Sexo Oral en la oficina

Relato enviado originalmente por [email protected] el 4 de Octubre del 2001 a www.SexoServicio.com

Era un día nublado, ese día llegue temprano a trabajar, y estaba esperando a que ella pasara, pero permítanme hacerles un recuento, hacia algunos días que habíamos tenido un encuentro, todo esto comenzó cuando experimente una atracción por ella, me encantaba verla cuando llegaba vestida con un pantalón negro entallado que me enloquecía, el contorno de sus pompas se veían tan ricas que daban ganas de tocarlas. Con el pretexto de tocar su tela, le pedí que si me dejaba hacerlo, ella es muy seria en ese sentido, por lo que me dijo que lo podía hacer, pero tomando su pantalón lo estiro, para que no tocara su pierna, al tocar la tela sentí la irresistible tentación de recorrer mi mano y lo hice hacia su pierna, fue un toque breve, y a pesar de arriesgarme a hacerlo, ella no dijo nada. Así transcurrieron algunos días en los cuales cuando tenía posibilidades me acercaba, y como no queriendo, recorría con las puntas de mis dedos su pierna, buscaba cualquier pretexto para acercarme a su lugar, quería estar llamando por teléfono desde ahí para estar recorriendo con tan solo las puntas de mis dedos sus piernas, me sorprendía que no me dijera nada, y mucho menos hiciera alusión a la situación.

Con el pasar de los días empecé a posar mi mano completa sobre sus muslos, sin apretar, solo acariciando, pero un día me sorprendió, al estar pasando mi mano sobre su pierna, ella puso su mano sobre la mía apretándola, como transmitiéndome un mensaje “Agarra pero, agarra bien”, esto me excito mucho, pero no quería verme apresurado, debía tomar las cosas con calma, todo lo que llegue es a subir mi mano un poco antes de su entrepierna, escuchaba como su respiración subía de tono, les recuerdo que estaba en el trabajo y el riesgo era muy alto, fue algo muy excitante.

Por fin llego el día en que nos encontramos solos en la oficina, ya todos se habían ido, y espere el momento para besarla apasionadamente, y recorrer con mis manos su cuerpo, por fin pude deshacerme de la ansiedad de tocar su rico trasero, era tan firme y bien contorneado, subir mis manos por sus senos y apretarlos, todo en ella esta muy firme por causa de que lleva años asistiendo al gimnasio, su complexión es delgada, y resulta todo un deleite pasearse por su cuerpo, a pesar de que los ánimos estaban caldeados, al intentar tocar su vulva, ella con voz trémula me pidió que no lo hiciera, respetando su decisión me abstuve de hacerlo.

Una noche salimos juntos e indescriptiblemente hicimos el amor, teniendo un bello momento en el cual ambos gozamos el uno del otro, ella se decía sorprendida de si misma, nunca pensó hacer lo que estaba haciendo conmigo, su desinhibición con el pasar de los días fue mas notoria. Teníamos años de conocernos, y la confianza del uno para con el otro, nos daba las bases para abrirnos por completo sin reservas.

Un día con un breve comentario le sugerí la idea de rasurarse su linda vulva, sin embargo nunca me imagine siquiera que lo haría, y es aquí donde continua mi relato inicial, ya que esa mañana nublada, auguraba que algo pasaría, le vi pasar y haciéndole señas para que entrara a mi oficina, vino hacia mi, la disposición de mi oficina es un cubo rodeado por cristal, los espacios que no son visibles es en donde se encuentran muebles, y justo donde está mi escritorio, ella habitualmente llega poniéndose de frente en el escritorio, al lado derecho de mi silla, por lo que me da la posibilidad de meter mi mano debajo de su falda y acariciarla, sin que afuera se vea nada, bueno, pues en esta ocasión tomo su lugar, venia vestida con una minifalda gris sin medias, y la verdad es que agua se me hace la boca de contarte la imagen que tengo en la mente de ese día, acerque mi mano a ella comenzándole a tocar su rodilla para de ahí subirla a su muslo y bajarla a lo largo de las piernas, e!

