Pedro


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Hola queridos lectores, les voy a contar un relato sobre la aventura que tuve con un amigo de mi esposo y de como vino a cambiar mi vida.

Mi nombre es Vanessa, tengo 36 años, piel morena clara, mido 1.68, me gusta hacer ejercicio por lo que me conservo en buen estado físico, tengo unas tetas 36-c redonditas y firmes, un abdomen plano y una cinturita pequeña, mis nalgas son bastante carnosas, duras y bien paraditas, mis piernas no se quedan atrás, debido al ejercicio todo está en su lugar y me encanta.

Soy casada desde hace 15 años con poncho, es 4 años mayor que yo, por lo que ya le empieza a pesar la edad, ha subido bastante de peso y se está quedando calvo, la verdad no me importa mucho eso, pues yo lo amo y lo acepto como es, lo que si no puedo aceptar es que ya no tengamos relaciones como antes y que ya no me toque, vamos, ni siquiera me dice si estoy guapa o algún otro piropo, cuando intentamos tener sexo, no podemos porque siempre tiene problemas con la erección y me siento muy frustrada porque pienso que no soy lo suficiente para él.

Siempre trato de vestirme muy sexy para tratar de excitarlo, pero mis intentos son en vano, me ignora y eso me pone muy triste, pues ya no era el hombre del que me había enamorado, aún así, nunca le había sido infiel, pues los valores que me inculcaron en mi casa me prohibían siquiera que yo volteara a ver a otro hombre que no fuera mi marido, hasta que un día conocí a Pedro.

Pedro era un compañero de trabajo de poncho, tenían dos años de conocerse, pero no había sabido de él hasta que un día, en la reunión anual de la empresa, poncho me lo presentó, Pedro es un tipo alto, moreno, con barba, tiene un cuerpo bastante atlético y unas manos enormes, además, tiene un tono de voz que cautiva cuando habla, es muy atento, desde que nos presentaron siempre veía que no me faltara nada, agua, comida, vino y detalles que a poncho ya se le habían olvidado, ese día yo me puse un vestido negro que me llegaba debajo de las rodillas, pero que me quedaba muy entallado pues era de spandex, me dibujaba una silueta bien formada, tenía un escote que apenas dejaba ver mis senos, pero se marcaban bien mis pezones cuando sentía un poco de frío, también se me marcaba perfectamente la tanguita que llevaba, a pesar de que era negra, el triangulito que se formaba se veía delicioso, como dije, siempre me ha gustado vestir sexy.

En el transcurso de la fiesta, Pedro le pidió permiso a poncho para que me dejara bailar con él, poncho accedió y nos pusimos a bailar, en cuanto estuvimos en la pista, Pedro me tomó por la cintura y pude sentir sus enormes manos como abarcaban mi cintura, puse mi mano en su hombro y se sentía duro, además olía riquísimo, en eso me dice, te ves muy guapa con ese vestido, siempre te vistes así, me sonrojé un poco y le dije, gracias, por lo regular trato de estar presentable pues no sabes lo que puedes encontrar y me reí, entonces me dijo, y que encontraste hoy, yo le respondí que todavía nada, nos reímos los dos y seguimos bailando, entre paso y paso me bajaba la mano como midiendo hasta donde yo lo dejaba, cuando empecé a sentir la punta de sus dedos que ya estaban rozando el triangulito de mi tanga, di un pequeño salto hacia atrás, él notó de inmediato mi reacción y subió su mano rápido, me pidió disculpas y me dijo que no iba a volver a suceder, terminó la canción y nos fuimos a sentar.

Toda la noche estuvimos sentados, ya no se atrevió a sacarme a bailar otra vez y obviamente yo no se lo iba a pedir, me hubiera visto muy mal si yo se lo pedía, cuando por fin terminó la fiesta, nos despedimos y poncho invitó a Pedro a que fuera a nuestra casa al otro día, pues era el cumpleaños de poncho e íbamos a celebrarlo con una reunión de amigos, Pedro aceptó y así quedamos, nos retiramos y al llegar a la casa poncho fue el primero en dormirse, pero yo me quedé pensando en lo que había pasado en ese baile, sería acaso un mal entendido o si se quiso propasar Pedro conmigo, estuve pensando hasta que me ganó el sueño.

