La Calentura de mi hermana.


Al subir la escalera, la primera pieza era la de mi hermana, así al pasar, ella me llamó a su cuarto y al entrar, la encontré totalmente desnuda, admirándose las hermosas huellas que el sol le había dejado, ya que se asoleó todo el día, destacando el bronceado de su cuerpo y las marcas blancas que dejó el bikini, tanto en sus senos como en su cadera y cintura. Su bellísimo pubis se destacaba marcadamente por su bello púbico, en forma de un pequeño triangular negro que de inmediato me puso tiesa la verga, que se levantó como  perro, que huele la carne fresca de una hembra en brama. Ella no se cubrió hasta después de un rato que me pareció muy breve. Pero reaccioné pidiendo perdón y regañándola por no cerrar la puerta, ella pudorosa, se llevó el brazo a sus senos y con la mano izquierda trató de tapar su entrepierna, gesto hipócrita y totalmente inútil. Ya que los dos sabíamos la maniobra que acababa de hacer, quería que la viera y mostrarme el trabajo que le hicieron en el salón de depilación.

De todas formas me fui a mi cuarto, y como les he comentado, todas las noches me masturbo a más no poder, recordando las escenas del día, y en esa ocasión no fue la excepción, acordándome de como se veía Mari,  en su traje blanco. La desnudes de su piel, así como la negrura de su pubis, en el show que me hizo disfrutar. Otras veces veces, hojeaba alguna revista con mujeres desnudas. Esa ocasión, estaba con la luz apagada, la puerta cerrada, desde luego sin llave, la recamara iluminada únicamente, por la luz de la farola de la calle que entraba por la ventana. Por lo que inicié mi ritual de todas las noches, primero me desnudaba totalmente, rociaba mi cuerpo con loción masculina, así como toda la recamara. Después, preparé todo, poniendo a la mano una revista con féminas desnudas, así como la crema corporal, vaselina, una toalla, papel higiénico o pañuelos de papel. Dispuse todo, frente al espejo o mejor dicho la Luna del Tocador de la pieza, que es de cuerpo entero. También una lampara de lectura con luz graduable, apenas lo indispensable para ver la imagen en la revista, por lo que la penumbra era casi total. Así ese día, como siempre lo hacía, tomé un juego de mancuernas de 50 kilogramos y empecé a hacer ejercicio de brazos, hombros y pecho, 2 series de 12, para cada grupo, hasta que sentí bien bombeados y duros los brazos. Los músculos Triceps, que van atrás del bíceps y que son mi orgullo, por su desarrollo. Descansé unos minutos y empecé a masturbarme, en lo que soy un experto con grado de maestro, mirando a media luz como lentamente mi hermoso, magnifico pene, despertaba lentamente de su sueño diurno, siempre me gusta ver como se va poniendo erecto lentamente; Como crece su cuerpo, como si tuviera vida propia y como el glande  va creciendo poco a poco, con cada gota de sangre que le  llega, expande su corona en forma de hongo. Me impresiona su redondeada forma, tan suave y a la vez recia, incluso aprecio sus latidos, así esa noche, hasta que estuvo completamente duro, listo para cualquier batalla sexual a la que lo sometiera. Dispuesto a desflorar a cualquier virgen que tenga enfrente. A invadir cualquier boca que lo quiera devorar. A besar con su candente contacto, los labios vaginales de las feminas, separandolos, con su roma punta, frotando lentamente, para inflamar sus frágiles clítoris, hasta ser guiado e introducido en el húmedo y tibio recinto vaginal, roazando y agrandando placenteramente sus profundidades. Y desde luego, sin hacerle el feo a cualquier culito masculino. El «Principe Alberto» brillaba magnifico en el. Por lo que, de inmediato, al lograr la máxima erección, procedí como siempre a amarrar una correa de cuero alrededor de mis testículos, con su correspondiente prisionero u opresor metálico que aprieto fuertemente a la base de mi falo, para retardar mi erección todo lo posible. Finalmente, le agrego el toque final, le aplico un gel de mi invención, preparado con gel, perfume y una pizca de cocaína, que es el ingrediente secreto, para transportarme al paraíso. Por lo que empecé la ardua tarea de masturbarme, cosa que a vece me lleva de media a una hora, como he dicho soy un experto y no quiero llegar a la eyaculación de inmediato, así uso el brazo completo, poniéndolo rigido, no uso solamente el movimiento de la muñeca y la mano, además al llegar a la gruesa punta giro mi mano, para acariciar la Corona del Glande, donde es más sensible y así lenta y sistemáticamente, arriba y abajo, una y otra vez, es una delicia.

 

Como supondrán estaba al borde del éxtasis, admirándome, cual «Narciso», enamorado de mi mismo, cuando me acordé del gran Dildo, y en mi calentura nocturna, se me ocurrió probar como me vería luciendo aquel aterrador y descomunal falo. Por lo que procedí a sacarlo de su estuche. Apreciando su grosor y dimensiones, así como las hermosas venas simuladas de que estaba decorado. Tuve que proceder a liberar mi pene auténtico del opresor, y de la correa de cuero a mis grandes huevos, pero como mi verga seguía muy dura a causa de la sobreexitación, tuve que doblarla, para sujetarla entre mis piernas, lo que me produjo un placentero dolorcito. Pobre de mi leal socio, ser sustituido por un grosero, aunque descomunal  pedazo de plástico. Así me  inserté igualmente el dildo, entre las piernas sosteniéndolo con las mismas, por lo que alrededor de 5 centímetros, del mismo quedaron inutilizadas e invisibles a la vista. Aún así era una máquina descomunal, por su grosor, dureza y longitud. Al grado de que haría retroceder a la vieja más caliente. Me contemplé en la penumbra a contraluz en el espejo, y me veía magnifico, aún mejor, que con mi propio pene, sumí aún más la panza. Y mi cuerpo lucía sensacional con ese pene superdesarrollado, veía extasiado como  las gruesas  venas simuladas  del mismo, parecían querer estallar. Cualquier joven mujer, sin duda, se hubiera sentido atraída fuertemente por este, aunque  intimidada por su tamaño, al grado de que yo mismo, hubiera deseado poder doblarme para darle una chupadita a esa maravilla, besándola y lengueteando  a placer. Al no poder hacerlo, tomé la vaselina y lo embadurné, luego la crema perfumada, con lo que brillaba como una fina espada recién pulida. Lo empecé a acariciar, por lo que además, como si fuera un afinado instrumento, hacía una melodiosa música, cht, puch, tchr,sh.

