Un gran descubrimiento

Este relato tiene que ver con un descubrimiento de mi parte en materia sexual.
Desde siempre había sido un heterosexual normal, soltero, con muchas relaciones femeninas, algunas de ellas
muy íntimas.Este relato tiene que ver con un descubrimiento de mi parte en materia sexual.
Desde siempre había sido un heterosexual normal, soltero, con muchas relaciones femeninas, algunas de ellas
muy íntimas.
Pero, con un problema que puede tener mucha tela para el diván del sicoanalista. Mis primeras experiencias
con mujeres no habían sido nada buenas como para sentir la necesidad de formar un familia.
A los 18 ó 19 años me enamoré por primera vez, comenzando un camino que me llevó a ser bastante
escéptico sobre crear lazos fuertes y permanentes con las mujeres, a partir de ese momento todas mis
relaciones fueron con amigas, con las cuales compartíamos necesidades sexuales y las satisfacíamos, de
acuerdo los dos en que no eran más que eso, satisfacción de una necesidad.
Mi familia actual es prestada, ya que tengo una hermana menor, casada y con tres hijos, el mayor de los
cuales tenía, al comenzar la historia que les contaré, 13 años.
Como se imaginarán, mis sobrinos eran para mí una alegría; todo el cariño que hubiera volcado en mis hijos,
lo ponía en ellos, con quienes pasaba jugando todas las veces que podía.
El mayor de los tres me demostraba un gran cariño y siempre estaba dispuesto a pasar conmigo grandes ratos,
en los que me preguntaba de todo y también me contaba sus cosas, si bien cosas de un chico de su edad, yo le
ponía toda mi atención, porque yo también sentía por él un cariño muy especial.
Esa disposición mía hacia sus cosas hizo que cada vez me buscara más y tratara de estar más tiempo conmigo
Muchas veces tratando de jugar a algo que, en la mayoría de las ocasiones derivaba en luchas cuerpo a
cuerpo, por supuesto que siempre en tono de broma.
Comencé a notar que algunas veces, durante las “luchas” y siempre con bastante intensidad, apoyaba todo su
cuerpo contra el mío; al principio me hacía sentir la dureza de su pene donde fuera pero, poco a poco y
siempre en el “fragor de la lucha” buscaba quedar detrás mío y se apoyaba lo más cerca de mi culo que le
fuera posible.
Estas cosas me pusieron un poco nervioso, por la relación que tenemos y por su edad, razón por la cual traté
de encontrar justificativos a su actitud; como ya dije lo quería mucho y no iba a hecerle un problema por el
nacimiento de sus deseos sexuales que, evidentemente, ya comenzaba a funcionar a todo motor.
Yo hacía como que nunca me daba cuenta de la intencionalidad de sus acciones para ubicarse detrás mío y lo
dejaba hacer, sin ponerlo en evidencia. Seguramente era algo que pasaría rápidamente.
En muy poco tiempo, fue perdiendo vergíŒenza y disimulo, pasando de los roces al manoseo, buscando
siempre tocar mi culo, ya fuera con las manos o apoyándome fuertemente la pija, situaciones que en las que
se veía favorecido por las vueltas que dábamos luchando.
Esta situación me resultaba, por lo menos, extraña: el hijo de mi hermana tenía actitudes hacia mí que me
dejaban bastante confundido y no me daba cuenta que debía hacer yo en una situación así.
Cuando llegaron las vacaciones de invierno en el colegio, Federico, así se llama mi sobrino, me pidió si podía
pasar unos días en mi casa, ya que, me dijo, la madre se volvía loca con los tres varones todo el día en casa.
Consulté con mi hermana si autorizaba a Federico a que viniera una semana a mi casa y la alegría con que
aceptó me hizo ver que, realmente, necesitaba sacarse alguno de sus hijos de la casa para no enloquecer.
La noche del domingo me quedé a dormir en la casa de mi hermana y el lunes por la mañana nos fuimos
Federico y yo para mi casa.
Cuando llegamos lo llevé al cuarto que normalmente yo trabajo haciendo diseños industriales por
computadora y que también sirve como cuarto de huéspedes.
Federico es un muchacho normal de 13 años, pero con una piel muy morena y pelo bien renegrido, cuerpo
delgado y alto, todo tomado de su padre, que juega bien al fútbol y más o menos al básquet.
Cuando le indiqué su cuarto, se quejó un poco, aduciendo que era un lugar muy oscuro y cerrado. No lo hice
demasiado caso, más bien lo tomé a broma.
– ¿No me vas a decir que tenés miedo de dormir solo? le dije como para calmarlo
– ¡Vos no entendés! siempre duermo con mis hermanos y me va a resultar difícil dormir solo acá.
Luego de mucho pedirme que lo dejara dormir en mi habitación, quedamos en que, si realmente no estaba
cómodo, podría mudarse a mi cuarto.
– Hagamos una cosas, le dije, te invito a almorzar y luego podés elegir que hacer.
– ¡Acepto! en realidad tengo hambre
Cuando terminamos de almorzar me dijo que había una película que quería ver y que empezaba a las 4 de la
tarde. Yo no sabía de que se trataba, pero acepté verla, porque me dijo que se la habían recomendado sus
amigos y quería aprovechar que estaba conmigo para verla.
La película tenía muchas partes eróticas, si bien simple, pero logró ponerme un poco agitado. No quería
pensar como estaría Federico, que se había comportado todo el tiempo como un caballerito, sin hacer
comentarios sobre lo que veíamos, sin ninguna manifestación de que se sintiera alterado por la vista.
Mi departamento tiene muy buena calefacción, por lo tanto en pleno invierno yo ando vestido como si fuera
verano, me puse unos pantalones cortos de tela de algodón que uso todos los días y una camisa liviana.
Federico me preguntó que ponerse y le dije que no se abrigue por la calefacciónón.
Le pregunté si quería tomar algo, aceptó y cuando terminamos nos sentamos en los sillones a conversar.
Al rato de estar conversando (me llamó la a tención que aguntara tanto tiempo quieto) empezó a desafiarme a
“una lucha”.
El piso alfombrado del living y los sillones nos vieron pasar en una especie de danza en la que no perdió
ninguna oportunidad de tocarme el culo o apoyarme su pija, donde fuera, pero siempre que podía hacerlo sin
ser demasiado evidente que era apropósito.
Luego de un rato le dije que abandonaba porque estaba cansado, comimos algo y le dije que nos fuéramos a
acostar para mañana aprovechar el día en alguna salida que programáramos durante el desayuno.
Federico aceptó y nos fuimos cada uno a su habitación.
En el ajetreo de la “pelea” quedé un poco cansado y me fui durmiendo mientras pasaba revista al primer día
con Federico en casa.
Realmente la forma en que me tocaba ya era cada vez menos inocente y casual y yo no sabía que hacer, no
tenía idea de que decir, ni siquiera si debía decir algo, ya que el momento de la vida de Federico que vivía era
el detonante de su necesidad de expresión sexual y por la relación tan estrecha que teníamos no encontró
mejor forma de probarse que aventurarse a tener un problema.
Yo no era un tipo mal parecido, 1,80 de estatura, buen cuerpo, no muy trabajado en gimnasio, piel blanca, sin
vello en piernas y pecho, para nada gordo y con una figura que atraía algunas mujeres, pero nunca pensé que
pudiera atraer a un adolescente.
