Historias de secundaria.

Capítulo I. Chantaje a Lilia.

Estas historias se desarrollaron cuando cursaba la escuela secundaria con varias chicas diferentes y un grupo de amigos.
En ese entonces tenía yo 14 o 15 años, no había tenido contacto sexual con ninguna mujer y me la pasaba leyendo a escondidas historietitas de sexo que un compañero llevaba a la escuela y me masturbaba en el baño de mi casa por las tardes.

De la escuela había muchas chicas que me gustaban y con ellas soñaba yo cuando me masturbaba. Una de ellas nos ocupa en esta primera historia.

En la clase de educación física el profesor nos ponía ejercicios muy pesados y como yo soy delgado pero no muy ágil, nunca me iba bien con él; el profe tenía a su â??secretariaâ? que era Lilia, ella era una chica morena, de cabello negro largo, no muy guapa, su cara no era bonita, pero sus ojos si lo eran y realmente ninguno de nosotros nos fijábamos en su cara, pues lo mejor de Lilia era el cuerpo de mujer que ya se le había desarrollado bastante; tenía unas piernas bien torneadas, pero velludas; sus tetas eran pequeñas, pero ya asomaban por debajo de las blusas de la escuela y como ella hacía mucho deporte y jugaba básquetbol, béisbol y no se cosas más, pues a varios de nosotros nos gustaba y también al profesor.

Todos los lunes teníamos educación física (E.F.) y Lilia usaba unos shorts blancos diminutos, mucho más pequeños que lo que permitía la escuela, pero el profe no le decía nada, por supuesto que las chicas del grupo se molestaban bastante por esas preferencias, pero a los hombres no nos disgustaba que usara esos shorts, al contrario, les dijimos a las demás que ella también los usaran así, pero no nos hicieron caso.

Bueno, todos los lunes después de la clase de E.F. entrábamos a nuestra última clase, sospechosamente Lilia siempre entraba diez, quince o veinte minutos tarde a la clase, en algunas ocasiones no entraba, y por lo bajo se decía que el Profesor le estaba dando â??clases particulares de educación física-sexualâ?.

Yo me hice amigo de Lilia para investigar si era cierto lo que se comentaba, ella lo negaba siempre y entonces tres amigos y yo urdimos un plan; ese lunes al terminar la clase nos metimos al baño de hombres con el pretexto de que nos íbamos a lavar; esperamos escondidos en un cubículo hasta que nos aseguramos que no había nadie más; Juan, el más aventado de nosotros se asomó para ver que no hubiera nadie en el patio, pues el prefecto siempre rondaba por ahí para castigar a los que no estuvieran en sus clases. El patio estaba libre, así que nos escabullimos hasta llegar cerca de la bodega donde se guardaban los balones y todo el equipo necesario para la clase de E.F., no se escuchaba nada y yo me asomé por la reja; vi lo que ya se sabía, Lilia estaba empinada, recargada en una mesa de metal con los shorts bajados hasta los tobillos y la blusa subida; su largo cabello negro le cubría el rostro y atrás de ella estaba el profe de E.F., sin short, agarrándole las tetas y metiendo y sacando la pija de la panocha de Lilia; ella solo se recargaba con una mano y con la otra se cubría su propia boca, supongo que para que sus gemidos no se oyeran afuera; mis amigos me preguntaron:
– â??¿Qué ves?â?
– â??lo están haciendoâ?, contesté
– â??deja verâ? dijo uno de ellos; me agaché y Juan se asomó.

