Lo que mis malditos amigos le hicieron a mi hermana.

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6 December, 2019 1:00 am

Mi nombre es Sebastián, tengo 21 años y voy a contarles lo que sucedió hace tres, en el 2000; no es una historia muy bella pero creo que merece ser contadaEn ese entonces tenía yo 18 años y estaba a punto de terminar la preparatoria, vivía con mi madre y mi hermana Verónica que es mayor que yo por cinco años; en esa época ella estaba estudiando en la Universidad al tiempo que trabajaba de secretaria en una empresa.

No es por nada, pero la verdad es que mi hermana siempre ha estado bastante buena; es un poco más bajita que yo, mide como 1.66 mts, sus medidas son 88-57-92, ella es de tez blanca, su cabello es largo a media espalda; ella es pelirroja; tiene una cara hermosa; usa unos anteojos que la hacen ver como intelectual; no sé si ya se habrán dado cuenta, pero creo que desde entonces ya estaba enamorado de mi hermana y aun con lo que sucedió, sigo estándolo.

Bueno, como esa era mi época de rebeldía y conocí a un grupo de amigos en la escuela; estos chicos que eran más grandes que yo, calculo que tendrían entre 23 y 26 años, eran lo que se conoce como â??fósilesâ?, ellos ya ni siquiera estudiaban ahí, solo iban a jugar en las canchas, a cotorrear a las chavas, a tomar y drogarse; sé que no eran muy buenas amistades, pero como ya lo comenté antes, estaba en mi época de rebeldía y me fascinaba todo lo que ellos hacían. Lógicamente a mi hermana y a mi madre no les agradaron mucho las amistades que yo tenía, pues tuve la mala idea de invitarlos un día a mi casa a escuchar unas rolas y ver películas.

En esa ocasión fueron seis los chavos que llegaron a la casa, en cuanto salimos de la prepa los invité y le caímos de sorpresa a mi madre a eso de las cuatro de la tarde; estuvimos tomando y cotorreando un buen rato mientras escuchábamos música, heavy metal para ser exactos; luego vimos una película de Van Damme, nada más no vimos una porno porque mi mamá andaba rondando por ahí a cada rato.

Alrededor de las 8:00 de la noche llegó mi hermana y se enojó mucho de ver que estos vagos estaban en la casa; me hizo que prácticamente los corriera y me puso una regañiza que todavía no se me olvida; pero lo que más me dio coraje fue que mis amigos se burlaron de mí por la forma en que Verónica me mandaba, yo la obedecí porque era la que aportaba el dinero a la casa y porque, como ya lo mencioné antes, estaba muy enamorado de ella, la verdad es que me traía por los suelos, yo la obedecía en todo; pero esa vez si me molesté por la burla de los chavos estos.

Los siguientes días fueron para mí de verdadero enojo, ya que mis amigos no perdían ocasión de burlarse de mí diciéndome que mi hermana era la que llevaba los pantalones en la casa y que yo era un mandilón y no sé que otras estupideces más que me hacían enojar muchísimo; lo peor del caso es que no podía hacer nada, así que poco a poco me fui alejando de ellos para no escuchar sus burlas; eso me ayudó bastante, pues mejoré en la escuela y empecé a hacer nuevas amistades más sanas con chavos de mi edad y con las chicas de la escuela; de hecho una de ellas llamada Araceli me empezó a gustar bastante y empecé a rondarla; pero eso no viene al caso por el momento.

Pues bien, pasó como un mes sin ninguna novedad, hasta que un día al llegar a la escuela me encontré con mis antiguos amigos, ellos me saludaron amistosamente y platicamos un rato, me preguntaron porque ya no andaba con ellos y les inventé que porque estaba trabajando; luego me dijeron que querían ir a mi casa de nuevo; les contesté que no era posible, ya que mi hermana y mi madre me lo habían prohibido; esto suscitó comentarios acerca de lo buena que estaba mi hermana, incluso uno de ellos, un chavo pelón y fornido al que conocíamos como â??el Maxâ? dijo que si yo no podía domar a mi hermana, se la dejara un rato y él me enseñaría como hacerlo; eso me molestó mucho y decidí mejor retirarme para no seguir escuchando sus idioteces y haciendo corajes. Al alejarme alcanzaba a escuchar aún sus burlas, pero no hice más caso.

