Campamento a mis 15 años 2

Hola, mi nombre es Karin y vivo en Lima. Esto paso cuando tenia 15 años. Lo que narro a continuación sucedió días después de lo que conté en mi relato “Campamento a mis 15 años”.Hola, mi nombre es Karin y vivo en Lima. Esto paso cuando tenia 15 años. Lo que narro a continuación sucedió días después de lo que conté en mi relato “Campamento a mis 15 años” en el que tuve relaciones muchas veces con Carlos el enamorado de mi amiga; y que mi enamorado, que también fue al campamento, nunca se llego a enterar.

Como dije al final de dicho relato, las cosas volvieron a la normalidad. Al menos eso era lo que yo pensaba. Sin embargo tres días después Carlos me llamó por teléfono para saludarme y comentarme que se había reconciliado con Rossana, su enamorada. Me mostré muy contenta con la noticia y me quedé tranquila en el sentido de que no iba a intentar seguir conmigo como en el campamento; aunque tengo que reconocer que me sentí un poco desilusionada porque en definitiva había gozado muchísimo con sus cogidas, sobre todo cuando me daba por el culo y al final me regalaba su caliente lechecita. Pero bueno, lo que me sorprendió fue su invitación para que vaya a su casa al día siguiente, y más me sorprendí yo misma al contestar de inmediato que sí.

Al día siguiente me fui vestida con una faldita muy cortita y maquillada como para una fiesta. Mis intenciones eran de que me cogiera nuevamente como lo hizo en el campamento. Me presenté a la hora exacta en que me había citado. Carlos me recibió con un beso en la mejilla y me hizo pasar.

Luego de algunos minutos de conversación intrascendente, sonó el timbre de su casa. Carlos me dejó pasmada al comentarme “debe ser Rossana, que iba a venir a esta hora”. Me quedé helada, ya que si Carlos no me llamó para tener relaciones, no se me ocurría otra razón, y no entendía él porque de la presencia de Rossana. Cuando ella entró me saludó un poco fría, lo que me dió la pauta de que Carlos le había contado lo que pasó en el campamento aunque no se mostró sorprendida por mi presencia allí.

Durante algunos minutos la conversación fue del tiempo y huevadas así, hasta que al fin ella preguntó “¿la pasaron bien en el campamento?”. Yo le contesté que sí, que habían sido lindos días y que la pasamos super bien, y que era una lástima que ella no hubiese ido.

“¿De verdad? Pero si yo hubiese ido, tu no habrías podido acostarte con mi enamorado” me recrimino ella, y ahí la cosa se puso muy tensa. Yo no tenía ganas de aguantar una escena de celos y realmente no entendía el por qué Carlos nos había juntado.

Carlos intervino diciéndome “no te preocupes, en realidad te invité para que podamos dejar esto en claro”.

“¿Tu enamorado no se molestó?”, me preguntó ella.

“No, en realidad el nunca se llego a enterar. Además lo que pasó fue porque Carlos estaba solo”, respondí.

“Pero él no sabe que te acostaste varias veces con Carlos en sus narices”, siguió Rossana.

“No”, le contesté.

“Y seguramente tampoco sabe que hoy viniste aquí”, continuó.

“No”

“Y viniste dispuesta a acostarte de nuevo con Carlos” afirmó ella, más que preguntó.

A esas alturas ya me estaba cansando de ese jueguito que no sabía a donde llevaría y le contesté medio enfadada que sí.

“Muy bien entonces, vamos, acuéstate con él.. Quiero ver si eres tan buena como él dice”, me dijo con una media sonrisa en el rostro.

Con ese comentario, Carlos se sentó al lado mío y me abrazó. Yo no sabía que hacer, porque una cosa era acostarme con él en una situación que se fue dando y otra distinta era hacerlo con él delante de su enamorada. Y ahí se me vino la idea de que si ella solo quería vernos ¿No querría participar también? Todo esto me pasó por la cabeza en unos segundos, y me subió un estremecimiento por la entrepierna al pensar en que si ella quería participar, así que respondí al abrazo de Carlos y lo besé en la boca. Su lengua me entraba con pasión en mi boca y la mía le respondía igual, y yo me excitaba con una rapidez tremenda al sentir los ojos de Rossana clavados en nosotros.