Al otro día, traté de no pensar en lo sucedido y olvidarlo, a final de cuentas no había pasado a mayores, organicé todo para que la reunión fuera amena y no tener ningún problema, cuando terminé, me fui a bañar para estar lista y recibir a los invitados, como terminé algo tarde, pues estaba sola, comenzaron a llegar algunos de nuestros amigos, poncho me gritó para que me apurara y poder atenderlos, le contesté que en un momento bajaba, pero que les sirviera una botana en lo que comíamos, salí de bañarme, y me puse unos leggins casuales negros, una tanguita roja que se me metía muy rico entre mis nalgas, me gustaba como se sentía cuando me sentaba, mmmm, perdón estoy desvariando, me puse una blusa roja sin tirantes, sólo mis tetas la detenían de no caerse, me puse unas zapatillas rojas también de tacón alto que hacían que mis nalgas se levantaran pronunciadamente, como último toque me puse un collar que poncho me había regalado, me llegaba justo donde empezaban mis hermosas tetas.

Cuando bajé al patio, pude notar que ya estaban la mayoría de nuestros amigos, incluyendo Pedro, que me miraba como si se le fueran a salir los ojos, los otros amigos me saludaban muy normal, pues siempre me he vestido de esta forma en todas las ocasiones, pero Pedro no estaba acostumbrado y se le caía la baba, fue el turno de saludarnos y le dije, hola como estás Pedro, que bueno que pudiste venir, me contestó que estaba encantado por la invitación y que además no podía perderse ver a una mujer tan guapa como yo, hizo que me sonrojara y le agradecí por su comentario y me dispuse a saludar a los demás invitados.

Todo transcurrió normal en la reunión, como la comida eran tacos, cada quién se servía lo que deseaba, en un turno, Pedro y yo coincidimos, me dijo que pasara primero yo, como todo un caballero, como el espacio era algo reducido, quedábamos muy pegados en la fila, en un acomodo para que pasaran los invitados, me hice para atrás quedando mis nalgas pegadas al cuerpo de Pedro, pude sentir algo que se movía entre mis nalgas, volteé pensando que era la mano de Pedro, pero cual fue mi sorpresa que sus manos estaban en el plato donde se iba a servir sus tacos, me pregunté que sería eso que se movía, como pude me separé, miré de reojo y vi cómo se le marcaba un enorme bulto debajo del pantalón, no daba crédito al tamaño de su cosa, me puse muy nerviosa pues Pedro notó que le estaba viendo su paquete, rápido me serví mis tacos y me fui a sentar, no puedo negar que me hizo sudar frío esa situación.

Toda la tarde Pedro se dedicó a observarme, me levantaba, me sentaba y Pedro no perdía detalle de mis movimientos, yo tenía la imagen de su bulto, será de verdad me preguntaba, pasamos el tiempo de la comida y comenzó la hora de bailar, todos tomaron a su pareja, menos poncho, el sólo tomaba y platicaba con sus amigos más cercanos, Pedro se dio cuenta que yo tenía ganas de bailar y me pidió que bailaramos, yo acepté, pues poncho no se levantaría ni aunque se cayera el mundo, como era una canción para bailarse pegaditos, Pedro me tomó fuerte por la cintura y se me repegó, mis piernas quedaban entre su pierna derecha y cada que nos movíamos, mi puchita rozaba con su muslo, se sentía muy rico.

Todo el tiempo bailamos así, pues como el espacio era reducido, no había manera de separarnos tanto, bailamos en casi todas las canciones hasta que cayó la noche, los invitados no se iban pues la tertulia era amena, comenzó otra canción de las pegaditas y nuevamente bailé con Pedro, yo ahora en lugar de tomar su hombro, puse mi mano en su brazo, se sentía tan fuerte, tan varonil, otra ves posó su pierna entre las mías, pero ahora su mano la puso entre mi cintura y mis nalgas, metiendo por momentos sus dedos entre el leggin, yo hacía como que no me daba cuenta y los demás tampoco se daban cuenta pues, como ya estaba oscuro y no teníamos buena iluminación, no había problema alguno, entonces sentí otra cosa además de la pierna de Pedro, era otra ves ese enorme bulto que me había sorprendido en la comida, Pedro me lo repegaba cada que nos movíamos, era excitante, tener a unos metros a mi marido y este cabrón me estaba restregando todo su ser.

