ME ACUESTO CON MI HERMANA Y SOY MUY CELOSO

Incesto sexo con hermana

ESTE RELATO EROTICO EL LADO OSCURO DE LAS RELACIONES INCESTUOSAS ENTRE DOS HERMANOS QUE BUSCAN SATISFACER SUS DESEOS MAS OCULTOS A CUALQUIER PRECIO SIN IMPORTAR EL PARENTESCO. POR ESO , INVITAN A UN FISICOCULTURISTA QUE OFRECE SUS SERVICIOS A TRAVES DE UNA AGENCIA DE ACOMPAí?ANTES PARA QUE APAGUE EL TODO EL FUEGO SEXUAL QUE HAY EN AMBOS HERMANOS. ASI, SE PRODUCE UN TRIANGULO AMOROSO, EN DONDE NO HAY LIMITES PARA EL AMOR FAMILIAR Y EN DONDE PREDOMINA EL SEXO DURO DE A TRES Y LA HOMOSEXUALIDAD. FINALMENTE, LOS HERMANOS SIGUEN MAS UNIDOS QUE NUNCA Y SE PROMETEN AMOR ETERNO A PESAR DE QUE UNO DE ELLOS, TODAVIA ESTA CASADO LEGALMENTE.ME ACUESTO CON MI HERMANA Y SOY MUY CELOSO

