Mi primita malcriada

¿Por qué hay placer en hacer las cosas políticamente incorrectas? Le doy vueltas en mi cabeza una  y otra vez a esta pregunta, a veces intento explicarme las sensaciones a mí mismo para entenderlas mejor, sin embargo no hay mejor experiencia que el solo ser parte del placer por un breve instante.

Paola es mi prima, una chica muy guapa, menor de edad, prácticamente un Jailbait. ¿Cómo me llegué a involucrar con ella? Más bien diría, cómo llegó ella a involucrarse conmigo. Estudiamos toda la vida en el mismo instituto, ella siempre fue 6 años menor que yo, recuerdo haberla visto crecer antes de salir de ahí, y como cambio poco a poco, no me mal interpreten, siempre en los recesos veo a todas las personas incluyendo los niños, eso y que tengo una memoria casi fotográfica para los rostros, el de ella no era la excepción. Paola tiene 15 años hoy en día, una piel morena como el azúcar, un cabello negro lacio brillante que cae sobre sus hombros todo el tiempo como si fuese seda, una sonrisa muy expresiva acompañada de una mirada levemente inocente, también unos lunares que prácticamente tengo memorizados como si fuesen constelaciones. Desde pequeños no nos hemos llevado mucho, no intercambiamos más de cuatro palabras en reuniones familiares, cada quién ha vivido en su mundo. Sin embargo las cosas iban a cambiar luego que un día al regresar de la universidad la encontrara sentada en las gradas esperando a alguien.

-¿Paola? -pregunté con extrañeza, pues ella no era de las que llegaban a casa muy seguido, y menos si no estaba mi hermana.

Era un viernes a las 10 de la mañana, ella en ese momento debería haber estado estudiando, vi que tenía su uniforme puesto, su bolsón tirado en el piso. Llevaba una falda que sé  intencionalmente había hecho más pequeña para mostrar sus piernas que aunque ella no fuese muy alta y piernas largas, estaban bien hechas y definidas por tanto practicar Volleyball. Su camisa iba levemente desabrochada y no había visto su cara aún pues como estaba sentada esperando ya rato me imagino, tenía todo el pelo sobre su rostro aburrida de estar sentada. Me le quedé viendo y entre su pelo vi que pasó de tener su mirada en el suelo a mirarme fijamente a los ojos. Me le quedé viendo fijamente esperando una respuesta.

-Me peleé con mis padres en la mañana y me escapé, no tenía donde ir así que vine acá que era el lugar menos mierda que se me pudo ocurrir –respondió, y volvió a ver el suelo. Y sí, resulta que tiene un modo bastante dulce y peculiar para decir las cosas, no había explorado muy bien su personalidad para ese entonces, ella la mía tampoco, así que en ese momento empecé analizarla ya que sabía que tendría que escuchar todo su problema mientras llegaba mi madre y arreglaban las cosas.

-¿Quieres entrar a esta humilde mierda? – le pregunté cuando sacaba las llaves para abrir la puerta.

Sin decir nada solo escuché como levantó sus cosas del suelo con algo de enojo, al abrir la puerta la dejé pasar y luego de eso cerré.

-¿Quieres algo de tomar? –pregunté aún algo extrañado de tenerla en casa.

-¿Tienes alcohol? –me preguntó rápidamente.

-Hay una tienda acá cerca, ya te traigo un frutsi – Le contesté en tono burlesco mientras aún me reía pues pensaba estaba bromeando.

-No importa acá traigo la mitad de un wisky que me robé de la casa antes de salir – Dijo sin titubear.

-¿Esto es en serio? –Le pregunté con un todo más serio.

Sin decir nada comenzó a buscar algo dentro de su bolsón y sacó un Jack Daniel’s con menos de la mitad.

-¿Tan pequeña y ya quieres olvidar las penas con alcohol? –Pregunté en un tono neutro.

-¡Cállate basura! – respondió sin siquiera estar enojada.

Me quedé observándola como me miraba esperando mi aprobación para hacer algo que para ese momento aún no sabía que era. Saqué una caja de cigarrillos de mi bolsillo y me puse uno en la boca, me senté en las gradas que llevan al piso de arriba donde está mi cuarto y poco orgulloso de lo que iba hacer moví la mirada de lado y le extendí la caja a ella para que tomase uno.

