Una historia entre tu y yo.

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8 octubre, 2019 10:11 pm

Titulo: Una historia entre tu y yo.
Autores: Mar y Gerar.
Descripción: cuenta un encuentro entre un chico y una chica, una historia sin rumbo que se construye poco a poco. La escribimos durante 3 meses escribiéndonos trozos a través de correo electrónico. Que lo disfruteis.

Enrique. Tiene 24 años. Es malagueño, un boquerón como dicen por allí. Es comercial de una empresa textil. Su pelo es moreno, los ojos rasgados castaños muy claros, cejas perfiladas, con un maxilar inferior muy formado pero sin ser exagerado. El pelo corto por abajo, y por la parte de arriba alargado, con una pequeñísima coleta, las patillas ligeramente largas pero bien cortadas. Está afeitado pero se aprecia que si se dejara barba sería profusa. Tiene pelo en el pecho, pero no mucho, lo suficiente para que se aprecie desde el cuello de una camisa blanca que lleva con los 2 botones de arriba desabrochados. Las mangas arremangadas un poco. Un reloj con esfera en color rojo, deportivo. Los pantalones sport azul marino, calcetines blancos jajaja, ya la hemos cagao!!, bueeeno, calcetines azul marinoo… y los zapatos marrones oscuros. Mide metro ochenta, es delgado, le gusta el ciclismo y lo practica los fines de semana cuando no tiene que estar de viaje por su profesión de comercial.
¿Qué más puedo comentarte de Enrique? Umm, creo que mejor es ponerlo ya en la escena de nuestra historia y que aparezca tu personaje.
———-
Suena el teléfono. Son las 7 de la mañana. Y en los oídos de Enrique resuena como un tormento aquel endiablado invento. Descuelga…
– Enrique, soy Marta, de la sección de pedidos. Recuerda que en la carpeta que te llevaste anoche te puse la dirección de Milán de Lorenzo Cardoso.
– ¿Y para eso me llamas? Ahh, ¿qué hora es?
– Las 7, hora de despertarse…
– ¿Se puede saber que haces a esa hora trabajando?.
– Pues estoy haciendo el trabajo que tu no terminaste, así que muévete que vas a perder el avión.
– El avión no sale hasta las 11.
– Ya lo sé, pero tienes que estar al menos una hora antes. Hasta luego y buen viaje…
– Gracias y hasta la semana que viene.
La corta conversación ha despabilado levemente a Enrique, que retira las sábanas y mientras con el pie desnudo busca la zapatilla por debajo de la cama. La roza con la punta de los dedos… Al final las encuentra y va al baño dispuesto a darse una ducha. El agua caliente sobre su cara le causa una enorme satisfacción, así que abre más el grifo y deja que el pasar del agua tapone los oídos dando la sensación de estar en otro lugar, en otro tiempo. Mientras se enjabona y mentalmente hace un recorrido sobre las cosas que se tiene que llevar. Sale de la ducha y se viste. Los cristales están empañados así que solo atina a verse el pelo para peinarse en una esquina del espejo.
Toma los macutos y sale para el aeropuerto no sin antes hacer una parada en casa de una amiga para tomar un café.
Cuando llega a la terminal son las 9:50, aun tiene mucho tiempo libre, así que va a comprar un periódico. Pero ocurre algo, ve que delante suya una muchacha cae al suelo mientras que un hombre con mala pinta sale disparado con un bolso en la mano. Se acerca para ayudarla a levantarse. Y solo alcanza a ver unos ojos de preocupación que se mitigan cuando se encuentran con los de Enrique al que le agradece que le ayude.
– Menos mal que no tenía nada importante en el bolso. Si llego a perder el billete…
– Pero, ¿se encuentra bien?.
————–
Lucía, es madrileña y tiene 23 años. Es morena, lleva el pelo largo (a mitad de espalda) y ondulado, digamos que ligeramente rizado; sus ojos son de color miel con una pequeña mezcla de color verdoso, con forma de almendra, pestañas largas y bien rizadas… su nariz es chatita y sus labios no son ni gruesos ni finos, una mezcla, de color rosado… su rostro es suave y delicado, cejas bien depiladas, orejas bien formadas y lleva un pequeño flequillo ladeado (en diagonal)… Ha estado estudiando diseño de moda en Madrid, y en estos momentos se encuentra en el aeropuerto, esperando embarcar en el avión que la llevara a Italia.
En el aeropuerto.
Lucía oye unos ruidos extraños, que provienen mas allá de la puerta D del aeropuerto de Barajas, como de una discusión… hay gente hablando con policías… entre ellos un hombre.
Un hombre bien «plantao», bien hecho, como se suele decir… es atractivo, digamos que tiene un algo… pero al darse la vuelta el hombre… Lucía advierte que lleva coleta… Como dice su amigo Diego (que es gay), «la de tiempo que te puedes ahorrar en el oscuro mundo de las citas con pequeños detalles, como unos calcetines blancos, unos tirantes tipo «Fraga», una esvástica…» (jeje)
Pero a pesar de la coleta, el tipo le parece guapetón, le atrae la forma que tiene al andar…
Otro pequeño detalle es que va hablando con una mujer… ¿será su novia?, ¿será su mujer?… >
Da la casualidad que la extraña pareja (Enrique y como se llame…) se sientan al lado de Lucía.
Lucía escucha irremediablemente la conversación (aunque esta muy mal, es de mala educación) y esto es lo que escucha:
Enrique:>
(La muchacha se llama Laura).
Laura: En esos momentos, Lucía se dio cuenta de que se acaban de conocer, porque Laura le hablaba de usted…
Laura era mas joven que Lucía, tendría unos 19 o 20 años, era rubia, con los ojos verdes, pelo liso, corto, por debajo de las orejas, digamos que con melenita…tez clara, y guapa, muy guapa…
Se oye por megafonía la voz estridente de una señorita, indicando a los señores pasajeros del vuelo 097 con destino a Italia, que deben embarcar por la puerta D9…
Lucía se levanta para dirigirse a la puerta, cuando se da cuenta que el hombre «misterioso» se despide de la otra muchacha, y se dirige a la misma puerta de embarque que ella… > (piensa Lucía)
Se dirigen al interior del avión, la señorita azafata le indica cual es su asiento, se acomoda, y ve aparecer al «hombre misterioso», y cual es su sorpresa, que él se sienta a su lado…
>
Lucía se queda alucinada cuando ve sentarse a su «hombre misterioso», justo a su lado…
í?l empieza a entablar una conversación con ella, una conversación cordial, que a ella le resulta agradable… su voz melodiosa, varonil… le trae viejos recuerdos ya pasados… recuerdos que espera olvidar en su viaje a Milán…
Los dos se miran mientrasqueél se acomoda en su asiento… y continúan la conversación…
– Uff, por fin salimos!!, cada vez se tarda más en tomar un avión.
Mientras miraba el billete que Lucía sostenía en las manos, y susurró el nombre que aparecía escrito.
– Bueno, ahora tu sabes mi nombre pero yo no sé el tuyo.
– Perdona… me llamo Enrique.
Y ella hizo el gesto para dar dos besos, y reaccionando él, se acercó dando un beso que ella relantizaba para averiguar la colonia que embriagaba el ambiente desde que se sentó al lado de él, el segundo beso fue más acogedor mostrando mayor seguridad y confianza al ver que ella se mostraba agradable, de forma que esta vez rozó suavemente la mejilla con los labios. Mientras se separaban él miraba sus ojos como un hallazgo que antes no hubiera visto nadie, descubriendo los reflejos verdosos que se fundían veteando el color de la cara oculta del sol, que se eclipsaba a cada parpadeo de la muchacha. Lo que había sido un simple saludo que solo había durado cinco segundos se había alargado en un aura de interés después de estar toda la mañana sumidos en la rutina.
Enrique, su «hombre misterioso», es un profesional de la industria textil, cosa que a Lucía le parece muy importante, porque según su opinión, los polos opuestos se terminan separando… por mucho que digan… Para ella es mejor tener puntos en común en una pareja… Aunque va muy rápida pensando en este tipo de teorías… mejor dejar que las cosas sigan su curso y no precipitar los acontecimientos…
– Soy comercial de una empresa de tejidos. Tengo una reunión con unos diseñadores, en Milán.
– Interesante… podrías llegar a acuerdos conmigo, porque yo soy diseñadora.
– Umm, a ver… vale trato hecho.
– Pero si no hemos negociado nada…
– Yo creo que además de diseñadora eres modelo.
Ante el comentario aprovechó para mirarla de arriba abajo sin ser cuestionado por ella.
Llevaba un jersey de cuello vuelto color marfil, una minifalda vaquera con el bajo deshilachado, medias de rejilla negra, y botas de cow-boy del mismo color que el jersey con ribetes vaqueros.
– ¿El vestido es de tu diseño?.
– Me temo que no, mis diseños aun los tengo en mi carpeta.
– Entonces… ¿llevas poco tiempo?
– Si, terminé diseño de moda en Madrid y ahora voy a perfeccionarme.
– Si ya eres perfecta…
Lucía se sonroja, gira la cabeza y su mente se fogonea con imágenes de pasión. Enrique mira su cuello descubierto y piensa >.
En cabina avisan que van a despegar y dan las instrucciones precisas.
Pasado el mal trago de las vibraciones comienza el largo viaje a Milán. Las luces se apagan en los pasillos y se dejan solo la de los asientos individuales que algunos encienden para leer.
– ¿Me enseñas tus diseños?.
– Si, claro. (Ella se levanta y saca del compartimiento una bolsa y luego una carpeta que le entrega).
í?l prefiere no encender la luz y dejar un ambiente más cálido. La primera hoja que ve contiene bosquejos, trazos de una falda, un sombrero… todo al carboncillo. Uno de los bocetos muestra a una mujer con rasgos asiáticos, lleva un vestido ceñido con pequeños volantes, caídas sedosas sobre hombros de las modelos que muestran la delicadeza de una telas selectas como las que él trabaja.
Después de pasar varias hojas empieza a fundirse con el carboncillo algunos colores: azules, rojos…
Mientras ella mira la expresión que causa lo que ve él, examina las cejas, los labios que muerde suavemente… y se acerca a su hombro para explicarle los dibujos, uno por uno…
Esta conversación deriva en otra, y otra, y otra… Hasta llegar, digámoslo así, al pequeñísimo currículum de Lucia…
Enrique: >
Lucía: >
Enrique: >
Lucía: >
En ese momento les interrumpe la azafata, que llega con el carrito de la comida, y Lucía tiene que guardar sus bocetos si no quiere que se le manchen…
La «velada» transcurre con normalidad, Lucía no ve en Enrique al típico hombre con el que se ha ido encontrando a lo largo de su vida, es decir, no ve en él la arrogancia o la prepotencia de los hombres que han pasado por su vida sentimental… No encuentra malicia o picardía en su mirar, ni sarcasmo en su forma de hablar…
Después de comer, Lucía se levanta con intención de ir al baño, con lo cual, la situación es un poco comprometida, puesto que tiene que pasar por delante de Enrique, dejando a la altura de los ojos de él, sus piernas, largas y delgadas, bien torneadas… La misma situación se repetiría mas tarde a la vuelta…
Continúan la conversación por donde la dejaron, y comienzan a hablar de cuestiones más personales… como son las familias, los gustos musicales, literarios…
Enrique: Lucía: Enrique: -Vaya, si que son variados… la música que a mí me gusta es más bien de lo mismo, U2, Blink, El Fary…
(risas de los dos, jijiji).

