La venganza de mi hermana (cuarta parte)


Nunca sabes en quien confiar.No sé cuanto tiempo dormí, pero desperté al escuchar unos gritos que parecían provenir de la sala; Sonia también se despertó y fuimos a ver, lo que se me hizo raro es que ella no cubriera su desnudez, así que yo tampoco lo hice. Al salir vimos que estaban Gustavo y Antonio agarrando de los brazos a la chava que se llamaba Paty, a su vez, Antonio la sujetaba del cabello, parados los tres y Rubén estaba atrás de la chica, atándole las manos; todos los demás estaban ahí, hombres y mujeres viendo y sin hacer nada, las chavas estaban unas tiradas en la alfombra y otras en los sillones o donde fuera, me acerqué donde Gustavo y le pregunté que sucedía; me dijo que Paty no había bebido y que, al darse cuenta de lo que sucedía con las demás, había buscado escabullirse y como encontró todas las puertas cerradas, se había escondido en una recámara y que Arturo la encontró cuando iba a coger con otra chava ahí y entonces llamó a los demás; la chica quiso escapar, pero entre todos la sujetaron y por eso gritó. Como ella amenazó con llamar a la policía si no la dejaban ir, los muchachos estaban pensando que harían con ella.

He de confesar que al ver a Paty capturada y con el bikini que traía, me excité muchísimo y de inmediato mi verga respondió. Sonia y Lucy estaban junto a nosotros, pero no reaccionaban, estaban como idas, yo creo que por el efecto de la droga, pues tenían los ojos vidriosos y la mirada perdida.

Paty seguía gritando, hasta que Rubén le metió una tanga de los bikinis en la boca y le dijo que se callara o le iría muy mal. Nos quedamos viendo y Ramiro sugirió que la drogáramos como a las demás para que ya no molestara y de paso, divertirnos con ella, pero Antonio le contestó que la droga se había terminado, pues querían asegurarse de que las otras chavas no reaccionaran durante un buen tiempo, así que había que pensar otra cosa; yo les dije que la dejáramos en paz, atada y amordazada, que acabáramos nuestra orgía y la dejáramos ir, todos voltearon a verme como si estuviera loco y Rubén me dijo: â??¿Qué?, ¿estás loco?, ¿cómo vamos a desperdiciar esto?â? y tocó los pechos de la chica, que intentó alejarse sin lograrlo â??¿y esto?â? y puso su mano en la panocha de Paty, â??¿y esto?â? y le dio una sonora nalgada que se ve que le dolió pues la chica hasta brincó y se le saltó una lágrima de los ojos.

¿Entonces?, -pregunté- y Gustavo propuso que nos hiciera gozar a todos, lo miramos con cara de extrañeza y nos dijo que colocáramos a todas las demás chavas en fila, acostadas boca arriba sobre la alfombra y con las piernas abiertas, lo hicimos y en ese momento regresaba Arturo de aventarse un buen cojín con la otra chica; fue por ella y la trajo desmadejada. Colocamos a las nueve en la posición sugerida y ellas no protestaron, unas porque estaban dormidas y otras porque simplemente no reaccionaban, yo creo que por la droga estaban así; dócilmente se dejaron acostar. Era un espectáculo divino, ahí estaban todas las porristas, incluyendo a mi hermana, totalmente desnudas y con las piernas abiertas, en franca entrega. Noté como todas nuestras vergas estaban paradas en su máxima extensión.


Paty seguía asustada, tratando de gritar y de zafarse de Toño y Gustavo, pero la tenían bien sujetada. Gustavo le quitó la mordaza y la acercaron a donde estaban las demás chicas, la hincaron frente a una de ellas y tomándola del cabello, la obligaron a acercar su cara a la panocha de Lucy, ella gritaba y se retorcía diciendo que no, que no haría nada, que la dejáramos en paz; Antonio le dijo que chupara panocha o tendría que chuparnos las vergas a todos, que escogiera. Paty llorando, se acercó a la panocha de Lucy y comenzó a chuparla, le dijeron que sacara la lengua e hiciera gozar a su amiga; ella lo hizo y metió la lengua en la rajada de Lucy, la cual empezó a retorcerse y a pedir más; esto provocó que los demás se rieran y le dijeran que lo hacía muy bien, que siguiera chupando.