s delicioso el calor que produce mi mano al roce de su piel, yo note que su respiración subía de tono, pero al estar en el trabajo y a la vista de los demás, provoca un efecto que inhibía su placer y aunque no se limita en cuanto a disfrutar, te imaginaras que no es lo mismo, esto sin contar con el ingrediente que le pone el riesgo en el que nos envolvemos, pero regresando al asunto, subí mi mano y roce su vulva, estaba muy húmeda, mis dedos al recorrer su pierna llevaban consigo la humedad de su vagina, pase mi mano por fuera de la rica tanga que llevaba ese día, y note que al recorrer externamente sus labios superiores se sentían muy expuestos, que sensación tan rica el manipular su vulva, y más aún por cuanto mi percepción de que se había rasurado por completo era una realidad, no sé si haz tocado una vulva por fuera de una tanga cuando esta humedecida, pero no sabes que rica sensación, es tener una erección a punto de desbordar. Ella empezó a reclinarse en los lapsos que!

el placer le llegaba a tope, y al no resistirlo más dijo – Mira mete tus dedos en mi tanga – para ese momento estaba muy excitado, ella por el frente subió su minifalda y ayudándome por un lado de su tanga, permitió que mis dedos se desplazaran a acariciar su suave y bien rasurada vulva, los labios exteriores los sentía dispuestos por la dilatación que percibía en mis dedos, sus labios se veían tan ricos que no me aguante las ganas y no obstante de que había gente del otro lado del cristal de la oficina, me agache para darle un lenguetazo, en ese clítoris que parecía explotar, no me imagino que se pudo ver visto desde afuera, o que hubieran imaginado viendo mi cabeza agachada de frente a ella, pero las ganas eran incontenibles, por lo que no me fue suficiente un lenguetazo y tuve que chupar más, esa rica vulva, al retirarme vi la cara de sorpresa de ella, nunca se espero mi reacción, pero la excitación muchas veces te lleva a hacer algo fuera de la razón, seguí manipulando!

con mi mano su vulva, su clítoris, y me acomode de tal manera que la penetre con mi dedo, estaba jugando con mi dedo dentro de ella, era muy rico, intercambie mis dedos dentro de su vagina, el índice lo tenía dentro y el dedo gordo frotaba su clítoris, ella dejaba escapar ocasionalmente gemidos de placer, y veía como cerraba sus ojos y apretaba mis dedos con sus músculos pubococigeos, ¡Que bien los tiene! Recuerda que ella va al gym, y pues es natural lo firme que esta en todo su cuerpo. Después de un rato de manipularla y ver que ella llegaba a un placentero orgasmo, retire mi mano, pero todavía quedaba algo que hacer, ella seguía muy húmeda, pero lo que anhelaba era seguir chupando su vagina, y por supuesto así se lo hice saber -¿Me dejas meter mi lengua en tu deliciosa vagina?- Ella con ojos picaros respondió – Â¡Claro!- Pero ahora el asunto era ¿Cómo lo hacemos? La mejor forma que se nos ocurrió fue que ella se sentara en mi silla casi en la orilla, se hiciera de lado su!

calzoncito y entonces, me agache enfrente de ella, y metí lo mas profundo que pude mi lengua, pasee mi lengua por su labios externos y todo aquello estaba tan húmedo al con juntarse mis saliva con su lubricante, subí de arriba abajo la punta de mi lengua sobre su clítoris, apretándolo contra ella para llenarla de placer, todo esto tuvo que ser por un breve tiempo pues el riesgo que corríamos era alto, ella se levanto, pero su tanga estaba de lado, por lo que tuve ágilmente que meter mi mano para acomodársela, que rico es hacer aún esa tarea ¿No te parece? En fin, esta experiencia son las que siempre se recuerdan por el alto grado de erotismo en el que se vive, y a pesar de que en aquel momento no le hice todo, hubo momento para desquitarme. Este evento aún es una muestra de que no necesariamente hubo penetración pero sí una satisfacción para ambos. ¿Qué rico no?

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