Contrastaba en el avión la seriedad de la mayoría del pasaje que casi no hablaba y se centraba en escuchar música o ver la película… con Enrique y Lucía que continuaban hablando.

Enrique: – Bueno, también me gusta Danza Invisible. Es de mi tierra, Málaga.
Lucía: – Bonita tierra, ¿vives allí?.
E. – Cuando tengo vacaciones si voy a una casa pequeñita que tengo en un pueblo, Vélez. Pero mientras tanto tengo que estar en Madrid. Y a veces echo de menos el ambiente de mi tierra. Aquí las calles se llenan de gente va seria al trabajo y vuelve seria a casa. Y claro gusta salir a la calle y ver como la gente te saluda, otro ambiente…
L. – ¿Vives sólo?
E. – Me temo que si. Ni siquiera una mascota tengo. ¿Y tu?
L. – Yo también, aunque hubo un tiempo que estuve viviendo con mi exnovio, pero eso es una historia pasada. La gente corta por lo sano y sigue su vida.
E. – Eso de cortar por lo sano… es un poco triste. Imagínate que cortamos esta conversación con lo sana que nos está quedando… Yo no sería capaz.
L. – Es cierto, que viaje más aburrido hubiera tenido de no estar a mi lado. (Ella le sonríe).

Llevan casi 4 horas de viaje. Y el cansancio de estar tanto tiempo sentados empiezan a molestar.
L. – Hace calor o me lo parece a mi?
E. – Pues debe hacer calor porque yo tampoco aguanto.
L. – Entre el calor, los asientos que están pegados y estas botas que me están matando…
E. – Pues quítatelas…
L. – No sé, me da corte…
E. – Venga, venga… eso se arregla fácilmente.
Entonces se agacha e intenta cogerle el pie mientras ella se ríe sin poder casi ni hablar.
L. – Jajaja, que nos van a ver!!.
E. – Déjalos, que se chinchen!!…
Intenta sacarle la bota fracasando en el intento.
E. – Así es imposible de sacar esta bota!! Deja de reírte!!, colaboración!! colaboración!!.
Ella sigue riéndose mientras que con una mano intenta taparse la boca para no llamar la atención del pasaje con su risa, y con la otra agarra sin fuerza la camisa de Enrique.
L. – Vale, vale, colaboro…
E. – Eso está mejor.
Entonces levanta suavemente la pierna izquierda que él reconduce hasta ponerla encima de su rodilla mientras ella se escurre hacia un lateral del asiento. Tira de la bota que poco a poco va cediendo conforme tira de la bota agarrando con suavidad la hermosa pierna ceñida en aquella media que asemejaba una rejilla, que permitía el leve roce de su piel con la de ella. Por fin sale la bota y queda al descubierto su pie enrojecido por el talón.
E. – Umm, este pie necesita asistencia sanitaria.
L. – Si, estas botas son infernales, ni las tiritas me alivian, y hasta una vez me hicieron sangre…
Mientras ella hablaba él comenzaba a darle un masaje por la zona.
L. – Vaya sorpresa… resultará que no solo sabes de tejidos… ¿también sabes hacer masajes?.

