LUCHA LIBRE CON DELIA Y NOEMÍ. Segunda parte.

Y ahí estaba yo, prendido a la enorme tetona de Noemí, chupándosela como un bebé. Y así me sentía. Perdido entre sus dos melones calientes. Atrapado irremisiblemente por ese pezón gordo que Noemí había puesto en mi boca. Decir que los morenos pechos de Noemí eran perfumados, no es hacerles justicia. Eran olorosos, con un olor envolvente y a la vez dulce y picante. Me sentí como un bebé acunado por su madre, lo que dado el enorme tamaño de Noemí y sus melones, y mi propia contextura bajita y delgada, no fue una sensación demasiado impropia. Después de la paliza que me había propinado Delia, necesitaba la cálida y maternal protección que me estaba brindando Miriam.
Pero me engañaba.

Leer más

Cuando mis melones apuntan /3)

Se acercó a la pareja y, plantando sus rotundas tetas a la altura de la cara de Mariana, le dijo en tono sugerente: â??¿Podría darme fuego, por favor?â?. Su interlocutora le hizo una seña al hombre, que de inmediato le tendió un encendedor dorado, ya preparado para encender un cigarro. Susana lo acercó a la llama sin dejar de mirar a la mujer, a la cual contestó con un meloso â??gracias, guapaâ?, antes de retirarse a su asiento contoneando del modo más sexy que sabía su potente culazo.

Leer más

Alicia, la pajeadora implacable.

A los once años le hacía pajitas a su compañero de banco, que no podía â??ni quería- resistirse. El problema era disimular ante la maestra, por lo que suspendía las pajitas cuando la maestra miraba hacia su lado, y la reiniciaba apenas se daba vuelta. Aunque en más de una ocasión siguió con la pajita por debajo del pupitre aún cuando la maestra no se había volteado. Con aire amable miraba a la maestra, mientras la manito seguía trabajando. Así entre recreo y recreo, en cada hora de clase. Produciendo al menos un orgasmo por hora y a veces más, en su compañero de turno.

Leer más

Cuando mi nabo se bambolea… (1)

Había una chica de 15 que me gustaba, y cuando la saqué a bailar le pegué mi enorme poronga, todavía floja, a su entrepierna. Enseguida noté la erección de sus pezones. Y empecé a frotarla lentamente, mientras le hablaba de cosas tontas aparentando no darme cuenta del efecto que le estaba produciendo. Como las piezas se sucedían sin intervalo entre ellas, continuamos bailando sin separarnos el segundo tema. Y yo veía que su respiración se iba agitando. Y a medida que mi palo se endurecía, mayor iba siendo su agitación. A llegar al tercer tema Marcela ya sólo me respondía con roncos monosílabos, y jadeos. Y me di cuenta que podía rematarla, así que me apreté más a su cuerpo, y ¡sás! la chica comenzó a venirse. Su cuerpo se convulsionaba y su pelvis pulsaba y pulsaba contra mi excitante monstruo. Cuando la dejé en su asiento, se fue tambaleando con el brillo de sus jugos hasta más debajo de las rodillas.

Leer más

El culo de Julia en mi cara.

-¿Podés respirar mi cielo? Voy a dejarte entrar un poco de aire para que no te me mueras. Los dos últimos hombres a los que les hice lamerme el culo se desmayaron. Uno era un chico jovencito, de quince años, que me besaba y lamía el orto tan rico que no pude contenerme y se lo apreté contra la cara, tan fuerte que se desmayó. Al tiempo que acababa abundantemente sobre su pantaloncito de baño.

Leer más

LUCHA LIBRE CON DELIA Y NOEM͍. Primera parte.

