DE CUANDO FUI SOMETIDA A MIS NUEVE AÑOS

A los diecinueve años una joven recuerda los tres días que estuvo bajo la voluntad de su padrino, cuando ella tenía nueve años y él veintiocho.DE CUANDO FUI SOMETIDA A MIS NUEVE Aí?OS

A mi padrino seguramente le habrá costado una enormidad intentar contenerse cuando me sometió a mis nueve años. Hoy ya han pasado diez desde aquella noche lluviosa en su casa y es la primera vez que lo cuento.
Mi idea había sido seducir a mi padrino, un amigo de mi padre que me conocía desde mi nacimiento. Se había ido a vivir a Europa y ahora retornaba a México donde vivía mi familia. Con él me comunicaba por teléfono y lo conocía por fotos. ¡Claro que resultaba muy apuesto! También era joven, tenía solamente veintiocho años cuando ocurrió lo que les voy a contar.
Luego de una visita a su casa mis padres debieron partir de urgencia por un principio de incendio en el negocio que ellos tenían en la ciudad. La idea era que volverían ni bien solucionaran el problema, pero el asunto los demoró más tiempo del que creían. Se comunicaron con mi padrino diciéndole que volverían a su residencia recién al otro día, por lo que le pidieron que me calmara y se quedara conmigo hasta el otro día. Una lluvia torrencial complicó más que mis padres pudieran llegar por el camino de tierra que comunicaba la ciudad con el lugar donde estábamos. Nuevamente se comunicaron con mi padrino y esta vez conmigo para decirnos que tardarían al menos dos días hasta volver a juntarse con nosotros.
Pero todo había comenzado en realidad en el primer momento en que lo vi. Una sensación extraña, como si hubiera crecido de golpe, me invadió todo mi cuerpo. Yo solamente tenía nueve años, pero confieso que ya mi belleza estaba presente. Mi cabello era totalmente rubio y lleno de rulos que llegaban hasta la mitad de mi espalda; mis piernas han sido largas creo que desde que nací y mi rostro era una mezcla de ángel y muñeca de colección.
Luego del viaje desde la ciudad lo primero que hice cuando vi a mi padrino, tan apuesto, fue cambiarme de ropa. Recuerdo que me puse la ropa interior más pequeña que había llevado y la ajusté bien a mi cuerpo, toda metida en culo. La falda más corta que encontré era una de color rojo, la cual me subí más arriba de mi cintura para que quedara aun más corta de lo normal. Una camiseta pegada a mi cuerpo dejaba ver mis pequeños senos marcando bien mis pezones. Mi cabello, totalmente suelto estaba más rubio que nunca. Así me paseé por toda la casa mientras mis padres platicaban con mi padrino. Como un juego de niñas me había propuesto seducirlo, sin saber hasta dónde llegaría con ese juego y sin saber bien para qué lo hacía.
El juego comenzó dando sus resultados de entrada, enseguida vi cómo mi padrino me observaba. Mis padres, lejos de regañarme por mi manera de vestir, al contrario, se sentían orgullosos de verme tan señorita. Cuando recorrimos la casa junto a mi padrino, que mostraba sus recuerdos de Europa y algunos logros artísticos alcanzados durante su estadía, yo me encargaba de permanecer pegada a él. Lo tomaba de la mano, le sonreía, le acariciaba su pierna y apoyaba mi rostro junto a su cintura cada vez que tenía oportunidad. í?l, lejos de incomodarse, comenzó a buscar un acercamiento hacia mi persona tratando de tocarme como fuera posible. Creo que lo que estaba haciendo era tratar de verificar si todo se trataba de un equívoco o en realidad era un intento de mi parte por seducirlo. La prueba de fuego vino de su parte, cuando mis padres se retiraron a acomodar su equipaje a la habitación y yo quedé sola junto a el. í?l me invitó a ir a la biblioteca para mostrarme unos libros con fotos muy interesantes ubicados en un estante un poco alto. Recuerdo que me pidió que yo misma los alcanzara subiéndome a una silla muy elegante que allí había. Mi culo quedó casi a la altura de su cara, mi corta falda se subió aun más y quedó expuesto frente a su rostro durante unos segundos. Entonces fue que sentí que sus manos se metían debajo de mi ya corta minifalda y me aferraron fuertemente con la excusa de que no me debía caer.