Lentamente sus manos fueron acariciándome los senos y desprendiéndome poco a poco la camisa, para luego quitármela y después meter una mano bajo mi faldita, acariciándome las piernas y subiendo al encuentro de mi ropa interior.

Yo también lo empecé a desnudar, sacándole su camisa y desabrochando su pantalón. Estábamos medio desnudos los dos, yo con los pechos al aire y solo con mi calzoncito, revolcándonos en el sillón, cuando empecé a bajar besándolo por el pecho y hacía su verga. Le bajé su calzoncillo y dejé en libertad su pija ya totalmente parada llevándomela a la boca y comenzando a chupársela.

A los pocos minutos de tener su verga en mi boca, saboreándola, siento que Rossana se acerca a mí. Al mirar hacia ella, sin soltar la pija de mi boca, la veo totalmente desnuda y se acuesta a mi lado y me dice “¿Te gusta? ¿te gusta la verga de mi enamorado? Entonces chúpasela bien. Ahora dámela a mí” y diciendo esto último la tomó con su mano y la retiró de mi boca para llevársela a la suya y comenzar a chuparla ella también.

A los pocos segundos se la sacó de la boca y sin soltarla me la ofreció nuevamente, ante lo cual no me hice de rogar y la empecé a chupar otra vez. Seguimos en este juego durante un buen rato, un poco la chupaba ella y otro poco yo, con lo que Carlos se volvió frenético de excitación, llegando su pija a un tamaño y una dureza que yo no le había visto en el campamento.

Luego de un rato de estar así, Rossana me empujó sobre el piso y él se me puso encima. La propia Rossana tomó su verga y la apuntó hacia mi concha, en tanto que él la empezaba a introducir dentro de mí. Cuando la tuve toda adentro, Carlos se retiró y casi sacó la cabeza hacia afuera, para volver a clavarla hasta el fondo; y de esta manera me cogió durante algunos minutos, mientras que Rossana a mi lado le acariciaba sus testículos y se masturbaba a si misma.

Cuando Carlos acabó, sentí una gran inundación de semen dentro de mí. El gran nivel de excitación que tenía lo hizo llenarme la concha con su leche, al mismo tiempo que yo también acababa con grandes suspiros y gemidos. No obstante esto, pude sentir que Rossana a mi lado también acababa con sus dedos metidos en su entrepierna.

Si bien yo acabé, igual seguía muy excitada y a Rossana no se le escapó este detalle. Ni bien Carlos me sacó su pija de adentro, ella dijo “Así que también lograste que te la metiera por el culo, ¿no? Quiero ver si eres tan puta como él dice.” Acto seguido ella tomó la verga de su enamorado y la coloco en entrada de mi culo. Su pene estaba tan mojado con mis fluidos y el semen de su corrida que entro fácilmente hasta el fondo sin ninguna dificultad. Calos comenzó a moverse frenéticamente sacando y metiendo su delicioso instrumento. En ese momento me vinieron los recuerdos del campamento con la diferencia de que ahora tenia a su enamorada al costado y participando, lo cual hacia al ambiente mucho mas morboso y excitante. No tarde mucho tiempo en correrme de nuevo. Carlos al darse cuenta de ello aceleró sus movimientos y no se detuvo hasta que se corrió de nuevo. Yo tuve otro orgasmo de solo sentir sus chorros rebotando en el interior de mi culo.

Después de esas corridas Carlos saco su verga y se me salió de encima. Entonces Rossana sorpresivamente se acercó y me metió los dedos en la concha, comenzándome a masturbar. Esa era la primera vez que otra mujer me acariciaba así y sin embargo por alguna razón me pareció de lo más natural, por lo que la dejé, primero en forma pasiva y luego paulatinamente ingresando en el juego yo también, acariciándole los pechos.