Como todas las noches, me acosté sólo con mi pantalón pijama, corto y de una tela muy delgada y sedosa. La
calefacción me permite dormir tan cómodo como me gusta.
Dando vueltas en la cabeza a todas las cosas del día me fui quedando dormido, cuando me pareció escuchar
un ruido; no podía ver que pasaba ya que estaba de espalda a la puerta y pensé que sólo me pareció escuchar
y no me moví, ya estaba casi dormido y seguramente no había sido nada.
De pronto sentí que algo me tocaba el pantalón, en forma muy suave, casi imperceptible. Casi petrificado
seguí muy quieto, tratando de entender mientras me despertaba.
Poco a poco la mano, ya era evidente que lo era, se tornaba más atrevida y el leve toque pasó a ser una
caricia. Luego comenzó a pasarla por debajo del pantalón, acariciando mis nalgas. No sabía que hacer, pero
me quedé muy quieto, como si siguiera dormido. Al terminar de despabilarme me di cuenta que debía ser
Federico el que me tocaba.
Entonces vinieron a mi mente todo lo pasado con él, en todas las veces que en los juegos me tocaba, en la
película que quiso ver conmigo y como buscó jugar cuando volvimos a casa, la intensidad de sus manoseos y
la ya permanente insistencia en tocarme el culo.
Seguí muy quieto, fingiendo una respiración de recién dormido, que sería lo que Federico esperaba para dar
rienda suelta a su deseo.
Las caricias fueron pasando alternativamente de mis nalgas a mi espalda, la suavidad de las manos de
Federico eran una delicia y la delicadeza de sus caricias lo hacían muy placentero.
Decidí dejarlo hacer sin dar muestras de despertarme.
Mi actitud lo envalentonó y se dedicó a bajarme el pantalón, sin dejar de aprovechar cada segundo en pasar
sus manos por mis nalgas.
Hice un movimiento como quien busca acomodarse en la cama, facilitando su tarea de bajar el pantalón, cosa
que al fin consiguió. Lo dejó a la altura de mis rodillas e intentó apoyar su pija en mis nalgas, pero no
llegaba. Tuvo un instante de duda sobre que hacer, pero su decisión era enorme, porque se metió en la cama
detrás mío.
Estaba desnudo, porque inmediatamente puso la pija entre mis nalgas y se quedó muy quieto.
Yo pensé en moverme un poco, como si estuviera molesto por algo y lo hice dándole un poco más de lugar
en la cama, cosa que al hacerla produjo que se saliera de entre mis nalgas.
í?l esperó unos instantes, muy quieto. Al ver que seguía durmiendo, volvió a arrimarse, pero ahora no sólo
me puso la pija sobre las nalgas, apoyó todo su cuerpo contra mi espalda y volvió a quedarse quietito… pero
por muy poco tiempo.
Evidentemente su calentura era tremenda y comenzó un suave movimiento con el que frotaba la pija contra
mis nalgas y cada vez se apretaba más contra mí.
Al principio, sus movimientos me hacían sentir mal, jamás me hubiera imaginado en la cama con otro
hombre y menos haciendo el papel pasivo, pero poco a poco comencé a sentir un cierto placer.
Con enorme suavidad Federico pasaba su pija entre mis nalgas y yo sentía como subía y bajaba entre ellas,
sentía su huevos tocarlas levemente y volver a encaminarse hacia abajo, Lo hacía tan bien y tan suave que ya
comenzaba a ser un gran placer el que me hacía sentir.
Los movimientos suaves del principio se tornaron un poco más rápidos, apoyó su mano derecha sobre mi
cadera, como para evitar que me alejara con su movimiento y en dos o tres envestidas más sentí como su
verga crecía y explotaba, sin penetrarme estaba descargando su semen entre mis nalgas.
Pensé en el cariño que nos demostramos constantemente y sentí parte de la responsabilidad en la actitud de
Federico hacia mi. Siempre fuimos muy demostrativos uno con el otro, aunque yo nunca lo toque como él
hacía conmigo.
Pero no podía culparlo, su naciente sexualidad y mi predisposición a aceptar sus caricias, fueran donde
fueran, sin decirle nada que le hiciera pensar que no me gustaba lo que hacía, lo habían animado a esto.
Ahora estaba totalmente quieto. Un par de minutos después se levantó y se fue a su cama.
Me quede un rato más pensando en Federico, pero ahora un poco diferente. Esta primer experiencia me había
hecho sentir muy bien.
Su gran decisión para tomar una iniciativa difícil me hizo evidente que lo tenía muy pensado ya cuando me
pidió venir a mi casa. Evidentemente estaba seguro de poder hacer lo que hizo, creyendo que, por mi actitud
anterior, podría hacerlo sin que yo lo rechazara.
¿Cuántas veces se habría masturbado pensando en mí?
La suave delicadeza de su piel vino a mi mente. Tuve a Federico pegado a mi espalda, frotando su pija en mis
nalgas. con su mano apoyada en mi cadera, atrayéndome hacia él y en cada movimiento sentí esa suavidad,
que ahora se me tornaba no sólo deliciosa, sino apetecible.
Por fin me quedé dormido.
A la mañana siguiente me levanté así como estaba vestido, con el mismo pantalón del pijama, preparé el
desayuno (ya me había lavado el semen de Federico y sacado la sábana manchada de la cama) y se lo llevé a
la cama.
Dormía desnudo muy placenteramente. Al volver anoche a su lugar no se había puesto nada y ahora estaba
boca arriba. Su pene, flácido, tenía muestras de su primer incursión sexual. Me dediqué a mirarlo como
nunca se me había ocurrido hacerlo antes.
Su piel tan delicada, de un hermoso tono tostado, me resultaba atractiva. Sin tener para nada un cuerpo
trabajado, se mostraba terso y firme, de que otra forma podría ser en un chico de su edad. Su pene era como
el de cualquier chico normal, una cara realmente hermosa, con rasgos muy finos, tomados de la madre.
Federico me parecía otra persona, ya no podía mirarlo como hasta ahora, como a un chico cualquiera.
í?l me había demostrado que sentía por mí mucho más de lo que podía expresar en palabras o sólo tenía una
gran calentura conmigo.
Me resultó urgente saber por qué tenía esos sentimientos hacia mí, para decidir que hacer de aquí en más.
Le toqué la cara, en realidad le hice una suave y cariñosa caricia y comenzó a despertarse.
– Buen día Francisco, me dijo.
Era la primera vez que me llamaba por mi nombre, siempre me había dicho tío.
Se levantó un poco en la cama y me dio un beso muy cerca de la boca
– Buen día Federico, ¿dormiste bien? dije yo devolviendo el beso tan cerca de su boca como pude.
– Si, muy bien. Me costó dormirme enseguida, pero después de un rato pasé la mejor noche de mi vida
Evidentemente quería pasarme un mensaje, pensando que yo no me había dado cuenta de nada.
Pero mi intención no era dejar pasar mucho tiempo sin aclarar esta situación.
– ¡Viste que tenía razón yo que en este cuarto la pasarías bien!
– Tardé bastante en tranquilizarme, pero a pesar de haber dormido bien, estoy seguro que en tu cuarto lo voy
a pasar mejor.
Seguía mandando mensajes, que yo seguía ignorando.
