Mi Relato

Cogiendo en la oficina

Cogiendo en la oficina

Relato enviado originalmente por Lorena M.. el 22 de Junio del 2001 a www.SexoServicio.com

Terminados mis estudios secundarios, tuve la suerte de conocer que un estudio contable necesitaba de una empleada administrativa. Me presenté y tuve la suerte de ser admitida. Durante los primeros 6 meses aprendí mucho y trataba de ser una empleada administrativa eficiente.

El dueño del estudio es un Contador Publico muy bien preparado y contaba con muchos clientes que lo consultaban constantemente. Es una persona muy amable, muy formal en su trato y en su vestimenta. Alto y delgado, con cabello entrecano.

Desde el primer momento me agradó como persona. Con el tiempo llegó a agradarme de otra forma, como hombre. Yo tenía mis fantasías acerca de ello, pero eran simples fantasías que nunca esperaba se hagan realidad, mas aun sabiendo que era casado y siempre muy formal en su trato.

Una vez tuvo un nuevo cliente, era una empresa que comenzaba una quiebra y el fue designado para administrarla. Pero estaba en una ciudad distante a unos 150 Km. de nuestra ciudad. El primer paso era realizar un inventario de todo lo que había. Para ese trabajo tenía que trasladarse a esa ciudad y me dijo que necesitaba alguien que lo ayudara y si yo podría acompañarlo. Serían dos días aproximadamente e iríamos con su automóvil.

Contesté que no tenía problemas, y para mi fue una gran alegría el haber sido escogida para ayudarlo.

El día fijado me paso a buscar muy temprano a mi casa y cuando llegamos nos pusimos a trabajar inmediatamente. Fue una mañana de mucho trabajo. Al mediodía solo tomamos un refrigerio liviano y continuamos tomando notas, mientras el daba ordenes de como debían ordenarse todas las cosas.

Por fin, ya cuando oscurecía me dijo que iríamos al hotel donde yo me alojaría para continuar al día siguiente, pero que primero cenaríamos en el restaurante del hotel. Me dijo que después de la cena recién se ocuparía de la habitación porque ya estaba reservada. Esto no me agradó, porque hubiera preferido tomar un baño y cambiarme antes de cenar. Pero no objeté nada.

Cuando nos sentamos me dijo que eligiera lo que me gustaba e incluso hizo algunas sugerencias, mientras el pidió lo suyo.

Me preguntó si me gustaba el champagne. Y aunque pocas oportunidades lo probé, esta era una ocasión y le dije que si.

Durante la cena fue mucho mas conversador que de costumbre, estaba de muy buen ánimo. Me preguntó varias cosas de mi y tuvimos una agradable velada.

Una vez terminada la cena me dijo, te voy a acompañar a la habitación. Así lo hizo, pidió la llave, subimos al ascensor y abrió la puerta. Me dijo que pasara y entro tras mío. Cerró la puerta. La habitación era una suite con cama doble, con un placard, pequeña mesita como escritorio con dos sillas y la puerta al baño.

Yo esperaba que se despidiera, antes de comenzar a acomodar las pocas cosas que traía, pero después de una pausa me dijo que en realidad compartiríamos la habitación.

Me quedé helada. No entendía nada. Yo estaba parada cerca de una pared y me quedé como congelada sin hacer ni decir nada. Se acercó y me dijo que yo le gustaba y que esta era la única oportunidad que el encontraba para decírmelo.

Me temblaban las rodillas, porque no esperaba esto. Pero no podía hablar. Se acercó más, comenzó a acariciar mi cabello. No sé que mas me dijo. Yo comencé a recordar mis fantasías. El me gustaba. Pero no estaba preparada para que se haga realidad.

Como yo no reaccionaba, me abrazó y empezó a besar mi cabello, luego mi cuello. Creo que de pálida pase a sonrojarme. En realidad me gustaba que me tratara así.

Sus caricias eran cada vez más provocativas. Y me propuso que nos desvistiéramos y nos acostemos, prometiéndome no hacer nada que yo no quisiera.

Me quedé quieta, inmóvil. Entonces el comenzó a desvestirse y quedó en slip. Yo trataba de no mirarlo, o que no se de cuenta si lo miraba apenas de reojo. Como no me moví del lugar, me preguntó si le permitiría que me sacara el la ropa. Tampoco contesté. No sabía como actuar. Pero me gustaba la idea.

El esperó un poco, y con gran lentitud desabrocho mi pollera y corrió la cremallera y la dejó caer. Como era verano, tenía puesta una remera. Comenzó a levantarla, y casi sin fuerzas levanté mis brazos para que la sacara. Estaba entonces con mi tanga y corpiño. Y creo que colorada como un tomate.

Quiso besarme en la boca, pero suavemente moví mi cabeza a un lado. No sé porque. Me invitó a ir a la cama y no dí ni un paso. Con paciencia me tomo como a una criatura, me levanto y me depositó en la cama. Allí me saque los zapatos. Se acostó a mi lado y comenzó a acariciarme. Apenas pude decirle que por favor apagara la luz, sin animarme siquiera a tutearlo.

A esta altura yo no estaba en condiciones de negar nada, máxime que en realidad mis sueños que parecían totalmente irreales se estaban realizando. Durante sus caricias, a las que yo no respondía aunque lo deseaba, quedamos totalmente desnudos en la oscuridad.

Luego el separó mis piernas, y comenzó a acariciar mi vagina con su pene. Mi excitación era tal que deseaba que me penetrara, pero el se tomó todo el tiempo del mundo. Hasta que levantó mis piernas y comenzó a hacerlo lentamente.

Cuando se apoyó sobre mí, sentía mis pezones duros y mis pechos como hinchados. Mis mejillas ardían y tenía calor en todo el cuerpo. Cada vez mi excitación aumentaba más y mi deseo. Con mis piernas lo abrazaba y empujaba mi pubis hacia arriba para que todo su sexo entrara en el mío.

Sentía como mi vagina segregaba un flujo líquido y por fin tuve el orgasmo más fuerte de mi vida. Una serie de pequeñas contracciones desde la vagina recorrían todo mi vientre, y sentía como si me faltaba el aire. No pude contener unos gemidos mientras lo abracé fuerte para tenerlo mas cerca mío. Al momento, también el eyaculó. Me besó en la boca. Esta vez no me esquivé, sino que la entreabrí y el metió su lengua que yo acariciaba con la mía.

Quedamos un rato quietos en la misma posición.

Luego le dije que quería bajar mis piernas porque estaba cansada. El se puso a mi lado, y puso su brazo debajo de mi cabeza. Me quedé en esa forma, acariciando los largos y abundantes vellos de su pecho.

Luego le dije que tenía que lavarme y me propuso que nos bañemos juntos. Le dije que sí pero con la luz apagada.

Creo que conté lo principal, aunque no fue todo aquella noche. Pero esa experiencia no la voy a olvidar nunca, ni ninguno de los detalles.

Sé que el seguirá siendo solo mi jefe en su oficina. Que seguirá con su esposa. Que lo nuestro solo fue para el una aventura y para mi una experiencia.

Pero no me arrepiento.

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