Así fue que después me empezó a chupar las tetas, luego a besarme en la boca y meterme su lengua adentro, para finalmente bajar por mi cuerpo con sus labios en dirección a mi concha. Carlos, mientras tanto, se recuperaba de las tremendas acabadas que había tenido conmigo y se dedicaba a acariciarnos a las dos, pasándonos la mano por todos los rincones de nuestros cuerpos, y muy especialmente en los pechos, donde amasaba mis pezones, dejándolos duros y prontos para ser chupados, cosa que hizo de inmediato, mientras su enamorada empezaba a pasar la lengua por mi clítoris.

La chupada de concha de Rossana fue realmente espectacular. Nunca ningún hombre me chupó de esa manera. Yo siempre había oído decir que las mujeres chupan la concha mejor que los hombres, pero nunca pensé que fuera cierto. Rossana me enloqueció. Acariciaba mi clítoris con la lengua, a veces con rapidez y violencia y otras con suavidad y delicadeza, y aunque parezca increíble, cuando lo hacía suavemente era cuando más me enloquecía de placer. Y también sentí enloquecer cuando tomó mi clítoris entre sus labios y me lo succionó. Realmente ningún hombre me hizo sentir eso y la prueba está en los tres orgasmos tremendos que tuve en los escasos cinco minutos en que la lengua y los labios de Rossana estuvieron en mi concha.

Cuando ella terminó de chuparme, se puso boca arriba y fue el turno de Carlos de chuparla a ella, por lo que fue chuponeándola lentamente por los pechos hasta llegar a su vientre, donde fue pasándole la lengua y descendiendo más todavía hasta llegar a la concha.

Mientras él hacía esto yo observaba y acariciaba los senos de ella. Cuando comenzó a llegar al primer orgasmo, le empecé a chupar las tetas, disfrutando especialmente los pezones. Ella me abrazaba y me acariciaba, y en determinado momento me dijo, con una voz suave y dulce si no me animaba a chupársela yo. La forma en que me lo pidió, sin exigencia, y con la voz cargada de deseo, unido al placer que yo había sentido, me convencieron de que debía hacerlo para retribuirle en parte todo el goce que ella me había dado. Lentamente fui deslizando mi boca por sus pechos y su vientre hasta llegar a la entrepierna, donde Carlos ya me había dejado el lugar libre.

De esta manera tuve mi primer experiencia lesbiana, que de ninguna manera fue traumática, ya que la disfruté plenamente y que la volví a repetir a los dos días, pero en esta oportunidad sin la presencia de Carlos. Solo Rossana y yo. Mano a mano, cuerpo a cuerpo y lengua a lengua. En esa oportunidad Rossana fue a visitarme a mi casa y yo la invité a que se quedara a dormir. Mis tíos no sospecharon nada y esa noche mi tía preparó una cama en el suelo, al lado de la mía, para ella, pero Rossana no la utilizó ya que pasó toda la noche en mi cama, a mi lado, aunque gran parte de la noche estuvo sobre mí o debajo de mí. Esa noche prácticamente no dormimos, porque cada vez que terminábamos, antes de que nos durmiéramos volvíamos a empezar. Esa era una de las diferencias con los hombres. Una vez que te cogieron dos o tres veces a lo mucho, tienes que esperar a que se recuperen y se les vuela a parar la verga, y en ese tiempo una se duerme.

Con ella no perdíamos ni un minuto, comenzábamos a cada rato. Incluso llegamos a hacer una especie de “campeonato” para ver cual de las dos acababa más veces de corrida. Así fue que ella empezó a chuparme y me hizo acabar siete veces sin parar de usar la lengua. Pero yo luego me vengué porque cuando fue mi turno de chapársela a ella, la hice acabar nueve veces de corrido.

Karin.

[email protected]

Author: trann

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