Como yo no decía nada, Pedro bajo su mano y la puso en mi nalga, me daba pequeños apretones y me las acariciaba, yo entré en pánico pues pensé que nos podía ver alguien y le dije, que haces Pedro, me dijo, perdón no lo pude evitar, te ves riquísima y sólo quería comprobar si en verdad estaban duras, se me venía un color y otro, y le dije, ten más respeto por tu amigo, pero principalmente por mí, no ves que si se da cuenta me puedes meter en un problema enorme, me dijo que sólo era un repegón, además, me dijo que había notado como me le quedé viendo a su paquete en la comida, le contesté que yo creí que me estaba manoseando, que por eso volteé, me dijo que ya no me enojara y que mejor disfrutara de la fiesta, que lo tomara como algo sin mayor preocupación, traté de tranquilizarme pero me molestaba el hecho de que me metiera mano sin mi consentimiento, terminamos de bailar y me fui a sentar.

Ya no acepté bailar otra ves con él para que no mal interpretara las cosas, me senté a un lado de mi esposo y me uní a la plática que tenía con los demás, se fueron retirando los invitados y yo los despedía en la puerta, el baño que teníamos para las visitas quedaba justo al lado de la puerta de salida y tenía una ventanita que daba al patio, siempre la teníamos cerrada para tener privacidad, pero no sé que pasó en la reunión que se abrió y así se quedó.

Mientras estaba despidiendo a la última pareja de amigos, Pedro había entrado al sanitario, yo no me percaté, cuando se fueron los amigos, me dirigí a cerrar la ventana, estaba empezando a cerrarla cuando me percaté que Pedro se estaba sacando el miembro para orinar, me quedé muda al verlo, era enorme y grueso, las venas se le saltaban, sólo había visto uno así en los videos que mandan en el grupo de whats de mis amigas.

Eso era lo que sentía, pensé, está enorme, como puede ser posible que mi marido no tenga uno así, él seguía orinando y yo contemplaba en silencio ese ejemplar, mi puchita soltó unas pequeñas gotas de líquido de la excitación que sentía en ese momento, entonces mi marido me gritó que porqué me tardaba tanto y Pedro volteó a la ventana y yo me hice a un lado lo más rápido que pude, no sé si notó que yo lo veía porque no sugirió nada cuando salió, ni una mirada ni nada, seguimos en el patio, durante otro rato ya todos en una mesa, éramos cinco, pues había otros dos amigos de poncho aparte de Pedro.

Mientras tomábamos, yo no podía dejar de ver el bulto de Pedro, me tenía embelesada, hasta que él se dio cuenta que lo observaba y se acomodaba de manera que resaltaba más su paquete, yo ya no disimulaba, mi marido estaba inmerso en la plática de sus otros amigos y Pedro y yo compartíamos miradas lascivas, era algo excitante, Pedro me veía las tetas con un deseo que no había visto en otros ojos, yo me acomodaba la blusa de modo que resbalara un poco hasta mis pezones, que ya por el frío se notaban perfectamente, Pedro se estaba dando un buen festín, él notó que yo lo veía cuando espiaba mis tetas y me dijo para disimular, que bonito collar, le dije, gracias me lo regaló mi marido, el dije es de fantasía o es real me dijo, es fantasía le contesté, lo puedo tocar, me dijo, me acerqué temerosa y Pedro tomó el dije con su mano mientras la reposaba en mis tetas, se siente firme y a la vez suave, me dijo, mientras se mordía los labios.

En eso, poncho me pidió que les preparara más botana pues se había terminado, le dije que sí y me levanté, a propósito, me ajusté el leggin hasta que me quedó bien metido entre las nalgas y se me marcó la puchita, me partía en dos, Pedro abrió los ojos y se relamió los labios, me dirigí entonces a la cocina sabiendo que Pedro me veía mientras caminaba, yo me contoneaba de un lado a otro exageradamente para que pudiera apreciar bien mis hermosas nalgas.

Llegué a la cocina y después de unos segundos entró Pedro con la excusa de que me iba a ayudar, yo acepté gustosa y le dije que me pasara unos platos que estaban en la alacena, se volteó y yo me agaché para tomar unas frituras que estaban en una cajita, en cuanto volvió a girar, pudo contemplar mi culo empinadito, se quedó callado, pero se fue acercando lentamente hasta ponerse detrás de mí, pude sentirlo enseguida, su erección no disimulaba nada, me incorporé empujándolo un poco con mis nalgas y le dije, ups, perdón Pedrito, no te vi, y me dijo, no te preocupes, es que está muy chica tu cocina, en efecto, el espacio para moverse era muy pobre, cualquier cosa que quisieras hacer implicaba algún rozón.