Lucía estaba disfrutando de lo lindo… Hacía mucho tiempo que nadie le daba un masaje como este… Estaba alucinando, un hombre tan atractivo, dando esos masajes… es que solo le faltaba saber palmear y bailar sevillanas… OLE, OLE Y OLE!!!
Tenía la pequeña esperanza de no perder de vista a aquel hombre y estaba dispuesta a encerrar sus miedos y resentimientos en una pequeña caja perdida en lo más recóndito de su mente.
Estaba sumida en sus pensamientos, buscando la forma de decirle que le gustaría volver a verle, pedirle su numero… cuando, en ese mismo instante, como si de telepatía se tratara… Enrique le dijo:
E: >
L: >
Enrique apuntó en un pequeño block la dirección que Lucía le proporcionaba… Arrancó una hoja con la dirección y el nombre del hotel donde él se hospedaría…
L: >
E: >
L: >
Al instante se acercó la azafata para pedir a los pasajeros que se abrocharan los cinturones (los del asiento, cazurros!!!) que el avión aterrizaría en breves momentos.
El avión aterrizó, y salieron juntos, dirigiéndose a por las maletas.
Mientras caminaban, el uno al lado del otro, flotaba en el ambiente la tristeza y la incertidumbre… Recogieron las maletas y se dirigieron a la salida.
Llegó el momento de la despedida, cada uno tiraría por su lado, y quien sabe si la suerte o el destino les volvería a unir…
Se despidieron con dos besos de cortesía en la mejilla, que les supo a poco, y por un momento, se miraron, con tal intensidad… capaz de parar un tren, con un deseo que se escapara irremediablemente por los ojos… Prometieron verse.
Lucía se giró lentamente, tirando de su pesada maleta, dirigiéndose al exterior del aeropuerto, en busca de un taxi…
Ya en el interior del taxi, enseñó al taxista el trozo de papel donde había apuntado la dirección de Rocío.
Le recorrió una pequeña lagrima por la mejilla donde aun quedaba la calidez de la boca de Enrique…
> pensó >
>
En los ojos de Lucía brillaba una pequeña luz de ilusión… una ligera sonrisa se dibujaba en sus labios…
Cuando a Enrique le dio la sensación de que la perdía de vista, se paró, y miró. Ella ya había tomado un taxi. Así que agarró sus macutos y se fue al hotel.
Tomó la llave y entró a su habitación. Lo primero que hizo fue ir al balcón y mirar a la calle. Se veían pequeños comercios y las casas no eran más grandes de 4 pisos. Se podía decir que eran barrios acogedores. Junto al hotel había una pequeña heladería. Así que decidió que se ducharía y saldría a dar una vuelta ya que le quedaban unas dos horas hasta su reunión. La habitación no era muy grande, pero era muy luminosa. Las cortinas eran de lino de color amarillo, y la cama era de estilo moderno, sobre la que puso la ropa.
Se duchó y examinó lo que se había traído.
– A ver… esta camisa… no. Bueno me parece que me voy a poner a juego con las cortinas. Y se puso una cómoda camisa de lino verde muy fresca para el ambiente caluroso del exterior.
Se compró un enorme helado y se fundió por aquellos barrios, escuchando a las madres llamar a los niños con su peculiar acento… los vendedores, y visitó alguna que otra Iglesia de las muchas que se encontró, con los techos dorados y cargados de decoración.
Y poco a poco fue acercándose al centro de Milán y especialmente a un sitio que siempre quiso visitar: la Galería Vittorio Emanuele II. Cuando llegó le pareció algo maravilloso. Unas fachadas doradas con las ventanas enmarcadas en arte. Y por supuesto la impresión de ver la cúpula y las cubiertas acristaladas. La gente que entraba y salía de los numerosos restaurantes, cafés y tiendas vestían elegantemente. Sin duda el precio de aquellos cafés se saldría de lo habitual.
Miró el reloj y era casi la hora. El lugar donde tenía que ir estaba cerca. Diez minutos después se encontraba en la calle Reinanzza, junto a un edificio que ponía Bonachelo.
– Si aquí es. Bonachelo. Vamos allá.
Entró en una salita donde una muchacha de unos 26 años, con un hermoso vestido se acercó para interesarse. > -pensó Enrique-.
í?l antes de que ella preguntará le dijo:
– Potrebbe parlare con Lorenzo?
Lorenzo era el encargado de las relaciones comerciales del estudio Bonachelo con su empresa. Buscaban un nuevo proveedor textil, y para eso estaba él allí.
La recepcionista llamó por teléfono y al momento me indicó que tenía que subir al primer piso, al despacho que había al final del pasillo de la derecha.
Llamó a la puerta y enseguida salió un hombre calvo, pequeño pero de aspecto agradable. Tenía el despacho cargado de humo del puro que se consumía en el cenicero.
– Pasa, pasa, ¿Enrique verdad?.
– Si, encantado de conocerle.
– El placer es mío. ¿Has descansado del viaje?.
El hombre le tuteaba sin reparo como si le conociera de toda la vida, y eso era buena señal porque demostraba que tenían interés por la empresa.
– Un poco cansado, no he dormido porque prefería pasear antes por la ciudad. Es maravillosa.
– Si, es cierto, aunque yo casi no me fijo en las cosas porque siempre voy con prisa!!. En fin, ¿has traído las muestras?.
– Aquí las tienes. > -se dijo Enrique-.
– Ahhh, magniiífico. ¿El corte del tejido aquí está con láser?.
– Si, por supuesto, como ves no se deshilacha y las costuras son totalmente limpias. (Para ser ignorante en esto más o menos saco la conversación no? jaja).
– Fíjese en estos diseños. . La idea es usar estas telas que me traes aquí y aquí (Le explicaba Lorenzo enseñando los dibujos de forma entusiasta).
Durante la hora y media que estuvieron tratando asuntos la conversación fue fluida y el contrato estaba prácticamente cerrado.
– Enrique ya es hora de comer!!. Que le parece si vamos a un restaurante que conozco y cenamos la estupenda comida italiana.
(Sonaba a una imposición más que una pregunta, y aunque no le entusiasmaba mucho tener que cenar con un calvito regordete, para asegurarse el trato, pues accedió).
Cuando terminaron de cenar, Enrique sacó de la camisa la dirección de la muchacha del avión.
Quedaba un poco lejos, así que tomó un taxi. Entró en el edificio y llamó a la puerta, pero no respondía nadie. Así que dejó una nota con una hora y un lugar:
Soy Enrique. ¿Qué te parece si nos vemos mañana a las 11 en la calle Carnollo? En una cafetería pequeña que hace esquina? Allí te espero.
Como era tarde y aún no había descansado prefirió irse al hotel y dormir hasta estar totalmente repuesto.
——
Lucía.
Miré a través de la ventana del taxi, ya había llegado… mi sueño… vivir en Italia, por fin se cumplía.
Pagué al taxista, y salí del coche. Miré al cielo…
Que rara situación en la que había conocido a ese hombre… y en que lugar mas extraño… en el cielo!!! Había conocido a un hombre majísimo en el cielo… tenia que ser un ángel, jejeje!!!
Llamé al timbre de la puerta, era una casa de dos plantas, era una casa antigua, de grandes ventanales… me gustaba…
Abrió Rocio… cuantas ganas tenia de verla!!! esos ricitos!!! cuanto la había echado de menos…
Rocio: >
Lucía: >
Nos fundimos en un abrazo, y nos dimos besos y más besos…
Entramos en la casa, dejé la maleta en el recibidor y entramos al salón. Era espacioso y muy bien decorado, con unas cortinas de color blanco roto, con ribetes en el bajo, con forma de flores, de color cereza… El sillón también era blanco, tenía pinta de ser muy cómodo… había una mesita auxiliar de madera y cristal… todo era muy bonito y acogedor…
Empezamos a contarnos todo lo que había pasado en nuestras vidas, recordando viejos momentos vividos entre las dos… las borracheras, los chicos, las risas y anécdotas… que tiempos aquellos!!!.
Le conté lo insólito de la situación en la que había conocido a Enrique, lo que habíamos hablado… Le pedí consejo, quien mejor que ella para aconsejarme… ella había vivido de cerca mi historial amoroso… y ella me quería como una hermana… no querría nada malo para mi… y no me defraudó…
R:>
L:>
Subimos a las habitaciones para dejar la maleta, que pesaba…
R:>
L:>
Deshice la maleta, y nos fuimos a cenar a un restaurante típico de allí… Cenamos lasagna, nos bebimos una botellita de buen vino italiano… nos reímos, charlamos, nos empezó a hacer efecto el vino y se nos subió a la cabeza…
Nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad… Menuda ciudad!!! era como un sueño hecho realidad… había gente en las terrazas de los restaurantes, cenando, amigos, parejas, velas, manteles de cuadros rojos y blancos… flores…
Bajo las luces de las farolas todo parecía mucho más bonito que durante el día… Ese acento que se oía como un murmullo… como una brisa marina… Me gusta esta ciudad, pensé… Respire hondo… y me vino a la cabeza el rostro de Enrique…
Decidimos volver a casa, estábamos muy cargaditas… y yo estaba cansada del viaje…
Al llegar a casa, había un trozo de papel en el dintel de la puerta, con algo escrito en el… Dios mío!!! era una nota de Enrique… me citaba para el día siguiente, en una plaza que no conocía… para almorzar…
Le pedí a Rocio que me acompañara ella, no quería perderme y llegar tarde a mi primera cita con Enrique…
Esa noche no dormí todo lo que tendría que haber dormido… estaba nerviosa e impaciente… ¿qué pasaría???.
Al día siguiente, me levanté con una resaca de mil demonios… Me levanté silenciosamente, para no hacer ruido, no quería despertar a Rocio…
Me metí en la ducha, y el calor del agua recorriendo mi cuerpo me relajó muchísimo, el aroma del champú… que delicia!!!
Me terminé de asear y me vestí… Cuando salí del baño, estaba Rocio de pie, junto a la puerta del servicio, con las piernas dobladas, dando botes… era un caso de urgencia, jajaja!!!
Mientras Rocio se duchaba, yo preparé un desayuno ligerito…
Desayunamos juntas, hablando y riéndonos de nuestra resaca. Nos terminamos de arreglar y nos dirigimos a la cita, puestoquenos habíamos levantado casi con la hora de comer…
Y llegó la hora de la verdad…
Allí estaba Enrique, esperándome, apoyado en una fuente, de las muchas que hay por toda Italia… una fuente del renacimiento…
Estaba leyendo el periódico, estaba como ausente… y de pronto, alzó la vista y me vió…
Nos miramos, a pesar de la distanciaquenos separaba… UFFFFF!!! QUE CACHO DE MIRADA!!!
Mientras esperaba en la fuente a que llegara aquella preciosa chica, se compró un periódico. Esto de leer en italiano era bastante más fácil que hablarlo. Miró la hora…
– Ufff se retrasa. Quien sabe, a lo mejor la nota se ha caído por el hueco de la escalera (pensó). ¿Y si es qué no le he caído bien?. Ummm no sé, creo que me porté bien… aunque también puede ser que su amiga no sepa donde está esta calle…
No paraba de retorcer la cabeza a cada minuto que pasaba, y su corazón se aceleraba en inquietud.
Ese día había ambiente en la calle, el café estaba lleno de gente que descansaba de su día de compras. Y de fondo el sonido de las ramas de los árboles cimbreando entre si junto con el sonido de un piano procedente de un piso cercano. Tocaba rápido, parecía jazz.
Y al minuto volvió a levantar la cabeza del periódico… A lo lejos veía la imagen esbelta de una mujer que aun sin apreciar el rostro juraba que era de ELLA. Un contoneo sensual de cintura al andar marcaba el ritmo con las que se movían las ramas, con la que sacudían las sábanas las mujeres, con las que silbaba el tendero… Aquellas piernas que había acariciado en el avión también marcaban ya su palpitar. Y su rostro a cada paso se definía más y más.
