Tres Estrellas de OroAhora les voy a relatar uno de mis recuerdos que se me quedó grabado en la memoria por lo impactante que fue en su momento. Por ahí del año de 1985, yo tenía algunos asuntos legales en la Ciudad de Zamora, Michoacán. Zona que siempre ha sido conflictiva, por los grupos delincuenciales y de narcotráfico que abundan en esa región, sobre todo de Tierra Caliente, o sea, pasando Úruapan, rumbo a Apatzingán, Lázaro Cárdenas y la Costa Grande de Guerrero.

Acudía cada semana a realizar mi guardia de Tribunales Federales y Comunes, y realizaba el circuito Morelia-Zamora, Zamora-México. Mis viajes eran maratónicos, pero a mis 25 años, aguantaba eso y más. Salía el martes en la noche en autobús, estaba allá el Miércoles, y a veces el Jueves y regresaba el mismo Miércoles o Jueves en la Noche, según estuvieran los asuntos.

La línea que me gustaba tomar era la «Tres Estrellas de Oro», que eran unos autobuses que eran de Primera, o sea, no se vienen parando en cada pueblo, ni suben pasaje en la carretera, lo que los hacía más seguros. Esta línea de camines usaba un equipo, que antes era lo máximo Camiones Dina Tipo Sultana Panorámicos o sea de 2 niveles, eran autobuses muy grandes. Para casi 50 pasajeros.

La ruta Zamora- México, era muy usada por la gente de Zamora, rancheros ricos, gente de negocios. Clase media, Turistas y los ricos de la zona. Ahí también tuve varios encuentros sexuales con jóvenes mujeres, que a mi parecieron muy espontáneos, divertidos y bonitos. Que después les contaré.

En ese tiempo había tres corridas con camiones que salían de Zamora, a las 10 a las 11 y a las 12.30 de la noche, llegando a México a las 6 horas del día.

En uno de esos días, y al haber terminado de revisar los expedientes temprano, me fui a comer al mejor restaurante que había en la ciudad, y después al Cine, vi creo que dos películas y por último, tome un taxi y me fui a la Estación Camionera. Queriendo salir a las 11 horas, pero ya iba lleno ese autobús, así que el empleado me dice, solamente tengo uno para el autobús de las 12:30, es el último que me queda y va al fondo del camión, junto a los baños.

Ni modo, lo tomé. Me esperé a que llamaran para subir. Y de inmediato subí, quedando en el camión hasta el final junto al baño, pero del lado de la ventana. Con tal de llegar a México, temprano, y aprovechar la mañana del día siguiente.

Junto a mi iba una señora del tipo Ama de Casa provinciana, que después me dijo que andaba de vacaciones y llevaba a sus hijos, junto con una amiguita de sus hijos, como de 15 años que llevaba también a divertirse a México.

La niña que menciono, era una jovencita guapa, guerita de rasgos finos, delgada y como era el mes de mayo, hacía mucho calor, llevaba un conjunto de short de tela ligera y un saquito como cazadora, también muy ligero color salmón. alpargatas beige a juego. Se veía bien, sin llegar a ser atrevida. Lo que llamaba la atención era su juventud y frescura.

Estos camiones, como supuestamente, eran de lujo, llevaban a bordo una Sobrecargo, o sea una muchacha, generalmente guapa y joven, de uniforme (Un favorecedor Traje sastre de falda, color café, con el logotipo de la Línea, un circulo amarillo con tres estrellas doradas, zapatillas de tacón alto), que atendía a los pasajeros. En esta ocasión le tocó el viaje a una joven como de 25 años, robusta, o sea, lo que ahora se llaman «gordibuena», una joven de medidas generosas, pero con excelente forma de mujer robusta, acinturada, nalgona y bustona 36 DD. Lo que en España, llaman una buena «Jamona», por lo de los jamonsotes de sus muslos gruesos. De rostro agradable, sin ser una belleza.

Bueno, el Autobús, salió puntualmente, por lo que me dispuse a descansar y disfrutar del viaje. LLevaba un portafolios con algunos documentos como cheques, incobrables sin la autorización, de mis jefes. Mi cartera con unos $2,000.00 (Dos Mil Pesos 00/100, MONEDA NACIONAL). Ya estaba prácticamente dormido, cuando noté que el autobús se detuvo y habían pasado ya varios minutos, también noté la inquietud de los pasajeros.

– Que pasa? Le pregunté a mi compañera de asiento. la señora como de 50 años que llevaba a sus hijas y a la jovencita del short. Como ya les he comentado.
– No sé. pero el chofer se bajó. Me dice.

Miré por la ventanilla y no veía nada raro, el Autobús, estaba parado sobre la pista de la carretera.

Pasaron varios minutos más y no pasaba nada, nadie se bajaba del autobús.