Proseguimos a preparar la botana y en una de esas, Pedro se puso detrás de mí nuevamente con la excusa de que quería ver como preparaba unos canapés que a poncho tanto le gustaban, como es mas alto que yo, la vista que tenía de mis tetas era incomparable, además de que me restregaba su inmenso animal en mis nalgas, yo trataba de disimular que no sentía nada, pero mi cuerpo me fue traicionando, comencé a sudar y me daba aire con mi mano, Pedro me tomó por la cintura y me daba pequeños empujones, le dije ¿qué haces?, me contestó que estaba tratando de pasarse al otro lado pero que no podía, le dije pues pídeme permiso pedrito, falta de confianza, sonrió pero no se quitó de ahí.

Yo le pedí que me pasara una charola para acomodar los canapés, estaba en la parte de arriba de la alacena, al estirarse, me restregó su enorme verga por todas mis nalgas, me dio la charola y después puso otra vez sus manos en mi cintura, se me acercó al oído y me dijo hueles muy rico Vane, le dije gracias, con voz temblorosa, que medidas tienes, me preguntó, ¿a qué te refieres? le pregunté, me refiero a qué medidas corporales tienes, le dije que nunca me había medido, no te creo, me dijo, una mujer con el cuerpo que tú tienes es muy vanidosa, yo le dije que no era mi caso.

Me preguntó si yo había tenido alguna aventura después de casada, yo le dije ¿aventura?, te refieres a que si le he puesto el cuerno a mi marido, me dijo que sí, no, nunca le he sido infiel a mi marido, le dije, sus manos me empezaron a acariciar las nalgas, me estaba empezando a poner bien caliente, no sabía que hacer, sus manos fueron subiendo hasta llegar a mis tetas por debajo de la blusa.

Se veía perfectamente desde donde estaba poncho con sus amigos hasta donde nos encontrábamos, no por favor, poncho podría vernos, le decía en vano, pues me paseaba los dedos por la parte de debajo de mis senos, como ya no puse resistencia, pasó hasta mis pezones, que estaban erizados por la excitación, yo deje de preparar los canapés y puse mis manos sobre la barra.

Pedro supo que yo no lo rechazaría y entonces ya me manoseaba a conciencia, recorrí la cortina de la ventana para que no se viera nada hacia afuera y me fue bajando muy despacio la blusa hasta que mis tetas quedaron libres, estaban muy duras y mis pezones también, Pedro se desabrochó el ziper y se sacó su enorme pedazo de carne, lo puso entre mis nalgas y me daba empellones, yo lo apretujaba con mi culo y daba pequeños gemidos, yo le decía tratando de reaccionar, no Pedro, esto está mal, mi marido está afuera y puede entrar en cualquier momento, él me decía que sólo era un faje, que yo estaba muy rica y que, además, se notaba que yo lo estaba disfrutando.

Siguió sobándome las tetas muy rico, después fue bajando sus manos hasta llegar al leggin, metió un poco sus dedos y lo fue bajando lentamente, no, le dije otra vez, pero no tenía fuerzas para oponerme, estaba muy excitada, mis nalgas fueron quedando al descubierto conforme me bajaba la prenda, él me daba besitos en el cuello y yo me mojaba cada vez más, me bajó el leggin hasta las rodillas, y me dijo, que ricas nalgas tienes, están como para comérselas a mordidas, seguido de esto me las empezó a morder y a chupar mientras me las apretaba con sus manotas, yo veía desde la ventana como poncho platicaba con sus amigos y me excitaba más, otro cabrón me disfruta mientras tu platicas, pensé, ya tenía la tanga bastante mojada, Pedro la movió un poco, quedando mi vagina sin ninguna cubierta, se mojó los dedos con su saliva y me los metió muy despacio en la puchita, que caliente está, me dijo, así me tienes le respondí, los movía muy despacio de adentro a afuera, provocándome sensaciones de placer muy ricas.