-¿Fumas? – dije sin que ella hubiera tomado ninguno para ese instante.

-No te hagas el pendejo conmigo, dame algo bueno, ¿tienes hierba? – dijo sin pesarlo dos veces.

-¿qué? –dije mientras la volteé a verla con algo de extrañeza.

-Ya lo sé, toda la familia lo sabe, tu consumes Daniel, yo consumo por mi parte, todo el mundo lo hace hoy día, ¿qué más da? No les diré a mis padres ¿sí? Hazlo por tu primita –dijo mientras se recostaba en barandal de las gradas cerca de mí, viéndome con una cara inocente pero provocativa.

Encogí la mano y guardé la cajetilla nuevamente en mi bolsa, le di una calada más al cigarro y luego lo apagué en el suelo.

-Espérame aquí – respondí.

En eso comencé a subir las escaleras y entré a mi cuarto donde sé que guardadas todas mis cosas, mientras sacaba el encendedor de una gaveta la vi que ya estaba en la entrada de mi cuarto viéndome. En eso entró y cerró la puerta, yo me quedé extrañado aún para ese momento, no sabía que era lo que quería realmente, o si era verdad lo que le había pasado. Se llegó a tirar a mi cama y al pasar cerca de mi sentí un leve olor a alcohol que provenía de ella, eso mezclado con su perfume con fragancia dulce y el olor a tabaco que tenía en mi boca me hizo sentir una leve depravación. Tragué saliva y pensé ¿Por qué hay placer en hacer las cosas políticamente incorrectas?

Bueno dije, ella aún no ha manifestado intenciones de algo más, aunque para ese entonces yo ya estaba imaginando cosas que aún no pasaban. Sé controlarme cuando quiero, y también disfrutar si puedo. Pensé en aprovecharme de la situación, sin embargo sé que no podría, además es mi parte de mi familia y con todo eso menor de edad, ya me estaba metiendo en problemas solo con darle un  poco de hierba.

Me acosté en un lado apartado de la cama y sin decirle nada cargué el bong y le di un jalón, pensé, luego de esto debería poder estar más tranquilo, pero no tenía idea de lo que iba a pasar en un par de minutos. Volvía a ponerle más y se lo pasé a ella.

-Esta está fuerte así que no te recomiendo que lo hagas mucho si ya tomaste… -le dije antes que lo hiciera, pero luego me quedé callado al ver como lo hacía de una forma experimentada.

-Está regular- dijo sin expresión alguna.

-Tengo más, si no te pone los cachos solo toma un poco más, queda en la primer gaveta de mi escritorio – contesté de igual forma mientras me levantaba de la cama.

En eso solo sentí como sus dos manos rodearon mi abdomen sin poder levantarme. En silencio y despacio giré mi cabeza y vi que tenía su rostro a pocos centímetros del mío, pasé mi mirada lentamente por todo su cara, estaba levemente sonrojada, su cabello un poco desordenado pero no por eso dejaba de verse provocativa, su camisa tenía dos botones menos desabrochados desde la última vez que me fijé en eso, vi como en un momento relamió sus labios. Mi cara me han dicho que es poco expresiva, imagino que en ese momento no fue la excepción, sin embargo mi corazón estaba palpitando más y más rápido como si fuese trotando, por un segundo se fueron mis propias ideas y caí en cuenta que ya me empezaba hacer efecto lo que acababa de fumar. Imagino que a ella también pues creo que estaba algo perdida desde que llegó. No sé exactamente cuándo tiempo habrá pasado mientras nos mirábamos, a lo mejor fueron solo unos segundos pero sentí que era eterno, ninguno de los dos parpadeaba, ella aún me sostenía por la cintura, esta vez con más suavidad. Ambos nos explorábamos con los ojos, casi que se podía sentir que nos tocábamos solo con vernos. En eso a ella se le escapó un leve suspiro y sin pensarlo dos veces acorté la distancia entre nuestros rostros quedando mis labios a casi nada de los suyos, sentí como luego su respiración estaba un poco irregular, se sorprendió un poco al verme tan cerca pero luego de ello cerró sus ojos y sin pensarlo de igual forma yo, y la besé.

