Todo por la droga


Una chica inteligente y muy guapa cae en las garras de la droga y el sexo.Mariana a sus 17 años era una de las chicas más guapas de la preparatoria, con su tez blanca y un cuerpo de 92-61-90 era admirada por la mayoría de los chicos de su grupo y de los otros grupos también. Tenía una cara angelical que con sus anteojos la hacían ver interesante y hermosa. Pero no solo eso, Mariana aparte de ser muy guapa era una chica sumamente inteligente; durante los dos años de preparatoria tenía el diez perfecto en todas sus materias, lo cual a veces le ponía una presión extra, ya que su madre y ella misma eran sumamente exigentes. Tal vez porque su Mamá la crió sola y tal vez por eso también es que Mariana no tenía novio, pues a todos los chicos les encontraba algún defecto inadmisible para ella y a decir verdad, tenía un carácter bastante difícil.

Eran finales del semestre y Mariana se encontraba sumamente preocupada, pues sentía que no estaba rindiendo lo suficiente como para prepararse para los exámenes finales, diario se desvelaba estudiando y ello derivó en que Marianita (como le decía su Mamá) empezara a sentirse muy cansada en las clases y a bostezar constantemente. Preocupada, Mariana habló con Omar, su único amigo, un chico gay que era el único que soportaba los constantes berrinches y cambios de humor de Mariana, así como sus presunciones por ser “la más bonita e inteligente de toda la escuela”, como ella misma se nombraba.

Omar le dijo a Mariana que él sabía de un chico de la escuela que vendía unas pastillas muy efectivas para evitar el sueño y aguantar más. Ella le pidió que lo llevara con él y fue así como conoció a Juan, un chico del último grado, alto y delgado, de cabello lacio oscuro. Omar le explicó porque iban y él sonrió y les dijo que podría ayudarlos solo por esa ocasión, pero que no dijeran a nadie donde habían conseguido las pastillas. Mariana y Omar le prometieron que no dirían nada y Juan les regaló dos pastillitas a cada uno.

Ellos se fueron, Mariana estaba bastante feliz de tener un remedio para poder desvelarse estudiando y no quedarse dormida a media clase. Omar le regaló sus pastillas, pues el sentía que no las necesitaba.


Esa noche Mariana se tomó una pastilla y de inmediato se sintió mucho más despierta y despabilada; se puso a estudiar toda la noche y buena parte de la madrugada; durmió una hora y se levantó como si hubiera descansado perfectamente.

Todo ese día Mariana se sintió fuerte y animada y se asombró del poder de una pequeña pastilla. Pero en la noche, cuando de nuevo iba a estudiar, comenzó a sentir una tremenda fatiga, se caía de sueño, así que se tomó la segunda pastilla y de nuevo sus fuerzas se renovaron, de nuevo estudió hasta tarde y durmió muy poco y al día siguiente se sentía todavía muy bien; pero a eso de las 6 de la tarde empezó a decaer y sin medir las consecuencias, se tomó una de las pastillas que Omar le dio. Esta le duró también en la noche, pero al día siguiente a mediodía se sentía fatal, pensando en que solo le quedaba una pastilla, le pidió a Omar que la acompañara a ver a Juan, pero su amigo se negó, diciéndole que no estaba dispuesto a verla convertirse en drogadicta. Mariana se molestó y enojada se fue sola a buscar a Juan; lo encontró fácilmente y le pidió más pastillas. El chico le dijo que se las daría, pero que ahora tendría que pagarlas. Ella preguntó el precio y él le dijo que por tratarse de ella y porque le caía bien, cada pastilla le costaría 70 dólares. Mariana se quedó muda de asombro; ¡¿70?!, ¿no es demasiado? Preguntó tímidamente y Juan le dijo que no, que normalmente las vendía en 100usd, pero que ella le parecía buena chica y que por eso le haría una rebaja. Mariana estaba a punto de retirarse triste cuando Juan le dijo que por esa única ocasión se las vendería en 50usd cada una, pero que ese precio solo se los daba a quienes comparaban por lotes de diez pastillas, así que la siguiente ocasión tendría que comprar diez o más o le costarían 70usd cada una.