Al día siguiente me volví a encontrar a mis ex-amigos, pero esta vez fue diferente, ellos se portaron de otra manera, me dijeron que habían notado mi molestia del día anterior y que querían disculparse conmigo y que me invitaban a casa de uno de ellos para quedar en paz; me dijeron que no querían que volviera a andar con ellos, sino que solo querían que no hubiera broncas. Me pareció muy buena onda de su parte el que hubieran reaccionado así, quedé de verlos el siguiente viernes en la tarde para irnos de parranda a donde ellos me invitaran.

El día llegó y avisé a mi madre que llegaría tarde o tal vez no llegaría; le pedí que le avisara a mi hermana y me fui a la escuela; en la tarde me encontré con dos de los chavos de la banda y me dijeron que los demás nos esperarían en una casa, así que nos subimos al metro y me fui con ellos; llegamos a un paradero de camiones y nos subimos en el que ellos me indicaron; avanzamos y avanzamos; me di cuenta de que nos alejábamos de la ciudad y me puse un poco nervioso; le comenté a uno de ellos que estaba lejos y me dijo que si, pero que no me preocupara porque tenían preparada una gran fiesta y que la íbamos a pasar muy bien.

Realmente no me tranquilicé mucho, pues veía que el camión avanzaba ya por caminos muy feos, llenos de hoyos y ya se iba oscureciendo.

Por fin llegamos a un lugar horrible, era como una ciudad perdida lejos de toda civilización, las calles eran de tierra y había charcos de lodo; había perros callejeros por doquier y se veía que ahí la pobreza era cosa de todos los días.

Caminamos unas tres o cuatro cuadras y llegamos a una casucha de lo más fea, era de las pocas que estaba construida con ladrillo, pero sin acabados, el techo era de lámina de asbesto y todo se veía muy oscuro. Uno de los chavos que iba conmigo tocó la puerta en clave, le abrió otro de mis ex amigos y nos dijo que ya nos esperaban, que por favor pasáramos.

Yo me imaginé que en ese lugar estos chavos se drogaban y tomaban hasta caer rendidos; pero nunca me imaginé que podría hacerse una fiesta allí.

Entramos a uno de los cuartos donde estaban otros cinco chavos de los que yo ya conocía, estaban sentados alrededor de una mesa de madera un poco desvencijada; todos estaban tomando, de hecho ya se veían algo tomados; uno de ellos incluso se veía como drogado, ya que no reaccionaba a nada y tenía la mirada perdida y los ojos vidriosos.

Festejaron mi llegada y me invitaron una cerveza, yo acepté y pensé que debía relajarme, pues estos chavos se estaban portando buena onda conmigo. Empezamos a tomar y me ofrecieron un carrujo de marihuana, sin pensarlo acepté, pues deseaba conocer de todo y ya estaba entrado.

Después de mucho rato, mucho chupe y varios carrujos me sentía eufórico; les pregunté a mis cuates que si nada más a eso habíamos ido y el Max me dijo que me tenían una gran sorpresa, pero que tendría que hacer lo mismo que ellos para que me la dieran. Yo acepté pues deseaba saber que era y entonces me dijeron que hiciera lo mismo que ellos.

Los ocho chicos empezaron a desnudarse, yo reaccioné un poco lento, pues no esperaba eso, pero al final lo hice. Una vez que estuvimos todos desnudos, me preguntaron que si yo ya había estado con una mujer, les dije que varias veces, aunque esto era mentira, pues yo solo lo había hecho dos veces con una vecina, pero no quería quedar ante ellos como un inexperto.