Iba acompañada de su amiga. Era un poco más baja que Lucía, y tenía el pelo castaño. Pero sus ojos no se podían apartar más de 3 segundos y enseguida volvía a los ojos acaramelados de Lucía que ya estaba a pocos pasos de él.
Dejó caer el periódico sobre el banco y adelantó una mano que delicadamente rodeó su cintura hasta acercarla con un leve impulso hasta su rostro… y entonces él le dio un beso en la mejilla, uno solo, uno que valía por muchos… era una caricia de algodón, un fundido de añoranza. Y así lo recibió ella, con una sonrisa y con los ojos fijos en el horizonte, dando su beso al cielo por sentir aquella maravilla.
E. – Ya creía que no ibas a venir… -dijo Enrique.
L. – Nunca hubiera faltado. Lo que ocurre es que mi amiga se ha entretenido vistiéndose y por eso no hemos llegado antes.
E. – No pasa nada.
Entonces saltó la amiga que se había quedado al margen…
R. – Pero bueno!!, no me lo vas a presentar?.
L. – Ah!! jajaja, perdona reina. Te presento a Enrique…
R. – Mucho gusto. Me parece que las descripciones de mi amiga no llegan a todo el esplendor que se aprecia.
E. – Muchas gracias -dijo colorado.
R. – Y bien, ahora creo que os voy a dejar solos, que yo tengo que comprar!!. (Y girándose, le dio a Lucía un guiño de aprobación y suerte).
L. – De acuerdo mi pequeña, ahh, y no te preocupes, no se cuando llegaré.
Y así se alejó Rocio con una sonrisa pícara.
L. – Y bien… ¿a donde vamos?.
E. – He visto un enorme parque cerca de aquí… y se me ocurre algo. Vamos…
Y cogiéndola de la mano se dirigieron a un supermercado cercano, y fueron recorriendo las estanterías hasta que encontró lo que quería. Primero cogió unas copas de plástico, y luego una botella de un vino joven.
E. – Umm, pero no está a la temperatura deseada.
Así que fue a la zona de congelados mientras ella ya empezaba a averiguar lo que quería hacer. Dejó la botella en la cámara de congelados y fue tomando aceitunas y otros piscolabis. Al rato de ir tomando cosas se fue al congelador y sacó la botella.
– Voila!!, en su punto. Ya podemos irnos.
Cuando llegaron al parque se sentaron en un trozo de césped que había apartado rodeado de árboles centenarios. Algunos eran olivos enormes que ella nunca había visto. El sol se colaba levemente por entre las hojas.
Mientras ella miraba el paraje, él abría la botella y vertía sobre las copas el vino.
E. – Lucía, brindemos, formulemos nuestro deseo.
L. – De acuerdo. ¿Por qué brindamos?.
E. – Porque tu deseo se cumpla.
L. – Porque el tuyo también se cumpla.
Y juntaron las copas mirándose mutuamente, y bebieron aquel néctar de uva que se escurría por la garganta junto con la magia de aquel deseo formulado.
Subió el sabor afrutado a sus paladares y se extendió por todo su cuerpo en un escalofrío. Surgían las sonrisas y volvían a llenar las copas mientras tomaban los aperitivos.
Y su mano se acercó al brazo de Lucía, y lo acarició como si se tratara de una hoja otoñal que hubiera caído del árbol…
Estábamos sentados en el parque, a la sombra de un olivo, bebiendo vino, tomando un aperitivo… sentados en el césped… menuda forma más buena de pasar el rato… cada vez me sentía mas ilusionada, creoquese me salían las chispas de los ojos… él seguro que las veía…
Después de hablar un rato, de pronto, acarició mi brazo, suave y dulcemente, como si nunca hubiera tocado un brazo… me estremecí, me dio otro vuelco el corazón… mi corazón debía de ser campeón olímpico en la modalidad de salto… madre mía!!! lo que í?L me hacia sentir… no era lógico que una sola persona pudiera provocar aquellos sentimientos…
Yo, por mi parte, acaricié su mano con la mía, le miré a los ojos y le sonreí, para que se diera cuenta de que estaba a gusto con su presencia, y de que no me molestaba que me tocara el brazo… o lo que él quisiera…
No hablábamos… no queríamos estropear aquel momento con palabras… Solo había silencio y nuestras miradas…
í?l se aproximó… yo me aproximé… era la ocasión… estábamos a milímetros de distancia… SI!!! ERA LA OCASIí?N!!!
Pero llegado el momento… se nos cayeron las copas de vino… y como si fuera la Ley de Murphy… el vino de derramó sobre mis pantalones blancos… La que se montó!!!
E:>
L:>
E:>
L:>
La velada concluyó entre risas… y recogimos los vasos, el aperitivo, la botella, y lo tiramos a una papelera cercana…
Enrique me cogió de la mano, y fuimos dando un paseo por el parque, dirigiéndonos a casa de Rocio, para cambiarme de pantalones.
El tacto de su mano era suave, tenía unos dedos largos que encajaban a la perfección con los míos… miré las dos manos entrelazadas… quedaban bien juntas… no quería separarlas nunca… estaba tan cómoda con su presencia… ufff!!!
Llegamos a casa, y pasamos al salón… le serví un vaso de agua, puse música y le dejé esperando sentado en el sofá mientras yo me vestía…
Pero a él no debió de gustarle que le dejara allí abajo solo… y subió a la planta superior, donde estaba yo vistiéndome…
Yo estaba subiéndome los pantalones en el justo instante en el que el carraspeó y yo me giré…
Estaba mirándome con una sonrisa en los labios, una sonrisa diagonal, estas que solo levantan una comisura…
Yo le sonreí, y haciendo que estaba enfadada… le regañé.
L:>
E:>
Me acerqué… estaba tan cerca que podía oler su colonia… le di un beso en la mejilla, muy cerca de esa comisura levantada… no era un simple beso de amistad… era un beso intencionado y él lo sabia…
Le cogí de la mano y bajamos las escaleras corriendo, entre risas… casi nos caemos rodando… en ese mismo instante llegó Rocio, cargada con las bolsas de la compra…
Mi niña… pobrecita… ella de compras en el súper y yo de cachondeo por ahí… le haría una regalo… Si!!!
Le di un abrazo a mi niña, Enrique le dio un beso y nos despedimos de ella… Salimos de la casa y Enrique me pasó la mano por la cintura… la calidez de su mano y su dulzura, me volvió a estremecer…
No sabíamos a donde no dirigíamos, íbamos sin rumbo fijo… paseando cogidos por la cintura… con toda naturalidad, como si nos conociéramos de toda la vida, como si fuéramos pareja!!! Llegaríamos a serlo pronto???
Paseábamos por la ciudad, hablando animadamente, cuando de pronto, me paré… necesitaba sentir un abrazo suyo… y se lo pedí.
L:>
E: Nos fundimos en un abrazo… de esos que hacen historia… Ahora si que estábamos cerca… yo estaba apoyada en su pecho, él me abrazaba por la cintura… Alcé la mirada… él me miró… nos miramos…
Y fue cuando desaparecieron los coches con sus ruidos, el bullicio de los comercios, se esfumó la gente que andaba por la acera… ya solamente estábamos nosotros dos, la mirada penetrante de ella, su manos rodeando mi cuello… su fragancia de belleza que me colmaba de plenitud, y yo estaba allí!!.
Si, así se encontraba aquella chicha maravillosa, atada al destino de un caballero cuya caricia era como imán del deseo.
í?l serenó su rostro, se hipnotizó con los ojos de Lucía y dejó que sus instintos rompieran la timidez. Apartó el flequillo suelto de ella con delicadeza, acariciando el pelo y fue acercando sus labios lentamente a los de Lucía que cosquilleaban en ambición por poseer a aquel hombre.
Humedeció sus labios con un leve roce de la lengua y besó el labio inferior de ella como si de un lóbulo de fruta fresca se tratara, y sin dejarlo escapar acaparó intensamente la boca de Lucía que reclamaba más con la respiración entrecortada. Sentían el calor de sus rostros junto con la sensación de estar montados en una atracción de feria y no existía el pasado, ni el presente, ni el futuro!!, estaban viajando en un sueño atemporal. í?l respiraba el aire de los pulmones contenido de ella que cerraba los ojos para no despertar a la vez que agarraba la camisa de Enrique tirando hacía arriba hasta dejar la espalda de él al aire.
Por fin me besó, nos besamos… se hizo el silencio, solo sentía la calidez de sus labios en los míos, sus manos pasando dulcemente por mi cintura, me sentía como en otra galaxia, como si estuviera andando descalza por una nube… VAYA BESO!!! í?ramos un solo ser… no había nadie mas, ni nada mas… solo éramos él y yo… aunque para mí… en ese momento, solo existía el… no existía ni yo misma… vaya forma de besar!!!. ¿Dónde habría aprendido a besar así???
Por un momento, dejamos de besarnos… nos miramos a los ojos… me dedicó una sonrisa, y me abracé fuertemente a él, cuerpo con cuerpo, quería sentir su calor. Apoyé mi cara sobre su pecho, oía el latir aterciopelado de su corazón… que sensación más buena!!!
Se separó de mi, me cogió la cara con sus dedos, y me dio un leve beso, fugaz y me cogió de la cintura…
Estuvimos andando mucho rato sin hablar, dejando que el silencio nos embriagara, disfrutando del momento…
Llegamos a casa de Rocio…
Llamamos a la puerta para que nos abriera pero había salido, así que Lucía sacó la copia de llaves que Rocio le había dejado. Entraron en la casa y pasaron al salón. Enrique cogió el mando de la televisión y la encendió mientras que Lucía iba al servicio. De fondo se escuchaba el telediario, eran las dos y media de la tarde. Cuando salió del servicio se fue a la cocina y puso un cazo con agua para hervirla. Luego se acercó al sofá en donde estaba sentado Enrique y comenzó a darle un suave masaje en la cabeza. Entrelazó sus dedos entre el pelo y él dejó la cabeza reposar en el sofá rendido al placer de aquel regalo. Movía los dedos haciendo pequeños círculos desde la nuca hasta la frente, despeinándole lentamente. Pero había algo que a ella le molestaba mucho, esa coletilla!!!, que para colmo tenía una goma muy apretada. Tenía que hacer algo!!. Miró alrededor y vio que cerca había una caja de costura. Así que una mano dejó de dar masajes para buscar en la costura unas tijeras, que por fin encontró…
L. – ¿Sabes qué es lo único que no me gusta de ti?.
Enrique se quedó contrariado con el comentario.
E. – Dime!.
L. – Esto!!.
Y cogiendo la tijera con una mano y por otro lado la coleta no resistió la tentación de cortarla de un solo tijeretazo.
E. – Ehh!! que le pasa a mi coleta!!
L. – Dirás que le pasaba!! porque ya no hay coleta!! jajaja. Ya si eres perfecto!.
E. – Ahhh si!! con que esas tenemos…!!
Y cogiéndola de la cintura le dio una voltereta de forma que se quedó con los pies al aire y la cabeza en el asiento del sofá, mirando desde abajo la cara pícara de Enrique.
E. – Ajá!! ¿Y ahora qué?… ¿Y este flequillo qué tiene esta muchacha!! ehh!! lo cortamos??.
Mientras con las manos le hacía cosquillas que impedían que Lucía dijera nada entendible porque no paraba de reír.
í?l se arrodilló en el sofá y besó el flequillo.
E. – Pues no, no se puede cortar porque es perfecto. Como tu frente. (Y seguidamente besó la frente de Lucía). Como tus cejas. (Y las besó). Como tus ojos… (Y ella cerró los ojos para que él pudiera besar sus párpados). Como tus labios…. (y volvieron a besarse esta vez de forma apasionada, desesperada).
De pronto sonó un trasteo de llaves en el exterior y entró en la casa Rocio… Y se encontró con el cazo de agua soltando vapor por toda la habitación y a sus invitados haciendo el pino en el sofá con los cuellos retorcidos mirándola sin saber como explicar aquello…
R. – No me lo digáis!!!. Se os ha perdido una moneda en el sofá y la estabais buscando… vaaale, vaaale, me lo creo, y lo del vapor para mejorar mi resfriado… ¿a qué si? Si es que sois unos soles!!.
Lucía guiñó un ojo a Rocio por su salida mientras se incorporaba para ayudarla en la comida.
R. – Venga, que estáis invitados a comer pero tenéis que arrimar el hombro ¿¿vale??.