Comencé a tocar su pierna metiéndola debajo su falda, ella de a poco soltó sus manos de mí, en eso aproveche para girarme completamente y estar más cómodo, sentía su respiración en todo mi rostro, nuestros labios se humedecían cada vez más con el siguiente beso, con mi mano acaricie su cintura, era joven pero tenía unas curvas como pista de autos fórmula uno, mi mente divagaba sobre lo que estaba haciendo, por momentos sentía que dejaba de existir pero cada caricia de ella en mi cuerpo y sus besos me recordaban que era real, y lo sentía más fuerte aún por cómo me encontraba para entonces. Subí mi mano para acariciar y sujetar su cabeza mientras la movía donde yo quería, la recosté en la cama y sin bajar la intensidad de los besos me salí de sus labios para besar sus mejillas, dejándolas para llegar hasta su oreja. Comenzó a estremecerse levemente cuando comencé a lamer su oreja, metía la punta de mi lengua y sentía como se movía y suspiraba entrecortado, con sus brazos se aferraba a mi cuerpo como diciéndome que no la soltara y no parara mordía su labio inferior cada vez más fuerte. Baje a besar su cuello, abría los ojos y cada vez que me movía iba explorando su cuerpo, contando los lunares y terminando el trabajo de desabrochar los botones que ella empezó, iba dando lengüetazos por cada sitio que recorría. Con cada caricia que nos intercambiábamos pensaba, no he podido resistirme al ver su cuerpo adolescente y provocativo.

Regrese a besar su cuello, estaba sobre ella, con una mano me sostenía y con la otra la acariciaba, en eso que iba terminando de desabrochar su camisa ella con sus dos manos libres colocó sus dedos sobre mi pantalón, justo sobre mi pene. Para ese entonces ya llevaba una erección a medias, con eso terminó de ponerse firme, con una mano intentaba tocar mis bolas y con la otra el tronco de mi verga sobre mi pantalón. Sin dejar de besarnos metí mi mano en su abdomen, sentía su cuerpo moverse, comencé a tocar el pecho izquierdo  sobre su bra, no soy experto pero le calculo una copa B, apenas lo alcancé a ver de reojo desde donde estaba, era color blanco, del mismo color que la camisa del instituto. Metí mi mano por uno de sus costados y luego le quité el broche a su falta, con eso mi mano logró entrar con facilidad en sus partes íntimas, sentía como gemía cada vez más a medida movía mis dedos más cerca du vagina sobre sus bragas, mis dedos sentían como estaba húmeda, y poco a poco se iba mojando más y más. Pasé un momento haciendo eso hasta que supe que era momento de intensificar las cosas, metí mis manos en sus ropa interior y mis dedos por fin tocaron sus labios vaginales, sentía como se resbalaban fácilmente con todo lo que ella estaba mojada, con dos dedos hacía caricias a los lados y con el de en medio intentaba meterlo de a poco. Sus gemidos iban en aumento y besaba su boca cada vez que un gemido quería salirse para que guardara silencio, le robaba el aliento cada que podía para que no nos escucharan los vecinos. Su cuerpo se estremecía y eso me daba pauta para meter mis dedos más adentro, primero uno, luego dos, y antes de meterle el tercero ya estaba muy cachonda, sus gemidos eran incontrolables aceleré el ritmo.

-No te detengas por favor Dani –me decía con una voz entrecortada, diferente a con la que me había tratado antes, estaba caliente y llenándose de placer.

No tuve necesidad de hacerle más pues ella se vino con eso, saqué mi mano de su ropa interior y pasé mis dedos aún con sus líquidos a su boca, ella ni lenta ni perezosa comenzó a chuparlos, para ese entonces aún no había abierto sus ojos tratando de contener el placer, los abrió  y me miró con una cara de deseo a la vez que se metía mis dedos lo más profundo que podía en su pequeña boca, sentía como succionaba como si fuera una paleta.

Sin decirle nada ella me soltó mientras me bajaba los pantalones, me quité los zapatos y los calcetines, quedé en calzoncillos y esta vez mi erección se notaba completamente como una carpa de circo.

-Recuéstate primito –dijo mientras estaba en cuatro bajando por mi abdomen.

Llegó a mi pene y comenzó a lamerlo sobre la ropa interior, observaba como cada vez que lo intentaba meter en su boca lo olía y suspiraba. Estaba recostado y estaba dispuesto a dejarme llevar por lo que ella tuviera pensado hacer.

