LUCHA LIBRE CON DELIA Y NOEMÍ. Segunda parte.

Y ahí estaba yo, prendido a la enorme tetona de Noemí, chupándosela como un bebé. Y así me sentía. Perdido entre sus dos melones calientes. Atrapado irremisiblemente por ese pezón gordo que Noemí había puesto en mi boca. Decir que los morenos pechos de Noemí eran perfumados, no es hacerles justicia. Eran olorosos, con un olor envolvente y a la vez dulce y picante. Me sentí como un bebé acunado por su madre, lo que dado el enorme tamaño de Noemí y sus melones, y mi propia contextura bajita y delgada, no fue una sensación demasiado impropia. Después de la paliza que me había propinado Delia, necesitaba la cálida y maternal protección que me estaba brindando Miriam.
Pero me engañaba.

Leer más