Reencuentro

Por
20 May, 2020 10:00 am

Hacía muchos meses que no había vuelto a saber nada de ella, desde que la abandoné para vivir mi propia vida de soltero en otro país. Nunca lo aceptó bien e intentó entonces seducirme en varias ocasiones para que volviera con ella, sin éxito. Ana me llamó de nuevo hace unos días. Hacía muchos meses que no había vuelto a saber nada de ella, desde que la abandoné para vivir mi propia vida de soltero en otro país. Nunca lo aceptó bien e intentó entonces seducirme en varias ocasiones para que volviera con ella, sin éxito. Ana me llamó de nuevo hace unos días.

Me contó que ahora estaba casada y que le iba muy bien, pero que echaba de menos el sexo como solía tener conmigo. Desde que me fui no volvió a tener un orgasmo, me confesó. Su marido le daba estabilidad en su vida, pero no la satisfacía. Entonces me propuso que nos viéramos, con el único objetivo de pasar un fin de semana de sexo. Eligió que nos encontráramos en Londres, con la excusa de que iría a visitar a una tía suya. Así su marido no sospecharía. Estando soltero no tenía nada que perder. Así que accedí a su proposición, a pesar del peligro de romperle otra vez el corazón a mi ex-novia. Por un lado me hacía sentir culpable, pero por otro me excitaba la idea porque la conocía bien y sabía que era una gran amante. Reservamos habitación en un hotel cerca del aeropuerto. Decidimos encontrarnos allí directamente, puesto que llegábamos en aviones distintos. Yo me volvería después de un par de días y ella continuaría su visita durante una semana más.

Llegué al hotel el sábado al mediodía, antes que ella. Me instalé en la habitación y bajé al bar a esperar mientras tomaba un café y consultaba el periódico, aunque no lograba concentrarme en la lectura. Después de un par de horas la vi entrar en el hall. Estaba estupenda, tal y como la recordaba, pero con el pelo más corto. Ahora era ya una mujer de treinta años, bien mantenida, de cuerpo menudo y rasgos finos. Me vio y sonrió nerviosa. Yo también estaba nervioso; hacía casi dos años que no la había visto en persona. Me acerqué a ayudarla con la maleta y le besé en la mejilla.

Subiendo en el ascensor me besó en la boca, jugueteando con mi lengua, y puso su mano entre mis piernas. Tuve una erección inmediata. Se separó ligeramente de mí, sonriendo, mientras acariciaba mi entrepierna.

– “Me he afeitado, como a ti te gusta.” Dijo.
– “Yo también.” Dije yo, contestando a su sonrisa.

No habíamos comido nada, así que bajamos a tomar algo ligero en el bar. Pedimos una botella de Pomerol, con la intención de distendernos un poco. Enseguida estábamos a gusto, charlando.