– Vení, vamos a tomar el desayuno, dije.
El muy descarado, sin ponerse nada, fue a desayunar.
Cuando terminó se levantó y vino hacia mí. Yo estaba sentado en un taburete, él me tomó por detrás y
apoyando todo su cuerpo sobre mi espalda, me dio un beso en el cuello.
– Te quiero mucho y te agradezco que seas tan bueno conmigo. Lo estoy pasando de maravillas.
A todo esto, mientras hablaba, sentí como su verga creció al contacto con mi espalda. Inició un leve
movimiento como para refregar la pija allí donde estaba apoyada, pero cambió de idea enseguida y se fue
para su cuarto.
Me levanté y lo seguí.
Cuando llegué, su actitud parecía decirme que estaba esperándome.
Parado, de perfil hacia mí, haciendo como que arreglaba el pantalón a ponerse, noté su verga totalmente dura
y apuntando hacia arriba, muy erguida.
No trato de ocultar su erección, más bien parecía querer asegurarse que la viera.
Fui derecho al grano.
– Me dejaste pensando, si decís haber tardado tanto en tranquilizarte y dormirte por estar en este cuarto,
¿cómo es que pasaste la mejor noche de tu vida?
Se puso de frente hacía mí, mirándome; la firmeza y dulzura de esa mirada me desarmó.
Sentí que cualquier cosa que dijera estaría bien y que la aceptaría sin reproches.
Federico estaba haciendo que yo me sintiera diferente; su forma de mirarme me hacía sentir extraño.
í?l parecía el macho dominador que, frente a su hembra, trata de mostrarle su deseo, con toda la intensidad
con que un macho joven puede hacerlo.
La firmeza de su actitud, su mirada tan dulce y penetrante me hacía sentir como una hembra frente al macho
que la pretende y que siente que no podrá negarse cuando el macho quiera tomarla.
La imagen que Federico daba en ese momento era la de un hombre que está buscando las palabras para
seducir a su hembra, con el enorme deseo que había en su mirada, cada segundo más profunda.
En ese momento me dí cuenta que no me quedaban dudas, comenzaba a percibir en todo eso el amor que un
macho siente por su hembra.
– ¿Anoche no sentiste nada? porque a mí me pareció que no estabas del todo dormido.
Dudé un instante.
Federico me miraba muy fijamente, con profundidad y dulzura, sus ojos clavados en los mios, sin pestañar.
Me hacía sentir una hembra deseada y acorralada.
No venían ideas a mi cabeza, ni podía articular palabras, sólo esperaba que haría él, sabiendo que sus
decisiones serían como órdenes.
Transmitía deseo por todos sus poros, la erección que tenía también y yo me sentía muy deseada.
Por fin pude reaccionar.
– ¿Cómo sabés que no estaba dormido? En realidad tuve un sueño que me tuvo inquieto parte de la noche,
algo muy raro, me moví bastante inquieto durante un rato y recién después pude dormirme.
Me costaba ser coherente, Federico me hacía sentir diferente y me impedía ser tan lúcido como siempre
– ¿Viniste a mi cuarto a ver que me pasaba? pregunté
– Si, me pareció sentir como te movías y, como yo tampoco podía dormir, fui a ver que te pasaba.
Hizo un silencio, como para pensar bien que decir.
Volví a sentir esa tremenda mirada y lo animé a contarme
– ¿Y que viste?.
– En realidad no es lo que vi, sino lo que hice.
Había decidido contar su experiencia nocturna conmigo. Nuevamente lo animé a hablar.
– ¿Hiciste? contame por favor que pasó
– Lo que pasó anoche no comenzó hoy ni recién. Hace mucho tiempo que siento por vos un enorme cariño
que fue creciendo hasta llegar a ser amor y transformarse en deseo. Desde chico eras mi ídolo, hacías por mí
lo que nadie más, dedicabas mucho tiempo a jugar conmigo y creció en mí la necesidad de ser mucho más
para vos que un sobrino; a los 9 ó 10 años no sabía como podía ser eso, me gustaba jugar con vos, vos
jugabas conmigo y eso era suficiente pero, a mediados del año pasado, durante un juego, mientras te apretaba
“peleando” sentí que mi pija reaccionaba y se ponía dura. Yo juego de manera parecida con mis amigos y
con ninguno me pasó, es más, con uno de ellos que me parece le gusta que lo “aprieten” lo hice y no tuve
reacción. Pero con vos fue diferente, a los primeros roces pensé que era casualidad, que tendría ganas de
orinar, pero cuando seguíamos jugando, volvía a ponerse durísima. Entonces no me quedaron dudas: había
comenzado a desearte.
Hizo otro silencio, esperando mi reacción. Yo seguí mirándolo casi con la misma intensidad con que lo hacía
él, sin decir palabra.
Federico ya estaba lanzado y por la decisión que mostraba no pensaba parar ahora.
– No me preguntes que me pasa, yo sentía que vos me amabas; ninguna persona antes había dedicado tanto
tiempo y me había dado tanto cariño y cada momento que pasaba con vos sentía que eso sólo podía ser por
amor hacia mí que lo hacías, y así ese deseo inicial se convirtió en algo muy parecido al amor.
Paró de hablar, esperando una respuesta que no llegaba.
Pero tenía una decisión tomada y era una persona muy resuelta. No separaban apenas cuatro o cinco pasos,
comenzó a caminar hacia mí.
Yo no podía moverme, estaba absolutamente dominado por la mirada y las palabras de ese chico.
Cuando llegó a estar a 15 ó 20 centímetros mío, me tomó con las dos manos suavemente la cara, terminó de
hacer desaparecer la distancia entre nosotros y me dio un suave y largo beso en la boca.
Yo, seguía sin poder reaccionar y no hice nada.
Federico, sin dejar de besarme, arrimó su cuerpo al mío y sentí como su dura verga se apoyaba en mi pierna.
Al sentirla tan dura, mis labios se abrieron apenas, en realidad fue sólo suavizarlos, porque estaban apretados.
Federico interpretó esto como aceptación y comenzó a pasar su lengua sobre ellos al tiempo que sus manos
soltaban mi cara y, pasando por debajo de mis brazos, comenzó a acariciar mi espalda, bajando lentamente,
hasta llegar al pantalón.
Yo todavía no sabía que hacer, aunque sentía unas ganas enormes de que él siguiera con sus caricias, me
producía una serie de sensaciones indescriptibles, traducidas todas en un creciente deseo de dejarlo hacer.
Las manos de Federico pasaron por debajo del pantalón y lo fueron bajando hasta llegar a poder tomar mis
nalgas, cuando tuvo las dos en sus manos, las apretó fuertemente y me atrajo hacia él, al tiempo que su
lengua perforaba mis labios y se introducía sin resistencia en mi boca.
En ese momento todas mis sensaciones anteriores se tradujeron en acción.
Mis manos, que hasta ese momento caían a los costados, tomaron a Federico por la cabeza y la espalda,
también mi legua penetró en su boca; el deseo ya me resultaba incontenible.
Sentí que el macho había ganado, que me iba a poseer. Decidí dejarlo hacer y ayudar
Lo tomé por la cintura sin que se despegara de mi boca, la cual seguía explorando con desesperación, lo
levanté y lo llevé hasta mi cuarto. En ningún momento dejó de darme besos, casi eran chupadas las que daba,
al tiempo que trataba de que su pija no se separara de mí.