-Métetelo en la boca –le dije cuando sentí que estaba muy duro.

Sin decir nada sonrío y se levantó un momento para quitarse la camisa y quedar en bra, por fin apreciaba su cuerpo casi desnudo. Las sensaciones eran más intensas por los efectos del thc y por breves instantes me desconectaba de mis ideas. En un breve jugueteo se levantó y se dio la vuelta, mientras apreciaba su espalda se quitó el bra y lentamente se agachó. Por primera vez estaba viendo sus pechos desnudos, aún no los tocaba directamente, pero sabía que dentro de poco haría lo que quisiera con ellos hasta saciar la sed que ella misma había provocado.

Se acercó poco a poco dándome pequeños besos por la barriga hasta llegar a mi pene. Con un movimiento de manos lo bajó hasta las rodillas mi bóxer. Mi verga estaba dura, ella con la lengua recorrió su longitud.  Daba pequeños golpes con su lengua sobre el prepucio hasta que poco a poco fue cogiendo su máximo esplendor. La tomó con la mano derecha y empezó a masturbarme, luego hizo lo mismo con sus labios, separó su boca y tiró un gran hilillo de saliva sobre la punta, el cual bajó por todo el tronco hasta los huevos. Con la otra mano empezó a moverme los huevos mientras me miraba a los ojos.

-Dani, ponte cómodo que la mamada de hoy no la vas a olvidar en tu vida –me dijo en un pequeño instante que se sacó la verga completamente erecta de su boca.

Me sorprendí de sus palabras, ya que nunca imaginé que escucharía a mi propia prima que había visto crecer decirme algo así, ahí me di cuenta que ella estaba muy caliente. Su lengua pasaba por mi verga mientras cogía con fuerza mi tronco y lo apretaba, sentía como cada vez que hacía eso palpitaba en sus delgadas manos y boca, con su otra mano estiraba de los huevos hacía detrás. Desde donde estaba veía como la saliva caía por todo mi pene y por su boca, cada vez había más. Me estaba excitando muchísimo, la sensación era increíble, ver su pequeña boquita con toda mi verga metida ahí, el saber que lo que hacíamos no era correcto y el pensar que alguien podía descubrirnos más aún. En eso Paola tomó mis manos y las puso en su cabeza.

-Ahora vas a follarte la boquita de tu prima- dijo.

Esas palabras me encendieron, así que la tomé por la cabeza y poco a poco le introduje la verga dentro. Su nariz estaba pegada a mi pubis, y notaba como la punta de su lengua tocaba mis huevos. La tuve unos segundos así hasta que la moví hacía arriba sin sacársela de la boca para repetir el movimiento. Ella abría la boca para respirar, pero no llegaba a sacarla, sus dos pequeñas manos masajeaban mis huevos, los estiraban los movían, pero su lengua no dejaba de moverse con mi pene dentro de su boca, era un placer que no solía conocer no sabía si era porque estaba medio drogado, pero me estaba encantando. La cantidad de saliva que caía sobre la cama era incontrolable, se veía unas pequeñas lagrimitas en los ojos de mi prima y sus pelo pegados en la frente por el calor eran más que evidentes, pero no podía para de follarle la boca, estaba a punto de correrme y ella lo sabía.

-Me voy a correr Paola -le dije mientras soltaba su cabeza y dejaba que ella continuara sola.

-Te dije que me folles la boca –respondió mirándome a los ojos y tomándome las manos y poniéndolas sobre su pelo nuevamente.

Seguí con el vaivén incontrolable. Mi verga empezó a hincharse y empecé a resoplar con fuerza. Las gotas de sudor caían por mi frente, hacía muchísimo calor, pero estaba muy excitado.

-¡me vengo! -le dije.

Un potente chorro de semen salió de mi pene directamente a su garganta, mis manos quedaron quietas mientras me corría con mi verga dentro de su boca, en eso terminé de metérsela por última vez empujando su cabeza más a fondo. Seguía escupiendo semen dentro de la garganta de mi primita. La solté y  miré como ella succionaba  todo el glande al sacarse mi pene de la boca. No salía nada por sus labios, se lo estaba tragando todo.