Mariana hurgó en su bolso y solo encontró 61usd; le dijo a Juan que solo eso traía y él le entregó una pastilla a cambio de 50usd. Mariana se retiró un poco contenta por tener la pastilla, pero angustiada por conseguir dinero para poder comprar más. Se tomó la cuarta pastilla y se fue a su casa.

Ya sola en su casa Mariana entró a la habitación de su Mamá que llegaba hasta en la noche y buscó donde sabía que guardaba el dinero para alguna emergencia que pudiera ocurrir; encontró 173usd y los tomó. Regresó a la escuela a buscar a Juan, pero no lo encontró; un chico del grupo de él le dijo que seguramente lo encontraría en su casa y le indicó como llegar. Mariana se apresuró, pues empezó a sentir una tremenda angustia por no conseguir la droga.

A esas alturas ya Mariana no dormía ni comía, la droga la mantenía, pero no se daba cuenta de lo rápido que cayó en la adicción. Llegó a la casa donde vivía Juan y tocó. í?l mismo abrió y se dibujó una sonrisa en su rostro; invitó a Mariana a pasar y le preguntó que quería, ella le dijo que iba por más pastillas y le entregó todo el dinero. Juan con toda calma lo contó y le dijo que le alcanzaba para dos pastillas y le sobraban 44 dólares. Ella le dijo que si no podría darle una más o tal vez la mitad. Juan la miró y se echó a reír, Le dijo que eso no se vendía en mitades ni cuartos y que para otra pastilla no le alcanzaba de acuerdo al precio acordado.

Mariana, a punto del llanto le suplicó a Juan que la ayudara; le dijo que haría lo que fuera, pero que le proporcionara aunque fuera una pastilla más. Al escuchar esto, Juan sonrió de nuevo y le preguntó a Mariana: “¿De verdad harías lo que fuera?” y ella sin meditarlo contestó que si. Juan le dijo: “A ver si es cierto, quítate la ropa”. Mariana al principio se asombró un poco, pero la droga acumulada en su cuerpo la hacía reaccionar mal, así que pensó que por conseguir otra pastilla si se quitaría la ropa y empezó a desnudarse. Juan se sentó en un sillón a disfrutar del espectáculo y encendió un cigarro.

Pronto la nívea figura torneada de Mariana se mostraba completa ante los ojos lascivos de Juan; ella se tapaba con un brazo sus redondos senos y con la otra su triángulo sexual, con el poco pudor que le quedaba. Juan le ordenó levantar los brazos y dar una vuelta y ella tuvo que obedecer, Juan se regocijó con el hermoso y virginal cuerpo de la chica y vio que la tenía en sus manos, así que decidió ir por todo. Se bajó la bragueta, sacó su pene erecto y le ordenó a Mariana hincarse y chupárselo; Mariana siendo virgen se asustó un poco y pensó en vestirse y retirarse, pero la necesidad de su cuerpo le solicitaba la droga y sabía que solo así podría conseguir un poco más, así que se hincó, tomó entre sus manos el garrote de Juan y abrió la boca. El la tomo del cabello y la empujó para hacer que su pene penetrara en la cálida cavidad bucal de la chica, que nunca había recibido a ningún hombre.

Mariana se vio forzada a mamar el miembro viril de Juan; se aguantó el asco que sintió al principio y luego poco a poco se fue acostumbrando alo sabor y tamaño del pene. No es que le gustara, pero con los ojos cerrados se resignó a complacer a su proveedor de droga. Juan disfrutó durante varios minutos la mamada de Mariana y cuando sintió que estaba a punto de venirse, la hizo detenerse; se levantó y jalándola del cabello la hizo pararse; sin soltarla la llevó hasta una mesa de comedor y allí la hizo empinarse sobre él y sus anteojos salieron volando. Mariana gritó que se detuviera, pero él le dijo que si cooperaba le regalaría una o dos pastillas más y solo así la chica se calló.