Todas las veces que tengo ganas de coger, visito a mi hermana para coger con ella. Los dos disfrutamos como animales con nuestros deseos más lujuriosos. Entre nosotros no hay secretos ni prohibiciones, si una cosa nos gusta la hacemos y disfrutamos, como cuando estamos juntos en la bañera y me apetece mear en su cara y en su boca, y que luego me chupe la pija hasta que me corro y vuelco mi leche entre sus labios para que se la beba y se la trague. Por eso, el día que me comento que deseaba cojer con uno de esos fisicoculturistas que dicen que tienen unas grandes vergas (hemos comprobado que es cierto), le aseguré que haría cumplir sus deseos. Los anuncios de contactos sexuales de los periódicos son especiales para estos casos, y me fue fácil encontrar lo que buscaba, un tipo de unos treinta años, musculoso y con la verga más larga y gruesa que yo había visto hasta entonces, casi el doble que la mía y más gorda. Le expliqué el asunto y se mostró conforme ,incluso cuando le dije que yo estaría presente en todo momento, que si a mí también me apetecía tocarle o mamarle la verga podría hacerlo, que yo sería el “director de orquesta” y desde luego que mientras él se cogia a mi hermana ella me chuparía a mi la pija para que me corriera en su boca. En realidad le conté que se trataba de mi esposa y no de mi hermana, pero a él le daba lo mismo. Estaba para eso y no puso objeciones, lo mismo cuando le aclaré que hecho su trabajo se marcharía y que no nos volveríamos a ver, porque yo tampoco las tenía todas conmigo y no me interesaba correr el riesgo de que a la puta de mi hermana le gustara el tipo y luego se lo montara con él a mis espaldas. Quedamos al día siguiente por la tarde, yo me adelanté para prepararlo todo, me desnudé y me puse una bata, y le vestí adecuadamente a mi hermana, más bien la desnudé con un tanga, el corpiños, sus zapatos de tacón y una deshabillé trasparente que enseñaba más que cubría. Realmente, mi hermana es una señora hembra, con buenas tetas, un hermoso culo y unas caderas gloriosas, y capaz de hacerle rugir a cualquier hombre. Rosa estaba un poco nerviosa, pero sonó el timbre y ya no daba tiempo a tranquilizarla, tendría que relajarse a base de chupar pijas y cojer. El fisicoculturista se comportó como caballero, le llevé al salón donde mi hermana esperaba, la besó en la mano educadamente y adelantó que era un persona civilizada y que no habría problemas, mientras yo servía unos whiskys para beber y para mojar nuestras pijas. Le dije que podía desnudarse y lo hizo, se quedó con un diminuto slip blanco que destacaba sobre su blanca piel y que apenas conseguía cubrir su gruesa verga. Observé que mi hermana se sentía admirada y miraba con sorpresa y curiosidad el bulto de su polla, y encantada cuando él le dijo que era una mujer muy hermosa, por lo que le pedí al “potro” que empezara a actuar con ella. Se acercó a mi hermana, la levantó del sillón, la abrazó y la besó en la boca voluptuosamente, con lujuria y con su larga lengua buscando todos los rincones, mientras su mano derecha buscaba bajo el tanga el culo de Rosa, luego su vagina y ella empezaba a gemir de gusto, lo que empezó a excitarme, a levantarme la pija y a provocar un escalofrío en mis huevos. A todo eso, mi hermana se mostraba extrañamente cortada y parecía que no se atrevía a moverse, aunque respondía a los besos del fisicoculturista, por lo que me acerqué, le tomé una mano y se la puse sobre el bulto de la pija en la tanga de su amante. Ahora se mostró todavía más sorprendida por el tamaño de aquella cosa que palpaba, y empezó a acariciarla como con la mía solía hacer, y conforme aquella verga monstruosa iba creciendo a soñar con lo que iba a disfrutar sintiéndola en el interior de su vagina. “Vamos a mi cuarto”, propuso Rosa, que estaba cada vez más caliente y ya no podía esperar, tomamos los vasos y la botella de whisky, el negrazo hurgó en los bolsillos de su pantalón y sacó unos cuantos condones (es previsor el tío,pensé) y fuimos para alla. Mi hermana se tumbó en la cama, evidentemente no quería esperar, pero le pedí que no tuviera prisa, la hice levantar y le aconsejé que comenzara el juego como conmigo lo hacía. Se puso de rodillas de cara al paquete de aquel tremendo hombre, le bajó el tanga, vió aquel miembro espectacular y se quedó pasmada, me miró sonriente y ya iba a aplicarse a la mamada cuando me aproximé con un vaso de whisky y le bañamos el pene. El fisicoculturista estaba encantado y más cuando mi hermana cogió, empezó a lamerle el prepucio y se metió la tremenda verga en su boca, que ni le cabía, y a gozar con ella, mientras el se inclinaba para acariciar sus tetas y yo me excitaba observándoles. Mi hermana estaba rebuena y puta como nunca, rugía y gemía peleando con aquella pija tremenda y se masturbaba con toda su mano. La verga del fisicoculturista estaba alcanzando su esplendor, que hasta sentí envidia, me acerqué y le pasé un porro al invitado que pegó unas caladas profundas mientras yo palpaba su pija, una verga hermosa y gruesa, con un enorme prepucio que amenazaba estallar. “¡Méteme la verga, cabrón!”, le pidió Rosa, que ya estaba totalmente desinhibida y sólo pensaba en disfrutar, se puso a cuatro patas, él se arrodilló para penetrarla y yo dirigía su pene hacia la raja de mi hermana, haciendo un movimiento circular con su prepucio que ella acogió con un rugido. De pronto, el empujó y clavó la mitad de su pija en el culo de Rosa, que ahogó un grito de dolor y me miró con ojos temerosos de ser destrozada por aquel bestia: “¡Me duele!”, gimió. “¡Callate hija de puta!”, le dije. Me coloqué yo también de rodillas y le ordené al fisicoculturista que sacara su pija para chuparla y empaparla bien de saliva, no lo había hecho jamás y la verdad que el dulce gusto de aquel vergazo, matizado con todo el sabor de la concha de mi hermanita, me excitó. Sentí mi pija que no podía más pero conseguí resistir. Trasladé otra vez la pija del invitado a la concha de mi hermana que no paraba de excitarse en el clítoris con su mano, y esta vez no se quejó, al contrario soltó un profundo suspiro y ayudó moviendo el culo a que su macho empezara a moverse. Indudablemente era un experto, un profesional que sabía lo que hacía, se movía ritmicamente, despacio y profundo, fuerte, rápido y un poco brutal, y su penetración iba haciendo su efecto, y de vez en cuando la golpeaba en las nalgas con la mano abierta, provocando grititos de ella. Mi hermana se mostraba feliz, me sonreía y disfrutaba cerrando