Me tomó fuertemente y comenzó a acariciarme en la entrepierna jugando con un dedo entre mi cuerpo y mis bragas. Yo estaba aterrorizada pero excitada al mismo tiempo. Había logrado mi objetivo en un tiempo demasiado corto.
De repente se sintió la voz de mi madre buscándonos por la casa. í?l entonces me bajó de la silla y me sonrió muy nervioso, se agachó un poco hasta llegar a mis labios y me besó profundamente en la boca. Luego salimos de la biblioteca con los libros que yo misma traía en mis manos y se los mostramos a mis padres.
Luego sucedió lo de la retirada hacia la ciudad, quedándonos completamente solos en la casa. Mi padrino casi enloqueció frente a mí. Aún recuerdo sus ojos desorbitados cuando me abrazó arrojándome sobre un sillón y manoseando todo mi cuerpo. Yo no aguanté más y comencé a llorar. De nada sirvió, ya era demasiado tarde para contener a un hombre excitado con una niña provocativa.
Lo primero que hizo mi padrino fue meter su rostro entre mis piernas, me olía, me chupaba, me mordisqueaba suavemente, mientras me decía cosas hermosas. Yo seguía sollozando pero a la vez que experimentaba cierta sensación de placer por ver que un hombre apuesto estaba tan excitado conmigo.
Se me ocurrió seguir adelante con el juego y entonces yo también comencé a decirle algunas cosas hermosas que me había copiado de la televisión. Ninguna otra experiencia tenía hasta ese momento que no fuera lo que veía en las telenovelas y culebrones de la tarde. Todo fue una locura en mi padrino, cada palabra mía lo excitaba aun más. Arrancó mi ropa desesperado hasta dejarme desnuda para que su lengua recorriera todo mi cuerpo. Cuando llegó a mis senos succionó desesperado mis pezones, abriendo su boca hasta metérselos todo y llenándolos de saliva.
De repente sacó su verga totalmente erecta. Era enorme y muy proporcionada. Nunca había visto semejante polla en persona. La pasó por toda mi rostro obligándome a que me la metiera en mi boca lo más posible. En aquel momento la sentí terriblemente caliente, inabarcable, aunque hacía un gran esfuerzo por tragármela hasta donde más pudiera. De repente sentí que algo estallaba en mi boca mientras mi padrino gemía de una manera que me asustaba. Había largado su leche dentro de mi boca. Fue grande el susto que tuve. No sabía bien lo que estaba pasando, y él, en lugar de sacarla, parecía que quería que me la tragara todavía más de lo que había podido tragarla. Me ahogaba y tenía arcadas y ganas de vomitar. La leche de mi padrino salía por mi boca y caía sobre mi cuello, mientras corría hacía mis tetas salivadas.
Cuando la sacó repentinamente me largué a llorar de manera desconsolada, juntándose en mi rostro una mezcla de lágrimas y semen que mi padrino no dejaba que me limpiara. Esa visión de mi rostro lleno de su esperma y con mis cabellos rubios y mis lágrimas profusas, seguro sería para él una imagen perfecta.
Nunca había sido mi intención llegar tan lejos. No se me había ocurrido jamás estar sola con un hombre que me hiciera tragar su leche y que lamiera hasta la última parte de mi piel. Yo sólo quería jugar, pero no este juego de adultos que no conocía en ese momento. La noche estaba recién comenzando para mí. Todavía faltaba lo peor: el momento en el que me penetró profundamente por el culo.
Mi padrino comenzó a preparar su objetivo metiéndome sus dedos que alternaba con una u otra mano. Me ponía una crema lubricante que me daba una sensación de calor en mi ano. Yo ya no resistía más, era inútil y además no quería que nada de esto se supera. Me sentía culpable de todo lo que allí estaba pasando porque mía había sido la iniciativa de mostrarle mi cuerpo a un hombre del que no sabía cuál sería su reacción.
Me dolía mucho mi culito, habían sido varios minutos de meter y sacar dedos mientras me chupaba todo el cuello y mi rostro. De repente sentí que su pija recorría mis nalgas y se detenía junto a mi agujero ya dilatado y bien lubricado. Mi padrino solamente me dijo que no me resistiera a lo que venía porque entonces sería más doloroso. No hubo la más mínima resistencia en mí. Sin embargo el dolor llegó igual y recordar aquella situación todavía me entristece. Hoy me puedo imaginar la escena: un hombre totalmente desencajado con una niña hermosa a su disposición, con el culito bien levantado y listo para meterle su enorme polla. ¡Cómo habrá disfrutado ese momento el muy maldito!
