El Fetichista y el Plato Perfecto

NeoPene

Fetichista y el Plato Perfecto
6 January 2005

NeoPene

La conocí en una oficina en los suburbios de Chicago, donde rentaban vehículos. Fui un día muy temprano en la mañana en un frió dia de Enero, en pleno invierno cuando caía la nieve pesadamente, mezclada con agua helada. Necesitaba rentar un vehículo mientras reparaban el mío.

Me atendió muy atentamente y cuando fue hacerme entrega del carro, me acompaño afuera a enseñármelo. Le hice la observación de que la nieve y el agua le iban a estropear su lindo cabello, que todo estaba bien así, de manera que con una sonrisa en sus labios me entrego las llaves y salio corriendo a la oficina.

Creo que esta observación le encanto. Me llamo la atención su estilo y su ropa. Era una mujer de unos 35 anos, de proporciones medianas, tal vez con un poco de sobrepeso, cabello a los hombros. Cuando estaba en la oficina la vi. vestida de negro, con una falda a media rodilla y medias negras gruesas, y unos tacones negros muy gruesos y altos. Esto me hipnotizo, porque sucede que soy fetichista de las medias negras gruesas y los tacos altos.

Cuando entregue el vehículo una semana después, converse con ella y en agradecimiento la invite a cenar. Fuimos a un restaurante japonés cerca de Chicago, y estuvimos comiendo suschi, tomando te y conversando. Seguimos saliendo a comer varias veces y nos conocimos mejor. Le comente de la atracción que sentía por su manera de vestir y me dijo que le encantaba que me gustara.

La invite un viernes en la tarde a mi apartamento y ella acepto. Estaba muy frió y la temperatura había descendido bajo cero, la visibilidad era muy poca y se esperaba una tormenta de nieve de las que caen en Chicago en el mes de enero, que inmovilizan la ciudad y los suburbios por entero.

En el apartamento, después de un par de copas de vino Merlot, la lleve a la cama y le quite su ropa dejándola únicamente en su ropa interior, medias y tacones. Me pidió que por favor no la penetrara, que para eso esperáramos para otro día. Me encanto esa idea tan especial.

Sus pechos eran más bien pequeño, y tenía unos brassieres negros gruesos con bordes como de alambre que mantenían su carne metida adentro y en forma. Las medias negras eran gruesas y llegaban a medio muslo y estaban muy apretadas dejando ver la constricción en su piel. Los zapatos altos, negros y con un tacon ancho y grueso.

Empece oliéndole el cabello, y no le desabroche el brassier, porque me gustan los pechos dentro del brassier.. Le coloque las caderas al borde de la cama y yo me arrodille en el piso sobre unos almohadones. Baje lentamente a mi santuario. Le levante las piernas y me quede varios minutos extasiado mirando el paisaje. Unos panties de algodón negros, el ombligo, las caderas muy anchas, las piernas y los muslos envueltos en la media negra gruesa y una porción pequeña arriba de los muslos que mostraban la piel blanca.

Mi corazón latió con fuerza. Esto es lo que se llama verdaderamente felicidad! Después de llenarme de ese paisaje maravilloso, me dedique a oler y husmear mi plato. Primero empecé a olerla en su vagina cubierta por los panties. Era un viernes en la noche después de un largo día de trabajo y estaba completamente impregnada de su aroma íntimo personal. Su vagina era grande como un pan enorme mojado tratando salirse de su envoltura. Sumergí mi cara en sus panties y aspire su fragancia hasta el alma. Luego lentamente le movía el borde de sus panties y chupaba los labios gruesos mientras sus pelos negros vaginales se enredaban en mis dientes. Así estuve una buena media hora mientras yo me excitaba y ella gemía muy quedamente. Poco a poco observe que el panty estaba humedecido de sus jugos y mi saliva. Se los quite lentamente.

Me quede extasiado y sorprendido del plato expuesto frente a mí. La vagina grande, los labios gruesos, el vello vaginal grueso y revuelto, el vientre pubico y loas gotas de lubricante brillante y viscoso saliendo y corriendo debajo de los muslos inundándolo todo. Este momento soy tan feliz que no lo cambiaria por nada del mundo. Es la razón de mi existir.

No pude aguantarme y sumergí mi cara entera como un animal hambriento en mi plato favorito. Chapotee en medio de los jugos, revolqué mi cara en ese pozo baboso y caliente y de exquisito olor. Metía mis manos bajo sus caderas y las levantaba para hacer una perfecta unión entre sus labios vaginales y los labios de mi boca. A veces no podía ni respirar. Así seguí por horas y no me daba cuenta de que el tiempo corría, solo escuchaba su respiración agitada, sus grititos de placer cuando mordía su clítoris y se venia en movimientos espasmódicos.

Sus orgasmos se repetían continuamente y yo los aceleraba dedicándome a chupar su clítoris enrojecido y a darle pequeños mordiscos y chupones hasta que sentía que ella se disolvía, arqueaba sus caderas y las levantaba. Las contracciones de sus musculillos vaginales internos venían como una oleada abriéndose y cerrándose brindándome más jugos. Y yo estaba listo para chuparlos, beberlos y aspirarlos. Era un verdadero banquete celestial.

Llego un momento, como dos horas después, que sentía que a cada orgasmo ya no se producían jugos, sino una baba gruesa, espesa, con unos gruesos grumos que se disolvían en mi boca. A veces los grumos eran mas gruesos y yo los masticaba y los tragaba. Esa chica me estaba dando una cena fantástica, mi plato preferido. Su vagina estaba totalmente roja, hinchada y palpitaba como una ostra recién abierta. Mi lengua la recorría de abajo a arriba, extrayendo hasta la más minúscula pieza de producto.

Cuando sentí que ella estaba satisfecha y de que yo estaba en mi punto, tras unas cuatro o cinco horas de actividad frenética, sentí que era tiempo de mi eyaculacion. Quería seguir siendo fiel a sus pedidos de que no la penetrara esa noche y me encanta respetar lo que prometo.

Así que empecé a masturbarme frente a ella observando sus pies metidos en sus tacones negros altos y gruesos. Cuando sentía que mi semen estaba apunto de reventar, dirigí mi órgano hacia sus zapatos para que el semen blanco cayera en ellos. Un grueso y violento chorro de esperma salio por mi uretra y cayo en sus zapatos y medias negras cubriendo su tobillo. El semen blanco contrastaba con el color negros de zapatos y medias. Ella se levanto y miro sorprendida el acto y una exclamación de asombro se escapo de su boca.

Esa noche se quedo a dormir en mi casa, y a partir de este momento somos buenos amigos, salimos juntos y siento un gran apoyo espiritual en ella, porque así puedo practicar mis fantasías. A ella le encanta mi personalidad y yo la adoro de pies a cabeza.

FIN

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