Notaba como cada vez mi verga iba perdiendo su dureza pero Paola no dejaba de succionar y de pasar su lengua por todo el tronco de mi pene. Los latidos de mi corazón iban bajando poco a poco, pero mi mirada no dejaba de observar los ojos de mi primita. En esos momentos Paola soltó un pequeño respiro y dijo.

-¿No crees que me debes algo ahora?

-¿Dudas que no lo haré? -le dije poniéndome de pie y subiéndola mientras cambiaba de posición con ella.

– Me tienes muy mojada, quiero que me folles Primo –dijo con una voz muy excitada.

La puse frente a mí, le di vuelta y la tome por el culo, agarré una almohada y se la tiré. Luego levanté su trasero y la dejé con la cabeza metida en la almohada.

-Toma, muerde esto, no quiero que hagas ruido.

Me observó un poco sorprendida pero no dejó de hacer caso de lo que le pedía. Empecé por bajarle la falta y la saqué por sus piernas para tirarla lejos, sus bragas las dejé ahí. Acerqué mi boca a su culo y lo lamí, con mis dedos me ayudaba haciendo de lado parte de sus bragas color blanco combinando con el bra que para entonces no llevaba puesto, era tan delgada que no me estorbaba, verla con ellas puesta me excitaba más, le daba lengüetazos desde su vagina al culo y con mis manos masajeaba todo su trasero. No paso mucho tiempo hasta que moví mis manos para masajear su vagina, metía dos dedos y la lamía, sentía como cada vez que me movía más rápido su cuerpo me respondía. Para ese entonces ya mi pene había recuperado su esplendor nuevamente, y estaba dispuesto a follármela.

La solté, me paré y me puse en posición para darle por detrás así como estaba. La metí de a poco ayudándome con mi mano, al inicio me costó un poco pero luego que entró la mitad no tuve problemas después. La metía una y otra vez en un vaivén, su trasero estaba chocándome los huevos, le daba nalgadas repetidas ocasiones y sentía como ella se estremecía y quería gemir pero la tomaba del pelo y la hacía morder otra vez la almohada. La embestía una y otra vez mientras en silencio gemía de placer. Aruñaba su espalda y le daba en todo el culo cada vez más fuerte y rápido. El único ruido que se escuchaba en mi habitación para ese entonces era la entrepierna de mi primita chocando fervientemente. Sus gemidos los controlaba menos cada vez, tomaba su cabello lacio entre mis dedos y tiraba de el al principio suavemente pero a medida iba penetrándola más lo hacía con más fuerza.

Sus piernas comenzaban a temblar, giró su cabeza para verme con su carita de inocente mientras mordía la almohada, estaba prendido, el corazón me iba a cien ¿han tenido sexo alguna vez drogados? Se los recomiendo, es de las mejores experiencias que puedo contar. Mis manos rodeaban sus caderas y las atraían a mi verga cada vez que se intentaba salir.

En ese momento la solté y me acosté para cambiarla de posición, ella sin decirle nada al verme en esa posición se montó en mí y comenzamos a besarnos nuevamente, sus dedos acariciaban mi cuello mientras nos besábamos, luego comenzó a lamer mi cuello y sentía como se me erizaban hasta los pelos de la nuca solo de sentir su aliento en la piel. Pase de acariciar su trasero sobre mi pene a colocarlo justo bajo su vagina húmeda, con cada beso y movimiento pélvico sentía como ella estaba caliente ahí abajo. Le terminé de quitar sus bragas y en un movimiento ligero introduje primero el glande y luego el resto de mi pene. Ella comenzó a cabalgar mi verga a un ritmo constante, sentía como todo su peso apretaba mi tronco, estar dentro de ella era una sensación acogedora, tomarla por su cintura y acariciar sus pechos para luego acercarlos y besarlos, sus pezones me estaban volviendo loco al menearse de arriba hacia abajo mientras se la seguía metiendo. Mi pene estaba palpitando de lo duro que estaba, sentía como dentro de poco me iba a correr otra vez, Paola se encontraba casi igual, sus gemidos me daban alerta a que ella estaba próxima a correrse nuevamente. Sin preguntarle en un hábil giro la tomé y la volví acostar, esta vez viéndome de frente, levanté sus piernas y las puse sobre mis hombros mientras la seguía embistiéndola.