Cuando llegamos a la cama, me tiré de espaldas para que él quedara sobre mí y lo dejé hacer.
Su boca pasó ahora a recorrer mi cuello, chupar los lóbulos de mis orejas, dar enorme chupones en mis
tetillas, al tiempo que sus manos no paraban en ningún lugar, pero sin dejar ninguno sin visitar.
Mi calentura era poco menos que insufrible, estaba realmente a mil, pero decidí dejarle la iniciativa. Sentía la
tremenda dureza de su pija como se refregaba cada vez más fuerte contra mí.
Estábamos en el borde de la cama, Federico terminó de sacarme los pantalones y sin saber muy bien como
hacer en esa posición, trató de penetrarme.
– Esperá – le dije, vamos a tener que usar lubricante, para que no me lastimes ¿sabés? Después te voy a
ayudar.
Me levanté y traté de buscar en la mesa de noche el frasco de vaselina que utilizaba en mis aventuras,
Federico se aferró a mi cintura, acomodó la pija entre mis nalgas y casi montado sobre mi espalda siguió mis
pasos.
De regreso en la cama, puse un par de almohadas debajo mío y levanté las piernas sobre sus hombros.
– Levantate un poco que quiero ponerte vaselina.
Cuando él se irguió, la tuve por primera vez muy cerca, lo tomé de los huevos y con un dedo comencé a
pasarle la vaselina, la erección y dureza que ya tenía era tremenda, pero cuando le agarré los huevos y
comencé a untársela pareció dar un salto, como si se hinchara más, de ser eso posible.
– ¡Por favor, apurate, ya no aguanto más! dijo
– Toma, poneme vaselina en el agujero, así entra más fácil.
Federico comenzó a pasar vaselina sobre el agujero de mi culo, suavemente al principio, después trató de
meter un poco adentro con un dedo, lo metió hasta el fondo y lo movió un poco en círculos, como para que
llegue a todas partes, entonces fui yo quien dijo:
– ¡¡Apurate, metela por favor!!
Federico sacó el dedo de mi culo, yo le agarré la pija y puse la cabeza en la puerta
– Empujá ahora, ¡dale!
No tuve que decirlo dos veces, de un solo empujón lo sentí dentro mío, el placer que me dió en esa primera
arremetida fue algo incomparable. Todo lo que yo sentía por él, que no sabía que era, él lo había sacado a
flote. Todo lo que secretamente me movía a jugar con ese hombrecito, su decisión para actuar lo había puesto
de manifiesto.
Realmente él sentía por mí algo que, sin darme cuenta, yo había inculcado en él. No se si fue un error no
detenerlo cuando comenzó a poyar su pija en mí y a manosear mi culo, pero de algo estaba seguro, si no
haberlo detenido me había puesto debajo de él para hacerme sentir esto que ahora él me hacía sentir, me
hacía muy feliz.
Pensé todo eso en milésimas de segundos, Federico se había quedado quieto, como esperando que hacía yo,
con toda su pija dentro mío, tomando mis piernas con sus manos. Traté de elevarme un poco más, para que la
penetración fuera todo lo profunda posible, le saqué las manos de mis piernas para que pudiera acostarse
sobre mi, enlacé mis piernas por su espalda y comencé a darle profundos besos, penetrando en su boca con
mi lengua.
Entonces reaccionó.
Pasó como pudo sus manos debajo mío y comenzó una danza lenta, como la de la noche anterior.
– Levantá un poco la cara, pedí, quiero verte mientras me cojés.
Tenía los ojos cerrados y su cara mostraba cuanto gozaba con los movimientos que hacía.
Después comenzó a acelerar y, a medida que él gemía de placer, yo tenía un doble gozo: por un lado sentir a
Federico adentro mío y como sus arremetidas me colmaban de profundo placer, por el otro lado, ver que yo
podía hacerlo gozar tanto como él a mí.
La velocidad de las arremetidas de Federico aumentó tanto que pensé que me iba a poner el culo en rojo y
hacerle echar humo.
Sentí que sus brazos me apretaban con gran fuerza, metió su lengua en mi boca y dentro mío su pija creció,
se hinchó y explotó en unos chorros de semen muy caliente, que corrieron dentro mío haciéndome sentir casi
una locura de placer. Levanté mi culo aun más para que no fuera a salirse de allí su pija.
Federico había parado de ir y venir dentro mío, pero yo no quería que se saliera, me había dado tanto placer
que quería prolongarlo lo más posible.
Lo mantuve fuertemente apretado contra mí durante un rato, no se cuanto; de pronto sentí que su pija, flácida
por ese rato, comenzaba otra erección ¡lo que es ser joven!
Yo, con la mujer más bella y deseada por mí, hubiera necesitado muchos minutos para volver a tener una
erección ¡pero Federico tenía 13 años! y se notaba.
Dentro mío creció y se puso dura como si fuera la primera vez ¡y no la había sacado!
Yo quise prolongar mi placer, pensando que no habría nada más por un buen rato, me equivoqué, sin haber
salido ya estaba dura dentro mío y en movimiento.
Esta vez sin mucho cuidado, se había erguido y tomado mis piernas, sujetándome contra él, para que en sus
embestidas no fuera a salirse, desde el comienzo se movía tan rápido como podía, dándome todo el placer
posible. Durante un tiempo, que no pude calcular porque sólo gozaba, Federico metía y sacaba su pija dentro
mío, con desesperación que me contagiaba, aumentaba mi placer y mi deseo.
Estaba un poco inclinado hacia mí y yo podía tocar su pecho y disfrutar, además, de su piel.
í?l seguía yendo y viniendo, pasando del grito al susurro, de la fuerza con que apretaba mis piernas a la
dulzura con que me miraba cuando abría los ojos.
Un grito muy potente me avisó que llegaba su climax y en dos o tres embestidas más comenzó a derramar
semen dentro mío.
La primera vez que lo hizo me había dedicado a mirarlo mientras me cogía, ahora yo también cerré por
momentos los ojos y mis gemidos iniciales se convirtieron en gritos de placer que, mezclados con los de
Federico, parecían provenir de una pelea… y en realidad lo era, una pelea de amor y pasión que ninguno de
los dos parecía querer terminar.
Cuando su pene quedó flácido dentro mío, lo sacó y se me acomodó encima, quedando su boca sobre la mía,
comenzó entonces otro tipo de danza, la de los besos en todo lugar en que estuviera a su alcance. No dejaba
nada sin besar y dar chupones que, siempre que podía yo respondía. Mis tetillas parecían su lugar preferido,
las besaba, las chupaba, las mordisqueaba y conseguía que volviera a calentarme.
La presión sexual que imponía Federico me contagiaba y me hacía sentir cosas que jamás había sentido.
Tenía ganas de que no parara de cojerme, que sus arremetidas lo hicieran llegar con todo dentro mío, no sólo
su pija, sus huevos, sus manos, su lengua, necesitaba que todo él me penetrara.