Todos colaboraron en la preparación de la pasta. El cazo se calentó con agua y se pusieron los tallarines. El telediario de fondo informaba los últimos acontecimientos sobre el Etna que había vuelto a alterar la vida de la zona con nuevas erupciones.
Enrique puso el mantel y los cubiertos. Mientras Lucía preparaba los condimentos para la pasta.
Al rato todo estaba sobre la mesa y comenzaron a comer.
L. – Ummm, riquísimos.
E. – Es curioso que la pasta aquí sea tan diferente de la que comemos en España.
R. – Si, bueno, eso se debe a que aquí la pasta la hacen con trigo duro. A los italianos no les gusta la pasta que se vende en España, prefieren algo más consistente. Recuerdo que al principio pensaba que la hacían poco en los restaurantes y por eso estaba más dura, pero cuando compré en la tienda me di cuenta del asunto.
E. – Pues sea como sea, está riquísimo.
R. – Ja! para algo somos tan buenos cocineros!!.
Rocio cambió de tema y preguntó:
R. – Bueno Enrique, y qué es lo que te trae por Italia?.
E. – Pues estoy tratando con una empresa que quiere comprar telas que producimos en España. El otro día estuve trazando la negociación y parece que se va a cerrar un acuerdo aunque aún tendrán que estudiar las muestras de tela que les dejé. ¿Y tú Rocio? ¿A qué te dedicas aquí?.
R. – Soy modelo. Jajajaja. Bueno, fuera de bromas… trabajo para una empresa de telecomunicaciones. Soy informática.
E. – Y entonces, ¿desde cuándo eres amiga de Lucía?.
L. – Uhii!! si te contáramos…
R. – Anda que no… desde la guardería!! con los baberos!!.
L. – Si, solo nos ha faltado criarnos en la misma cuna. Siempre juntas… bueno, hasta que el trabajo tuvo que separarnos.
R. – Pero ya ves… otra vez juntas!!
L. – Claro que si, mi vida. No se pierde a una buena amiga tan fácilmente! Aunque te vayas a Australia!!.
Cuando terminaron, cada uno recogió su plato y dejaron la mesa limpia. Después se sentaron en el sofá a ver un rato la televisión. Rocio con el paso de los minutos y después de haber comido tanto se quedó dormida. Lucía se apoyó sobre el pecho de Enrique rodeando su cintura con un brazo. í?l correspondió acariciando su pelo suavemente. Así permanecieron durante largo rato haciendo la digestión.