Luego ellos me indicaron que en uno de los cuartuchos estaba esperándome una prostituta para que yo me la cogiera; me asombré y me les quedé viendo, les pregunté porque me la habían conseguido y me dijeron que porque querían que me llevar aun buen recuerdo de ellos; me pareció lógico, pero les dije que yo no llevaba mucho dinero ni condones; ellos me dijeron divertidos que no era necesario, que por el dinero no me preocupara y que los condones no los necesitaba, pues la chava estaba limpia; â??es más, tal vez hasta sea virgenâ? me dijeron, me extrañó, pues habían dicho que era una puta, pero ya no quise indagar más; así que me indicaron en que cuarto estaba y me indicaron que había unas condiciones para que me dejaran con ella, la primera, que yo no podría hablar con ella ni preguntarle nada a la chava, la segunda que no podría prender la luz del cuarto, la tercera que no debería besarla en la boca y la última que solo tenía quince minutos para terminar; como yo ya estaba drogado y bastante tomado, me pareció divertido y no sospeché nada, dije que sí y entré al cuarto.

El cuartucho estaba totalmente en penumbras, no entraba luz por ningún lado, me detuve un momento para acostumbrarme e la oscuridad, tenté la pared y encontré un apagador, lo apreté, pero no sucedió nada, al parecer no había foco, mis amigos se habían asegurado que yo no pudiera encender la luz. A tientas busqué la cama y la encontré, creo que era el único mueble en el cuarto; una vez que la encontré seguí palpando y sentí una piel tersa y suave, me di cuenta que la chica estaba acostada y recorrí su cuerpo con mis manos, ella estaba inmóvil, no le hablé para cumplir con mi promesa, pues pensé que si lo hacía seguramente la chica les diría a mis amigos y ya no podría hacer nada; en ese momento mi peor miedo era que me hubieran metido con un gay o algo así; así que recorrí con mis manos el cuerpo de la chica y me di cuenta de que realmente era el cuerpo de una mujer; mis manos trazaron un mapa de su cuerpo y me di cuenta de la perfección del mismo, mi garrote se levantó al imaginarlo, pensé que tal vez su cara no sería muy agraciada y por eso pedía que se lo hiciera sin luz, pero no me importó; escuché algo como unos gemidos: â??Mmm mmjmmâ?, supuse que lo que yo hacía le estaba gustando y comencé a besar su cuello. Me di cuenta de que ella tenía los brazos hacia arriba y las piernas abiertas, me la imaginé totalmente dispuesta a recibirme y me preparé a penetrarla.

Me subí a la cama, me coloqué entre sus piernas abiertas y a tientas busqué su rajada; ya que la encontré acerqué mi verga a su conchita y empecé a penetrarla; no la sentí húmeda, pero el tiempo apremiaba; ella se quejó un poco: â??Mmmmm nnnn mmmâ?; rompiendo una de las reglas le dije muy bajito: â??Aaahhh mamacita, que rica conchita tienes cabrona; te está gustando ¿verdad?â?; por toda respuesta solo escuché sus gemidos: â??mmmm mmmmâ?; me pareció extraño, pero estaba yo sintiendo tanta satisfacción que no le di importancia.

Fue una de las cogidas más ricas que he tenido en mi vida, la chica era una real hembra; al sentir su hermoso cuerpo y lo caliente de su concha, me imaginé que lo estaba haciendo con mi hermana, sé que no es un sentimiento correcto, pero fue lo que sentí; deseaba tanto a Verónica que mi imaginación voló y me la imaginé haciendo me el amor como esta puta, imaginé su cabello rojo desparramado en la almohada y que me decía: â??Házmelo hermanito, hazme sentir mujerâ?; no se si por efecto de la droga o la bebida o por mi mente enferma empecé a decirle: â??Te amo, Vero, te necesito, que rico lo haces mami; te amo hermanita, así, así, hazlo rico; siempre te he deseadoâ?.; en ese momento recordé la regla que había aceptado y me callé, no sin antes darme de cuenta que cuando le empecé a decir esas palabras la puta se retorció aún más y se movió como loca; yo creí que eso la excitaba, pero me callé y seguí haciéndoselo hasta que sentí que no pude más; estallé con un gran orgasmo dentro de la chica, ella se retorcía pero nunca me empujó; el cuarto se volvió una mezcla de mis gritos de placer y sus gemidos ahogados; al sentir mi pene ponerse flácido me salí de la chava, le di un beso en la mejilla y sentí algo como un trapo en ella y un sabor amargo, como de lágrimas; me extrañó que una puta llorara después de coger y pensé que tal vez sería sudor. Me bajé de la cama y me encaminé a la puerta del cuartucho.

