Una noche húmeda

Por
25 septiembre, 2019 12:06 am

Parece absurdo, pero juro que no recuerdo como llegué a estar acá, de esta forma, tumbada sobre este piso de piedra, con mi mejilla sobre este charco húmedo, casi desnuda, cubierta apenas por esta especie de tela sintética de color rojo que cubre sensualmente todo mi cuerpo, marcando cada detalle, cada pliegue perfectamente, como si fuera una capa más sobre mi piel o, más aún, como un pigmento natural de mi epidermis. Me siento tan confundida, parece como si todo sucediera en cámara lenta. Incluso levantarme me cuesta un montón. Camino a tientas. Acá adentro hay muy poca luz, en esta especie de corredor. Y tiene tantas conexiones, cualquiera que elijo me lleva a otra galería idéntica. Que horror. Estoy absolutamente perdida, no sé hacia donde ir. Es como estar dentro de un lúgubre laberinto, oscuro, húmedo, lleno de moho. Nadie debe haber estado por aquí en mil añosâ?Š
Por más esfuerzos que hago no logro recordar nada. Sólo imágenes sin sentido, como una serie de flashbacks sin conexión. Se lo básico, me llamo Mila, pero de ahí nada muy claro, nada que me ayude a entender todo esto. Por favor, que alguien me diga qué está pasando. Intento gritar, pero una mano en mi boca, salida repentinamente de no sé donde, me lo impide, al mismo tiempo que soy fuertemente inmovilizada contra el muro.

-Ni lo intentes â??me advierte una voz femenina que proviene desde atrás mío- Te aseguro que es vital para ti y para mí que te estés callada y me escuches. ¿Me lo prometes? No te haré daño. Te repito que es muy importante.

Asustada asiento con la cabeza. Entonces, lentamente la presión cede hasta que puedo moverme otra vez. Me doy la vuelta para conocer a quién me ha forzado. Para mi sorpresa se trata de una chica rubia, como de mi edad, muy al estilo de la Jennifer Aniston, vestida con mi mismo delgadísimo látex, pero en color celeste.

-Por tu rostro debes haber despertado hace poco â??me dice un poco más suave.
-Peroâ?ŠÂ¡¿Qué dices?! ¿Quién eres tú? Y no me vayas a salir con que esto es Matrix y que me tomé la pastilla azul â??le contesto furiosa.
-Cálmate y no alces la voz. Primero, me llamo Antja. Lamentablemente te tengo que decir que ni yo ni nadie sabe como llegó a este lugar, tampoco si hay una salida. Ya no recuerdo cuanto tiempo llevo recorriendo estos pasillos, pero me he encontrado con otras chicas y una de ellas me confesó que todas formamos parte de un horrible juego.
-Y no me digas que tú eres la ficha celesteâ?Š
-No te rías, es mucho más cruel: somos las víctimasâ?Š

Entonces me cuenta algo sobre un monstruo, mitad bestia mitad humano, que habita en el centro de este laberinto y cuyo hobbie no es otro que dar caza a toda chica que encuentre vagando por las galerías para sacrificarlas en nombre de su padre. El curioso sacrificio, me dice, consiste en que este ser las coge brutalmente hasta que terminan por morir destrozadas a causa de sus embestidas. Ese es el juego y a menos que me oculte bien, terminaré como las otras. No sé que pensar, todo es tan extraño que incluso creer que está tan loca como una cabra pierde toda certeza.

-No me crees ¿verdad? â??me pregunta tomándome de la barbilla- Suele suceder. No te preocupes.
-Esteâ?Šno lo diría de esa forma â??le contesto un tanto turbada por su delicado gesto- Todo es tan confusoâ?Š