Pero Delia había previsto el gambito y rodando hacia un costado evitó la maniobra. Y apresó entre sus gruesos muslos la cabeza de su contrincante. La toma era poderosa y los esfuerzos de Noemí, con su cara roja como un tomate, no pudieron impedir que la otra le hundiera la cabeza hasta la altura de su concha, que comenzó a refregarle contra la cara, con movimientos frenéticos. En unos instantes, y en medio de la impotencia de Noemí, Delia se corrió entre gritos apagados. Todo había terminado en menos de cuatro minutos. Yo estaba anonadado, pero me encaminé al centro del ring para levantarle el brazo a Delia, todavía agitada por su orgasmo. Noemí yacía de espaldas, despatarrada contra la lona, su negra cabellera desparramada, y pude ver que la entrepierna de su bikini estaba completamente húmeda por sus secreciones lubricantes. Yo estaba agitado, sobrecogido por lo que acababa de suceder y totalmente empalmado. Me incliné sobre la morena para observar su cara, para ver si se encontraba bien, ya que la llave de muslos había sido bastante violenta. Tenía los ojos turbios, la cara enrojecida y la respiración temblorosa. Estaba en medio de un largo orgasmo. Unos minutos después se arrastró esforzadamente en cuatro patas hasta salir del ring para derrumbarse en el ring-side.

Leer más

Cuando mi nabo se bambolea… (2)

Me había sacado el pantaloncito de playa y, puesto de cuclillas, mi enorme nabo colgaba casi hasta el suelo. El tipo me miraba azorado. Me encanta calentar a los gays. Nos habíamos conocido en la playa, y al ver mi colosal bulto en mis pantaloncitos, Ricardo insistió en llevarme a su casa. En el living me quité el pantaloncito dejándole ver mi enormidad. En estado de reposo, mi gran pedazo es más gordo y más largo que cualquier nabo parado. Y el mío pendía, enorme, hasta casi el piso, ante sus ojos asombrados.

Leer más

Conocí a mi marido en el colectivo.

Conocí a mi marido en el colectivo, frotándole la pija de arriba abajo con mi gran culo, a través del pantalón. Que es mi diversión preferida. Como llevo polleras amplias, me resulta fácil encajarles la pija entre mis nalgas. No suelo llevar braguitas, o si lo hago, son más bien del tipo hilo dental. Así que prácticamente les froto la poronga con el ojete. Y, por supuesto, masajeándoselas entre mis glúteos. Soy muy buena moviendo los glúteos.

Leer más

Cuando mis melones apuntan

â??Invité a Susana a cenar en casa, ¿te parece bien, Alberto?- Alberto me miraba con una sonrisa bobalicona. Subimos al colectivo. Estaba lleno. Y yo aproveché para ponerle las tetas en la espalda, y se las hice sentir bien. A los dos minutos, claro, el pobre tenía una erección de campeonato, y María no se daba cuenta de nada. -¡Ay!- dije yo- ¡Este colectivo se mueve mucho! ¿Les importa si me pongo entre ustedes y me agarro de Alberto?- y me puse frente a frente con él, clavándole mis tetas contra el pecho. El pobre se puso blanco y transpiraba. En una frenada le pasé los brazos por el cuello y le aplasté las tetonas y ya no lo solté más. Podía sentir su erección en mi pubis, y el temblor de su cuerpo por la tremenda calentura que le había hecho agarrar. Fueron veinticinco minutos de eso, yo refregándole las tetas por todo el frente, hasta que en un momento en que se apagó la luz, apreté mi gorda boca contra la suya y le metí la lengua, revolviéndola dentro suyo. Ahí fue cuando se corrió, mientras yo le daba apretones para ayudarlo. Fue como si con cada apretón de mi pecho contra el suyo lo estuviera ordenando. El manchón pringoso en sus pantalones iba desde el vientre (pues cargaba hacia arriba) hasta casi los tobillos.

Leer más

Cuando mis melones apuntan… 2

Me acuclillé sobre su cara como si fuera a hacer pis.
El mapamundi de mi escultural culazo pendía como un sol sobre su rostro y sus ojos fascinados con la vista.
Y le hice pis.
Marita se retorcía de placer y se tocaba frenéticamente.
Yo tenía mis dudas acerca de mearle la cara a una niña, pero ella parecía muy contenta y abría la boca para tragar lo que podía. Y, al fin de cuentas, a sus trece años otras niñas son madres.
Y si pueden ser madres, también pueden tragarse mi pis. Especialmente si les gusta tanto ser meadas. Así que seguí.

Leer más