Para ese entonces, Pedro ya tenía su palo como hasta de bandera, estaba durísimo, tomó mi mano y la puso en su miembro, me dijo, que te parece, ¿te gusta?, yo no le contesté pero no soltaba su trozo, sí me gustaba, me encantaba, pero me daba pena decírselo, le escupí su cabeza y con mi saliva deslizaba mi mano de arriba abajo en todo su tronco, no lo abarcaba, mi mano se veía muy pequeña al lado de aquel monstruo, se lo estuve sobando por un buen rato mientras él disfrutaba de mis nalgas, mis tetas y de sus dedos en mi vagina.

Entonces me dice, quieres sentirla en tu puchita, le dije que no, nunca le había sido infiel a mi marido, me dijo que no me iba a penetrar que sólo quería rozar mi puchita con su cabeza, lo pensé por un momento y acepté, quería ver que se sentía tener tan cerca una verga como esa, me abrió de piernas y puso su palo entre mis nalgas, se sentía enorme, su cabeza llegaba justo debajo de mi clítoris, los labios de mi vagina apenas abrazaban el grosor de su tronco, me tomó por las tetas y se movía lentamente adelante y atrás, como simulando tener sexo, mi clítoris se empezó a poner muy sensible con el roce, soltaba fluidos inconscientemente, mientras se movía, me decía que era una mujer muy guapa, pero mas que todo, estaba buenísima, sus palabras hacían que me mojara más, en ese vaivén, pude sentir como se aproximaba un orgasmo riquísimo, me le pegué más y me movía al mismo ritmo de él, daba gemidos disfrutando lo que me hacía, ahhhhh sí, sigue así, se siente muy rico, ahhhh, vas a hacer que me venga, ahhhh pude sentir como salían chorros de liquido de mi vagina y mojaba la verga de Pedro, como hiciste que me viniera sin penetrarme, le decía, mi marido no lo logra ni penetrándome, Pedro no decía nada, el hacía su trabajo fervientemente.

De repente, mi marido se levantó de su lugar y fue directamente a la cocina, me subí la blusa, pero Pedro no se alcanzó a mover y quedó tal cual estaba, se me venía un color y otro, no sabía que hacer, poncho nos dijo, que hacen que tardan tanto, le contesté que estaba preparando la botana que me había pedido, pero que le estaba enseñando a Pedro como lo hacía, poncho nos dijo, y ya aprendió o todavía le faltan clases, se río y nosotros nos reímos nerviosamente, poncho no se daba cuenta de lo que pasaba porque la barra nos cubría más arriba de la cintura.

Pedro puso sus manos en mis nalgas y me las sobaba mientras se movía despacio, yo resoplaba y miraba a poncho para ver si se daba cuenta, pero no, poncho comía los canapés con mucho entusiasmo, de pronto le dijo a Pedro que le pasara una salsa que estaba justo detrás de él, cuando Pedro se movió, su verga también se movió y su cabeza entró en mi vagina, me quedé estupefacta, lo miré de reojo y le hacía señas para que se saliera, pero no lo hizo, al contrario, empujo un poco más su miembro y solté un pugido, poncho me dijo que si me encontraba bien, le dije que sí, que sólo me había lastimado con el cuchillo.

Mientras poncho comía, me dijo que le preparara más canapés, pues el muy tragón se los terminó todos, Pedro me seguía metiendo aquel inmenso pedazo, mi respiración ahora era agitada, de miedo y de excitación, poncho me volvió a preguntar que si me encontraba bien, pues me veía algo agitada, le respondí que sí, sólo tengo algo de calor le dije, y que le estás enseñando a Pedro, yo sólo lo veo ahí parado, me dijo poncho, le enseño como rellenar las aceitunas, le dije; Pedro le dijo que parecía que no, pero si era difícil rellenar un aceituna, pues el agujerito que tenían era muy angosto y el relleno era mucho, pero aunque está estrecha la voy a rellenar, le dijo, sólo espero que la aceituna aguante y no se rompa, se soltaron a reír mientras yo era penetrada por Pedro.

Entonces poncho me dijo que iba a llevar la botana que ya tenía preparada a los otros invitados mientras yo preparaba más, y le dijo a Pedro que me ayudara, que siguiera rellenando las aceitunas, pues le estaban quedando muy bien, Pedro le dijo que sí, él estaba para apoyarme en lo que necesitara, también por si quería “meter o sacar” algo del refri o de alguna alacena, menos mal, dijo poncho, se apuran entonces para que se vengan con nosotros, yo le respondí, no te preocupes, ya casi me vengo, perdón, ya casi vamos.