Al salir del cuarto recibí una ovación de todos los chavos; me sentí como pavo real al ser admirado por ellos; tomé una cerveza y me la empiné, haciendo alarde de machismo; el Max me dijo que yo eligiera cual de ellos sería el siguiente en entrar con la chava y yo, sintiéndome como rey le dije que él era el siguiente afortunado. Entonces el me preguntó que si antes de que él entrara no deseaba conocer yo a la chica con la que había estado; un poco indeciso le contesté que si y él me dijo que me preparara para una gran sorpresa.

Max y otro chavo entraron al cuartucho del que yo había salido; dejaron la puerta abierta y vi que prendieron una luz; luego me llamaron y al entrar me llevé la sorpresa de mi vida; me sentí morir al ver que la chica con la que yo acababa de estar era nada más y nada menos que… ¡¡MI HERMANA VERí?NICA!!

De verdad que fue un duro golpe para mí; quedé mudo de la impresión al ver a Verónica allí, desnuda y atada a la cama en forma de X, con sus ojos vendados y amordazada fuertemente; su magnífico cuerpo estaba a la vista de todos los tipos, pues los que estaban afuera me habían seguido. Vi como todos ellos tenían los penes parados, listos para violar a mi hermana como yo lo había hecho.

– ¿Qué te pareció la sorpresa?, me preguntó Max.
– ¡Malditos hijos de puta!, reaccioné al ver lo que le habían hecho a Verónica
– Eh, tranquilo amigo que bien que la disfrutaste ¿no?

Me abalancé sobre Max con ganas de matarlo y lo hubiera hecho de no ser porque entre varios de sus amigos me agarraron, inmovilizándome.

– Tranquilo amigo, te dijimos que era una gran sorpresa y lo que viene será mejor: Todos nosotros vamos a disfrutar de esta hembra delante de ti, para que aprendas.
– ¡Nooo!, grité, ¡no se atrevan o los mato desgraciados!
– Mmmjjmmm, chilló Verónica
– ¿Ah si?, ¿tu y cuantos más?, me dijo el Max, burlándose de mí

El les hizo una seña a sus secuaces y entre todos rápidamente me obligaron a sentarme en una silla y me ataron los brazos atrás de ella y las piernas abiertas a las patas de la silla; por más que me retorcí y tiré de patadas, la superioridad numérica me venció y también me amordazaron.

Ya el Max lamía los pechos de Vero y acariciaba su cuerpo con morbo; mi hermana se retorcía tratando de soltarse y hacía el mismo ruido que hizo cuando yo me la cogí; entonces comprendí que no eran gemidos de placer sino quejas; empecé a llorar en silencio al pensar en lo que le había hecho a Verónica, en lo que le iban a hacer estos tipos y peor aún, en que seguramente ella me había reconocido por la voz cuando la violé; en ese momento me quise morir.

Mientras yo me sumía en esos pensamientos, ya el Max se había encaramado en la cama y colocaba su pene en la entrada de la conchita de mi hermana; empujó sin misericordia, metiéndole todo su garrote de sopetón a Verónica; ella se quejó y arqueó la espalda tratando de sacarse el fierro que la empalaba; pero ese movimiento provocó que la verga del Max se clavara más aún; el se burló de ella diciéndole que estuviera tranquila, que de todos modos se la iba a meter toda, que no era necesario que ella se empujara. Luego, él empezó a bombear a mi hermana, haciéndola sufrir y haciéndome sufrir a mí también.

Cerré los ojos, pero más tardé en cerrarlos que en sentir un fuerte golpe en mis testículos al momento que alguien me ordenaba abrirlos; me dijeron que tenía que ver todo lo que le harían a Vero y que cada vez que me vieran cerrar los ojos me pegarían en los huevos para que los abriera.