Y no se hizo esperar, con suavidad me fue dando vuelta, sin parar de besar y chupar todo lo que pasaba cerca
de su boca. Cuando estuve boca abajo, comenzó con mis nalgas y no paraba de chuparlas, de succionar,
como si quisiera comerme, yo fui abriendo las piernas y puse dos o tres almohadas bajo mi pelvis, el culo me
quedó bastante elevado y expuesto, Federico comenzó a acomodarse y puso la cabeza de su pija sobre mi
agujero, la posición que yo había tomado resultaba excelente para que la penetración fuera muy profunda,
con un suave envión metió la pija hasta el fondo, después de dos tremendas acabadas, lubricación no faltaba.
Sentí sus huevos tocarme y a Federico quedarse un largo rato sobre mi, apenas moviendo dentro mío su pija,
con vaivenes largos y lentos, que me hacían gemir de placer, al tiempo que él mostraba su gozo con palabras.
– Con todo el deseo y la pasión que sentía por vos, nunca imaginé que ibamos a gozar tanto los dos; mi placer
aumenta porque siento que vos gozás conmigo. Siento que tenerte en esta forma para mí solo colma todos
mis deseos; es increíble que seas tan suave y dulce con alguien como yo. Me hacés dar cuenta que, por
todo mi amor, la enorme pasión y el deseo que tengo por vos valía la pena correr el riesgo de ser
reachazado, ahora que me siento correspondido soy feliz
Mientras continuaba amándome con sus palabras no paraba de amarme con su pasión y su pija que, con la
posición en que yo estaba, sentía llegar a lo más profundo.
Sin apuro, como quien sabe que podrá disfrutar todo lo que quiera todo el tiempo que quiera, Federico se
movía dentro mío.
El placer que me daba me inundaba (además de todo el semen que ya había descargado dentro mío)
Me hacía sentir cosas increíbles, corrientes eléctricas que corrían por todo mi cuerpo mientras sus manos
recorrían mi piel y su pija mi interior. Como siempre, su ritmo se aceleró, sus manos pasaron ahora debajo
mío, por la cintura, me aprisionaba de tal forma que no podía casi hacer movimientos, sólo atiné a levantar
todo lo que pude el culo para que lo penetrara más y mejor.
Al tenerme tomado de la cintura me atraía hacia él cada vez que arremetía hacia dentro, la velocidad era cada
vez mayor, nuevamente sentí que me iba a quemar con el calor de su pasión y por la fricción, que yo trataba
de aumentar apretando mi esfínter cada vez que entraba.
La velocidad de Federico llegó al máximo que podía, entre gritos de los dos, que mostraba nuestro gozo, su
abrazo se hizo muy fuerte, me apretaba contra él con una fuerza enorme, seguía su mete y saca sin aminorar
ni un poco, de pronto sentí esa sensación de tremendo gozo que me producía cuando su pija engordaba, a
punto de estallar y comenzaba a arrojar sus líquidos en mis entrañas, penetrando casi con furia, apretando su
cuerpo contra el mío con una fuerza que me inmovilizaba y a la vez me elevaba a un gozo extremo al sentirlo
gritar de placer y reforzar sus movimientos para descargar el semen dentro mío.
í?l no parecía querer parar, yo no quería que parara, me estaba llevando a placeres inimaginados hace apenas
unas horas y disfrutados ahora plenamente.
Por fin paró de moverse, se quedó muy quieto, aún podía sentir dentro mío su pija.
Realmente sólo a esa edad se puede hacer lo que hacía Federico.
Se quedó un buen rato sobre mí, ya su lanza de guerrero vencedor había salido de mi cuerpo, saqué las
almohadas que tenía debajo y me quedé como estaba, a su merced, esperando recibir su cariño de la forma en
que él quisiera darlo, sintiendo su pasión en cada cosa que hacía.
Seguía apretándome, ahora por debajo del pecho, como si tuviera yo senos y él los agarrara con sus manos.
Me besaba el cuello, las orejas y chupaba todo lo que podía ser chupado.
Se movía sobre mí pasando su suave piel por todos lados y claro, pronto su arma volvió a ponerse dura y a
moverse entre mis nalgas.
– Te juro que es la última vez… por ahora, dejame una sola vez más y después descansamos.
– Pero Fede, ya acabaste 3 veces ¿todavía tenés ganas de seguir?
– ¿Vos crees que lo que dije sobre la pasión que siento por vos eran sólo palabras? Con el tiempo te vas a dar
cuenta que esto no es sólo las ganas de coger de un pendejo que encontró comprensión en alguien, te voy a
demostrar lo que siento por vos, que sos para mi lo más importante que me pasó en la vida y que voy a
hacer todo lo que me pidas para poder seguir a tu lado, amándonos y compartiendo todo.
– Pero eso me parece difícil Federico, no se cuanto tiempo va a pasar antes que sientas que otras pasiones te
van a atraer. Yo no me voy a sentir mal, siempre estuve solo y seguir así no me va a desesperar, pero me
parece que vos vas a sufrir si se tiene que dar algún cambio.
– ¡Siempre solo!… Eso fue lo que más me gustó de vos, la fuerza que tenés para vivir, ser alegre, jugar con
nosotros, darnos a mis hermanos y a mí lo mejor de vos. Estas cosas son las que me hicieron sentir como
siento y no creo que cambien con facilidad. Hace mucho tiempo que vengo pensando como llegar a vos de
otra forma que como tu sobrino, quería darte otra forma de agradecimiento que la de jugar con vos. Poco a
poco empecé a verte diferente: dejé de hacerlo como a mi tío para verte como a la persona que amo más
que a nadie y por quien siento una pasión que no creo se acabe nunca
Me dejó pensando y con demasiadas preguntas todavía sin respuesta. La edad de Federico lo hacía ser muy
impulsivo, pero tampoco se le podía pedir que meditara mucho en estos momentos que vivía.
Estábamos sentados en la cama y Federico se acercó a mi y comenzó su danza de besos y caricias. Ponía
tanto en todo lo que hacía que pronto sentí que nuevamente me tenía que abandonar a sus deseos.
No podía entender que me pasaba, en que me iba transformando ante el deseo de Federico, como podía estar
en la posición en que él me había puesto, que era esta nueva situación en la que me encontraba.
Un adolescente diciendo que me amaba, mostrando su apetito sexual y no dejándome pensar claramente
estaba dándole a mi vida otro significado.
Yo, que nunca había creído en el amor, estaba claudicando frente a un chico que me reclamaba todo, que
había logrado que le entregara mi cuerpo y que ahora pedía más, quería que le entregara mi amor y yo me
sentía impotente, no podía negarme a sus requerimientos, me sentía dominado, como la hembra que fue
tomada por el macho y sin saber bien que pasó se entrega, siente que ya le pertenece, que no podrá negarse a
sus requerimientos.
La intensidad que ponía Federico en sus besos y caricias me volvieron a la realidad.
Su lengua oradaba mi boca y la penetraba, entraba y salía, buscaba mis labios para besarlos muy fuerte y
luego bajaba a mis pechos, mordisqueaba mis tetillas, los lóbulos de mis orejas, mi cuello, me daba vuelta y
subido sobre mi, seguía prodigando su pasión, con una intensidad increíble.
Me daba un placer enorme con todo eso y lo dejaba hacer, respondiendo siempre con toda la intensidad que
podía, siguiendo dócilmente los movimientos que me hacía hacer, absoluta y totalmente entregado.
Todo este juego erótico volvió a ponernos a mil, ya la pasión desatada por Federico estaba llegando a su
clímax. Volvió a darme vuelta y trató de penetrarme.