Lucía.

Nos quedamos solos en el sofá, yo echada sobre el, apoyando mi cabeza en su pecho… Rocío hacia un rato que se había ido a dormir, por que se había quedado dormida.
Pasé mi mano sobre el lóbulo de la oreja de Enrique…luego por la mejilla, rozando suavemente sus labios, que al sentir mis dedos, me besó uno a uno de mis dedos… que delicia!!!
Nos volvimos a besar en los labios, con pasión y deseo… me dijo una cosa que no le entendí…
L:- Que es lo que dices? no te entiendo…
E:- Que eres preciosa… y que no me gustaría separarme de ti ni un solo momento… me gustaría ver el amanecer a tu lado… quieres?
L:- Si, me gustaría… quédate esta noche a dormir… quieres???
E:- A dormir??? jo! no pensaba dormir mucho… pero si la señorita es lo que quiere… a dormir!!!
L:- Jajajaja!!! si, a dormir, y a jugar al Trivial… jajajaja!!!

Nos volvimos a besar, a acariciarnos, a oír nuestra mezcla de suspiros, había mucha pasión contenida en nuestros besos…
Le cogí de la mano, me levanté, e hice que se levantara… subimos las escaleras en absoluto silencio, sabiendo lo que pasaría en breves momentos…
Cerré la puerta de mi habitación, él estaba abrazándome a mi espalda, me cogía la cintura con delicadeza, me giró y me dio un beso en el cuello, resarciéndose en él, besando todos los poros de la piel del cuello, pasando por las clavículas, los hombros…
Yo, por mi parte, no me quedé quieta… le acariciaba la espalda, la parte en la que termina la espalda, la nuca…, esa coleta recién cortada… ummmm!!!

Le desabroché la camisa, tenía la piel suave y tersa, deseaba no separarme nunca de esa piel, de ese olor, de esos besos, de esas caricias…
í?l hizo lo propio y también desabrochó los botoncitos de la blusa mientras seguía besándome…
Ella se tumbó en la cama y él se sentó en el filo. Cogió el pie de Lucía y le quitó el zapato lentamente, que una vez liberado ella usó para acariciarle la espalda. Luego cogió el otro pie e hizo lo mismo. Se paró para sentir los masajes tan ricos que ella le daba y decidió corresponder. Así que se acercó a la espalda y fue elevando el vestido conforme masajeaba con las palmas de las manos los costados de ella. Movía los músculos tensos y los dejaba como nuevos. Llegó a la unión del sujetador que le impedía continuar y lo soltó. Lucía sonrió. Luego besó justo donde se unen los corchetes del sujetador, que estaba de un color más blanco que el resto de la espalda. Sin duda ella no tomaba el sol en topless. Un escalofrío recorrió toda la columna, y es que él sabía que esa zona era muy sensible. Volvió a besar ahí, pero esta vez dejando el rastro húmedo de su lengua. Siguió acariciando hasta llegar a sus hombros, movió sus manos con destreza conforme besaba la nuca de ella y alrededores. Los suspiros delataban la enorme satisfacción. Recorrió toda la espalda una y otra vez para que ella se sintiera cómoda. La respiración de Lucía se había serenado. Estaba segura de con quien estaba y que iba a pasar, quería que pasara.
Necesitaba besarle, así que se dio la vuelta dejando que sus pechos desafiaran la gravedad y acercó sus labios hasta el cuello de Eduardo que besó desde abajo hasta arriba, besó la barbilla y sus labios, mientras con sus manos le quitaba la camisa y dejaba todo el torso al aire. Me quedé abrazada a su cuerpo, no quería apartarme de su lado… No había una sensación igual a aquella, sentir sus pechos tocando aquel cuerpo, piel contra piel. Así se quedó parada, era algo maravilloso. í?l besaba detrás de la oreja y en el cuello abrazándola para no perder aquel contacto.
Un susurro puso al aire todas y cada una de las células de Lucía… un «te quiero» con voz cálida. Ella no podía dejar de besarle. Era un instinto, una necesidad.
E. – ¿Qué te parece si jugamos al frío-frío caliente-caliente?. (preguntó entusiasmado). No juego desde que era pequeño.
L. – ¿Y qué buscamos?.
E. – Lo que más nos guste. Si es que no te gusta pues dices «frío».
L. – Vale!.
Se tumbó en la cama y él fue besando los hombros, la clavícula… Sin embargo, aunque no le disgustaba permanecía callada esperando que llegara a un sitio más sensual. Y poco a poco fue besando hasta llegar a los pechos. Pero que malísimo!!, en vez de tirarse a comer aquellos preciosos pechos redonditos y de un tamaño normal, sacó la lenguecilla y se puso a recorrer los contornos de aquellas montañas dejando un fresco rastro, sin duda iba a hacer que se retorciera de placer.
L. – Caliente!! pero sigue sigue!!!.
í?l puso una sonrisa pícara. Estaba haciendo retozar a aquella muchacha hasta los extremos más desesperados. Llegó su lengua a uno de los pezones y lo chupó con delicadeza. El pecho se encogió. Fue besando más fuerte. Con la mano acariciaba los contornos.
Ella sentía el sexo de Enrique en contacto con su pierna. Estaba excitado. Estaba claro que también sufría como ella el tener que dosificar los instintos, pero eso hacía de aquella relación la más agradable que había tenido nunca. í?l la cuidaba con cada toque de su piel, la miraba de reojo para ver sus ojos entornados llenos de placer…
Continuó acariciando los pechos mientras seguía recorriendo su cuerpo, esta vez alrededor del ombligo. Hacía pequeños circulos con la lengua que hacía reir a Lucía. – Caliente!! jaajaja caliente!!.
Y fue bajando más hasta llegar a sus piernas. Cogió un tobillo y lo puso en su hombro permitiéndole tocar toda la pierna que masajeaba con las dos palmas. Y con su cara con una barba del día anterior, rozaba su piel que raspaba levemente haciendo que se enrojeciera pero sin doler, una sensación diferente, muy diferente. Y fue nuevamente besando desde el tobillo hasta llegar a sus braguitas. Ella había empezado a respirar descompasadamente, estaba entre excitada y alterada. Pero él no quitó la prenda. Y fue mordiendo un poco el elástico de la braguita y lo elevaba un poco hasta que lo soltaba y sonaba el plass!! en contacto con la piel. Que diablillo!!.
Sentía la humedad de ella, que estaba temblando pero a la vez elevando las caderas para sentirle más. Sitió el bello púbico de ella tras la tela que besó dulcemente…
Ella no resistió la enorme tensión y su instinto hizo que se incorporara. Ahora tocaba que ella pusiera su parte en el juego. Así que hizo que se tumbara y ella dominó la situación mirándole desafiante…
– Te toca sufrir ahora a ti… (Dijo Lucía).