Y de pronto, poniéndome un dedo sobre los labios, me abraza. El roce de su cuerpo me estremece a través del látex. Se detiene, me mira como esperando algún gesto mío, se ve tan lindaâ?Šcierro mis ojos , entonces, me besa empujándome contra el muro, con sus manos sobre mis pechos, sobre todo mi cuerpo como explorándolo. Sus manos finas bajando por mi cintura, tomándome de la cola y con su muslo entre mis piernas, sobando mi sexo, humedeciendo la entrada de mi vaginaâ?Šaahhâ?Šuna y otra vezâ?ŠAntjaâ?Š presionando como si me estuviera cogiendo, besándome frenéticamente, tapando mis gemidos con su boca, jugando con su lengua dentro de la mía. Deteniéndose justo antes de mi orgasmo para tomar mi mano y ponerlas sobre sus pechos los cuales exprimo delicadamente, guiándome hacia abajo hacia su abdomen, siguiendo las exquisitas formas de su cuerpo hasta su pelvisâ?Špero me detiene, lo intento otra vez, nuevamente me detiene. Insisto, a esta altura lo único que quiero es sentir su sexoâ?Šahora, Antja, le digo casi mordiendo sus labios, entonces cede. Paso mis manos desde sus caderas hacia el centro, temblando de deseoâ?Šen eso siento como algo sobresaleâ?Šun bulto, no, más que un bultoâ?Šcon su mano hace que se lo cojaâ?Šme resisto, entonces miro lo que tengo entre mi mano yâ?Šesâ?Šun pene y lo peor, es de verdad, crece desde su cuerpo, está tibio, latiendo… Me ruega que no pare, que es solo una mala jugada cromosómica, pero que sigue siendo una chica, que le gusto un montón. Le digo que no sé que hacer, que nunca había visto una de esasâ?Š celesteâ?Š Me sonríe, que nos ahorramos el profiláctico. Tonta. No es tan terrible, solo la sorpresa. La corro un poquito hacia atrás ¿Qué estoy haciendo? â?ŠLo tengo entre mis manos, la masturbo delicadamente, rítmicamente de arriba hacia abajo hasta que comienza a gemir, suavemente me saca la mano y pone su miembro en la entrada de mi concha, jugando por encima de ella, paseándolo, entrando justo lo necesario para masajear mi clítoris, presionando un poco cada vez, hundiéndose a través de mis labios con una sensación extraña, la del látex que se expande hasta que ha entrado enteroâ?Šahhâ?Šlo mueve en círculos y hacia arriba, levantándome unos centímetros del suelo con cada embestida. En una de ellas caemos por el suelo, jadeando mientras rodamos. Quedo encima de ella, aun empalada, con el cabello desordenado sobre mi rostro. Puedo ver su rostro, su expresión de placer, los labios de su boca entreabiertos, quejándose, como pidiendo que no pare y comienzo a moverme. Antja me toma de los glúteos, separándolos, dándole más fuerza al movimiento y para introducirme uno de sus dedos en el ano..auchâ?Šy otro dedo más haciéndome gemir, moviéndolos brutalmente en un movimiento de mete y saca que me hace enloquecer, casi puedo sentir su pene rozando con sus dedos a través de la membrana. Ya sin sentir dolor me dejo llevar por la exquisita sensación, una que debe ser tan cercana a ser doblemente penetradaâ?Š una y otra vez hasta que me corro justo en el momento en que ella ahoga su propio gemido. Me salgo casi cayendo exhausta y me pongo a su lado boca abajo, agitada, mirándola de lado, observando su miembro celeste aún erecto. Entonces me descubre y me sonríe. Se da vuelta hacia mí ordenándome el cabello, dejándolo detrás de mi oreja.

-Fue increíble â??me dice todavía jadeando.
-Aún no lo puedo creer â??le respondo.
-No puedo pedir que te acostumbres.
-No es eso. No eres solamente tú, todo aquí es súper raro.
-Te estuve cuidando mientras aún no despertabas.
-â?Š.
-Sí, te encontré en el pasillo, te veías muy sexy sobre el piso. Quedé enamorada de ti, de tu cuerpo color rojo. Me escondí y te observé hasta que despertaste. No sabía si mostrarme, no quería asustarte. Pero me atreví y no me arrepiento.
-Confieso que me gustó un montón. Todo fue exquisito â??le digo escondiendo mi cara.
-Eres una nenaâ?Š
-No lo repitas. Ya me lo han dicho bastante.

Comienza a hacerme cariños sobre la espalda mientras me habla sobre este lugar. Que todo es verdad, que nos quedemos juntas, que es la única forma de salir de aquí, que no quiere que me pase nada, en fin, que ella me puede cuidar. Su mano se ha detenido sobre mi cola, sobándomela con pasión mientras me dice que la tengo redonda y firme, que le gusta mucho, que es linda. Giro un poco mi rostro hasta que puedo ver su miembro en todo lo que debe ser su extensión máxima. La miro a ella y vuelvo a ocultarme detrás de mi cabello.

-¿Me quieres decir algo?-me pregunta deteniendo sus caricias.
-No, nada. Se siente rico.

Noto como se levanta poniéndose sobre mí. Separo mis piernas mientras ella coloca la punta de su verga sobre mi agujero y lentamente se hunde en mi cola.

-¡Au!â?ŠCon cuidado, no me lastimes, por favor â??le pido.
-¿Crees que yo te haría daño?…

Cada movimiento que da dentro de mi me hace estremecer de puro placer. Siento sus gemidos a medida que se mueve más y más rápidoâ?ŠAntjaâ?ŠÂ¡ay! De pronto me siento muy incómoda, como que me lo estuviera haciendo muy brusco..auchâ?Šes extraño. Pero incluso su miembro lo siento como si se estuviera hinchando, como si se pusiera cada vez más grueso..¡ayy!.. Le digo que por favor pare, que me suelte, que me está aplastando, que me está doliendo. Con horror oigo un gruñido detrás de mí, giro inmediatamente y lo veoâ?ŠAntja ha desaparecido y en su lugar hay una bestia horrible, una especie de toro, cabalgandome furiosamente, trato de gritar, pero no me saleâ?Š

Despierto empapada por el sudor, agitada, temblando de susto. Hacía tiempo que no tenía una pesadilla, por lo menos tan real como esta. En eso me doy cuenta que la Pame está sobre mí, con una rodilla sobre mi cola. No me explico como no se despertó. Pero mejor le cuento mañana. Antes lo voy a escribir para que no se me olviden los detalles. Me dirá que estoy loca, que deje de leer tantas novelas, pero estoy segura que esta pesadilla tiene que ver con otra cosa, bueno un poco de Borges, un poco el cortometraje y lo demás mucho que tiene que ver conmigo. Pamela de seguro que me manda al analista. Quizás lo necesiteâ?Š

Melanie

Comentarios, críticas, saludos escríbanme a
melaniemilos@hotmail.com.

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