su oreja, se reía fuerte, etc., y yo hacía cosas por el estilo; así que ya había logrado gustarle.


Así estuvimos como una hora (ya que por mi timidez no me le acercaba), entonces me avisaron que ya era hora de irme a afinar. Me levanté y me fui al fondo de bar (donde hay un cuarto para que los grupos se preparen antes de salir a tocar).

Afiné rápidamente mi guitarra y volví a salir para verla, ya que no
dejaba de pensar en ella, y vi que aún estaban ahí sentadas, me volví a sentar en la barra. De vez en cuando se acercaban varios tipos a
invitarles una copa o cosas por el estilo, pero al parecer solo querían
estar solas.

Calculé que ya era hora de ir con mi grupo para tocar, me levanté de
nuevo, pero decidí hacer una escala en el baño (ya que la cerveza había hecho su efecto), mi sorpresa al salir fue que ella entraba al baño de mujeres (que estaba junto al de hombres), al verme se acercó a preguntarme si todavía iba a tocar otro grupo, a lo que yo respondí, -sí, pero son muy malos- me dio las gracias y se metió al baño.

Me junté con mis compañeros y subimos al escenario (ella aún no
regresaba del baño), y comenzamos a tocar (rock, blues, jazz, etc.), no me di cuenta cuando ella regresó, de repente volteé y ella me miraba, al darse cuenta de que volteé a verla ella sonrió moviendo la cabeza en un gesto de agrado y reproche por lo que le había dicho, y yo también sonreí.

Mientras tocábamos seguía el juego de miradas y gestos. Tocamos como una hora cuando llegó el tiempo de un descanso, entonces decidí acercarme a su mesa (esperando que me mandara a freír espárragos, debido a lo que le había pasado a los tipos que lo habían intentado), pero cuando apenas me acercaba me miró y me dijo – ¡Qué malo eres!, Me dijiste que eran muy malos tocando -, y luego me invito a sentar junto a ella.
– Es que si somos muy malos – le dije mientras me sentaba
– Bueno, un poco – se reía
– ¿No vienes muy seguido, verdad? –
– No, yo soy de Guadalajara (Jalisco México), venimos de vacaciones a conocer la capital-
– ¿Y ya la conocieron?-
– Mas o menos, pero ya mañana en la noche nos vamos –
– ¡Que lástima!, ¿Y a todo esto?, ¿cómo te llamas? – indagué
– Angélica, ¿y tú?-
– H –

Así estuvimos platicando e investigue que tenía 19 años, que estudiaba Ingeniería, que era de familia acomodada, etc., entonces llegó la hora de ir a tocar de nuevo y le pregunté -¿En que se van a ir a su hotel?-
– En taxi- contestó
– No te vallas a ir antes de que termine de tocar por favor-
– OK, solo por que tu me lo pides-
– Otra cosa- le dije
– ¿Qué?-
– ¡Me encantas!- le dije y se quedo callada.

Volvimos a tocar durante un buen rato, antes de terminar les dije a mis compañeros de grupo – Un favor, vamos a tocar la de «Angie» (de los Rolling Stones)- y aceptaron.

Al terminar me urgía otra vez ir al baño, así que fui corriendo pero al regresar ya no había nadie en su mesa, por un momento me puse triste, cuando sentí su mano en mi hombro y me dice –

Tocaron bien, no son tan malos-

– Creí que ya te habías ido – le dije
– No, lo que pasó es que mis amigas decidieron irse ya, y las acompañé a tomar su taxi-
– ¡Ah que bueno que no te fuiste!, ¿Quieres tomar algo? –
– Mmhh, tequila esta bien – respondió

Nos fuimos a sentar a una mesa de arriba y empezamos a platicar, de varios temas. Mientras conversábamos seguimos con el juego de gestos y miradas, pero ella cada vez los hacía más sensuales, como pasarse la lengua por los labios en forma disimulada, o limpiarse el sudor en el pecho con una servilleta. Yo estaba súper prendido, pero no me atrevía a sugerir nada.