Al ver a Paty hincada, con las manos atadas, con ese mini bikini que dejaba que se le viera prácticamente todo y chupándole la vagina a Lucy, nos puso a todos a cien, más de lo que ya estábamos y el primero en aventarse fue Rubén, se acomodó atrás de Paty y le hizo a un lado la tanguita, dejando ver todo su culo y su panocha esplendorosa; ella levantó la cara y gritó: â??¡NO, NO, por favor eso no, soy virgen!â?, pero Gustavo la tomó de los cabellos y la obligó a volverse a inclinar sobre la panocha de Lucy, Paty siguió gimiendo, con la cara en medio de las piernas de su amiga, y Rubén aún más excitado, no tuvo compasión; con una mano tocó la vagina de la chava y con la otra dirigió su pene a la entrada; de un empujón metió la verga en la rajada de ella, haciéndola gritar, llorar y retorcerse, queriendo sacar el pene de fuego que la quemaba por dentro; pero al moverse para intentar zafarse, comenzó a hacer un vaivén que Rubén disfrutó muchísimo y algunos de mis amigos lo malinterpretaron, diciendo: â??No que no te gustaba, puta, si hasta te mueves para gozarloâ?, pero era evidente que le dolía, pues lloraba y quería gritar; pero no podía; ahí fue cuando vimos el hilo de sangre que corrió por una de sus piernas y Antonio gritó: â??Hey, de verdad es virgenâ?; Jorge contestó: â??Eraâ?, lo que provocó las risas de todos.

Notamos como Lucy tenía un orgasmo porque se retorcía y gemía como loca y volvió a caer desmadejada; entonces Rubén se salió un momento y llevaron a Paty frente a Sandra; la pusieron en la misma posición y la obligaron a chuparle la panocha a mi hermana, Rubén volvió a entrar salvajemente en la vagina de Paty y siguió cogiéndosela, agarrado de sus nalgas. Todos los demás nos tocábamos las vergas mientras veíamos el espectáculo que Paty y Rubén nos ofrecían. Mientras, Sandra se movía y gemía, se tocaba los pechos y gritaba â??Si, si, así, así, más, másâ?. Si Paty dejaba de chupar, Rubén le acomodaba una senda nalgada o le pellizcaba un pezón, los cuales había descubierto, quitándole la parte de arriba del bikini.

Un rato después, nos dimos cuenta que Rubén se vino, pues se detuvo y gimió con fuerza, sin salirse de Paty; la chica se retorcía e intentaba evitar que el se viniera, pero era imposible. Cuando Rubén se salió con su miembro ya flácido chorreando semen, Paty se enderezó y quiso levantarse; pero Arturo le dio una sonora nalgada y, tomándola de los cabellos, la obligó a empinarse de nuevo y le ordenó seguir chupando la panocha de Sandra; una vez que ella obedeció, él se colocó atrás de ella, en posición para penetrarla y de igual manera, le clavó la verga de un solo golpe, Paty aulló de dolor y levantó la cara; Arturo le tomó su rubia cabellera peinada en cola de caballo y le dio un tremendo tirón, al tiempo que le decía que si no hacía que Sandra se viniera lo lamentaría y le soltó el pelo; Paty volvió a bajar la cara y metió la lengua en la panocha de Sandra, la cual al poco tiempo llegaba a un orgasmo muy intenso, que la hizo retorcerse y agarrarse del cabello al tiempo que gritaba: â??¡Así, así mi vida, si, Ah que rico!â?.

Luego pasaron a Paty a mamarle la panocha a la siguiente chica, de la cual no supe su nombre, pero que era una joven como de 20 años con una cabellera negra hermosa y una tez blanca con unas grandes tetas y nalgas fenomenales; ella se puso boca abajo y abrió las piernas para que Paty le chupara, ella lo hizo, metiendo su lengua en la rajada de la morena, que empezó a retorcerse de placer y a gemir, mientras con una mano se agarraba las tetas y con la otra se sobaba su clítoris. Arturo le ordenó a Paty que metiera la lengua en el ano de su amiga, a lo cual ella se negó, pero el mismo Arturo la jaló del cabello y le pidió a Ramiro que le abriera las nalgas a la otra chava; Ramiro lo hizo y Arturo soltó a Paty, ella no hizo nada y entonces Ramiro colocó su mano en el seno derecho de ella, al tiempo que le decía: â??Ah no quieres, entonces tal vez prefieras que te apachurre tu pecho ¿no?â?, Paty de inmediato sacó la lengua y la metió en el culo de la morena, me di cuenta que sentía asco por la cara que hacía, en cambio, la morena sintió un gran placer y más cuando Ramiro metió tres dedos en su panocha, los demás nos limitábamos a ver y a agarrarnos la verga; pero yo casi no me la tocaba, pues pensé que no sería conveniente venirme antes de que me tocara penetrara a Paty. Todos vimos como la morena tenía un orgasmo muy grande y casi al mismo tiempo, Arturo se salió de Paty, chorreando grandes cantidades de semen en la espalda y nalgas de la chava.