Después de él se asomó Alfredo y por último Luis; él vio cuando terminaron y nos fuimos casi corriendo al salón. Nos ganamos una buena regañada de la maestra, pero según nosotros, valió la pena

Varios días me masturbé recordando la cogida que el maestro le daba a Lilia, pensé y pensé como podría yo hacerle para coger con ella, me obsesioné y se los conté a mis amigos. Juan dijo que por que no la chantajeábamos diciéndole que sabíamos lo que sucedía y que la denunciaríamos a las autoridades de la escuela; pero Luis que era más analítico nos hizo ver que no teníamos pruebas, que sería nuestra palabra contra la de ella y el profe y como era sabido que ambos nos caían mal, no quedaríamos bien parados; Alfredo que era el de familia más acomodada sugirió traer una cámara para tomar fotos de otro encuentro entre ellos. Estuvimos de acuerdo y pusimos manos a la obra.

El siguiente lunes Alfredo llevó la cámara escondida en su mochila; cuando bajamos a la clase de E.F. la envolvió en su suéter y la dejó cerca de las canchas donde nos ejercitábamos; al terminar la clase todos nos fuimos a lavar y el se escondió; los demás nos fuimos al salón de clases y esperamos a ver que sucedía. Alfredo ya no entró a esa clase y al salir de la escuela nos estaba esperando afuera, nos platicó que todo estaba listo.

Al día siguiente nos tocaba taller; tanto Alfredo como Lilia estaban en el taller de fotografía, Juan y yo estábamos en electricidad y Luis en Artes Plásticas; Alfredo reveló las fotos en el cuarto oscuro de su taller y cuando salimos nos fuimos los cuatro al baño; nos enseñó diez fotos, aunque la iluminación no era muy buena, se veía claramente a Lilia y al profe cogiendo; incluso en algunas ella le mamaba la verga; había unas donde a ella no se le veía la cara, pero luego se hizo a un lado el cabello y se notaba claramente que era ella; después de hacernos una paja viendo las fotos, pusimos en marcha la segunda parte del plan.

El miércoles le entregué un papel a Lilia donde le pedía que a la hora del descanso se quedara en el salón, pues tenía que mostrarle algo. A la hora del descanso todos salieron del salón menos mis tres amigos, Lilia y yo. Al acercarme a su banca me preguntó que quería; mientras, Luis cerraba por dentro la puerta del salón.

– Yo: Queremos mostrarte algo y que nos des tu opinión.
– Lilia: ¡Ay! Pues que es, rápido que me tengo que ir.
– Alfredo: Hey, tranquila, que lo que te vamos a mostrar es muy importante para ti y si no te calmas se las mostramos a otras personas.
– Lilia: Bueno, bueno, ya, está bien, solo díganme que es.

Alfredo sacó las fotos y le mostró una a Lilia; vimos como se puso pálida y volteando a vernos con cara de asombro nos preguntó:
– ¿Qué es esto?
– A: ¿Pues que parece? Y le mostró las demás fotos.
– L: P..pe..pero, ¿qué significa?, ¿quién las tomó?, ¿cuándo?, ¿qué quieren?
– Yo: Queríamos mostrarte esto para pedirte algo.
– L: ¿Qué quieren?
– A: Bueno, pues nosotros solo queremos que hagas algo con nosotros.
– L: ¿Cómo que o que?, ya explícate.
– A: Mira, tienes que ir el viernes a las 5:00 de la tarde a mi casa y allá te lo explicamos ¿ok?
– L: ¿Y qué digo en mi casa?
– A: Ese es tu problema, tu debes estar ahí a esa hora o estas fotos serán dadas a conocer.
– L: Bueno, pero no le enseñen esto a nadie ¿va?
– Luis: No te preocupes, no las mostraremos, pero eso sí, si no vas el viernes, toda la escuela y toda la colonia verán lo que haces con el profesor, ¡Ah! Y otra cosa, no se te ocurra comentar esto con nadie y mucho menos con el profe o estas fotos aparecerán en cada poste de esta colonia ¿de acuerdo?
– L: De acuerdo.

Esperé el viernes con ansia, miércoles y jueves me masturbé pensando en lo que haríamos con Lilia el viernes; noté que Lilia estaba un poco ausente, ya no nos hablaba a nosotros cuatro, pero no me importó, pues pensé que no me interesara tanto que me hablara, lo que me interesaba era lo que iba a suceder.