-Qué rico Dani –decía entrecortado.

Ya no le decía nada, solo gemía suave tratando de no hacer ruido. Metí dos dedos en su boca para que los chupara mientras seguía en el vaivén, mi pelvis se movía y sentía como ella estaba apretada por dentro. Sentía como se acercaban sus contracciones, nuestros cuerpos se estremecían.

-¡Me vengo! – gritó.

Me rodeo con sus piernas y me empujaba hacia ella para que siguiera con el mismo ritmo, sabía que no estaba usando protección pero en mi mente aun levemente inconsciente recordaba haber guardado una pastilla para evitar problemas como ese previamente así que no me detuve sabiendo que yo estaba a punto de venirme también.

Nuestros cuerpos ya estaban algo sudados, acariciaba sus pechos, aruñaba su abdomen y cuando sentía que ya casi estaba por correrme fui a besarla nuevamente mordiendo casi violentamente sus labios y su cuello.

Ella se vino aún conmigo dentro, ver su carita llena de placer y sentir como su cuerpo me abrazaba en cada contracción que tenía me terminó de excitar hasta el punto que sentía que me venía.

-Lléname de toda esa leche primo –me dijo mientras se mordía sus labios y me miraba con una cara que demostraba que anhelaba ese placer.

La tomé con fuerza en las últimas embestidas que le di, sentí como el semen venía cerca,  agarré su pelo y lo tiré hacia atrás haciendo su cabeza quedar metida en la cama, apretaba sus caderas a mi verga y en poco segundos sentí como la llené. Estaba muy caliente, ella también. Saqué mi pene y poco después comenzó a salir el semen que se acumuló dentro, más sus propios líquidos que la tenían muy húmeda. Aún ambos un poco sucios por el sudor y los líquidos que acabábamos de intercambiar ella me acercó a sus labios y estuvimos un momento tocando nuestras lenguas dentro de las bocas.

-No conocía este lado tuyo Paola –dije con una voz pícara.

-Lo sé, y vas a conocer más porque estoy suspendida toda la otra semana y antes que mis padres se enteren vendré mejor acá contigo Daniel –respondió.

-Espera, entonces no…-estaba diciendo hasta que rápidamente me interrumpió.

-No, no es verdad lo que dije – Se echó a reír – Eres muy ingenuo Dani.

-Claro –dije con el mismo tono burlesco que ella – Un ingenuo que te puede tirar de cabeza con tus padres.

-Silencio, este es nuestro secreto, si algo sale de aquí ambos estaremos en problemas.

-Lo sé –respondí mientras buscaba la pastilla que le tenía que dar –tómate esto –extendí mi mano y se la ofrecí.

-¿Crees que soy tonta? Estoy planificando, no te preocupes.

Ambos nos fuimos a bañar cada quien por su lado, nos cambiamos y pasamos a la sala a bebernos el wisky que traía, ella se puso mi camiseta y las mismas bragas blancas que traía, nos acostamos y pasamos el resto de la mañana viendo televisión. Al llegar la hora que se tenía que ir se puso el uniforme nuevamente y me dijo.

-Nos vemos el lunes pendejo, no me vuelvas hacer esperar tanto tiempo.

-Adiós culera, no dejes nada en mi cuarto –le dije mientras encendía mi computadora y me sentaba.

Se fue como a eso de las 4, mi hermana llegó con mi madre a eso de las 6 de la tarde, pasé esperando a ver si mis tíos llamaban, pero no sonó el teléfono, parece ser que Paola realmente se había metido en problemas y quería evitar decirles. No profundice el sus problemas, ella no es una chica para hablar de eso, no me importa lo que hace con su vida, a ella tampoco lo que hago con la mía, pero desde ese día hubo más encuentros familiares los cuales fueron en aumento cumpliendo fantasías tanto mías como de ella. Definitivamente desde ese día no volvía a ver a mi primita con los mismos ojos, en mi mente seguía llamándola primita pero sabía que ella ya estaba desarrollando y hasta que llegara a la madurez iba a seguírmela comiendo. No sé porque hay tanto placer en hacer las cosas políticamente incorrectas, pero lo que si supe desde ese día era que Paola era una tipa muy caliente.

Author: Lincktendo

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