La acción en el camastro seguía, el Max gozaba con el sufrimiento de Verónica que gemía debajo de la mordaza; él estaba encima de ella moviéndose adentro y afuera y besándole el cuello y los pechos; esos hermosos pechos que yo siempre soñé con acariciar y besar. Verónica tenía el cabello desparramado en la almohada como yo me la había imaginado, pero jamás creí que fuera bajo esas circunstancias tan desagradables. El Max siguió cogiéndose a Vero hasta que tuvo su orgasmo, terminó dentro de ella con la desesperación tanto de ella como mía.

El Max se bajó de la cama y me dijo que yo tenía que señalar quien sería al siguiente; eso me pareció humillante; yo tenía que decidir quien sería el próximo en violar a mi hermana, moví la cabeza negándome a hacerlo y entonces un pié llegó hasta mi rostro; me dio tal patada que me hizo sangrar la nariz mientras me gritaban que decidiera o me golpearían hasta morir, â??Y de todos modos nos la vamos a coger, así que decide prontoâ?; sin alternativa tuve que señalar al primero que se me ocurrió; un chico flaco y alto con el cabello hasta los hombros y con ojos de lujurioso; él casi brincó de gusto y se aproximó a Verónica; me hizo arrepentirme de mi decisión pues no tuvo compasión, de inmediato se trepó a la cama y sin ningún preámubulo clavó su pene en la panocha de Vero haciéndola gemir de dolor; se lo hizo a lo salvaje, entrando y saliendo de Vero como si fuera un animal en brama; no tardó ni cinco minutos en venirse y también lo hizo adentro de ella gozando con su desesperación.

Mientras el flaco se cogía a mi hermana, el más feo de ellos se me acercó; era un gordo gigantón con vello por todo el cuerpo; tenía cara de monstruo, se me asemejaba a un gorila; él se agachó y acercándose a mi oído me dijo: â??Más te vale que yo sea el que sigue si no quieres que te parta la madre ahorita mismoâ?. Tuve que aguantar las ganas de chillar; yo había pensado dejar al animal ese al último para que mi hermana no tuviera que soportarlo o al menos que ya estuviera más resignada, pero con sus amenazas no me dejó otra opción que escogerlo como el siguiente; cuando me preguntaron lo señalé sin dudar y tuve que sufrir viendo como aquél monstruote metía su tremendo garrote en mi hermana querida; me dio tanto asco ver su seboso cuerpo sobre el de Verónica que casi me vomito. El también se la cogió un buen rato sin compasión, entró y salió de ella con fuerza mientras babeaba su hermoso cuerpo y gritaba:

– ¡Ah puta, que sabrosa estás, hasta que se me hizo gozarte cabrona; ah, ah, ah aaaaahhhhhh!

De repente el gordo inmundo se quedó inmóvil sobre mi hermana, noté que ella trataba de quitárselo de encima sin lograrlo; hasta que él se arrastró como gusano hacia un lado sacando su babeante verga de ella y dejándose caer al lado de la cama todo sudoroso.

Los otros tipos se enojaron con el gordo porque había dejado a Verónica toda mojada con el sudor de él y la verdad es que era bastante pestilente.

Uno de ellos trajo una cubeta con agua, jabón y una bandeja; mojaron a Verónica con el agua fría jabonosa; vi como ella se estremeció al contacto con el agua fría y como sus pezones se pusieron duros al sentir el frío, ellos se burlaron de ella diciendo que ella estaba excitada por los pezones erectos; la bañaron toda incluyendo su panochita, el que le lavó la vagina aprovechó para meter un dedo en ella haciendo que Vero se retorciera por el dolor que le infringió.

Ya que terminaron de lavarla me preguntaron quien escogía para que fuera el siguiente y señalé hacia donde fuera; ya me daba igual, mi pobre hermana de todos modos sufriría lo mismo y yo también, así que ya no me fijé quien fue, solo recuerdo que los que siguieron también se cogieron a Vero de manera salvaje y todos se vinieron dentro de ella; aumentando mi sufrimiento y supongo que el de ella también, pues de solo imaginarme que Vero saliera embarazada de alguno de estos tipos me revolvía el estómago.

