EL COLECTIVO 1

En el tropel que se libera a la salida del colegio, comienza diariamente la presurosa caminata hasta la parada del colectivo.
Al llegar, después de tres cuadras, vemos siempre como se acerca desde cinco calles el colectivo que pasara por nosotros.
Aguardamos con mi compañero de aula hasta que el chofer nos abre la puerta.
Ya vienen algo apretados adentro, como siempre, así que después de los boletos, nos vamos abriendo paso hacia el fondo.
Coincidirán conmigo todos aquellos que viajen con horarios así, que las caras se repiten en estos viajes: el viejito pelado de gorra gris, la señora de limpieza de guardapolvos bureaux, las minitas de otras escuelas, los niñitos, hinchapelotas de la primaria que no se quitan de encima las enormes mochilas, y demás gente que a diario viajan en el mismo colectivo. Y así uno se va haciendo de rostros familiares, y de cuerpos también, especialmente de los bien formados.
Mi compañero y yo, charlábamos a menudo de esto y nos contábamos de los culos que veíamos y nos avisábamos con señas si algo se le veía a alguien o para ver algún culo.
nada pasaba de ver y charlar, hasta que un día, el tato (así lo llamaremos a mi compañero), me dijo:
Viste como se llena el cole… yo siempre que paso voy refregándoles el culo o le rozo las tetas a las pendejas del comercial, hay dos que son re putas y les gusta, porque no me dicen nada.
Yo con mis vírgenes quince años, no decía nada, pero en semejante amontonamiento no podía evitar refregar mi verga que se erectaba muy rápido tirándome los pelos y causándome dolor.
Me daba vergíŒenza el pasar tocando cuerpos con mi vergota como un poste.
Una vez mientras caminaba apretadamente hacia atrás, una vieja se tenia que bajar y tenia bolsas en las manos. Y yo que iba camino al final del cole, tuve que detenerme, pero una mujer joven que estaba mas adelante del colectivo que yo, me pedía permiso para descender.
Por mas que yo quería dejarla pasar no había suficiente lugar, ya me veía venir lo que ella haría. Y así fue, abriéndose paso me apretó mi poronga endurecida contra el asiento, y por mi espalda amasaba sus tetas que no estaban nada mal, me las sobo bien porque avanzaba de a pasos muy cortitos.
Podía imaginarme como dibujaba vaivenes en mis omoplatos con sus pechos, y como me froto su pubis contra mis nalgas. A veces creo que ella lo disfrutó tanto como yo.
Al día siguiente se lo conté a mi amigo tato. í?l me dijo que muchas veces lo hacia, que le extrañaba eso de mí ya que lo daba por obvio. Es mas, me dijo, ¿viste la petisita que se para un asiento antes de la puerta?
-si.- le dije.
-bueno, vas a ver como me la poyo.-

Ya se acercaba la hora de salir, queria que sonara el timbre en ese momento para ver el espectáculo que me habían prometido, pero el tiempo no pasaba nunca, y encima había que caminar hasta allá.
Parecía que en ves de acercarse el momento, se alejaba.
Se imaginan que a los quince años, y con semejante expectativas, mi pene estaba como un pepino preso en el calzoncillo.
Rriiiiiiinnnnn!!!!!!
Joya!
El grito de libertad al desenfreno de sobar carne en el cole.
Otra vez el tropel, las cuadras íbamos dejando atrás y arribábamos al lugar de espera.
El colectivo estaba mas cerca ese día, estaba llegando. Subió el tato, y detrás yo, el chofer nos dio los boletos y hacia atrás.
entre tanta gente no veíamos a la víctima, solo lo de siempre, el viejito de gorra, la mujer de limpieza… bla, bla…
Esta vez caminaba mas lento para sentir las carnes al pasar.
Mientras pensaba: tal vez todas, o algunas de las mujeres que viajan en este cole les gusta que las froten, para resguardar su recato bajo la excusa de que el colectivo esta lleno, ya que nadie se quejaba.
En eso veo que tato me hacia señas, estaba detrás, pero al costado de la petisa. Tenia un culo no muy lindo pero medio abultadito que tentaba a que lo apoyen.
Me acerque hasta que con una seña mía, tato comprendió que estaba en condición de ver su hazaña.
Entonces como haciendo burla, se paro detrás de ella, levanto la mirada como blanqueando los ojos y apoyo su bulto en el culo de la mina.
Ella ni mosqueo, penso que tato seguiría su camino tal vez.
Pero este no camino más. Yo tenia mi pepino a full, mientras veía a lo largo del trayecto como en los sacudones que daba el vehículo en los baches, tato arremetía disimuladamente contra esos almohadones de los que se había apropiado hasta el momento.
En cada bache comprobaba con mis propios ojos como el pubis de la joven se estrellaba acolchonadamente contra el extremo del respaldo del asiento.
Mi verga estaba a reventar, pero no queria dejar de exitarme viendo la apoyada magistral y descarada que mi compañero y esa joven me brindaban como postal en vivo y en directo.
Pero mi destino estaba cerca y mi erección no cesaba, así que cuando me baje, me ate el pullover en la cintura y llegue hasta mi casa, (aun con la verga a mil).
directo al baño, me alisto para liberar mi herramienta de la opresión que sufría, y veo que el calzoncillo estaba con algunas manchitas de pre seminal, pero el tener el pene suelto era relajador…
Deje que se relaje por unos minutos ya sin pensar en lo ocurrido para evitar otra descomunal erección.
lo que paso en otros viajes es parte de otra historia…
no obstante, si quieres contactarme, mi correo es:
ilbaronne@yahoo.com.ar