Poncho ni se inmutó de mi confesión y salió, Pedro al escuchar que ya casi me venía me penetró con más fuerza, el orgasmo llegó y yo me retorcía de placer, lo tomé del cuello y le restregaba mis nalgas para que entrara toda su verga dentro de mí, le mojé su trozo bien delicioso, tuve espasmos hasta que me detuve, me volteé y le di un beso mordiéndole los labios, su verga quedó erecta y rozaba con mis tetas, no podía creer el pedazo que me acababa de comer mientras mi marido tragaba como cerdo.

Pedro puso su verga entre mis piernas otra vez, pero ahora estábamos de frente, mi puchita caliente y mojada nuevamente aprisionaba su tronco y me movía lentamente masturbando su enorme palo, bajó mi blusa y me empezó a chupar las tetas, me decía, cuando te conocí creí que eran operadas, pero ya veo que no, tienes un par de melones impresionantes, yo le dije, son todos tuyos papacito, gózalos, me los apretujó más fuerte pero yo no sentía dolor alguno, el placer era mayor.

Estaba intentando penetrarme cuando de pronto poncho gritó que si ya estaban las botanas, le respondí que ya las estaba poniendo en el plato para llevárselas y él me dijo que ya las quería ahí porque sus amigos ya no tenían que comer, me le quedé viendo a Pedro y él me dijo que ya nos saliéramos para no provocar sospechas, pero yo le dije, y que pasa contigo, ¿no piensas terminar?, él me dijo que sí, pero que en un rato, sólo necesitaba una cosa, qué, le respondí, necesito que te pongas una falda, si es cortita, mejor, le pregunté para qué, pero sólo me dijo que me quería ver con una faldita puesta, pero entonces le dije, y como hago para cambiarme, poncho se dará cuenta, me dijo, fácil, te ensucias el leggin y dices que te vas a cambiar, entonces así quedamos.

Al salir, poncho nos dijo que habíamos tardado una eternidad, que si era muy difícil preparar unas botanas tan sencillas, después le dijo a Pedro, que tal lo de la rellenada, si pudiste o se te dificultó, Pedro le dijo que al principio estaban un poco estrechas, pero conforme fue agarrando práctica la aceituna prácticamente se abría solita, se rieron todos, y pepe me dijo, salió mejor el alumno que la maestra verdad Vane, le contesté que sí, Pedro había rellenado perfectamente la aceituna y supo cómo acomodar el relleno sin dejar nada afuera, lo bueno es que sí aguantó la aceituna, porque con ese relleno por poco la partía en dos, lanzándole una mirada pícara a Pedro.

Estaba poniendo los platos y la charola sobre la mesa y vi una botella de cerveza que habían dejado empezada, aproveché un momento que poncho se volteó y me tiré el líquido encima, ayyy dije, que tonta soy, poncho me dijo, vete a cambiar mujer para que no te vayas a resfriar, le obedecí y me marché mientras le cerraba el ojo a Pedro.

En la habitación, busqué una faldita de tela spandex que tenía de hace muchos años, ya no la usaba, pero se me veía muy bien, era negra con un ziper simulado en la parte de enfrente, apenas me cubría las nalgas, me dejé la blusa y las zapatillas, para no perder la combinación, cuando iba bajando las escaleras, poncho y Pedro iban entrando a la casa, les pregunté que pasaba y me dijeron que los otros amigos ya se habían ido, pues ya era algo tarde, sólo aquí mi amigo Pedro me aguantó el ritmo, decía poncho, mientras abrazaba a Pedro, vamos a la sala para estar más cómodos, poncho no se dio cuenta de la falda que me había puesto, ya estaba más ebrio que nada, pero Pedro se mordía los labios y se sobaba la verga mientras me veía.