los ojos y mojando sus labios con la lengua, “¡mmm, qué gusto más rico!” me decía, y yo tambien le acercaba mi pija para que la chupara y le decia: “¡ mira que eres puta, estás gozando como una yegua en celo!” y ella se sonreía aún más y me respondía que sí, que estaba disfrutando más que conmigo. El fisicoculturista nos observaba un tanto sorprendido, pero se veía que también estaba gozando lo suyo el muy sexopata. Su verga parecía un tremendo pedazo de carne bien gruesa y larga y el hijo puta agradecía que yo le acariciara los huevos mientras él se aplicaba, metía y sacaba. Llevaban veinte minutos cogiendo y de pronto mi hermana se empezó a correr, se estremecía como una loca, gimiendo y gritando, se encogía y estiraba y me lancé a meter mi pija en su boca que empezó a chupar babeando de gusto y lujuría, y me corrí en su garganta. Creí que me quedaba vacío del borbotón de leche que me surgía caliente e incontenible y que ella se tragaba entre los espasmos y el estremecimiento de su orgasmo. Me quedé destrozado y mi hermana seguía con sus orgasmos, temblando y gimoteando con los rios de mi leche en la comisura de sus labios y aguantan
do los empujones del sexopata invitado, que seguía bombeando. De repente el amigo pegó un rugido, ¡mmmme vvvoy aaa cccoorrrrer! acertó a decir, se bajó de la vagina de mi hermana y empezó a pajearse el aparato, sin saber qué hacer con la corrida que le venía, ¡métesela en la boca, hijo de puta, que se la beba!, le dije. Se arrastró como pudo hasta la boca de Rosa y sin dejar de masturbarse empezó correrse como una avalancha de leche espesa que brotaba a chorros gruesos y que mi hermana tomaba con su lengua y luchaba por no dejar caer aquella crema caliente y viscosa. El fulano se tumbó boca arriba boqueando de forma entrecortada mientras Rosa le pasaba la lengua entre los muslos, en las pelotas y en la pija, y yo sentía una sensación extraña de pecado y ansiedad. Me acerqué, aparté a mi hermana que no se dejaba y me lancé sobre la verga aquella para probar aquel jugo denso y agriculce. Me metía su pija hasta el fondo de mi garganta y yo me admiraba de que aquel vergazo había perdido rigidez pero seguía gorda como una morcilla. Mi hermana se metió en mi entrepierna y empezó a mamar mi verga y estaba yo tan excitado que me corrí de nuevo, una corrida que hasta me hizo daño al agotar mi leche y ella seguir succionando. Me aparté porque no podía más, estaba hecho polvo, lo contrario que mi hermana, la puta de ella, que se tumbó en la cama con las piernas abiertas como una ninfomana y el fulano empezó a montarla y a penetrarla de nuevo, y yo me sentía mareado y hasta con ganas de vomitar. Me fui al baño y desde la habitación me llegaba la voz de mi hermana que gruñía gozando del polvazo que otra vez le endiñaba aquel hijo puta. Me refresqué un poco y me sentí mejor, Rosa me llamaba y aunque no estaba yo para muchas cojidas mas, me tumbé junto a ellos, ahora acariciando las tetas de mi hermana y besándole en la boca, le acaricie las pelotas y el nacimiento de la verga al fulano que seguía bombeando como un toro. Bueno, mi hermana estaba perdiendo el sentido, me besaba y chupaba mi lengua. Me pedía que metiera la pija en su boca, se asfixiaba, gruñía como una puta y se encogía y estiraba al borde del orgasmo. El fisicoculturista otra vez aviso que iba a correrse e hizo ademán de sacar su pija, pero mi hermana se la volvió a meter en la vagina y le ordenó que se corriera dentro, “¡métemela toda, méteme la verga!”, estaba excitadísima y cuando aquel animal levantó la cabeza y se sintió vencido por la corrida, ella puso los ojos en blanco y se sintió inundar con el chorro que le entraba a borbotones, destrozada por un nuevo orgasmo que le hacía apretar los dientes con una extraña mueca de placer y de dolor. Acabaron. Mi hermana se quedó despatarrada en la cama y el semental se dejó caer en la alfombra, boqueando vencido por el esfuerzo. Me tumbé junto a mi hermana y la acaricié suavemente en la cintura y en las tetas, mientras se recuperaba y sonreía. “¿Puedo ducharme?”, preguntó aquel bestia. Le indiqué con una mano hacia dónde debía ir y me quedé con mi hermana, los dos abrazados. Nos recuperamos, mi hermana me besaba y sonreía, ¡que dos polvazos, mi vida!, me decía, mientras se ponía una bata. “¿Por qué no te duchas con él y cojen otra vez?”, la animé. Dicho y hecho, se fue al baño, la seguí, se metió con el invitado fisiculturista, se bajó a mamarle la pija para animarle y se dejó penetrar otra vez hasta correrse mientras yo los observaba. Noté que yo también volvía a excitarme, pero decidí dejarlo para luego con la finalidad de que se marchara aquel hijo de puta. El fisiculturista salió fresco como una lechuga, se vistió mientras fumaba un cigarro y se bebía otro whisky generoso mientras que me decia que habia sido todo un placer. Le solté 100 dólares con propina incluida y le dije que volviera ¿No me puedo despedir?”, preguntó. Le dije que sí, llamé a mi hermana, se dieron la mano y un beso en la mejilla, le acompañé a la puerta hasta la calle. Cuando volví, mi hermana estaba sentada en el sillón del salón y me decia: “hermanito, ha sido magnífico, qué pedazo de pija, me he comido como nunca”, me dijo, lo que me puso de bastante mal caracter. “Siempre has sido una puta, pero el unico que se siente con todo el derecho a cojerte soy yo, le respondí celoso. Hice un gesto con los dedos en mis labios pidiendo silencio, llamé por teléfono a mi mujer y le dije que lo sentía, que llegaría muy tarde del trabajo y que no me esperara. Colgué, me acerqué a Rosa y me abrí la bata enseñándole mi verga, una miseria comparada con la del hijo puta que acababa de irse pero era la mía. “¡Pónte de rodillas hermanita puta que cuando me separe de mi mujer solo viviras para mi !”, le ordené. Ella se colocó ante mí sonriendo, le tomé la cabeza y le metí la verga que respondía muy bien a mis deseos en la boca, ella empezó a chuparla levantado hacia mí sus ojos sonrientes y agradecidos, “te quiero hermano y ojala que te separes pronto de tu esposa porque quiero dejar de ser tu hermana para ser tu mujer”, me decía y yo comencé a disfrutar de las delicias de mi puta hermanita que tanto quiero y con la cual pienso vivir una vez que realice los tramites de divorcio de mi mujer.

AUTOR: MIGUEL ANGEL POUSADA

LA PLATA – PROVINCIA DE BUENOS AIRES – ARGENTINA –

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Author: alexa66

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