Juan acarició las redondas nalgas de Mariana y contempló la hermosa espalda blanca sobre la mesa; le preguntó cuantas veces lo había hecho y ella respondió sin vacilar que ninguna. Juan se rió estridentemente y le dijo que no le creía, que putas como ella eran las que le gustaban, porque se dejaban hacer lo que fuera por un poco de droga. Mariana se dio cuenta de lo que pasaba e intentó levantarse, pero Juan ya estaba colocado en posición de penetrarla y la sostuvo contra la mesa y le dijo que ya no había vuelta atrás, que en ese momento estaba por cobrar la droga que le daría y que más valía que cooperara, porque si no, de todos modos la violaría y no le daría nada. Gruesos lagrimones rodaron por las mejillas de Mariana al sentir como el miembro duro de Juan comenzaba a penetrarla; al no tener calentamiento previo, la vagina de la chica se encontraba muy seca, por lo que cada empujón de Juan hacía que le doliera un poco más y comenzó a quejarse y a decirle: “¡No, no, no, ya no, me estás lastimando, detente por favor!”, pero Juan ya la tenía dominada y no iba a dejar pasar la oportunidad de cogerse a una de las más buenotas chicas de la prepa. Ya lo había hecho antes con una chica llamada Judith, que si bien no estaba mal, no tenía ni el cuerpo ni la inteligencia de Mariana; así que continuó metiendo su verga en la virginal panochita de ella y mientras más la metía más placer sentía de poderla dominar.

La verga de Juan llegó hasta el fondo; Mariana seguía llorando en silencio y él empezó a bombear; se sostuvo se su cadera y entró y salió de ella, gozando el desfloramiento de la chica que en todo había ganado primer lugar, hasta en convertirse en drogadicta, ya que con otras personas el efecto había tardado más. Juan entraba y salía con toda calma, disfrutando lo que hacía y tomó entre sus manos las tetas de Mariana, comenzó a masajearlas mientras ella solo se aguantaba las ganas de gritar, con las manos sobre la mesa en posición de rendición.

Cada embestida de Juan hacía saltar lágrimas de los ojos de Marianita, nunca creyó perder así la virginidad y mucho menos a manos de un distribuidor de droga y por ese precio.

Fueron varios minutos los que Juan gozó del cuerpo de Mariana, a ella se le hizo eterno y a él le pareció muy rápido. Poco después, Juan soltaba grandes chorros de semen dentro de Mariana. í?l se salió con su verga aún escurriendo y le ordenó que se la limpiara con la lengua. Mariana se volteó y tuvo que hincarse de nuevo para lamerle la verga a Juan hasta que él quedó satisfecho.

Mariana vio que entre sus piernas corría un hilillo de sangre; seguramente su himen se había roto. Adolorida se vistió y Juan le entregó un paquete con cuatro pastillas y le dijo que se las daba porque se había portado bien y porque realmente era virgen, pero que si quería más tendría que pagarlas de una u otra forma.

Mariana entendió lo que Juan le decía; tomó sus cosas y la droga y se fue. Antes de salir se tomó una pastilla que la ayudó a sentirse mejor. Todo el camino a su casa Mariana lloró de impotencia, pero no se dio cuenta de que ya estaba en las garras de la droga y de Juan.

Mariana aprobó todos los exámenes con calificación perfecta, pero poco a poco su semblante desmejoraba; ya hacía tres días que se le había acabado la droga y pensó que no la necesitaría más y lo superaría, pero la ansiedad la consumía.

Le pidió dinero a su Mamá diciéndole que era para libros; a la Sra. le pareció que 140usd para libros era mucho, pero al final se los dio pues no quería que su hijita terminara mal la preparatoria por culpa suya.