Así estuvimos como hasta las 4:00 a.m., hasta que ella dijo -Ya me
tengo que ir-
– Te llevo, no esta por demás – le dije
– OK, me agrada la idea –

La verdad me daba pena que viera mi coche por que era un carro viejo, pero quería intentar algo, ya que era mi última oportunidad, así que la llevé a su hotel; en el camino prácticamente no hablamos. Al llegar a su hotel le dije
-Bueno, pues creo que es todo-
– ¿Ni siquiera me vas a dar tu teléfono?- preguntó
– Si claro- le dije y apunté en una tarjeta del trabajo
– Aquí están el del trabajo y el de mi casa, aunque es difícil que me encuentres en casa. Cuándo vuelvas a venir me llamas, ¿OK?-

Me miró por un instante me dijo – ¡Por Dios, no puedo creer que te quedes así!, ya estuvo suave- me dijo y se me abalanzó a besarme, a lo cual por supuesto correspondí.
Por fin probaba esos lindos labios que había deseado besar durante las ultimas 4 horas; Se sentía muy bien, nuestras lenguas jugueteando, mordisqueando sus labios, mientras acariciaba su cara tan perfecta, pasando mi mano por su cabello. Fue entonces cuando metí mi lengua entre la encía y el labio superior y sentí como le excitó, y decidí ir por más.

Comencé a besarle el cuello, poco a poco, mordisqueándolo, pasando mi lengua por detrás de su oreja, y después introduciéndola en esta,
acariciaba su nuca, su cabello y fui bajando mi mano poco a poco,
tocando su cuello, hasta llegar a sus senos, a los cuales comencé a acariciar, lentamente, mientras la besaba en la boca y sentía como se excitaba. De repente ella dijo – ¿Me haces el amor?-

– Si linda, por supuesto – respondí
– Pues vamos a mi habitación – dijo ella

Entramos al hotel abrazados, subimos en el elevador y empezamos a besarnos, hasta llegar a nuestro piso.

– ¿No hay alguien más? – pregunté
– No, no hay nadie, pero ¿tienes protección? –
– Tengo un condón-
– Pues yo tengo otro, así que hay que hacerlos durar- me dijo riendo
– OK – dije yo también riendo

Entramos a su cuarto y empezamos a besarnos, yo acariciaba su cabello, su cara, su cuello, sus senos, estábamos súper prendidos. Ella pasaba su mano por mi cabello, por mi pecho, y desabotonaba mi camisa. Aún estábamos de pie frente a la cama y empecé a acariciar su espalda, bajando mi mano pasándola por su cintura, bajándola hasta su cadera, acariciando sus hermosas nalgas, mientras le decía al oído – ¡Tienes un cuerpo precioso, me vuelves loco! -. Entonces ella optó por quitarme la camisa, y comenzar a besarme el pecho, mordisquear mis pezones, a lo que yo respondí subiendo su pierna, pegando nuestros cuerpos, acariciando su pierna, mientras besaba su cuello, ella sentía ya mi abultado pantalón rozar en su vagina, nos movíamos un poco, frotándonos en un vaivén muy delicioso. Yo no dejaba de decirle cosas como – ¡Eres tan hermosa, me encantas!- y ella respondía – ¡si, si, hazme el amor! –

Entonces comencé a bajar el cierre de su vestido, al bajar el cierre me coloqué detrás de ella y comencé besar su nuca, al mismo tiempo que acariciaba sus senos, subiendo mis manos por sus brazos llegué a sus hombros, jugueteaban mis manos con los tirantes de su vestido, mientras besaba su espalda algo descubierta. Fui bajando los tirantes de su vestido al mismo tiempo que aprovechaba para ir acariciando sus brazos, hasta que el vestido cayó a la alfombra.

Quería recorrer cada centímetro de su cuerpo, que se mostraba hermoso en lencería de encaje negro, volví a besar su nuca mientras con ambas manos tocaba sus nalgas.