– ¡¡Esperá!! dije, voy a ponerme algo debajo para que puedas entrar mejor
Coloqué nuevamente almohadas debajo mío e hice un rollo con la ropa de cama, hasta que logré poner mi
culo muy erguido, luego abrí las piernas todo lo posible y no necesité decir nada más, Federico ya estaba con
su lanza lista, puso la cabeza de su pija en la puerta y de un solo empujón sentí llegar su pelvis contra mis
nalgas. Tan separadas estaban mis piernas, tan expuesto tenía el culo, que sentí como la raíz de su pene
llegaba a estar dentro mío, pugnando por seguir sin detenerse, me tomó de las caderas y seguía empujando,
como si tratara de entrar también todo él. Así, con toda su pija dentro mío, comenzó a moverse en círculos, ni
hacia atrás ni hacia adelante, buscando dar y recibir en cada movimiento todo el placer posible.
Yo estaba que volaba, sentía dentro mío la enorme pasión de Federico y respondía sus movimiento con otros
complementarios, dejando todo mi cuerpo relajado, para que él no encontrara resistencia a sus deseos.
Cuando empezó a meter y sacar, yo apretaba mi esfínter para darle más placer y Federico respondía con unos
gritos fenomenales; sus manos, aferradas a mis caderas, parecían enormes y muy fuertes, si yo hubiera
intentado salirme de ese abrazo no creo que lo lograra.
– ¡Apretame bien fuerte! ¡Haceme sentir que soy tuyo, que sos mi dueño! grité casi con desesperación. ¡Por
favor entra todo dentro mío, no dejes nada afuera! ¡Apretame bien fuerte! Quiero sentir que tus manos me
dominan y yo las obedezco ¡haceme gozar de tu pasión! Metela bien fuerte ¡toooodddaaa! ¡Más fuerte!
¡Haceme sentir que soy tuyo! ¡Quiero ser tuyo! ¡Quiero que me tomes y me domines! ¡No me sueltes,
apretame con todo, sin temor, aunque te duela, metela hasta la raíz, metete adentro mío y no salgas nunca!
Mis gritos y el placer que denotaban incentivaron a Federico, comenzó con el aumento de velocidad. No
podía verlo pero lo sentía, en el doble sentido de la palabra: por un lado dentro mío, moviéndose sin
descanso; por el otro en sus palabras, que eran un interminable intercambio de gritos de placer y palabras de
amor.
– ¡Esto es increíble! ¿cómo podés hacerme gozar tanto? ¡Ahora sos mío y no te voy a dejar estar solo nunca
más! ¡Te voy a hacer gozar como nunca, te la voy a meter sin piedad, para que sepas que sos todo mío!
¿Cuándo vas a creer todo lo que te amo?
Cada arremetida iba acompañada de sus palabras de amor, cariño, pasión, desesperación por penetrar hasta lo
más profundo de mi cuerpo. Su voz denotaba esos esfuerzos, la velocidad las hacían entrecortadas.
Pronto volví a sentir dentro mío esa inflamación que se producía en su pija cuando estaba por acabar. Cuando
llegó el momento, dio una arremetida final y dejó que su semen comenzara su viaje dentro mío, ahora desde
muy profundo, como si quisiera depositarlo en algún lugar del que no pudiera salir.
La potencia de esos chorros de semen caliente me hicieron delirar, la fuerza que aplicaba Federico con sus
manos en mis caderas me hacían sentir indefenso y gozoso.
– ¡Por favor, no vayas a parar ahora! pedí casi con desesperación
Federico no se lo hizo repetir y siguió metiendo y sacando la pija de mi culo, arremetiendo sin piedad contra
mis nalgas, en una locura de gritos de placer y gozo como nunca había podido disfrutar.
Cuando terminó de derramar semen dentro mío y su pene quedó flácido lo sacó de mi culo, tiró todo lo que
yo tenía debajo mío, me dio vuelta y se me puso encima.
Había llegado el momento del descanso. Con sus piernas cerró las mías y quedó totalmente sobre mí, de pies
a cabeza, pasó las manos por debajo mío y se quedo quieto, pero sin dejar de hablar, diciendo cosas nuevas y
repitiendo todo lo dicho.
Su actitud tan varonil me hacía sentir cada vez más que ya le pertenecía, que mientras él lo quisiera no podría
ser otra cosa que su fiel y obediente amante, que nada de lo que requiriera de mí este hombre podría
negárselo.
Por la edad de Federico, lo de hombre me sonaba a mucho, pero por su actitud lo sentía plenamente así.
No se como, pero me hacía sentir amado como mujer y como mujer quería entregarme a él, totalmente sin
ningún reparo, obediente a su voluntad, sólo con entrega total a sus pedidos, a su pasión, a su deseo.
Me hacía sentir indefenso frente a sus requerimientos, había doblegado mi voluntad y sólo sentía que él la
dominaba, que era la suya la que prevalecía, que tenía poder sobre mí.
Si, Federico me había subyugado y le pertenecía. Ya era totalmente de él.
Se fue durmiendo, el gran gasto de energía necesitaba reponerse.
Seguía estando encima mío, cuando su respiración fue bien profunda, signo de que estaba bien dormido, lo
baje lentamente y lo dejé boca arriba para poder contemplarlo.
La placidez de su rostro era casi angelical, se parecía mucho a la madre y ella era verdaderamente hermosa,
sus rasgos eran muy finos, los labios gruesos, aunque sin exagerar, le daban a su cara un toque muy sensual y
su piel, que era lo que más me excitaba, cada vez que lo tocaba sentía correr electricidad por todo mi cuerpo.
Era alto, apenas unos milímetros menos que yo, cosa que había facilitado que rozara su pene contra mi culo
cuando jugábamos. Sus dientes eran un poco grandes, principalmente las “paletas” delanteras, cosa que le
daba más encanto aún.
Su pene yacía, flácido, entre sus piernas, firme y resistente lanza de batallas ya ganadas, parecía ahora
recuperar fuerzas para las venideras.
Yo estaba cubierto del semen de Federico, si bien casi todo fue depositado dentro mío, entre una cogida y
otra, Federico pasaba su pene y su pelvis por todo mi cuerpo y me transfería lo que había quedado en ellos.
Me levante y fui derecho para el baño, quería darme una ducha y pensar en que hacer luego, no podía
pasarme todo el día en la cama cogiendo con Federico.
Abrí la ducha y dejé correr el agua sobre mi un largo rato, tratando de pensar, fue inútil.
No se cuanto tiempo abría pasado cuando sentí que me Federico me agarraba por la cintura y me atraía hacia
él; me di vuelta y quedamos los dos bajo el agua, sus manos me tenían fuertemente tomado de las nalgas y
me apretaba contra él, su pija, otra vez muy dura, se escurrió entre mis piernas y sus besos casi no me daban
respiro.
– Quedate tranquilo, dijo muy suave, sólo quiero estar un poco junto a vos, yo también quiero descansar.
– ¡Tu pija no dice lo mismo, parece que aún no hubiera empezado!
– Espero que me creas cuando te digo la pasión que siento por vos.
– Claro que te creo, no hace falta imaginar nada para saberlo. Te mandaste 4 polvos impresionantes.
– ¡Por favor! No creas que es sólo la pasión la que me impulsa, realmente te quiero mucho y las cosas que te
dije antes eran dichas desde ese amor que siento por vos.