En eso subió un tipo, vestido de negro, playera chaleco de cazador, pantalón tipo cargo, lleno de bolsas, como comando. Con un rifle en alto. Y lo que más me impresionó y preocupó. El rifle traía acoplada su bayoneta. Como los rifles del ejército. Pero la bayoneta solo se les monta en acciones de combate.

– A ver todos los pasajeros de este autobús. Dice en voz alta casi gritando:
– Somos de un grupo rebelde, no recuerdo si mencionó a «Los Templarios», y estamos en contra de este gobierno que tiene reprimido al pueblo. Por eso exigimos su cooperación y les pido que todos bajen del autobús en orden y sin hacer escándalo.
Yo me quedé pasmado, pero como vi, que nadie se movió, tampoco hice el intento por moverme.
El tipo, volvió a hablar molesto,
– Aquí los que mandamos somos nosotros.
Y dispara un balazo al techo del autobús, dejando un gran hueco circular en la carrocería del camión. El balazo retumbó en el interior llenándonos de pánico.
Por lo que todos procedimos a bajar del autobús.

Ya abajo, pude apreciar que el camión quedó sobre la pista y que eran varios tipos, alrededor de 6 maleantes. No pude distinguirlos mejor, porque había una Pick Up, y una Combi, con los faros prendidos dirigidos hacia donde estábamos.

Después, nos movieron y como yo era el último quedé junto a la Combi, donde estaba supuestamente el Jefe del Grupo, ya que dirigía todo el asalto. Por lo que pude oír todas sus órdenes y ver que hacían.

El tipo, ya que nos tenía a todos abajo, dice a otro de los sujetos.

– Tráete pa cá, a la nalgona de la sobrecargo. A y la fláquita del short.

Por lo que no pasó mucho rato, cuando las dos muchachas ya estaban allí, junto a él.

Le pregunta a la azafata. – Como te llamas preciosa?
– Me llamo Claudia, y acabo de empezar a trabajar en la línea.
– Shh, shhh, solo contesta lo que te pregunte.
– Y tu niña, como te llamas?
– Tere, digo Teresa.
– Ok. miren muchachas, nosotros estamos tratando de liberar al pueblo de sus opresores. Ustedes, están o no de acuerdo que este pinche gobierno, es una Dictadura?
– Si, dice la azafata, es una porquería.
– A bueno. Dice el hombre como de unos 35 años, grandote, barbudo, panzón. – Pues verán, estamos en la sierra escondidos, por la justa causa. Y necesitamos el apoyo del pueblo, al que estamos liberando. Hoy bajamos, por provisiones hasta acá.

Las muchachas asienten y esbozan una ligera y forzada sonrisa.

– Y pues, bueno, mis hombres y yo. No hemos visto mujer, desde hace meses. Por lo que necesitamos desfogarnos, un poco. Por lo que, las he escogido a Ustedes, para que nos ayuden con la causa revolucionaria.

– O sea. Dice la empleada de la línea de camiones. !Nos van a violar!
La más joven lanza un grito histérico y empieza a llorar.
– Soy virgen, no por favor, nooooo, no por piedad.

El tipo, molesto dice.
– No, no, no. Aquí nadie va a violar a nadie. Por eso les estoy pidiendo su cooperación. Claro, que si se niegan, pues no nos quedará otra, que tomar a la fuerza, lo que la causa requiera.

Pero tengan la seguridad, de que serán tratadas con respeto y consideración a su condición de mujeres decentes. Como verdaderas Damas.

Y en el caso de la señorita, personalmente me comprometo a que la experiencia, le sea lo más agradable posible.

Dice esto último, tocándose la entrepierna.

La Sobrecargo le dice a la más joven.

– Mira, yo creo que lo mejor es cooperar con los caballeros. Y la joven se pone a llorar desconsolada- No por que. Noooo, no, ¿por que yo?
– Muy bien, señoritas, pasen por acá, en la Combi, hemos preparado un lecho, lo más decente posible.
– Haber Miguel, voy a pasar primero con TERESITA. Tu eres el segundo. Aquí con Claudia, a todos se les darán como máximo 10 minutos.

Y diciendo y haciendo. Toma de la mano a la niña Tere. La cual se resiste. Pero los demás hombres le ayudan y suben en vilo a jovencita a la Combi.

– Es mejor que cooperes. Le aconseja en voz alta Claudia.
– !VEAN Y APRENDAN, MUCHACHOS!, Dice el Jefe. Descubriendose el torso y abriéndose el pantalón tipo cargo, es un tipo grande y su gran polla cuelga bamboleándose, semi erecta.
– Desnuda con energía a la joven, pero sin excesiva violencia. La niña está sollozando.

