Naufrago – A Demian

Te haz lanzado al mar el 23 de septiembre del 2001, a pesar de que a la orilla, la multitud gritaba “vuelve a casa”…Bueno ya no hay marcha atrás hay que seguir nadando. Eres el mas valiente…Te mereces lo mejor. Las caricias son poca cosa al lado e lo que vales de lo que mereces…No lo se, marino… ¿que te trae a estos arrecifes?…el canto de la sirena es mortal y lo sabes…Si…lo tenía claro. Pero quería ver si había algo más allá del coral… En efecto encontró a la “sirena”…que no era una sirena sino una chica morena de pelo y piel; vestida con 2 conchas color coral, escondiendo sus grandes senos. Al levantarse el vio que tenia una especie de faldellín de un tejido casi transparente pero que protegía su sexo de ojos ajenos. Tímidamente se acerco a el y dijo ” y tu como te atreviste a cruzar el mar”. El se acerco y la tomo en sus brazos suaves y grandes. Su piel al sentir las pinceladas de aquellas manos respondió erizándose. No pudo evitarlo…y en medio de su vergíŒenza se rió tímidamente.
El seguro de si, la tomó por la cintura y la beso… fuerte y apasionadamente. Ella en medio de esa deliciosa confusión, sentía como algo crecía…y cada vez se abría mas espacio entre los dos.

Abrió los ojos…El lo noto…”déjate llevar, ya yo lo hice”. Y de ese modo el se despojo de la poca ropa que el viaje le permitió conservar. Maravillada le toco sus hombros y pecho desnudos y continuo recorriendo su abdomen y su espalda. Aprovechando la situación la despojo de la escasa protección de sus senos. Y sin mas, sonrojada y temblorosa se despego de su cuerpo.
En medio del atardecer, el vio como en sus redondos senos saltaban sus pezones. Por un segundo los observo con ojos lujuriosos.
La tomo de la cintura con un poco de violencia y chupo uno de sus pezones .Ante tanto… No pudo mas que echar su cabeza hacia atrás suspirando .Al volver en si, tomo valor e inesperadamente tomó al extraño de su sexo… Estaba humedecido por el tiempo de excitación.
Fue un placer inesperado, y por un microsegundo perdió las fuerzas y sus ojos se desorbitaron.

NeoPene

El se sentó con las piernas abiertas, y con 2 olivos escondiéndose tras una cortina se pestañas, la sedujo A sentarse entre ellas. Conoció que el sentarse en tan apetitoso lugar seria su perdición, pero aun así no lo pensó dos veces. Una vez sentada acerco su cuerpo al de ella. Ella podía sentir como se movía su pene, mientras humedecía su baja espalda.

Poso sus manos en los muslos de aquella chica y sin pudor poco a poco los recorrió hasta llegar a su entrepierna. Suspiro nada mas de pensar en lo que podía ocurrir en menos de un segundo…

No podía mirarle… El faldellín cubría su sexo. Pero si podía sentirle. Sentir su calor, su humedad. Le fue curioso… era suave como el cutis de un bebe, paso su mano entera y se excitó más al darse cuenta de q no existía en ella la marca de la pasada pubertad.

No pudo evitarlo se levanto y la acostó en la arena con sus piernas abiertas de par en par. Ya la habia conseguido, estaba dispuesta a darlo todo. Se arrodillo en frente de sus piernas y levanto la ultima pieza que le quedaba. Miro su sexo exento de bello, de labios rosados. Y no pudo evitar tener que olerlo tener que probarlo.

Su cuerpo no disimulo ante tal estimulo, se encogió por un segundo y se escucho un leve gemido. Ante tal panorama el siguió haciendo esto, mientras ella se retorcía y suspiraba. Según el la veía moverse mas la deseaba y ya, mas dirigido por sus instintos que por su mente. Se lanzo sobre ella, y un largo y fuerte gemido de ambas bocas, se dijeron muchas cosas. Entre gemidos, gruñidos, palabras seductoras unas…sutiles, otras… Picantes y otras totalmente desbocadas, pudieron hacer de un mismo segundo, el mas grande placer de ambos….
Cansado se dejo caer sobre el cuerpo de aquella chica, ahora su pareja.
Ella le susurro “ahora tengo lo que te hace falta”. Extrañado se levanto y dio cuenta de que parte de el la dejo dentro de ella. Estaba claro se podían percibir algunas gotas de su semen recorre su sexo hasta tocar la tibia arena.
Sonrió mirandola, y se acurruco entre sus pequeños brazos y juntos miraron su primera puesta de sol.

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