Mariana llegó a la casa de Juan de nuevo y tocó; de nuevo el abrió y se sonrió ante el regreso de la chica y le dijo que él sabía que eso sucedería. De nuevo la invitó a pasar y Mariana entró, pero esta vez Juan no estaba solo, alrededor de la mesa donde Juan la había desflorado apenas unos días antes había tres hombres jugando al poker, dos adultos y un muchacho de la edad de ella más o menos. Juan les dijo que ella era una amiga suya y los tres la saludaron; él les dijo que continuaran si él y la llevó a su habitación; una vez allí le preguntó que quería y ella le dijo que le diera dos pastillas y le entregó el dinero. Juan lo contó y le dijo a Mariana que no era suficiente, pues la droga había subido de precio y ahora se la daría en 100usd cada pastilla. Mariana abrió los ojos y le reclamó a Juan diciéndole que eso no era justo; él por toda respuesta le aventó el dinero a la cara y le dijo que ese era el precio, que lo pagaba o lo olvidara e hizo por salir de la habitación. Mariana consternada se arrojó a los pies de él y le suplicó que la perdonara; que le diera la droga por favor y se la pagaría completa después.

Juan le preguntó si esa era su mejor oferta. Mariana se incorporó y le preguntó a que se refería. Juan le dijo que no se hiciera tonta, pues sabía que podía pagar de otra forma. Ella entendió y le preguntó que hacía. Juan le dio una pastilla “gratis” como muestra de su buena voluntad y le dijo que se desvistiera, que regresaba enseguida. El salió denla habitación y ella se quedó sola, se quitó la blusa y sin pensarlo se tomó la pastilla suponiendo que por fin se sentiría bien; pero apenas se la tomó, tuvo un efecto totalmente contrario; Mariana empezó a sentirse mal, todo le daba vueltas y sintió mucha pesadez. Se recostó en la cama para descansar. No se durmió, solo se encontraba en un estado de sopor impresionante.

Unos segundos después se abrió la puerta, pero no fue Juan el que entró, sino sus tres amigos del poker, que de inmediato se desnudaron y se acercaron a ella y en sus miradas morbosas adivinó sus intenciones; quiso decirles que se fueran, pero su lengua se negó a moverse, la sentía pesada y pastosa, tan hinchada que parecía que le ocupaba toda la boca; luego quiso levantarse, pero ni los brazos ni las piernas le respondieron, sentía las extremidades demasiado pesadas y no pudo moverse. Esto representó una total ventaja para los tres tipos que sin más ni más comenzaron a desnudarla sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo. La mente de Mariana era un caos; sabía lo que los tipos querían hacer con ella y hubiera querido evitarlo, pero su organismo no respondía a las órdenes de su cerebro, por lo que una gran angustia se apoderó de ella al darse cuenta de la trampa en la que había caído.

Prácticamente le arrancaron la ropa hasta dejarla totalmente desnuda sobre la cama; el tipo más alto y fornido se abalanzó sobre las redondas tetas de Mariana, otro más delgado sin esperar la tomó de las piernas y se las abrió; metió su lengua en la rajadita de ella mientras el más joven se apartó un poco para ver a los otros dos gozar de la hermosa chica.

Mariana no podía moverse, pero si sentía las caricias que le prodigaban los dos individuos y poco a poco su cuerpo empezó a responder, pero su mente le decía que lo que estaba ocurriendo no podía ser cierto y que tenía que escapar de aquello.

Los individuos no hablaban, solo se relamían del cuerpo tan hermoso que estaban disfrutando. El tipo delgado tenía a Mariana con las piernas abiertas y la hizo doblarlas un poco para acomodarse; le puso una almohada debajo de las nalgas para levantarle el pubis; se colocó en posición y puso su verga en la entrada de la panocha de ella y sin más preámbulo le clavó toda su larga verga haciéndola gemir. Mariana sintió una mezcla de dolor y placer, pues las lengíŒeteadas anteriores del tipo habían hecho que se lubricara un poco, pero no lo suficiente para recibirlo; mientras, el tipo fornido se sentó en su vientre y colocó su verga entre las desarrolladas tetas de Mariana; con ambas manos las juntó y se masturbó con ellas; la punta de su verga tocaba la barbilla de Mariana y él se deleitaba de ver entrar y salir su miembro de en medio de las redondas tetas de la chica.

Mariana sentía las embestidas del que la penetraba y se quejaba, pero su pastosa lengua le impedía hacer ruidos fuertes, por lo que solo se escuchaba: “¡Ah, ah, ah!”