En eso estaba, disfrutando el placer de mi mismo. Cuando empecé a oír ruidos en el patio, alguien quería sacar un auto,  por lo que supuse que querían sacar el vochito de mi hermana. Me acerque aún más a la ventana y sí, comprobé que era mi hermano Rene, el adolecente, que se llevaba sin permiso el auto de Mari.


Cuando sin ningún aviso, y sin tocar en mi puerta. Mari, abrió hecha una furia, y me vio a contraluz, con mi supuesto superfalo.  Me veía junto a la ventana, iluminado desde la calle, a contraluz. Y Se quedó de una pieza, por unos segundos, al grado de que no supo que hacer o decir. Bizqueando sobre mi supuesta hermosa herramienta. Se llevó la mano derecha a la boca, que tenía abierta en forma de «O», que casi pronuncia, prácticamente babeando. Esto duraría unos cinco segundos. Yo también me sentí cohibido, pero sorprendentemente, no hice nada por cubrirme. Al contrario, empecé a acariciarme, como si lo estuviera masturbando lentamente, llegando a la punta y girando mi mano, para subrayar su descomunal grosor, aunado al ruido que producía  la crema de que estaba cubierto, al frotarlo y pasar la mano por los huecos entre las venas a punto de reventar de la verga, nuevamente se oyó shr, tch, tach. Hasta que Mari, reaccionó y girando en redondo dijo «Perdón, creí que estabas dormido», cerró la puerta y al paso de otros cinco minutos volvió a tocar y en voz alta dijo: «!Rene, se está llevando mi coche, está borracho y me lo va a estrellar por ahí, por favor, necesito que me ayudes para que no lo saque!».  Por lo que le contesté: «Si, me visto y bajo de inmediato».

Así que me puse unos pants y bajé a ver si todavía podía evitar el hurto del auto de mi hermana.

Al no poder evitarlo, nos limitamos a cerrar, el zaguán y ella tomo la iniciativa diciendo, bueno volvamos a acostarnos, espero que no lo choque y cada quien se fue a su habitación a seguir «durmiendo». Así nos retiramos a descansar, cuando se me ocurrió hechar un vistazo al hueco en el cristal de las puertas de intercomunicación de las recamaras, que hacía años había yo hecho, para precisamente espiar a mi hermosa hermana. Por lo que me percaté que ella no estaba en la cama, al buscarla con la vista, pude darme cuenta que en la penumbra de su cuarto, ella estaba sentada en el sillón del cuarto, masturbándose, como si el mundo se fuera a acabar. Luego sorprendentemente, se levantó y casi instantáneamente tomó una bata que estaba sobre la cama. Por lo que al adivinar que venía a mi cuarto, corrí a sentarme en mi sillón favorito, así apenas alcance a sentarme, cuando ella entro al mismo, cerrando a sus espaldas y tirando la bata al piso, quedando totalmente desnuda, me dijo, «No resistí más, quiero tocar tu miembro, me tiene enloquecida, por favor déjame besarlo, quiero extraer hasta la última gota de  leche que tengas. Y diciendo y haciendo, se arrodilló ante mi y empezó a mamarme mi verga verdadera. Acariciaba mis huevos y pasaba su manita a todo lo largo. Empezando a oírse los fush, glup, shak, mmm,……Pero que es esto? Casi me rompo los dientes, en un grueso anillo? No, le dije, es un piercing. Y prosiguió como si nada, mmm…….sush, shoc, shach. Hasta que me sacó la leche de una gran eyaculación que me produjo un orgasmo que casi me dobla.  Ella se trago parte de mi descarga, sacándose el pene de la boca, esperó el final de mi explosión,  para embadurnarse la cara y los senos. Me dijo: Sabías que el semen en maravilloso para la piel, la nutre y además, es el mejor reafirmante cuando se seca. Siempre supe que tenías una verga excelente y bromeaba con mis amigas, cuando me preguntaban si alguna vez te lo había visto. Les contaba, la mentira de que, una vez se había desmayado una de tus novias, cuando se lo introdujiste en la vagina. Pero yo hace rato la vi mayor, que te pasó? Por lo que, una vez descubierto, le confesé el truco y ella se rió de buena gana, diciendo que había caído redonda. «Bueno», dice, «eso  me pasa por caliente», me voy, mañana hay que levantarse muy temprano y ya es de madrugada. Buenas noches. Saliendo y cerrando mi puerta.

 

Días después, tuvimos otras aventuras, pero eso será materia de otro cuento, si les gustó este, déjenme sus comentarios y veremos si puedo escribir otro. Gracias.

 

Relatos Similares:


6 comentarios en “La Calentura de mi hermana.”

Deja un comentario