– Gracias Fede, me hacés sentir muy bien con todo lo que me dijiste. De veras que nunca sentí lo que vos me
hacés sentir; esa soledad de estar con mucha gente siempre hizo que tu familia fuera para mi un oasis de
tranquilidad y amor. Poder estar en tu casa era como renovarme y me hizo siempre muy bien.
– Vos no tenés nada que agradecerme, en todo caso soy yo quien te debe cosas. Con tu dedicación hacia mí
me hiciste sentir que era importante.
Cuando me di cuenta de lo que sentía por vos y comencé tímidamente a tocarte en nuestros juegos, el no
haberme rechazado me dio seguridad, refirmó ese raro sentimiento que iba creciendo en mí y poco a poco
sentí que, de alguna manera, sin estar consciente de eso, me correspondías; yo sabía que salías con
mujeres, pero estaba seguro que nada más tratabas de ocultar tu soledad y eso hacía crecer en mi la
necesidad de hacerte saber las cosas que yo sentía por vos, para tratar de borrar eso que te quitaba alegría.
Nunca estando conmigo lo demostraste, pero hablando con mamá ella me contaba como te sentías de
verdad y sin darse cuenta, ella reafirmaba y ayudaba a crecer mis sentimientos hacia vos. Mamá también te
quiere mucho y sufría por vos.
– Por supuesto que a tu madre no le vamos a decir nada de lo que comenzó entre nosotros.
– ¡No!. Quedate tranquilo, esto será sólo entre nosotros dos y durará todo el tiempo que me dejes estar a tu
lado y me permitas disfrutar y hacerte disfrutar de mi amor, no sólo a través del sexo, sino también de
compartir todo lo que podamos.
Yo miraba a Federico a los ojos. Este diálogo bajo la ducha me hacía muy bien, sentí una gran tranquilidad
porque pude entender, apenas un poco, que pasaba por la mente de Federico. í?l me veía sólo y tan volcado a
su familia que pensó que yo necesitaba de alguien que me amara, cosa que era cierta, pero nunca pude
imaginar que él querría ser quien ocupara ese lugar.
Las manos de Federico seguían aferradas a mis nalgas, su pija no había perdido dureza en todo ese tiempo y
no se había salido de entre mis piernas. í?l seguía callado, mirándome muy fijo, pero con enorme dulzura.
Lo tomé de la cara y comencé a besarlo, agradeciéndole ser el receptor de tanto amor.
Ahora eran mis manos las que recorrían la piel de su espalda, esa piel que yo adoraba y deseaba.
La boca de Federico se entreabrió y su lengua penetró muy profundo en la mía, respondí y el intercambio se
hizo rápido; sus manos, que no paraban en ningún lugar, volvieron a mis nalgas y sus dedos comenzaron a
explorar mi agujero, cuando metió uno de ellos dentro mío, volví a sentir las corrientes eléctricas que me
recorrían. Le di un profundo beso y metí mi lengua tan adentro de su boca como pude, recorriendo su
paladar, chocando con su lengua, recorriendo sus labios. Saqué la lengua de su boca y besé sus carnosos
labios, casi con furia, con enorme deseo y una pasión ya incontenible, yo tenía una calentura enorme y un
deseo incontenible de volver a ser poseído.
– ¡Por favor Federico, volvé a hacerme tuyo! Te necesito metiendo y sacando pasión, empujala hasta el
fondo, quiero sentir que está todo adentro mío, haceme gozar tu amor, ¡por favor cogeme, con fuerza, sin
parar, haceme sentir que te tengo dentro mío! ¡Haceme sentir que soy tuyo como vos me estás enseñando
que lo soy!
La calentura que me daba estar con Federico me devoraba, casi era locura, necesitaba seguir sintiendo su pija
dentro mío, me di vuelta, puse mi cuerpo a 90º en relación a mis piernas, las abrí todo lo que pude, me tomé
de las canillas para aguantar mejor las arremetidas que iban a venir y que no se hicieron esperar. De un solo
envión la dura lanza llevó su raíz hasta donde pudo, golpeando sus huevos en mis nalgas y haciéndome
delirar de placer.
Las manos de Federico habían tomado mi cadera y nuevamente me llevaba hacia él con cada embestida.
El agua, que seguía cayendo sobre nosotros, se deslizaba por entre mis nalgas y seguramente con cada metida
que hacía algo de agua penetraba con él.
Soltó mi cadera y me agarró de los pechos, ya casi volcado sobre mí, sus embestidas no llegaban ahora tan
profundo, pero el juego que hacía con mis tetillas me enloquecía, las apretaba suavemente con dos dedos, las
soltaba y con las dos manos tomaba los pectorales como si fueran tetas de verdad. Este juego lo hacía cuando
metía su pija, cuando la sacaba, volvía a las tetillas y así, sin solución de continuidad, dándome un placer
infinito.
Mis gritos lo animaban a seguir (como si hiciera falta) lo mío ya era un total delirio de gozo.
– ¡Bien fuerte, sin parar, más adentro! ¡dame con todo, apretame!
Mi delirio de placer estaba haciéndome decir cosas impensadas una horas antes y ahora no sólo las decía, me
salían del alma, necesitaba sentirlo a Federico entrando y saliendo de mí, sabiendo que estaba totalmente
dominado por él, por su pasión y sus deseos, que de ahora en adelante ya no sería sólo su tío, él, con su amor
me había convertido en su hembra, en su amante, en el objeto de su deseo y haciendo que yo me sintiera su
hembra, su amante, deseando ser el objeto de su deseo y su pasión.
Traté de elevar el culo lo más posible para que pudiera profundizar la penetración, ya que al recostarse sobre
mí no entraba todo su pene. Lo sacó, se acomodó, me tomó fuertemente de la cadera y de una vez la volvió a
mandar adentro; otra vez sentí el golpeteo de sus huevos contra mi agujero, a tal velocidad que creí no poder
seguir gozando tanto.
Sentí como crecía la dureza de la pija de Federico que, sin para un segundo de meter y sacar, comenzó a
derramar semen dentro mío, muy caliente, empujado fuertemente hacía el fondo de mis entrañas. Seguía
arremetiendo con su dura lanza dentro de mi culo, seguía lanzando chorros calientes de semen. Nuestros
gritos de gozo eran fenomenales, yo sentía como nunca y él seguía sus arremetidas.
Yo pedía que no parara y él no paraba.
La pija seguía dura dentro mío y no paraba de entrar y salir.
El agua que corría sobre nosotros parecía darle más fuerza a Federico y más ganas a mí.
– ¡Por favor, no vayas a parar! ¡Seguí cogiéndome así hasta la noche, hasta mañana, siempre!
– ¡No puedo parar! gritaba Federico, me enloquecés de placer y no puedo parar
Sus manos en mi cadera parecían enormes garras de una fuerza brutal. Me tiraban contra él y lograban que su
pija me llegara hasta profundidades increíbles. Ya no me cogía con la velocidad de antes, pero si con más
ritmo y profundidad.
Gritaba cosas que casi no se entendían, a veces eran alaridos; de pronto dejaba de arremeter contra mi culo y
comenzaba ese movimiento circular que me volvía loco de placer. Yo creo que en ese momento podrían
haber entrado en mi culo 4 ó 5 pijas más, tanta dilatación había conseguido Federico con sus movimientos.