Llegó el viernes y esperé con ansia el final de clases para irnos a casa de Alfredo, que quedaba casi enfrente de la secundaria; él había planeado muy bien todo, pues ese día sus papás habían salido de viaje y no regresarían hasta el domingo. Comimos y tomamos unas cervezas que Alfredo tenía, luego vimos televisión esperando que dieran las 5:00.

Un poco antes de la hora señalada tocaron a la puerta y Alfredo se apresuró a abrir; entró con Lilia que venía muy seria y callada; le invité una cerveza y me contestó groseramente que no quería nada, que nos apuráramos con lo que fuera porque tenía que llegar temprano a su casa.

Juan le dijo: No te preocupes, esto va a ser rápido y todos nos reímos.

– L: Bueno, ya me van a decir que quieren o no
– J: Ok, ya te vamos a decir, pero tienes que hacer lo que te pidamos para que no demos a conocer tus fotos ¿eh?.
– L: Si, hombre, lo que digan pero ya que no tengo tiempo.
– Yo: Mira, en primer lugar tu no vas a mandar aquí, nosotros pondremos los tiempos y en segundo lugar no nos vas a hablar con ese tono o mejor ahí la dejamos y te vas ahorita.
– L: No, no, está bien, ustedes dirán.
– A: Bueno, en primer lugar, desnúdate
– L: ¿Qué, están locos?, no, ni sueñen, pídanme dinero u otra cosa, lo que quieran pero eso no.
– Luis: Bueno, entonces olvídalo y lárgate de una vez que no podemos perder nuestro tiempo
– L: No, pero…
– J: ¡Ya basta!, o haces lo que te pedimos o te largas ahorita mismo y el lunes mostramos las fotos.
– L: ¿No hay otra opción?
– Todos: ¡NO!
– L: Bueno, pero conste que ustedes me están obligando contra mi voluntad.
– J: Si, si, hombre, encuérate ya o te encuero yo.
– L: ¿Aquí?
– A: Si, aquí y apúrate.

Lilia no tuvo más remedio que empezar a denudarse, se quitó su blusa y la falda, quedó en ropa interior y dudó, pero al acercarme yo, se alejó un poco y dijo que ella lo hacía; se quitó el sostén y sus tetitas quedaron libres, luego se quitó los zapatos y las calcetas y por último, con mucha pena, se quitó su calzoncito, vimos su triangulito en el que apenas asomaba una matita de vello negro, ella con una mano se tapó las tetas y con la otra abajo. Alfredo tomó la cámara de fotos y le tomó una foto así, luego, le ordenó posar desnuda en diferentes posiciones; al principio ella no quería hacerlo, pero terminó obedeciendo; durante una media hora más o menos Alfredo se dio vuelo tomándole fotos en poses muy sugestivas.

Mi verga estaba parada en toda su extensión y nosotros también nos desnudamos, aún nuestros cuerpos no estaban desarrollados completamente, pero ya nuestros penes estaban con una longitud considerable; Lilia nos preguntó que hacíamos y Alfredo le dijo que ella no preguntara, solo obedeciera, Lilia calló y esperó.

Juan se sentó en un sillón y le ordenó a Lilia sentarse en su verga parada, ella se quedó inmóvil unos segundos, pero luego se dio cuenta de que nuestras intenciones era coger con ella. Alfredo le dijo que se apurara y ella se acercó titubeante a donde la esperaba Juan; Lilia abrió las piernas y empezó a clavarse en la verga de Juan, él le agarró las nalgas y la jaló poco a poco hacia delante, Lilia se sostuvo del respaldo del sillón, hizo su cabello a un lado y empezó a moverse hacia arriba y abajo, montando a Juan; Alfredo no perdió al oportunidad y tomó fotos desde varios ángulos; no parecía que Lilia estuviera molesta, por el contrario, parecía disfrutar de la cogida y Juan no se diga.

