Cuando mis melones apuntan

â??Invité a Susana a cenar en casa, ¿te parece bien, Alberto?- Alberto me miraba con una sonrisa bobalicona. Subimos al colectivo. Estaba lleno. Y yo aproveché para ponerle las tetas en la espalda, y se las hice sentir bien. A los dos minutos, claro, el pobre tenía una erección de campeonato, y María no se daba cuenta de nada. -¡Ay!- dije yo- ¡Este colectivo se mueve mucho! ¿Les importa si me pongo entre ustedes y me agarro de Alberto?- y me puse frente a frente con él, clavándole mis tetas contra el pecho. El pobre se puso blanco y transpiraba. En una frenada le pasé los brazos por el cuello y le aplasté las tetonas y ya no lo solté más. Podía sentir su erección en mi pubis, y el temblor de su cuerpo por la tremenda calentura que le había hecho agarrar. Fueron veinticinco minutos de eso, yo refregándole las tetas por todo el frente, hasta que en un momento en que se apagó la luz, apreté mi gorda boca contra la suya y le metí la lengua, revolviéndola dentro suyo. Ahí fue cuando se corrió, mientras yo le daba apretones para ayudarlo. Fue como si con cada apretón de mi pecho contra el suyo lo estuviera ordenando. El manchón pringoso en sus pantalones iba desde el vientre (pues cargaba hacia arriba) hasta casi los tobillos.

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FANTASIAS CON MILA 1 – PLAYA DE ENSUEÑOS

FANTASIAS CON MILA 1 – PLAYA DE ENSUEí?OS

Enero de 2003. Hace mucho tiempo, un filósofo italiano explicaba que la historia tendía a repe-tirse, «corsi et ricorsi», decía. Y evidentemente es así. Nuevamente me encuentro en Viña del Mar. Durante mi última visita, hace ya doce años, el mundo civilizado experimentaba la misma con-moción que hoy (Estados Unidos se aprestaba a invadir Irak) … ¡Quién lo diría! …

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