Pusimos otra vez música y poncho estaba platicando con Pedro sobre puras tonterías pues ya estaba muy borracho, yo sólo me limitaba a verlos y sonreía de vez en cuando, pero ya tenía muchas ganas de volver a sentir esa verga tan rica dentro de mí, así que le dije a Pedro que bailáramos una canción que me gustaba y se estaba reproduciendo en ese momento, nos levantamos y mi falda se me levantó hasta las nalgas, Pedro lo notó y cuando yo estaba bajando la falda, él puso su mano en mi nalga apretándola, yo quedaba de frente a poncho, así que no se dio cuenta de la situación, como pude le quité la mano a Pedro y seguimos bailando, al paso de la canción poncho se estaba quedando dormido, momentos que aprovechamos para darnos un buen faje, me dijo entonces al oído, pon atención a lo que te voy a decir, vas a simular que te da un calambre y gritarás de dolor, yo me encargo de lo demás.

No entendía muy bien sus intenciones pero acepté, entonces grité, ayyyy un calambre, poncho se despertó asustado y me dijo, que te pasa, te encuentras bien, le dije no, me está dando un calambre, no lo aguanto me duele mucho, poncho me dijo, que hago, te sobo, pero Pedro rápidamente dijo, no te preocupes, yo sé cómo quitar el calambre, sólo tráeme un poco de crema porque tengo que sobar la pierna, poncho se levantó como pudo y fue a traer la crema, mientras, Pedro se bajó el ziper del pantalón y se sentó en el sillón de la sala, sacó su verga que estaba bien erecta y me dijo que me sentara encima de él, yo obedecí aunque no creía lo que estaba apunto de hacer, me levantó la falda de atrás y yo la sujeté por delante para que no se notara, me hizo a un lado la tanga y mojó sus dedos con saliva para estimular mi vagina, después me fue penetrando lentamente hasta que su verga desapareció dentro de mí, ya me tenía bien ensartada, en eso, llegó poncho con la crema y se nos quedó viendo, porque están así, preguntó, Pedro le dijo que necesitaba bajar el calambre de esta manera pues se podría convertir en un desgarre y sería peor el dolor, yo veía a poncho como diciéndole, pues no hay de otra, Pedro se puso la crema en sus manos y me la untó en la pierna al momento que se movía muy despacio, poncho se sentó frente a nosotros, yo sujetaba mi falda para que no viera que estaba ensartada en aquel pedazo de carne.

Pedro me decía, haz movimientos circulares para que la sangre fluya a través de tus piernas Vane, yo me movía delicadamente y mis pezones se empezaron a erizar y a ponerse durísimos, daba gemidos simulando que era el dolor que sentía por el calambre, le decía a Pedro, me duele un poco, él me decía que ahorita dolía pero que después sentiría una sensación de placer, me seguía moviendo y yo mordía mis labios, poncho me veía y me preguntaba si estaba bien, pues notaba que había empezado a sudar, le dije que sí, es el calor de la crema y el masaje amor, Pedro me seguía masajeando las piernas y yo me movía, estaba sintiendo delicioso su tronco en mi vulva, sentía como llegaba su cabeza hasta mi estómago, yo le decía, es un dolor muyyyy profundo poncho, lo siento hasta el estómago, ahhhh seguía exclamando.

Ayúdame Pedro por favor, y te lo voy a agradecer toda la vida, con gusto dijo Pedro, ahora muévete un poco hacia arriba y hacia abajo para estirar tus músculos, me comencé a mover de arriba hacia abajo, aunque un poco inclinada hacia adelante para que poncho no viera semejante animal penetrándome, le dije a Pedro, así está bien pedrito, él me dijo que sí, ese movimiento estaba perfecto, no tardé mucho en sentir como se venía un orgasmo delicioso.

Ayyyy poncho, le dije a mi marido, creo que me vengo, me viene perdón otro calambre, es muy fuerte, ahhhhh; Poncho le decía a Pedro, ayúdala por favor, le va a dar un desgarre, Pedro le dijo, sí no te preocupes, me tomó por la cintura y me empujaba toda su verga dentro de mí, simulando que me levantaba para que pasara el “calambre”, yo gritaba, ahhhhh pedrito ya viene el calambre, ya viene pedrito.

Me vine muy rico, mi orgasmo resbalaba por la verga de Pedro, dejé de gritar para pasar a retorcerme como si algo me poseyera, me mordía los labios y estaba toda sudada, poncho me dijo, estás bien, te quedaste muda, ¿te dolió mucho?, le contesté que sí, pero que me había pasado el dolor gracias a los masajes de Pedro.