Entonces ella se volteó hacía mi y me beso en la boca, así estuvimos
hasta que empezó a pasar su mano por el bulto que se formo en mi
pantalón, subiendo su mano hasta el cinturón, y comenzó a desabrocharme el pantalón, siguió así, y comenzó a bajarlo, mientras me besaba por encima del bóxer, bajando sus besos por mis piernas, al mismo tiempo que bajaba el pantalón. Me indicó que levantara un pie y me quito un zapato, sin dejar de besar mi pierna y me fue desprendiendo del pantalón, de igual manera sucedió con el otro pie; después me quito los calcetines.
Se incorporó y volvimos a besarnos ahora de una manera más
frenética. Yo pasaba mis manos por sus senos, los apretaba un poco
mientras ella acariciaba mis brazos. – ¡Estas riquísima. ! – Le decía al
oído -¡sí, sí papito, hazme tuya¡ – respondía entre jadeos.
En un movimiento lento fuimos recostándonos sobre la cama. Mis manos al igual que mi boca, exploraban cada centímetro de su cuerpo, besaba su ombligo mientras acariciaba su cintura. Seguí subiendo hasta incorporarme hasta su boca, la cual no me cansé de disfrutar, al mismo tiempo aprovechaba para acariciar sus senos, que aún estaban cubiertos con el corpiño de encaje. Decidí que ya era hora de quitárselo, a lo que tuve que incorporarla un poco, y pude disfrutar de esos hermosos senos, tan perfectos, ni muy grandes ni muy chicos, mostrando unos pezones erectos, a los que no dude en besar, pasar mi lengua, mis dedos, chupar, mordisquear; mientras tanto acariciaba sus piernas.

Estábamos muy excitados y jadeábamos de placer, así que fui bajando a besos por su cuerpo, sus senos, en medio de ellos, su estomago, su ombligo; comencé a besar por encima de su tanga, pero pensé que aún no era tiempo de saborear las mieles de aquella vagina. Entonces bajé acariciando sus piernas al mismo tiempo que las besaba, gozando de sus muslos hasta bajar a sus pies, a los
cuales les dediqué un buen tiempo. Cuando pasé mi lengua por la planta de uno de sus pies vi como se excitó bastante, entonces continué explorando con mi lengua sus pies, metiéndola entre sus dedos.

Chupándole sus dedos pasaba mi mano por su pantorrilla; a ambos pies les toco la misma sesión. Comencé a ascender por su cuerpo, volviendo a recorrer sus piernas, abriéndolas. Pase mi lengua por su entrepierna, acto seguido le soplaba aire en el lugar húmedo por donde pasaba mi lengua. Empecé a besar su ingle, que aún llevaba puesta aquella tanga de encaje negro, podía percibir el olor de su sexo, bastante húmedo, así que fui bajando su tanga, dejando al descubierto su vagina.

Yo aún con el bóxer puesto, apreciaba de la perfección de su cuerpo
desnudo, sus piernas bien torneadas, aquellas curvas que me volvían
loco, la firmeza de sus senos, completamente erectos. Así que me acerqué a disfrutar de su húmeda vagina, primero besándola, sintiendo su humedad en mis labios, pasé mi lengua por sus labios, lentamente, mientras ella acariciaba mi cabello. Tan solo rozaba con mi lengua su sexo, y comencé a meterla en el, lentamente; Apartando sus labios con mis dedos encontré su clítoris, al cual comencé a besar, explorarlo con mi lengua, rozándolo suavemente. Ella gemía a mas no poder – ¡ah, ah, así, así, no
pares, chúpamela así! De manera muy cuidadosa tome con mis labios su clítoris, jalándolo un poco, el placer era grandísimo para ambos, sentía como aumentaban sus latidos, cada vez gritaba mas, el orgasmo llegaría en cualquier momento. Fue entonces cuando con sus piernas envolvió mi cabeza, su cuerpo se arqueó, y liberó un grito de placer que cualquiera recordaría.

Sentía fluir por mi boca aquel dulce néctar, y al mismo tiempo no
paraba de darle placer, ella decía – ¡me gusta pero ya, por favor, ya!- Así que me estiré a donde estaba mi camisa y saqué el condón que cargaba, ella se repuso y me dijo – Deja que yo te lo ponga -.

Sin perder el tiempo me tendió en la cama, me quitó el bóxer y se
descubrió mi erección. Al ver mi pene totalmente erecto ella lo tomó con su mano y comenzó a masturbarme, lentamente, acercando su boca primero le dio un beso suave a la cabeza, sacó su lengua y comenzó a recorrer la cabeza, bajando hasta mis bolas, pasando su lengua por ellas, volviendo a subir recorriéndolo todo hasta llegar otra vez a la cabeza y comenzó a mamármelo de una manera…

Si yo le había hecho un buen placer oral ella lo estaba pagando con
creces.

