Dos intrusos en mi casa


Mi nombre es Rebeca, hace poco viví una experiencia, quiero contarla solo para sacar mi trauma.

Tengo 29 años y dos de casada, mi esposo y yo nos queremos mucho y tenemos muy buen sexo; siempre he sido cuidadosa con mi arreglo y con mi figura, mido 1.67, tengo el cabello castaño a media espalda; soy de tez morena clara, delgada, medidas 95-61-89; mis pechos grandes y mis nalgas bien paradas, según mi marido estoy muy buena.
Ambos trabajamos; yo en una oficina administrativa y él es ejecutivo en una empresa internacional. Mi marido sale de viaje constantemente por su trabajo y yo me quedaba sola en casa; fue en una de esas ocasiones en que me ocurrió lo que voy a contar enseguida:

Llegué a la casa a las 5:00 aproximadamente, mi esposo había salido a un viaje a provincia. Al abrir la puerta del garage me di cuenta de que no estaba cerrada con doble llave como siempre la dejábamos; pensé que había sido un descuido porque en la mañana habíamos salido muy deprisa; no le di importancia y metí el auto; luego atravesé el patio; la puerta de entrada a la sala estaba entreabierta y eso ya me preocupó; nerviosa, imaginé que habíamos sido víctimas de un robo y entré presurosa a la casa; puse mi bolsa y mi saco en un sillón de la sala; no faltaba nada aparentemente, en eso escuché ruidos en las habitaciones de arriba; fui a la cocina y tomé un cuchillo grande; regresé a la sala y marqué el número de la policía; en eso estaba cuando escuché que alguien bajaba por la escalera, rápidamente colgué y me escondí atrás de una cómoda; entonces los vi, eran dos sujetos; uno pelón con barba, alto y fuerte y el otro también alto pero delgado; me hice ovillo esperando que no me vieran; no los alcanzaba a ver pero los escuchaba bien; ellos llevaban algunas bolsas de lona con pertenencias nuestras y comentaban que había muy poco que llevarse, el pelón le dijo al otro que le ayudara a desconectar la televisión de la sala, pero de repente dejaron de hablar y hacer ruido; me asomé despacio a ver que pasaba; más tardé en asomarme que en sentir el jalón que el pelón le dio a mi cabello; me habían descubierto. Lo ataqué con el cuchillo y alcancé a cortarlo en una pierna; el rugió de dolor y me soltó, corrí hacia afuera con el otro tipo siguiéndome; mis tacones no ayudaban mucho; el tipo me alcanzó tomándome del cabello, maldecí tener el cabello tan largo y traté de darle con el cuchillo, pero ya él me detenía la mano y me torció la muñeca, obligándome a soltar el cuchillo por el dolor; el tipo me llevó hasta un rincón del patio, me arrinconó de frente a la pared con una mano en la espalda y sin soltarme el cabello; ya el pelón se había recuperado de la sorpresa y salía de la casa; se me acercó y me dijo que lo que le había hecho me iba a costar muy caro; recogió el cuchillo y se paró a mi lado, me colocó el cuchillo en el cuello; yo cerré los ojos imaginando que hasta allí había llegado, creí que moriría en ese momento y así habría sido de no ser porque el otro tipo le dijo al pelón que se calmara, que había mejores venganzas que matarme.

El pelón sonrió y me dijo: “Ya verás mamacita, como me la vas a pagar”; yo no sabía si era mejor eso o que me hubieran matado, estaba en manos de dos locos y sabe dios que tendrían en mente.


El pelón le ordenó al otro que me soltara y me dijo que me volteara hacia él; lo hice y el pelón me agarró del cuello con una mano mientras con la otra colocaba el cuchillo en mi garganta; me dijo que tendría que hacer lo que ellos ordenaran o no contaría para vivirlo, le respondí que se llevaran lo que quisieran, pero que me dejaran, que no los delataría. El pelón me dijo que lo había lastimado y tendría que pagar.

El pelón se separó de mi un momento y me ordenó desvestirme; “Queremos verte desnuda”, me dijo mientras me amenazaba con el cuchillo; asustada empecé a quitarme el traje sastre que había llevado al trabajo; me desabotoné la blusa y la dejé caer al suelo; seguí con la falda; quedé en ropa interior y ellos me ordenaron quitármela; con mucha vergíŒenza me quité el sostén, pero al quitármelo me tapé los pechos pudorosamente; me dijeron que me quitara los zapatos y las medias, lógicamente al hacerlo destapé mis pechos dejándolos admirarlos; noté como el flaco se tocaba su miembro por encima del pantalón y se le hacía un bulto bastante grande; quedé solo con mi pantaleta, sintiendo el frío y las miradas morbosas de aquellos individuos.

El pelón se me acercó y me dijo: “Que ricas chichis tienes mamacita” al tiempo que me acariciaba los senos con una mano y me hacía sentir el frío del cuchillo en el vientre; quería meter las manos, pero sabía que el tipo no dudaría en enterrarme el cuchillo si me resistía; él empezó a pasarme su lengua por el cuello y bajó a mis pechos; aunque me sentía amenazada, no pude evitar la erección de mis pezones al sentir la caricia del hombre; cerré los ojos tratando de pensar en otra cosa, pero mi cuerpo empezaba a responder a las caricias del bruto aquél.

De repente se detuvo; me tomó del cabello y me obligó a hincarme; se había bajado los pantalones y la trusa, dejando al descubierto su enorme falo erecto; me ordenó lamerle la herida que le había hecho con el cuchillo; lo hice aguantando el asco que me daba la sangre en la herida; me dijo que tenía que limpiarla bien, lo hice lo mejor que pude y luego me ordenó chuparle el pene, sin dejar de amenazarme con el cuchillo, el cual estaba en mi oreja.

Abrí la boca y me introduje el enorme miembro del tipo; recordé como le gusta a mi marido cuando se la chupo y lo hice igual; al parecer al tipo le gustó mucho, pues gozó mucho la chupada; colocó sus manos en mi cabeza sin soltar el cuchillo; por un momento pensé morderle el pene, pero seguramente él me clavaría el cuchillo y además ellos eran dos y yo estaba sola, recordé que mi esposo había dicho que me iba a llamar cuando estuviera en el hotel en donde se alojaría y en eso sonó el teléfono; el pelón me ordenó que no me detuviera y seguí chupando; escuché que contestaba la máquina y mi esposo me dejó un recado: “Amor, ya estoy en el hotel; si llegas temprano llámame; si no, te llamo mañana cuando regrese de atender los negocios; ya te extraño, de pensar que te veré hasta dentro de cuatro días me pongo triste, bueno, te dejo, un beso”.

Pensé en que mi esposo acababa de decirles a los tipos que podían disponer de mí libremente, pues el no llegaría y me lamenté tener la maldita máquina.

Seguí lamiéndole el pene al pelón hasta que tuvo su orgasmo; me hizo tragarme su cochino semen, sosteniéndome la cabeza para que no pudiera apartarme.

Luego me hicieron que le chupara el miembro al flaco; este lo tenía muy delgado, pero extremadamente largo; imaginé que dolería mucho si lo empujaba hasta el fondo; pero lo lamí con maestría, haciendo gozar como loco al tipo; él me tenía de los cabellos y me movía adelante y atrás para que no dejara de chupárselo; se lo chupé hasta que terminó, lanzándome su semen en la cara.

Pensé que ya había terminado todo, pero no sabía lo que me esperaba, los tipos no se iban a conformar con una mamada y menos ahora que sabían que yo estaba sola.

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