Empecé mi tortura jugando a darle besos en el cuello, haciéndome de rogar… mis besos rodaron por su pecho, acariciaba sus hombros, sus brazos… le torturaba ignorando aquella parte tan «adorada» por los hombres, se centraban tanto en esa parte que se olvidaban que había mas partes erógenas y sensuales… por eso, como escarmiento, decidí pasar olímpicamente de esa zona…

Le hice darse la vuelta, me centré en un masaje, con las yemas de los dedos, electrizando todo el cuerpo con un solo movimiento de un solo dedo en la columna vertical…

Besé cada milímetro de su piel, desde la nuca hasta los pies, pasando por el trasero, las nalgas, parándome un buen rato en la parte trasera de las rodillas para volver a subir a la nuca…

E:- Lucía, por favor, no alargues mas esta tortura… te lo pido por favor, no puedo mas…!!!

Se giró, mirándome con deseo, me acercó a su cuerpo… nos unimos… nos fundimos en un solo ser y toqué el cielo con los dedos…
Me quedé dormida de inmediato, abrazada a su cuerpo…

Enrique.
Lucía se estaba quedando dormida aferrándole con sus brazos. >.
Pero esas situaciones siempre inquietaron a Enrique porque le hacían pensar en el futuro. Su trabajo terminaría pronto en Italia y no podría seguir viéndola porque ella trabajaría en Milán. Así que todo lo que se había construido con el corazón, se derrumbó en él por culpa de la razón. Tenía que despertar de aquel sueño que era estar abrazado a aquella diosa, pero el amor que sentía era tan fuerte… No dejaba de pensar…
– ¿Y si le haces daño?. Le has dado algo bueno, pero si lo mantienes durante más tiempo el dolor más adelante puede ser insufrible. Y por otro lado la separación es irremediable, yo tengo mi futuro en España, y ella en Italia. Son tantos kilómetros… Enrique piensa, piensa!!.
Separó el brazo de Lucía que estaba rodeando su cintura, y dejó que se acomodara y siguiera durmiendo. Se vistió mientras la miraba incesantemente. Estaba preciosa; se marcaba en ella una sonrisa.
Encima de una mesa que había en la habitación tenía los bocetos que le enseñó en el avión. Los repasó nuevamente hoja por hoja. Y se detuvo en una de ellas. Arrancó una de las hojas y se marchó sin hacer ruido.
Llegó al hotel y recogió sus cosas. Pagó la habitación y se fue a un pequeño hostal que había al lado de la empresa con la que negociaba.
Esa noche ceno en un pequeño restaurante. Su mirada estaba fija en el infinito… había conocido a la mujer de su vida y el trabajo junto con la distancia se había puesto por delante de su amor. Comió el pescado con desgano y se fue a la habitación del hostal.
Miró los dibujos de Lucía. Eran diseños muy buenos. Se quedó dormido encima de la cama, vestido con la hoja entre las manos.
A la mañana siguiente se levantó con el cuello dolorido. Fue al baño y se miró al espejo.
– Tienes una pinta horrible. (se dijo).
– Venga arréglate, tienes que ver al gordito.
Se puso el último traje que le quedaba limpio y salió hacia Bonachelo.
Subió directamente evitando a la secretaria y se presentó en el despacho de Lorenzo. Llamó levemente con los nudillos.
Lorenzo – ¿Quién Es?
Enrique – Soy yo, Enrique, el comercial de tejidos.
L. – Pasa!! pasa!!, estás en tu casa. Bueno, en tu despacho!! jo jo jo.
E. – Gracias. Me siento con su permiso.
L. – Si, claro. Te cuento, la sección de confección ha estado examinando los trozos de tejido y están muy satisfechos con la calidad. No pensábamos que tuvieran una maquinaria tan especializada, estas telas son muy difíciles de sacar. Con esto ya te adelanto que firmaremos con vosotros.
E. – Me alegro. El director de nuestra empresa gastó mucho capital en adquirir la mejor tecnología. Por eso el resultado tan bueno.
L. – Te he elaborado una relación de metros que necesitamos, junto con los colores y la clase de tejidos. También necesitamos diseños nuevos, y te he adjuntado los patrones para ver si podéis crearlos.
E. – Eso es más complicado. Programar la maquinaria es bastante costoso.
L. – Si, si, lo comprendo, pero estoy seguro que llegaremos a un acuerdo sobre los gastos. Pero todo esto será más adelante.
E. – Está bien, ya hablaré con mi empresa sobre eso.
L. – No dudéis que aquí tenéis una empresa colaboradora en lo que necesitéis. Todo es negociable. jo jo jo.
E. – Me gustaría preguntarle una cosa.
L. – Adelante.
E. – Mire estos diseños. ¿Qué les parece?.
L. – A ver… (los examina detenidamente). Son buenos. ¿De qué diseñador?
E. – ¿Diseñador? no, no, aun no es una diseñadora.
L. – Ahh!! una aprendiz!! pues es muy aplicada con estos dibujos.
E. – ¿Conoce a algún buen diseñador o diseñadora qué esté en Milán que pueda ver los dibujos y entrevistar a la autora para que trabaje?.
L. – Umm, ya empieza a encajar todo. Veré que puedo hacer. ¿Esto que viene por detrás es la dirección de ella? Ah, si… Lucía. ¿No tiene apellidos?
E. – No sé más de ella.
L. – Ohh!! una ragazza misteriosa!!. Me gusta!!, veré que puedo hacer. Pero como ya le dije todo es negociable!!. Tendrá que tenerme el pedido antes de finales del mes que viene.
E. – Pero… no es algo que dependa de mi…
L. – Si, ya lo se, pero no dudo que hará lo necesario.
Se dieron la mano y se despidieron entre abrazos y buenos deseos.