Acababa de tener un orgasmo frente a mi marido, que puta soy pensé, pero que rico se sintió, poncho me preguntó que si ya me sentía mejor, para que me quitara de encima de Pedro, y yo le dije que sí, pero Pedro me dijo, no espera, en ocasiones el calambre se pasa a la otra pierna, entonces te la voy a sobar para prevenirlo, poncho se quedó pensando pero aceptó y me autorizó, Pedro le dijo que si le podía traer un vaso con agua, pues le había dado mucha sed por el esfuerzo, poncho fue por el vaso de agua, mientras, Pedro me volteó hacia él, ahora yo sostenía la falda de atrás de mis nalgas para que no se me levantara, me ensartó la verga y nos quedamos quietos hasta que llegó poncho, aquí está, le dijo, y me preguntó, ¿porqué te volteaste?, es que Pedro me dijo que me tiene que sobar la espalda también, al mismo tiempo que la pierna, entonces, mientras él me soba la pierna, tú me sobas la espalda por favor.

Poncho estaba algo incrédulo pero accedía en todo momento, se puso crema en sus manos y me sobaba la espalda, Pedro por su parte se acomodó recostándose un poco en el sillón, me dijo que me moviera como si estuviera montando un caballo, para que toda la espalda trabajara y así evitar otro calambre, yo me movía mientras poncho me untaba la crema en mi espalda, le dije que no me fuera a ensuciar la blusa y me dijo que me la iba a bajar un poco para poder aplicarme la crema en toda la espalda, sostenla de adelante para no quitártela por completo me dijo, le contesté que sí, al momento que me la bajaba, yo no la sostuve de adelante, mis tetas quedaron al aire, pero poncho no lo sabía, de inmediato Pedro se incorporó de modo que mis tetas quedaron en su cara, comenzó a chuparlas y a morderlas, era una escena muy cachonda, ya estaba sudando otra vez, ya me había soltado la falda y ésta se subía hasta arriba de las nalgas, pero poncho no veía nada pues estaba de pie.

Pedro me dijo que me moviera más rápido para ver si ya no sentía ninguna molestia, me moví más fuerte y puse mis manos en su abdomen, lo montaba como toda una yegua en celo, Pedro me decía, ándale así muévete, ese ritmo está perfecto, creo que estoy apunto de llegar al centro del problema, así muévete Vane, yo entendí que Pedro estaba apunto de venirse y no me detuve hasta que lo conseguí, él exclamaba, Vane, ya encontré el problema, te voy a echar cremita Vane, quieres cremita Vane, le dije que sí, ponme más crema por favor pedrito, poncho le pasó la botella de crema, era increíble que no se diera cuenta de lo que estaba pasando, Pedro simuló ponerse en la mano y dijo aquí tienes tu cremita Vane, me empujó la verga hasta adentro y pude sentir como su semen chocaba contra mi vulva, salía a chorros, al mismo tiempo yo tuve otro orgasmo, pero no pude gritar para que no sospechara poncho, sólo aprisioné esa verga hasta que la mojé por completo mientras me daban convulsiones.

Nos quedamos quietos unos segundos, y me acomodé la blusa, le sonreí a Pedro y le dije a poncho que ya había terminado de sobarme, le pedí una toalla para secarme el sudor y poncho fue por ella, me levanté rápido y me acomodé la tanga, Pedro se metió como pudo su trozo pues todavía estaba erguido, su semen me escurría por las piernas, agarré un poco con mis dedos y me lo comí, sabía delicioso, igual que su verga, poncho llegó con la toalla y me sequé el sudor.

Pedro dijo que era hora de despedirse, pues al otro día tenía un partido importante y tenía que estar presente, poncho le agradeció por ayudarme, yo también le dí las gracias por enseñarme como se rellenaba una aceituna y por el masaje de improviso, Pedro sonrió y me dio un beso en la mejilla, cuando quieras me respondió.

Se marchó y yo me quedé en la puerta hasta que subió a su auto, mis piernas me temblaban y mi puchita seguía expulsando su semen, poncho me dijo que nos fuéramos a dormir, le dije que sí, al otro día, poncho no me dijo nada, sólo me preguntó como seguía del calambre y le contesté que muy bien, al parecer Pedro sabía bien lo que hacía, me dijo, le contesté que sí, Pedro era un experto en lo que hacía.

Gracias por leerme, saludos.

 

 


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Author: Ale2811

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