Mascarada

El salón es enorme, totalmente iluminado por unas gigantescas lámparas de lágrimas colgantes. Realmente parece sacado de una de las cortes francesas del siglo dieciocho, claro que sin los suntuosos trajes de corte victoriano. De hecho con mi vestido mini de lycra rojo ultra-ajustado, más parezco una cortesana moderna recortada de algún número especial sobre moda parisina publicado por la revista Vogue. Tan corto que tengo que acomodarlo hacia abajo para evitar que se me suba de atrás.

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Una noche húmeda

Parece absurdo, pero juro que no recuerdo como llegué a estar acá, de esta forma, tumbada sobre este piso de piedra, con mi mejilla sobre este charco húmedo, casi desnuda, cubierta apenas por esta especie de tela sintética de color rojo que cubre sensualmente todo mi cuerpo, marcando cada detalle, cada pliegue perfectamente, como si fuera una capa más sobre mi piel o, más aún, como un pigmento natural de mi epidermis. Me siento tan confundida, parece como si todo sucediera en cámara lenta. Incluso levantarme me cuesta un montón. Camino a tientas. Acá adentro hay muy poca luz, en esta especie de corredor. Y tiene tantas conexiones, cualquiera que elijo me lleva a otra galería idéntica. Que horror. Estoy absolutamente perdida, no sé hacia donde ir. Es como estar dentro de un lúgubre laberinto, oscuro, húmedo, lleno de moho. Nadie debe haber estado por aquí en mil añosâ?Š

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Víspera de todos los muertos

-Crece ¿ya? â??me grita furiosa Pamela mientras baja del auto dando un portazo.
-¿Qué es lo que te sucede conmigo? No entiendo porque me tratas así â??le contesto acercándome a ella sin entender Te juro que me duele.
– No entiendes ¿verdad Mila?
-¿Qué es lo que quieres que entienda?
-â?Š
-¿Tengo que adivinar? Te advierto que soy pésima para ello.
-â?ŠQue me gustas un montónâ?Šque estoy loca por tiâ?Šy que me da miedo, sí, porque sospecho que no sientes lo mismo hacia míâ?Š

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