Siguió otra de las chicas, pero antes de continuar, Antonio trajo un consolador con forma de pene de color negro, el cual estaba pegado a una especie de cinturón de cuero negro también y se lo colocó a Paty en la boca, abrochándolo por atrás de la cabeza; abrieron de piernas a una chava apiñonada llamada Rebeca e inclinaron a Paty para que le metiera el consolador en la vagina. Ella lo hizo poco a poco y Rebeca abrió mucho los ojos y soltó un gemido de gran placer, al tiempo que comenzó a sobarse las tetas con ambas manos. Ramiro se colocó atrás de Paty y nuevamente la penetró salvajemente; la tomó por la cola de caballo y le obligó a entrar y salir de la panocha de Rebeca con el consolador, Paty seguía llorando, pero en silencio, además, el consolador no le permitía emitir ruidos. Ramiro no duró mucho, en poco tiempo se vino sin salirse de la panocha de Paty, mientras le apretaba las nalgas.

Me tocó el turno de cogerme a Paty, ella me había gustado desde que la vi en su mini bikini y ya hasta me dolían los huevos de las ganas que tenía de cogérmela; tomé unas tijeras y corté uno de los hilitos del bikini para dejarla sin nada, después me coloqué atrás de ella y de igual forma, la penetré de un empujón fuerte, comencé a bombear la panochita de Paty, sintiendo un gran placer y la tomé del cabello para que ella hiciera el movimiento de meter y sacar el consolador de Rebeca. Antonio dijo que pasáramos a la siguiente chava, pues Rebeca no daba muestras de venirse y comenzamos a sentirnos temerosos de que por el tiempo transcurrido comenzaran a pasar los efectos de la droga.

Tocó el turno a Sonia, que tenía los ojos bien abiertos y observaba todo lo que sucedía a su alrededor, pero no hacía absolutamente nada. Al sentir que el consolador comenzaba a entrar en su vagina, gimió de placer y se movió rítmicamente para hacer entrar y salir el pene de plástico que la penetraba. Como yo me había tenido que salir para llevar a Paty a la siguiente chava, me volví a colocar en posición, pero esta vez apunté hacia el ano de Paty, el cual supuse también era virgen y le abrí las nalgas; ella volteó y con las manos intentó cubrir su culito para que no la penetrara, pero Antonio le pellizcó el pezón derecho y la obligó a seguir metiendo el consolador a Sonia, yo quité sus manos y con una mano dirigí mi verga a su ano, lo introduje lentamente, me fue muy difícil, pues el culito realmente estaba muy cerrado, pero empujando con fuerza y despacio, logré clavarle toda mi verga. Me detuve un momento, gozando el culito de la chava, ella intentaba sacarse mi pene, pero se hacía hacia delante y atrás y eso hizo que me proporcionara sin querer un gran placer. Me agarré de las nalgas de ella y comencé a moverme también, marcando el ritmo que quería seguir. Paty continuó metiendo el consolador en Sonia hasta ésta se vino y nos dimos cuenta que Rebeca se venía al mismo tiempo, pues ella sola se había masturbado.

Ibamos a llevar a Paty donde se encontraba la siguiente chava, pero Antonio dijo que él ya no aguantaba más y que mejor nos acabáramos de coger bien a Paty entre tres, los demás estuvieron de acuerdo y volvimos a hincar a Paty, lejos de sus amigas; Antonio se paró enfrente de ella y le quitó el cinturón y el consolador y le ordenó que le chupara la verga, Paty, al ver que no tenía otra opción, abrió la boca y se metió la vergota de Antonio, chupándola en toda su longitud. Jorge se colocó debajo de Paty y la jaló hacia él, de modo que la penetró por la vagina, obligándola a moverse encima de él y yo volví a penetrarla por el ano, el cual ya se había acoplado a mi verga, pues no me costó tanto trabajo metérsela como la primera vez.