Los dos tipos estuvieron gozando de Mariana en las posiciones que tenían durante un buen rato. El primero en venirse fue el tipo que le penetraba la panocha; soltó grandes chorros de semen dentro de ella al mismo tiempo que le apretaba con fuerza las nalgas. Mariana estaba desesperada, tanto por el dolor ocasionado como por saber que el tipo podría embarazarla al venirse dentro de ella, pero por mas esfuerzos que hizo no logró que sus músculos le obedecieran para evitar lo que le hacían.

Cuando el primer tipo sacó su verga chorreante de la vagina de Mariana, llamó al más joven, que se había limitado a observar y le hizo señas de que penetrara a Mariana. El chico no lo pensó mucho y se colocó también en medio de las piernas de ella; con sus muslos sostenía abiertas las piernas de Mariana y de igual manera que su antecesor, metió su verga en la panocha de ella que no ofreció resistencia alguna.

Mariana volvió a quejarse quedamente por el dolor que le causó la penetración del chico. Tanto el muchacho como el tipo fornido se movían rítmicamente gozando con la cogida que le daban a ella. El que se masturbaba con sus pechos empezó a decirle que le encantaba la idea de venirse en su linda cara y llenársela de semen. Mariana se asqueó de solo pensar en lo que el tipo le decía, pero tuvo que aguantarse cuando él terminó y soltó varios chorros de semen en la cara, el cuello y las tetas de ella; un poco de semen entró en la boca de Mariana y no tuvo opción más que tragarlo; incluso algo de semen manchó sus anteojos que no se había podido quitar.

El tipo fornido se levantó e hizo a Mariana abrir la boca, luego introdujo su pene e hizo que ella lo limpiara; luego se separó y se sentó junto al tipo delgado a mirar como el chico se cogía a Mariana. Este último no tardó mucho en venirse dentro de la chica que desesperada le suplicaba que la dejara, pero solo sonidos inteligibles salían de su boca drogada.

Los tres tipos se quedaron viendo a Mariana desnuda y el delgado dijo: “Se me hace que esta puta está drogada”, entonces el fornido se acercó a ella y tras agacharse a observarla comentó: “Y bien drogada”. Mariana intentó decirles que así era, que Juan la había drogado para que ellos la poseyeran; pero antes de emitir cualquier ruido, los escuchó como seguían hablando: “Pues que mejor, ¿no?, así podemos seguirla disfrutando sin pagar más”, dijo el fornido; el delgado y el joven sonrieron y estuvieron de acuerdo y los tres se acercaron a Mariana que ya lloraba desconsoladamente y trataba de suplicar que la dejaran ir, pero aún no podía articular palabra.

El tipo fornido les pidió que le ayudaran y entre los tres voltearon a Mariana boca abajo y el tipo fornido preguntó: “¿Se han cogido a alguien por el culo?”; ambos contestaron que no y el tipo les dijo: “Ya verán que rico es, es mejor que por la vagina porque el agujero es más estrecho”. Mariana escuchaba aterrorizada mientras sentía que el dedo del tipo empezaba a penetrar su culo virgen, quiso apartarse, pero aún sus músculos no le respondían.

Un buen rato estuvo el tipo metiéndole el dedo en el culo y moviéndolo en círculos, como si quisiera agrandarle el agujero, luego metió dos dedos y continuó moviéndolos en círculos; de repente se detuvo y dijo: “Yo creo que ya está lista, pero se me hace que es virgen de ahí; así que yo me sacrificaré y se lo haré primero, jajá jajá”. Los otros dos tipos rieron con el fornido y se apartaron, dejándolo para que les mostrara como se hacía.

El tipo se subió a la cama, detrás de Mariana, que permanecía con las piernas cerradas, los brazos a los costados y los ojos llorosos, aún con sus anteojos puestos; a duras penas alcanzó a voltear un poco la cabeza nada más para ver como el tipo se colocaba con las piernas abiertas atrás de ella y con su verga apuntando a su, todavía virgen, culo.