— Lucía.
Rocio se despertó después de una enorme siesta y fue a la habitación de Lucía.
R. – Venga floja!!, despierta!!
Lucía estiró los brazos. Se sentía tan bien.
L. – Pues me voy a quedar un ratito más, estoy muy a gusto.
R. – Venga ya, salta que me tienes que acompañar a hacer recados.
L. – ¿Qué hora es?.
R. – Pues las siete. Muy tarde.
Rocio se lavó la cara y mientras se peinaba Lucía apareció por detrás y la abrazó.
L. – ¿A qué no sabes lo que ha pasado?.
R. – ¿Cuándo?
L. – Mientras dormías…
R. – Ohh, no me digas…. ohhh oooooohhhh.
L. – Pues si. jaja. Ha sido maravilloso. Es delicado, dulce… Yo creo que ya no quedan hombres como él.
R. – ¿Y ahora dónde esta?. Se ha tenido que ir porque aquí no está.
L. – Tendrá cosas que hacer.
R. – Venga arréglate que salimos.
Salieron a hacer compras y estuvieron recorriendo gran parte de la ciudad. Y llegó un momento en el que el hotel donde se hospedaba Enrique quedaba cerca.
L. – ¿A dónde vas ahora?
R. – Pues a Fianno, esa tienda de allí.
L. – ¿Me das una media hora?.
R. – Venga tontica, corre.
Llegó al hotel y preguntó por el número de habitación y Enrique.
Recepcionista. – Lo siento señorita, esta persona acaba de dejar el hotel hace unos instantes.
L. – No es posible, no es posible!!.
Corrió hacia la calle mirando en todos los sentidos, pero entre sus lágrimas solo se distinguía la desesperación por no saber que estaba pasando.
L. – ¿Por qué me abandona?, ¿Por qué?…
Alcanzó a sentarse en un banco cercano. Tenía una maldición, estaba claro, todos los chicos con los que era feliz nunca cuajaban. Sentía el peso de la culpabilidad por si había agobiado a aquellas personas y que por eso la dejaban. Pero no era así, ella era correcta y razonable.
Cuando pasaron unos minutos ya estaba más serena. Lo único que tenía de él era la dirección de hotel y él había cambiado para perderla de vista. Permaneció sentada un buen rato pensando en lo que le estaba pensando, que iba a hacer.
L. – Mañana mismo mando mis cartas a los diseñadores y empiezo a trabajar. Pero, Dios que hora es!!, Rocio tiene que estar preocupada.
Fue hasta la tienda en la que habían quedado. No la veía. Al momento un silbido llamó la atención de Lucía que se dio la vuelta. Estaba en otra tienda cercana.
R. – ¿Por qué has tardado?. Pero… ¿por qué tienes los ojos como si hubieras llorado? ¿Qué te ha pasado mi niña?.
Ella no llegó a pronunciar palabra. Se abrazaron y lo que había sucedido se fue intuyendo.
R. – Ha sido ese desgraciado ¿verdad?. Te lo dije… que tuvieras cuidado.
L. – Ya lo sé, ya lo sé!!.
R. – Oye, a mi no me culpes!!
Se hizo un silencio.
R. – Tienes razón, no es momento de ver quien tenía la razón. Además, en este mundo para recibir es necesario arriesgar. No te preocupes, esto pasará.
L. – Le quería tanto. Creía que iba a ser el hombre de mi vida.
R. – ¿Te ha dicho por qué te deja?.
L. – No, había abandonado el hotel.
R. – Menudo cobarde, encima ni es capaz de dar razones. Mira, vamos a casa y preparamos la cena.
La mirada de Lucía estaba fija en su propio universo. Se sentía como un bote al vacío. No sabía que tenía que sentir ni que pensar.
R. – Mi niña, hay algo no te conté. A la semana de venir a Italia conocí a un muchacho de aquí. Era una joya, pero al final resultó que tenía demasiados pájaros en la cabeza y decidí dejarlo después de una enorme pelea. Y desde que vivo sola mira que bien me va. Me voy a las discos, ligo un rato y vuelvo a la seguridad de mi hogar. Soy autónoma, he aprendido a vivir sola. Saco lo que me gusta de los chicos, ¿para qué soportar lo malo? Eso que lo soporten sus madres.
Las palabras de Rocio no le causaban consuelo. Ella no había pensado de esa forma… su concepto de amor era tan puro como el que tenía cuando era una niña. Y ahora se sentía como una niña que hubiera perdido su muñeca más anhelada.
Después de cenar se tumbó en la cama. Le dijo a Rocio que quería estar sola. Dejó la ventana abierta. Se podía ver la luz de la luna entrar por la ventana.
El agotamiento después de 2 horas de forzar sus lacrimales la dejó rendida. Durmió del tirón durante toda la noche.
A la mañana siguiente se miró al espejo, y decidió ponerse guapa. Se duchó, y se dispuso a comenzar su vida en Italia, y a disfrutar de la compañía de su amiga.
Decidí no pensar en él, era lo peor que podía hacer… porque estaba martirizándome pensando en qué había hecho mal para que él se alejara sin una mínima explicación…
Como solía decir mi madre…> Qué razón llevaba la pobrecilla mía…
Por lo visto, Enrique era igual a los demás, solo que había sabido muy bien ocultarlo y jugar sus cartas…
Bueno, por lo menos estaba en Italia, cumpliendo mi sueño, y desde hoy mismo voy a mandar vitaes para terminar de realizarlo…
Me vestí y me marché con Rocío a mandar los vitaes.
Llegamos a un edificio muy alto, allí estaba el estudio de un diseñador italiano, poco conocido en España, pero según me decía Rocío era conocido en Milán… a ver si había suerte!!!
Entramos, y la recepción estaba muy bien decorada. Rocío se sentó en el sillón de la recepción y a mí me hicieron pasar al estudio de Mirko Scopelliti.
Era un hombre alto, moreno, con el pelo engominado, y un traje de corte italiano gris marengo, camisa blanca y zapatos negros… el típico italiano…
No tenía formas amaneradas… acostumbrada a trabajar para homosexuales, en el mundo de la moda proliferaban… no me acababa de acostumbrar… bueno… quien sabe… terminaría acostumbrándome… jejeje!!!
Mirko empezó a hablarme muy rápido en italiano… le interrumpí:
L: >
M: >
Empezó a hablarme mas despacio, menos mal!!!
Mantuvimos una conversación distendida y amena, me preguntó donde había trabajado, con quien, que estilo utilizaba en mis creaciones…
Yo contestaba como podía, con un italiano muy pobre, y con acento de Madrid que se caía de espaldas… pero bueno, lo esencial era que me entendiera… no???
Terminamos la entrevista con un apretón de manos, y la promesa de que llamaría…
Salimos del edificio y continuamos haciendo entrevistas hasta la hora de comer.
Nos fuimos a casa, y de camino, nos paramos a comprar el pan y una botella de vino… estaba dispuesta a bebérmela entera… pero había que compartir…
Rocío no me dejaría que me la bebiera yo sola…
Llegamos a casa, subí a cambiarme para poner

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  • Se siente el trabajo, muy bueno, me metí en el rollo, cuando le ponen Eduardo en ve de Enrique o Columna Vertical en vez de Columna Vertebral. Da igual!
    Felicidades, cada detalle que te pone los pelos de gallina, esa descripción tan sustanciosa. Ah gracias.
    Pst: Me gustaría cartear (escribirles) ¿a qué correo podría ser?