Por la dilatación, las veces que me había cogido en tan poco tiempo y el semen que había dentro mío, me
pareció que ya no tenía tanto roce e intenté darle más placer apretando fuertemente mi esfínter.
Federico llevaba varios minutos con el juego de alternar entre meter y sacar y los movimientos circulares,
cada vez que el metía yo cerraba el esfínter y él no paraba de gritar. Estábamos los dos cerca del paroxismo
cuando sentí crecer su pija anunciando una nueva descarga de semen dentro mío.
Los chorros de caliente semen volvieron a penetrarme, haciéndome tomar conciencia de mis profundidades.
Me la sacó, todavía con bastante rigidez y nos sentamos frente a frente, con el agua de la ducha cayendo
sobre nosotros. Pasé mis piernas por encima de las de él y me acerqué todo lo posible, hasta que sentí su pija
deslizarse entre mis nalgas.
Ahora tomé la iniciativa y comencé a besarlo. Sentía la necesidad de seguir entregándome a él, pero estaba
exhausto. Le pedí que nos bañáramos y comiéramos algo.
Después de cenar nos sentamos en el sillón del living y Federico me repitió, en forma muy ampliada, como
habían evolucionado sus sentimientos hacia mí desde que tenía 11 años.
La pasión juvenil que ponía en su relato me hacía vibrar. Todavía no podía entender como es que yo era el
destinatario de esa pasión, pero la forma de expresarse de Federico no dejaba dudas, era lo que él sentía y no
me dejaba lugar para entender otra cosa, además, a estas alturas y a pesar de no entenderlo muy bien, no era
mi intención entender, sólo deseaba tenerlo a él y gozarlo.
La charla duró hasta bien entrada la noche.
– Vamos a acostarnos que es tarde.
– Espero que ahora no me vas a mandar al otro cuarto.
– ¡No, por supuesto! Te ganaste un lugar en mi cama.
– Un lugar del que te va a costar sacarme y no creo que lo consigas muy fácil
– Espero que así sea y que tu cariño por mí dure lo más posible. Disfruté mucho tu pasión y ahora quiero
hacer lo mismo con todo vos.
– Vamos a hacer juntos algo muy lindo, que no te queden dudas.
– Ya no quiero dudar, sólo quiero disfrutarte, sentirte, gozarte, estoy sólo para vos y dispuesto a dar todo de
mí para hacerte feliz.
Esa noche Federico se acomodó detrás mío, los dos nos habíamos acostado con el pantalón pijama y se pegó
a mí como estampilla. Pasó una mano debajo de mi cintura y con las dos me apretó muy fuerte contra él.
Se quedó así, muy quieto y se durmió.
Ya dije de toda mi inquietud por entender había pasado. La decisión estaba tomada y la iba a disfrutar
mientras durara. Estaba seguro que, a medida que Federico creciera, su vida y sus sentimientos cambiarían
pero, ¡quién me quita lo bailado!
Aquella noche por fin me dormí. Habían sido apenas 14 ó 15 horas de placer, de una intensidad enorme, sólo
posibles de disfrutar con un adolescente que comienza a vivir su vida sexual con toda la potencia de que es
capaz, impulsado por sentimientos que a su edad no encuentran freno y que, además, no podrían aceptarlo.
Durante dos años más pude disfrutar de la pasión que Federico sentía por mí. Todos los días nos buscábamos
ambos con enorme deseo y nunca dejó pasar una oportunidad para cogerme con toda la intensidad que yo le
pedía.
No esperábamos que la oportunidad se presentara, la buscábamos y entonces Federico me mostraba su
potencia, su resistencia para echarse dos polvos sin que su pija se bajara ni saliera de mi culo.
Cuando no teníamos oportunidad de coger, en general cuando estábamos en su casa, descargamos nuestra
pasión con largas sesiones de besos y caricias. Su boca se abría para dejar que su lengua me penetrara, sus
labios, tan carnosos, descargaban besos en mi boca sin descanso. Yo disfrutaba comiéndole la boca,
chupando sus labios, dejando que hiciera conmigo todo lo que deseara. Me sentía indefenso, trataba de darme
cuenta que estaba haciendo conmigo y lo único que podía sentir eran ganas de que me cogiera, quería sentirlo
dentro mío todo el tiempo, quería estar con él, entregarme a él, sentir que ya no tenía otra voluntad que la de
él y que mi voluntad era ser suyo.
í?l me había convertido en su hembra, me cogía todas las veces que quería y como él quería, me ponía en
cuatro patas o de frente, ponía mis piernas sobre sus hombros o hacía que las cruzara sobre su espalda, con
almohadas bajo mis lumbares o mi pelvis, pero siempre su pija hasta el fondo, vibrando conmigo al compás
de su potencia juvenil, derramando semen caliente dentro mío, sin parar de hablar, de hacer que me sintiera
total y absolutamente suyo, sin voluntad o mejor, con la enorme voluntad y el deseo de ser cogido por él.
Si aquella primera semana fue un descubrimiento sobre mi sexualidad, Federico me hizo sentir la
confirmación de ese descubrimiento con la fuerza de su pija, hermosa lanza que, ensartándome cuantas veces
quiso, me hizo revivir en lugar de matarme.
Pero, como todo lo bueno, esto también terminó. Como yo suponía, al crecer cambió.
Hasta el día de hoy, nunca dejó de tener hacia mí un trato muy especial, pero después de ese tiempo comenzó
a disminuir la frecuencia con que me buscaba.
Yo me había preparado para esto y pude asimilarlo, pero al principio sentí mucho la falta de su carne dentro
mío, de los chorros de semen caliente recorriendo mis entrañas, de sus palabras de amor, los abrazos y besos
que me prodigaba sin descanso en las noches y días de sexo que nos dábamos.
Ahora estoy repensando mi vida. No se como imaginarla sin tener dentro mío su miembro, siempre dispuesto
a darme placer.
Crisis como estas ya las había pasado y ahora estoy tratando de asimilar esta.
Federico me hizo sentir tan diferente, que estoy completamente seguro que jamás volveré a sentir así.
Nadie podrá llenar el vacío que él dejó en mí, ni yo intentaré buscar quien lo llene.
Seguiré disfrutando de su amistad, de enorme deferencia, pero sin pasar de allí.
Varias veces quiso explicarme su cambio pero le pedí por favor que no lo hiciera. Yo quería mantener la
imagen de aquel adolescente que tanto me había dado.
Hoy no creo que pudiera aparecer otro Federico en mi vida y nunca se me ocurrió buscar otro hombre que lo
reemplace, sólo él pudo lograr lo que logró en mí.
La vida de los dos cambió mucho y yo tuve que adaptarme a estar sin él.
Volví a distraerme con mis aventuras con mujeres y a seguir tan sólo como antes de él.
Gracias a todos los que lean estas líneas, espero haber podido transmitir algo de lo que sentí mientras duró.
Me hizo bien contarlo, al recordar sentí un poco de nostalgia, hubiera querido seguir con él un poco más,
pero así son las cosas y hay que adaptarse a ellas.
Si alguien quiere hacerme algún comentario sobre esta etapa de mi vida será bienvenido, especialmente si me
ayuda a desentrañar que me llevó a vivirla de esa forma.

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