“No”, alcanzó a decir la pobre chica al ver que el tipo empezaba había abierto con ambas manos su culo y con un dedo la lubricaba con una jalea que había tomado del buró; después, sin cerrarle el culo, comenzó a meter su verga lentamente en él. Un estridente grito salió de la boca de Mariana cuando el tipo por fin se la metió. Los tres tipos se sorprendieron, pero aún más Mariana, ya que se dio cuenta que por fin podía expresarse; comenzó a mover las manos y se dio cuenta que ya sus músculos le obedecían, así que intentó levantarse empujándose con ambas manos para separarse del colchón, pero ya su violador había reaccionado y estaba completamente encima de ella, por lo que no pudo moverse; iba a volver a gritar, pero ya también la mano del tipo que la penetraba se había colocado en su boca y le impedía gritar; con ambas manos, Mariana intentó quitarse la mano del tipo de la boca, pero ya los otros dos tipos habían acudido en auxilio de su amigo y le sostuvieron los brazos, uno de cada lado, evitando que pudiera utilizarlos.

Una vez con la chica sometida, el tipo comenzó a entrar y salir de su culo con fuerza, sin soltarle la boca, por lo que, aunque Mariana gritaba con todas sus fuerzas, solo se escuchaban gemidos: “¡Mjjjmmm, mmm, mmmjmjm!”

Mariana luchaba por zafarse, pero los tipos estaban muy excitados como para dejarla ir y el tipo fornido entraba y salía del maltrecho culo de Marianita, una y otra vez la penetró, hasta que por fin soltó grandes chorros de semen en las entrañas de ella. í?l sacó su verga chorreante y se bajó de ella, pero no le soltó la boca; con su otra mano sostuvo el brazo que el muchacho detenía y lo torció hacia atrás, provocando el dolor y los gritos ahogados de Mariana; le ordenó al chico que buscara trapos; este obedeció y en un cajón consiguió un pañuelo grande, se lo entregó al fornido y volvió a buscar más trapos; el tipo fornido extendió el brazo de ella sobre el colchón y colocó una rodilla sobre él y luego se dio a la tarea de amordazarla, Mariana se revolvía como gato tratando de evitar que él lograra su cometido, pero no pudo hacer nada, sus anteojos cayeron al piso en el forcejeo.

El tipo joven consiguió un trapo largo y se lo entregó al fornido, que tomó ambos brazos de Mariana, los juntó en su espalda y los ató con ese trapo, dejándola inmóvil.

El tipo sudando por fin se incorporó y les dijo a los otros: “Bueno, ya se las dejé preparada, ustedes solo diviértanse” y fue a sentarse. El tipo delgado fue el siguiente; se colocó detrás de Mariana y puso su larga verga en la entrada de su adolorido culo, con ambas manos le abrió las nalgas y sin ningún aviso comenzó a penetrarla. El semen dejado por su compañero y la sangre que brotó del culo de Mariana facilitó la entrada de su verga, pero no disminuyó el dolor de la chica, que debajo de la mordaza volvió a suplicar que la dejaran de una vez, nadie la escuchó; solo se oía el ruido de la verga entrando en el sangrante culo de ella y los gemidos de placer del tipo; que entró y salió del culo de Mariana durante varios minutos que a ella le parecieron eternos, hasta que terminó soltando también dentro de ella varios chorros de semen, ante la impotencia y humillación de la chica. Mariana se dio cuenta de que la droga le había disminuido un poco el dolor, pues la segunda vez le fue más dolorosa que la primera.

í?l se salió y se limpió la verga con las nalgas de ella; le cedió el paso al más joven, que se encontraba tremendamente excitado al ver lo que los otros dos le habían hecho a ella.

El chico abrió las piernas de Mariana y se colocó en posición; empezaba a penetrarla cuando el tipo fornido le dijo que se detuviera y cerrara las piernas de ella; el chico preguntó porque y el tipo le dijo que así el culo estaría más cerrado y lo gozaría más. “¿Y no le dolerá más a ella?”, preguntó el joven y el otro tipo riendo le dijo: “Eso no es importante, ¿o si?”. Ambos rieron y el muchacho volvió a cerrar las piernas de ella.