Cuando todos terminaron descansé pensando que ya nos dejarían ir, pero los planes de ellos eran más maquiavélicos y todo empezó porque aunque yo estaba molesto por lo que le hicieron a Vero, el ver como la violaban me produjo una tremenda excitación; de hecho, se me paró la verga desde el que siguió al gordo; quise disimularlo, pero desnudo y atado como estaba no pude y mi pene se levantó en toda su extensión.

El Max me dijo que yo seguía teniendo el primer lugar para violar a Vero y me preguntó: â??¿Quieres que te la chupe o quieres cogértela por el ano?â?, el se refería a que yo le dijera por donde quería cogerme a mi hermana, si prefería que ella me la mamara o si yo prefería sodomizarla; lógicamente pensé que era menos duro para ella si me la mamaba; además estaba seguro de que ellos le harían lo mismo, así que decidí que me la chupara, ellos me quitaron al mordaza y les dije lo que quería; â??muy bienâ?, dijo el Max y entre varios fueron por Verónica; la desataron de la cama, la hicieron pararse y le ataron las manos atrás; la llevaron frente a mí y le ordenaron hincarse, ella obedeció y le ordenaron abrir la boca; como ella no obedeciera, uno de ellos la obligó a hacerlo; con una mano la tomó del cabello y con la otra hizo una pinza tapándole la nariz; Verónica tuvo que abrir la boca para respirar y el tipo la empujó hacia mi pene erecto.

Verónica tuvo que tragarse mi verga, sentí que entraba hasta el fondo; el tipo que la tenía agarrada del cabello la jalaba y empujaba, obligándola a mamármela; debo decir que Verónica lo hizo muy bien; el placer que yo sentí en ese momento hizo que mi mente se nublara, los sentidos superaron a la razón; me mordí los labios para no gritar de placer; pero no me faltaron ganas, luego de un rato gozando la felación que me hizo mi hermana, me vine en un orgasmo fenomenal y no pude reprimir un grito de satisfacción; el tipo que tenía a Vero no le permitió que se retirara de mí, obligándola a tragarse mi semen. Vi como mi leche escurría por las comisuras de los labios de mi hermana y agotado me relajé.

El Max se paró junto a mí e hizo que mi hermana quedara delante de él; le jaló la pelirroja cabellera y le ordenó chuparle el pene, Verónica obedeció sin chistar y se la mamó al Max hasta hacerlo venirse; también la obligó a tragarse el semen y después siguió el flaco y luego el gordo y así hicieron que Verónica se las mamara a todos; unos la hicieron que se tragara el semen y otros se salieron cuando se vinieron, llenando de leche a mi hermana en la cara, los pechos y el cabello; todos ellos le dijeron cosas soeces mientras la hacían chupar los penes erectos. Me alegré de haber pensado a tiempo y no haber escogido cogerme a Vero por el culo, pues como yo lo había pensado, ellos le hicieron lo mismo que yo, en una especie de juego de â??lo que hace el primero hacen los demásâ?.

Como seguí obligado a ver lo que le hacían a Vero, tuve que admirar de nuevo la hermosura de su cuerpo y sus bellas facciones, al verla hincada, atada y obligada a chupar las vergas de los tipos estos, no pude evitar excitarme de nuevo y mi pene volvió a erguirse; el Max me dijo que si quería seguir la fiesta, yo le dije que no, que ya nos dejaran en paz a mi hermana y a mí. í?l se rió y me dijo: â??Pero si apenas estamos empezando, anda que se nota que te está gustando, sé que siempre te gustó tu hermana, así que no te hagas guey y prepárate para lo que sigueâ?.

Llevaron a Vero de nuevo a la cama y la hicieron acostarse en ella boca abajo; la ataron en forma de X; otros me desataron y me llevaron hacia la cama también; el Max me dijo:

– Allí está ese culito para que lo estrenes y no te hagas del rogar que bien parada que tienes la verga, además, si no empiezas tu, empiezo yo mientras los demás te madrean.