Alfredo me hizo una seña y yo me acerqué a Lilia por detrás, coloqué mis manos en sus nalgas y ella volteó rápidamente, me gritó: â??¡No, por allí no!â? pero no pudo hacer nada, pues Juan la sostenía y yo también, abrí sus nalgas y derramé saliva en la entrada de su ano, ella seguís diciendo que no, pero se movía como poseída, coloqué mi verga en la entrada de su culo y empujé hacia adentro; Lilia clavó las uñas en el sillón y se mordió los labios mientras mi verga la penetraba; el placer que sentí era inmenso; su culo estaba muy apretado y aunque me costó trabajo, al final la empalé toda; me detuve un instante y empecé a bombear. Lilia no se quejó, solo gemía y de repente empezó a decir: â??si, si, así, asi, más más, dame másâ?; Alfredo no dejó de tomar fotos de todo lo que sucedía.

Juan gritó â??me vengo, me vengoâ? y terminó; Lilia quiso salirse para que Juan no se viniera dentro, pero al estar yo detrás le impedí salirse, por lo que Juan soltó su chorro de semen dentro de Lilia; Juan se escurrió por entre las piernas de Lilia y yo seguí cogiendo con ella, metiéndole la verga en el culo y acariciándole las tetas, Lilia se movía como loca disfrutando de la cogida, se metió un dedo en la panocha y de repente se detuvo gimiendo y gritando; tuvo un orgasmo tremendo y su culo me apretaba la verga de tal manera que yo sentía como si me la fuera a cortar, pero con un placer indescriptible, ella terminó su orgasmo y yo seguí bombeando su culo, un momento después también me vine e inundé sus entrañas con mis chorros de semen.

Lilia se acostó boca arriba en el sillón y de inmediato Alfredo se subió en ella, dejándome a mí la cámara, él era muy tosco y sin ningún preámbulo le metió la verga hasta el fondo a Lilia, que aulló de dolor al principio, pero luego empezó a moverse y a pedirle a Alfredo que se la cogiera con más ganas, él no tardó en venirse; en cuanto él se salió, Lilia llamó a Luis a gritos, pidiéndole que se la cogiera, él ni tardo ni perezoso se la clavó hasta el fondo; Lilia aullaba de placer y se movía como loca, clavó sus uñas en la espalda de Luis y gritó y gimió mientras llegaba a un tremendo orgasmo; poco después, Luis también se vino y se levantó, dejando a Lilia completamente satisfecha.

Nos vestimos en silencio, Lilia nos preguntó que si le daríamos las fotos y Alfredo le dijo que todo dependía de ella, si era buena y nos visitaba cuando se lo dijéramos, tal vez se las daríamos. Lilia protestó y Alfredo le propuso un trato: Por cada vez que cogiera con nosotros le daríamos 4 fotos, una por cada uno de nosotros, pero ella tenía que ir cuando se lo pidiéramos sin protestar. Yo me imagino que Lilia era muy mala en matemáticas, pues con las fotos que habíamos tomado ese día sumaban unas cuarenta, por lo que, descontando las cuatro fotos que le dimos ese día, tendría que coger con nosotros unas diez veces más. Lilia aceptó, le dimos cuatro fotos y se fue. Juan le reprochó a Alfredo que le hubiera dado fotos a Lilia, pero él le dijo: â??Mira, ahorita tenemos muchas fotos, mas las que tomemos cada vez que se acueste con nosotros, esto va a ser infinito, además de las fotos que se llevó tengo los negativos y las voy a volver a revelar, así que no te preocupes, tenemos puta para ratoâ?.

Y así fue, duramos varios años reuniéndonos con Lilia una o dos veces al año y hacíamos nuestras orgías, recuerdo que yo ya tenía unos 22 o 23 años cuando todo acabó.

Author: animalsex

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