La embestida fue tremenda y mis gritos en vez de calmarlo lo excitaron más. Todo mi cuerpo estaba dolorido y solamente tenía ganas de morirme y que todo terminara de una vez. Me estaba follando y disfrutando de mi agujero virgen, pequeño y hermoso a la vez. Quizá era comprensible que tuviera semejante excitación.
Al otro día su accionar siguió haciéndome tragar su leche de los modos más salvajes que se le ocurrieron. Recuerdo que eyaculaba sobre mi cara y me pedía que me pasara las manos por el rostro lleno de semen. Le encantaba verme de esa manera. Y yo ya ni lloraba siquiera. Hacía lo que me pedía sin resistirme.
Fueron dos días en los que disfrutó chupándome todas las partes de mi cuerpo, mi pequeño coño, mis piernas, mis pezones, todo. Metía su lengua bien al fondo de mi boca y permanecía besándome de esa manera mientras se masturbaba durante varios minutos. Luego me obligaba a darme un baño mientras me observaba sentado al borde de la puerta del baño. Una vez que terminaba me secaba y me obligaba a cambiarme lo más provocativamente que podía con la ropa que había llevado. Luego me sentaba sobre sus piernas y comenzaba a besarme desaforadamente. Cuando su miembro estaba bien erecto nuevamente me obligaba a que se lo chupara hasta que otra vez eyaculaba y me obligaba a tragar su semen.
También me sacaba fotos en todas las posiciones y me filmaba masturbándome y metiéndome una especie de consolador pequeño que ya no recuerdo bien qué era exactamente. Sólo sé que me obligaba a levantarme la minifalda y a que me lo me metiera en el culo mientras me pedía que diera grititos como si estuviera gozando. Quizá hoy mi padrino conserve aún esas imágenes. ¡Cuánto las disfrutará recordando esos momentos!
Una tarde finalmente mis padres llegaron y cuando tomé contacto con ellos me arrojé a sus brazos y lloré desconsoladamente. Ellos atribuyeron mi tristeza al hecho de que me habían dejado sola tres días, pero no imaginaron jamás por lo que había pasado.
¿Y por qué no conté nunca lo que me hizo mi padrino durante esos tres días? Sencillamente porque en esos tres días había aprendido a quererlo en cierto modo. Fue un salvaje y un desaforado con una niña de nueve años, pero hoy al tiempo me doy cuenta que me lo tenía merecido por provocativa. Al menos había tenido la caballerosidad de conservar mi virginidad como mujer, follándome solamente por el culo.
Permanecimos unos tres días más en la casa de mi padrino y luego nos fuimos. Mi vida después de aquello cambió de manera radical. Con el pasar de los días comprendí que había hecho cosas que muchas mujeres adultas no habían hecho en su vida y nunca harían. Me sentía una especie de mujer pequeña y comencé a darme aires de muchacha superada con respecto a mis amigas. Lo curioso es que no volví a ver a mi padrino en mucho tiempo, cuando volví a verlo seguía siendo tan apuesto como cuando me tuvo a su merced durante tres días. Le recordé lo que había sucedido pero él no reaccionó, sencillamente me dijo que había actuado según sus instintos y que si no lo hubiera provocado de la manera en que lo hice nada hubiera sucedido.
Ya en ese momento tenía quince años y mi belleza de niña de nueve años había quedado atrás para darle paso a la belleza de una joven mujer que estaba en ll plenitud de su adolescencia. Mi padrino me propuso volver a hacer lo mismo que en aquella oportunidad. Le dije que estaba loco, verdaderamente loco. Sin embargo a la otra semana de ese encuentro volví a verlo. Lo que ocurrió fue aún más intenso y duró toda una semana. Me sometí a sus deseos nuevamente y esta vez no hubo agujero de mi cuerpo que no respetara.
Cuento esta historia una tarde antes de volver a encontrarme con él. esta vez iré acompañada de mi actual pareja, una hermosa joven de veinte años, de piel oscura y rostro aindiado con la que vivo aventuras como estas que conté desde hace dos años. Quizá aproveche que esta vez no estaré sola y lo deje a mi padrino totalmente seco de semen y sin ganas de someterme nuevamente.

Author: JuanPablo

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