– “No me han vuelto a chupar como tú lo hacías. Todavía me masturbo a menudo pensando en ti.” Me confesaba, tal y como ya me había dicho en otras ocasiones.
– “No me lo creo, Ana. Una mujer como tú puede tener sexo cuando quiera con quien quiera. Además, tu marido seguro que te chupa el clítoris con gusto y te hace correrte. Aún así, estaré encantado de entretenerme en tu chochito. Seguro que está tan delicioso como siempre.”
– “Ya me estás poniendo cachonda, sólo de imaginármelo. Pero no te creas que con mi marido es como contigo. Una vez me confesó que chuparme le daba un poco de asco. Desde entonces rehuyo el sexo oral con él. Por eso tenía tantas ganas de verte y poder sentirme libre, hacer todo lo que me apetezca.”
– “Recuerdo que una de tus fantasías era que te follaran tres hombres a la vez. Que te acariciaran por todo el cuerpo y poder sentir sus pollas en tus manos. Me acuerdo de como te excitabas pensando en ello. ¿Sigue siendo tu fantasía?” Le pregunté, arriesgando ir demasiado lejos. Aunque una vez que habíamos dado el paso de vernos, todo era posible.
– “¡Uf! Nunca me atrevería a hacer algo así, ni sabría cómo. Pero tiene que ser increíble sentir todos esos cuerpos rodeándome. Me estás poniendo a tope, ¿sabes? No sé si voy a poder conformarme con follarte sólo a ti.” Rió mientras apuraba la penúltima copa de vino.
– “Te apuesto lo que quieras a que podemos hacer tu fantasía realidad. Ningún hombre en su sano juicio podría rechazar la oportunidad de disfrutar de tu cuerpo. Sólo dime quién te gustaría follarte de esos chicos en la barra.” Había en ese momento un grupo de jóvenes, de unos veintitantos años, tomando unas copas. Probablemente eran un equipo deportivo haciendo noche en el aeropuerto de vuelta a su país. “Luego dame cinco minutos y te los traigo a la mesa.”
– “¿Estas de broma? Porque me lo estoy tomando en serio y me está gustando la idea…”
– “Por supuesto, es también una de mis fantasías. Ver como te follan y participar en el juego. He soñado despierto con eso infinidad de veces. ¿Cuáles te apetecen más?
– “Esos dos al final de la barra no están nada mal, son altos y fuertes. Además, desde que los miro se han fijado en mí y me han sonreído. Parecen simpáticos.” Ana se mostraba nerviosa, bastante excitada. No pensaba que esto fuera a pasarle. No lo había previsto, pero se notaba que le gustaba.

Me acerqué a los jóvenes, que se mostraron algo sorprendidos. Les invité a sentarse con nosotros. Eran alemanes, y hablaban inglés más o menos correcto. Lo suficiente para comunicarnos en lo esencial. Enseguida se dieron cuenta de lo que pretendíamos. Cada uno se sentó a un lado de Ana. Ella puso una mano en el muslo de cada uno mientras nos presentábamos. Eso los excitó. Accedieron a subir a nuestra habitación para terminar la tarde.

La idea de ver a Ana disfrutar de tres hombres al mismo tiempo me excitaba sobremanera. Aunque no lo había planeado, no pude evitar proponérselo en cuanto vi la ocasión. Se notaba que todos estábamos excitados y que nunca habíamos hecho algo parecido. Para los jóvenes era una aventura inesperada. Para nosotros era culminar una fantasía con la que habíamos jugado en otras ocasiones.

Una vez en la habitación se sentaron los dos jóvenes en la cama de matrimonio, frente a la televisión, apoyando sus brazos detrás del cuerpo. Ana, con buen criterio, se sentó entre los dos, sonriendo nerviosa. Encendí la tele y, para facilitar un poco las cosas, puse el canal porno del hotel. Apareció una típica escena de sexo oral; una chica de pechos de silicona mamando dos pollas, mientras que otro hombre la penetraba por el culo. “Muy propicio.” Dijo Ana, mientras que ponía sus manos sobre los pantalones de los jóvenes, justo a la altura de las pollas. “Parece que estáis bien dotados. ¡Menudas pollones nórdicos que tenemos aquí!” Ana parecía muy suelta, en su salsa. Todos miraban la película, mientras que dejaban que Ana acariciara sus vergas, con gusto. Yo me acomodé en un sillón, admirando la escena, con una erección que me pedía quitarme los pantalones cuanto antes.

Los chicos empezaron a acariciar a Ana por debajo de la ropa, todavía torpemente. Ana les desabrochó los pantalones y sacó sus pollas con gran habilidad. Empezó a masturbarlos a los dos a la vez, mientras sonreía traviesa. “¡Joder qué gusto!” Dijo mirándome a los ojos, mientras que los chicos le manipulaban la vulva por debajo de las braguitas. “¡Todos en bolas!” Exclamó de pronto. “Y tú también, que no te me escapas.” Dijo dirigiéndose a mí. Nos desnudamos con rapidez, presos de la excitación. Todos teníamos las pollas duras. Ana era una mujer estupenda y su frescura nos ponía muy cachondos.