No tuve ocasión ni de protestar y a decir verdad, el culo redondito y suave de mi hermana se me antojaba demasiado, así que medio obligado y medio por gusto, me coloqué entre las piernas de Verónica y dirigí mi verga a la entrada de su ano mientras ella gritaba:

– ¡No, no por favor, por ahí no, no sean malditos, no, no, nooooo, aaaahhhh!

Ella soltó el grito cuando sintió mi fierro caliente penetrando su culo, ella intentó resistirse, pero estaba muy bien amarrada; ella pegó su boca a la cama y siguió gritando: â??¡AAAyyy no, ya no por favor, no, eso duele, sácalo por favor sácalo, aaaayyyy!â?. Yo sabía que no podía salirme, pues el Max y sus amigos cumplirían sus amenazas y además lo estaba disfrutando; sabía que estaba mal, pero el apretado culo de mi hermana estaba tan sabroso que no podía desaprovecharlo, así que ignorando sus súplicas, coloqué mis manos a los lados de ella y me dediqué a bombear a la pobre Vero.

Gocé mucho la cogida por el culo a mi hermana, cerré los ojos para no ver que mis ex amigos estaban ahí y me imaginé que solo estábamos Verónica y yo; así que seguí y seguí hasta que sentí que me llegaba el orgasmo y solté los chorros de semen adentro del culo de mi hermana.

En cuanto me bajé de la cama me volvieron a atar a la silla mientras el Max le hacía a Verónica lo mismo que yo, ella seguía gritando por el dolor que le ocasionaba sentir una verga en su culito; el Max se inclinó sobre ella y mientras la bombeaba le besó los hombros y la espalda; Verónica lloraba profundamente; el Max se la cogió con rudeza hasta que terminó también dentro de ella.

Luego le siguió el flaco, de igual forma se cogió a Vero por el culo y luego fue el gordote, que mientras se la cogió le decía muchas groserías y humillaba a Vero diciéndole que ella era puta y que le gustaba lo que le estábamos haciendo y que sabía que yo (su hermano) me la cogía continuamente, ella gritó diciéndole que no era cierto y entonces el monstruo aquél le quitó la venda e hizo a Verónica voltear a verme y señalándome le dijo:

– ¿Ah no?, ¿entonces me puedes decir quien es ese guey?

Vi la hermosa cara de mi hermana llenarse de asombro y tristeza, ella no dijo ni una palabra, solo cerró los ojos y apretó los dientes.

El gordo terminó dentro de ella también y luego siguió otro y otro y otro; Verónica ya no gritó, se mordía los labios y lloraba en silencio; todos se la cogieron por el culo y terminaron dentro de ella, el semen le escurría por en medio de sus redondas nalgas.

Cuando terminaron todos, el Max vio que a mi ya no se me había parado la verga; me dijo que habían terminado y noté como ya todos tenían las vergas flácidas; rápidamente nos desataron a Verónica y a mí, nos llevaron hacia la puerta principal y nos sacaron desnudos a la calle, nos aventaron nuestras ropas no sin antes amenazarnos de no decir nada de lo ocurrido, pues sabían perfectamente donde vivíamos y todos nuestros movimientos y si hacíamos algo en su contra, nos iría peor, dijeron.

Me vestí rápidamente y vi que Verónica no estaba bien, pues no atinaba a vestirse, tuve que ayudarla y me la llevé a la casa en un taxi.

Desde entonces Verónica no es la misma, casi no me habla; se cambió de trabajo, pues cuando salió del anterior fue cuando mis enemigos la capturaron, eso lo supe después; mi Madre quedó muy intrigada pues no le quisimos explicar nada, sobre todo por el miedo que les tenemos a esos tipos; me los he encontrado algunas veces en la escuela y se burlaban de mí preguntándome por mi hermana. Yo me aguanté todo; ya terminé la prepa y estoy empezando al carrera de abogado a ver si algún día puedo hacer algo en contra de las escorias esas.

De todos modos sigo enamorado de Verónica y no cejo en mi empeño de tener algo con ella de manera más tranquila.

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