Sacó el condón de su envoltura y me lo empezó a colocar, bajándolo,
hasta tenerlo completamente puesto. Entonces ella se colocó sobre mí, abriendo las piernas, apoyando una mano en mi pecho y sujetando mi pene con la otra para podérselo acomodar en la entrada de su hermosa vagina.

Sentándose poco a poco, sentía como entraba mi pene hasta llegar al tope, y colocando sus manos en mi pecho y yo las mías en su cintura, comenzó a cabalgar. Con un movimiento lento, ambos gozábamos a más no poder, viendo como brincaban sus senos, comencé a acariciarlos, apretarlos, pasando mis manos por su cintura, recorriéndolas por sus piernas, sentía estar en el paraíso.

El ritmo fue acelerando, ella comenzó a gemir – ¡Ah, ah, así, así, rico! Y yo no dejaba de decirle cosas como – ¡muévete así preciosa, que rica estás! –

Ella comenzó a decir – ¡Cógeme de perrito, cógeme de perrito!- Por lo cual decidí incorporarme para ponerla en cuatro, ella levantó sus nalgas dejándolas hacía arriba, una vista maravillosa en verdad.

Antes de empezar a penetrarla de nuevo no resistía la tentación de besar sus hermosas nalgas, pasando mi lengua por ellas, comencé a acariciarlas, y le introduje un dedo en su vagina, comencé a masturbarla en esa posición, con una mano le acariciaba el trasero y con la otra de daba placer. Me coloqué detrás de ella y presenté la cabeza de mi pene en su vagina, y la fui introduciendo poco a poco, otra vez hasta el tope, y ahora empecé a moverme rápido, viendo como chocaban sus nalgas en mis ingles, al mismo tiempo que acariciaba su espalda.

Me recosté un poco sobre ella y comencé a besar su espalda, sin dejar de mover mi pene dentro de ella, pasé mis manos por debajo y la sujete de sus tetas, así continuaba yo mientras ella seguía gimiendo – ¡Ah, ah, todo, métemelo así, que rico papito! –

La excitación estaba a más no poder. Al incorporarme ella pegó un
grito tremendo – ¡Ahhhh! – Y gritó -¡Así, así, ahí! (se refería a su punto G), por lo que seguí penetrándola solo introduciendo la mitad de mi pene, repegándolo hacia abajo, ella gemía mas fuerte, y yo le
gritaba, – ¡Mamita, que rico coges! –

Estaba tan excitado que no me di cuenta que me vendría ya, pero quería que ella lo hiciera primero, así que sujete mi pene desde atrás con fuerza, sin dejar de penetrarla, a modo de que no pudiera venirme, hasta que ella gritó – Â¡H, me vengo! – Fue entonces cuando solté mi pene y deje que mi semen corriera por el condón.

Nos tendimos cansados sobre la cama, y comenzamos a besarnos.

– Eres maravillosa Angélica- Dije yo
– Y tú, gracias, la verdad es que te viste muy bien-

Nos fuimos a bañar y ahí utilizamos el otro condón. Antes de dormir
hicimos un 69 ya que no teníamos condones.

Ella no se fue al día siguiente como lo había planeado, estuvo una
semana más, en la cual estuvimos prácticamente todo el tiempo juntos, gozando uno de la otra, y no les miento si les digo que en esa semana habremos hecho el amor como 50 veces. Estuvimos en contacto gracias al Internet, teniendo charlas eróticas y ella regresó un par de veces más.
La última la tengo muy grabada por diferentes razones, pero sobre todo por que habíamos decidido vivir juntos aquí en la Ciudad de México. En esa ocasión ella me comentó que le gustaría que escribiera nuestro relato en algún lugar. Ella y yo siempre gozamos del sexo en varias formas, lo hicimos en distintos lugares (elevador, el auto, un taxi, el cine, etc.). Siempre buscábamos cosas nuevas, a pesar de ser una pareja joven.

Lamentablemente ella murió hace un par de meses en un accidente.

Aún la extraño, francamente la amaba. Pero nada dura para siempre.

Adiós Angélica.

h_cni@hotmail.com

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