Ana siguió masturbándolos con sus manos, los tres sentados al borde de la cama. Yo me acerque y la abrí de piernas, admirando su chochito afeitado, rosa y muy húmedo. Puse mi boca entre sus piernas y empecé a chuparle el clítoris y a jugar con sus labios. Ana empezó a jadear, arqueándose ligeramente, y puso una de las pollas de los chicos en su boca, mamando y jadeando al mismo tiempo. Aun así, no dejó de masturbar al otro ni un momento, quien le acariciaba los pechos y se acercaba a besar sus pezones. Se notaba que Ana estaba disfrutando.

Después de un rato, Ana se sentó sobre el chico al que mamaba, de espaldas a él. Cogió su polla, ya grande y dura como una roca y se la metió. Empezó a moverse lentamente sobre él, follándolo con gusto. “Acercadme vuestras pollas, rápido.” Nos pidió al otro chico y a mí. Nos pusimos cada uno a un lado y nos sujetó las vergas, primero utilizándolas para guardar el equilibrio y después para mamarnoslas por turnos. Se entretenía un poco más en mí y me miraba a los ojos, sonriendo con complicidad. Fue acelerando el ritmo, tanto de la penetración como con sus manos y su boca. Todos estábamos muy calientes, con las pollas a punto de estallar.

“Fóllame, por favor.” Me pidió, mientras se sacaba la polla del alemán y apoyaba sus pies en el suelo, de cara a los dos alemanes y se agachaba para chuparles las pollas. Me puse detrás de ella y se la metí con gran facilidad. Ana estaba muy húmeda y tenía el chocho muy caliente. Empecé a follarla con buen ritmo. Ella seguía masturbando y chupando las pollas de los chicos, jadeando de gusto. Sabía que le gustaba masturbarse mientras la penetraban, así que le dije que lo hiciera. Puso su mano derecha entre sus piernas y empezó a masturbarse con los dedos, mientras yo seguía follándola. Subí su pierna izquierda para que pudiera apoyarse sobre la cama y accediese mejor a su clítoris. No dejó ni un momento de masturbar a los chicos, con su boca y la mano que le sobraba.

Unos de los alemanes, al que Ana estaba mamando en ese momento, empezó a jadear como un loco. No podía contenerse más y se iba a correr. Ana se dio cuenta e incrementó el ritmo de la mamada, ayudándose de la mano derecha. Chupaba con todas sus ganas. El chico se corrió dentro de su boca, gritando de gusto. Ana le dejó la polla seca y siguió chupándola durante un rato hasta que él tuvo que retirarse porque no podía aguantar más. Ana sonrió y nos pidió que intercambiáramos posiciones. Todavía no se había follado al otro alemán. “Y tengo ganas de comerte la polla, que para eso he venido.” Me dijo. Cambiamos con gusto y Ana empezó a chupármela con ganas, muy deprisa. El chico la follaba con gran ritmo y ella se masturbaba buscando correrse. Al cabo de un par de minutos, empezó Ana a jadear con fuerza. El chico incrementó el ritmo. Ana se corrió con gusto y le pidió que la follara más. Yo ya no podía aguantar más y ella empezó a chuparme y masturbarme con ambas manos, muy deprisa. La tenía como una roca y me corrí también en su boca, mientras me chupaba y succionaba como nunca me han hecho. Me dejó seco y siguió jadeando mientras el chico sacaba su polla para correrse fuera. Ana fue rápida a chupársela, justo cuanto eyaculaba. La mitad del semen la cayó en la cara y lo demás lo tragó glotonamente. Nunca la vi tan excitada.

Nos dejó a los tres exhaustos y tirados en la cama. Jadeantes. Ana, satisfecha, se tumbó entre nosotros. Los cuerpos sudorosos. La película había terminado y otra empezaba en ese momento.
– “Esta peli me gusta incluso más que la anterior.” Dijo Ana, mirándome a los ojos y sonriendo.

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