Gustavo alegó que faltaba él, pero le dijimos que él al último porque luego se tardaba mucho y los demás ya estábamos urgidos. Entonces a Rubén se le ocurrió otra idea; sacó una cámara de fotos instantáneas y les pidió a Arturo, Ramiro y Gustavo que le ayudaran a colocar a las chavas en posiciones â??comprometedorasâ?, y así lo hicieron, las colocaron por parejas en diferentes posiciones y en diferentes lugares de la casa, a unas las colocaron abrazándose, a otras haciendo un 69 y a otras como si se estuvieran chupando los senos o el clítoris o la panocha, etc., pero como sobraba una chava. Gustavo, Arturo y Ramiro hicieron otro trío con ella igual al nuestro, pues los tres ya tenían las vergas bien paradas otra vez. Rubén comenzó a tomar las fotografías y comentó que eran para â??nuestro álbum de recuerdos personalesâ?.

Yo seguía en mi tarea de cogerme a Paty por el culo sin ninguna compasión hasta que sentí como me llegaba un súper orgasmo, me vine dentro de las entrañas de la chica sin darle tiempo a nada, y me di cuenta que Antonio y Jorge se venían casi al mismo tiempo, Antonio agarró a Paty del cabello y la obligó a tragarse su semen, ella abría la boca como intentando sacarse esa verga, pero no lo consiguió. Sacamos nuestros penes flácidos de Paty y la dejamos ahí en el piso, desmadejada. Ella lloraba en silencio y fue cuando Gustavo se salió de la chava que estaba cogiéndose y se acercó a Paty; ella al verlo acercarse comenzó a gritar: â??¡No por favor, ya no, ya déjenme en paz!, ¡se los suplico!, pero Gustavo solo le dijo: â??ya ves, mejor hubieras tomado lo mismo que tus amigas y no hubieras sufrido, cálmate que solo te voy a hacer gozarâ?, y diciendo esto puso a Paty boca arriba y le abrió las piernas; metió la cara entre las piernas de ella y comenzó a chuparle la vagina; ella se retorcía e intentaba alejarse, pero no le era posible; poco a poco Paty comenzó a sentir un ligero cosquilleo y un placer que ninguno de los anteriores le habíamos dado, empezó a moverse rítmicamente, gozando la chupada que le daba Gustavo y vimos como al poco rato gemía con gran placer. Gustavo se enderezó y se colocó encima de ella para penetrarla y lentamente le fue clavando la verga en la panocha, haciéndola sentir mujer y no un objeto como lo habíamos hecho nosotros. Paty gozó la cogida y se movió al ritmo que Gustavo le marcó, los dos estuvieron cogiéndose un buen rato, hasta que estallaron en un profundo orgasmo simultáneo. Nos dimos cuenta que Gustavo era todo un maestro en las artes amatorias y que no necesitaba recurrir a los mismos métodos que nosotros para cogerse a una mujer.

Cuando Gustavo terminó con Paty, la desatamos y le dijimos que hiciera un 69 con la chica que quedaba sola, ya que Arturo y Ramiro ya habían acabado con ella, al principio quiso negarse, pero le dijimos que obedeciera o nos la volvíamos a coger todos. Decidió obedecer y así les sacamos más fotos.

Por fin dejamos a las chavas en paz y ellas comenzaron a â??despertarâ?, más bien, comenzó a pasarse el efecto de la droga y ellas empezaron a darse cuenta de que estaban desnudas al igual que nosotros y que no recordaban lo que había pasado. Comenzaron a alarmarse y a preguntar que había sucedido y a reclamarnos. Antonio les ordenó callarse y les dijo que no se preocuparan, que nadie sabría lo que había pasado ahí; y que además ellas lo habían propiciado y que se calmaran, se vistieran y que se podían ir a sus casas. Sandra, con lágrimas en los ojos me preguntó que había sucedido y yo le dije que ellas se nos habían lanzado, que no era nuestra culpa; me asombré de que me había convertido en un cínico igual que mis amigos. Ella ya no dijo nada y todas fueron a buscar sus ropas, se fueron a las recámaras y se vistieron rápidamente. Salieron en silencio y unas con cara de angustiadas y otras como enfadadas. Todavía Gustavo y Antonio les dijeron que les había dado mucho gusto conocerlas, que a ver cuando hacíamos otra fiesta, que vinieran cuando quisieran, etc.

Las chicas salieron en silencio y Jorge y yo las seguimos para llevarlas de nuevo a sus casas, o a la escuela, como ellas quisieran; aunque ninguna nos hablaba, tuvieron que irse con nosotros por la lejanía del lugar. Subimos a la camioneta y nos fuimos; las dejamos una por una en sus casas y al final Jorge nos llevó a Sandra y a mí a la nuestra, y el se fue a entregar la camioneta.

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