Una vez más se colocó detrás de Mariana con las piernas abiertas y apuntó su verga hacia el culo de ella; la chica se agitaba tratando de evitar la tercera violación a su culito, pero no pudo hacer nada y de nuevo fue penetrada salvajemente por el culo. El chico cerró los ojos al sentir el tremendo placer de meter su verga en al culo de la chica. Una vez que la penetró por completo y ante la resistencia de ella, comenzó a moverse entrando y saliendo de ella, provocándole un tremendo dolor que fue ahogado por la mordaza.

El chico entraba y salía sin compasión de ella, pero de repente se dio cuenta que si se movía en círculos incrementaba su placer, por lo que empezó a hacerlo. Pero ello derivó en un dolor más grande para Mariana que sentía como si se fuera a desmayar del dolor; ya la garganta le dolía de tanto gritar y sus ojos no dejaban de llorar cuando la puerta de la habitación se abrió y entró Juan preguntando que hacían; tal vez por la sorpresa, en ese momento el chico tuvo su orgasmo, pero se salió y sus chorros de semen cayeron en las nalgas y espalda de Mariana.

Los tipos le dijeron a Juan que se estaban cogiendo a la puta que él les dejó, pero Juan les reclamó porque se suponía que solo se la cogerían una vez y no por el culo; ellos le dijeron que no se enojara, que le pagarían más, pues la puta lo valía y con eso Juan se quedó tranquilo. Los tipos buscaron dinero en sus pantalones y se lo dieron a Juan; todo ante la mirada atónita de Mariana que en ese momento se sintió aún más humillada al saber que Juan la había usado para negociar con su cuerpo.

Los tres tipos e fueron y Juan se acercó a la cama donde Mariana sollozaba inmóvil. í?l no dijo nada, parado frente a ella comenzó a desnudarse mientras ella lo veía horrorizada; trató de levantarse y correr, pero Juan la sostuvo y no la dejó moverse; le dijo: “Ya te partieron el culo esos tres, ese culo debía ser estrenado por mí, pero los dejaste rompértelo, ahora me tendré que conformar con ese culo ya abierto y sangrante”. Y diciendo esto, se colocó detrás de Mariana, con una mano la sostuvo del cuello para que no se moviera y luego escupió en su mano; puso la saliva en su verga y comenzó a meterla en el culo adolorido de ella. Los gritos de ella fueron de nuevo apagados por al mordaza, pero Juan la quitó y le dijo que gritara lo que quisiera, así se excitaría más. Mariana empezó a gritar: “¡No, ya no, por favor, ya déjame, basta ya, no más, por favor Aaaaayyyy, ayyyyy, duele, no, detente, te loo suplico!” Juan estaba más excitado y entraba y salía del culo de Mariana sin piedad, gozando con las súplicas y lloriqueos de ella y continuó durante un buen rato hasta que sintió que estaba a punto de venirse y sacó su verga del culo de ella; sus disparos de semen llegaron hasta el cabello de Mariana; la llenó de leche en la cabeza, espalda, brazos y nalgas

Juan desató a Mariana y le dijo que se vistiera, ella adolorida y aún sollozando lo hizo. Juan le dijo que dejara de llorar, pues a continuación recibiría su premio; pasaron a la sala de la casa y Juan le entregó una bolsita con muchas pastillas de las que usaba ella para drogarse y luego le entregó otra donde venían varias bolsitas más pequeñas que contenían un polvito blanco y le explicó que ese polvo lo tenia que absorber por la nariz con una pajilla y que se sentiría mejor que solo con las pastillas, incluso le recomendó combinarlas “para mejores resultados”.

Mariana, aún adolorida y humillada se emocionó al ver que al menos su violación había tenido recompensa; salió de la casa de Juan a la oscuridad de la noche, ya casi no había nadie en la calle, pero ella se encaminó a su casa.

Esta historia no termina aquí, si quieres saber que sucedió con Mariana lee la segunda parte.

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2 comentarios en “Todo por la droga”

  1. te felicito por esa historia, pero espero que no solo haya dos capítulos sino muchos más de como se ba degenerando mariana y hasta que tan bajo caera y quien sabe talves ella termine consiguiendole mas chicas a Juan, espero los siguientes capítulos, suerte

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