Con cierta ternura, pero con mucha autoridad, la recuesta en el rústico lecho improvisado en el piso de la Combi. La abre totalmente de piernas. Dejando al descubierto una conchita muy negra y velluda, el vello invade hasta la parte superior de sus muslos. El sujeto se hunde en la entrepierna de la niña y lame sus labios vaginales.

Después, acerca su gruesa verga a la vagina, frotándola en los labios de la joven y poco a poco trata de introducirlo poco a poco. La niña, grita y gime: «Nooo, me duele, hayyyy!

– Ya, ya pasará, después te va gustar, mi amor, mi niña. Tranquila, shhh, shhh.

La cabezota de su polla, ha penetrado. Y él tipo, la introduce de un tirón toda.

– Hayyyy, nooooooo, huuuuuuyyyyy.
– Shhh, ya, ya mamita, ya pasó. Shhh….

El tipo se queda quieto, por un minuto o dos y empieza un lento mete saca, saca y mete. La joven se queja, pero cada vez, son menores sus quejas de dolor. Y al rato empieza a gemir, sin distinguirse si es de dolor o de placer.

Las sábanas están ensangrentadas, cerca de donde se produjo la desvirgación.

– Ya ves, mami, no que no te gustaba. Dice el tipo orgulloso. Mmmmmhhh. Asííí, me aprietas ricoooo. Ohhh, Ohhh.
– Yaaaa, me vengooooooo. ohhh, que rico. Me hacía falta. Gracias mamita, estas rica. Ohhh…………

Se baja de la Combi, se limpia la gran verga con un trapo y acomodando su falo flácido ya, dentro de la bragueta de su pantalón Cargo.

La joven toma sus ropas y alpargatas en un montón que lleva en sus brazos y sale corriendo desnuda, rumbo al camión. Entrando a este, para no salir más.

– Miguel, tu turno. Apurale, ya sabes. A ver muchachos formense, y apurenle, ya nos tardamos un chingo.

Miguel, ni tardo ni perezoso, ya estaba dándole con la gordibuena de la sobrecargo, acabándose de criar con las grandes tetas de pezonsotes oscuros de la muchacha, mamandolos con mucho deleite, tanto que hasta se me antojaron, y tuve una gran erección a pesar del miedo que tenía. Mientras ella misma se despoja de la falda, de su calzon cachetero negro, quedando únicamente con un liguero negro que aún sujeta sus medias. Se ve buenísima, con su breve cintura, abrazada por los fuertes brazos del joven.

La muchacha, estaba más que cooperando con el atlético Miguel, muchacho como de 20 años, bien parecido. Por lo que supongo, que a la azafata no le costó ningún trabajo sacrificarse por la revolución.

Al rato, ya estaban poniéndole duro al asunto, tomando a Claudia de a perrito. Hasta que los dos se vinieron al mismo tiempo.

Se baja Miguel, y los otros 4 muchachos, siguen con la azafata, quien de plano tiene verga por todos lados. Uno mete su falo en su vagina. Otro más se lo mete por la boca y un tercero por el chiquito trasero. El último se conforma con las esporádicas atenciones que Claudia, le dedica, cuando se saca de la boca, la gruesa polla de su compañero.

Todo toma ya pocos minutos.

– A ver muchachos, ya está, suban a la gente al camión. Pero pásenles bascula a todos.

Al subir al camión, me despojaron de mi cartera como con $2,000.00, una pluma de chapa de oro y un reloj swatch con números y manecillas fosforescentes que me gustaba mucho y del que todavía me acuerdo. Mi compañera de asiento la señora que llevaba a la niña violada, me dice, a mi me quitaron todo el dinero que llevaba como $30,000 por lo que me voy a tener que regresar a mi casa y lo peor!, Que les voy a decir a los padres de la niña?, es amiga de mis hijas. Íbamos de vacaciones a México. Y se queda pensando.

El chofer fue el último en subir. La Sobrecargo fue al baño a platicar con la otra Joven violada. Llegamos a la Piedad, como a las 2 de la mañana, a buscar al Ministerio Público y a los mandos de la Policía Federal de Caminos, pero como siempre, en las Oficinas, no había nadie, y nadie nos ayudó, ni nos orientaron. No había nadie con quien quejarse. Las calles estaban desiertas. Y como decía Ferris, no supimos si ponernos a reír, a llorar o a rezar.

Así las cosas, seguimos nuestro viaje a la Ciudad de México, donde llegamos como a las 7 de la mañana. Cuando todos descendimos, nadie de los 50 pasajeros, habló más del asunto, todos seguimos nuestro camino, como si nada hubiera pasado.

Bueno, espero les haya gustado este relato verídico, las cosas que suceden en nuestro país, y que no salen a la Luz Pública. Pero México, siempre ha sido así.

En esos autobuses, pasé muchas aventuras, algunas sexuales, que después les contaré. Dejen sus comentarios. Gracias.